Llamando la atención lo menos posible –o al menos eso creía él– se escabullía entre los pasajes de aquellas, en ese instante, frías calles. En ocasiones corriendo desde una esquina a otra o solo escondiéndose detrás de cada poste que se encontraba en las esquinas, los cuales sabía a la perfección que no lo harían invisible o hacerlo pasar inadvertido. Era estúpido, pero lo hacía de todas formas.
Indicando que en realidad no se dirigía a ese lugar, por supuesto que no.
Luego de esperar unas cuantas horas, las que se hicieron eternas a su parecer, finalmente finalizaron las clases. Evidentemente ese no era uno de los tantos problemas, uno de ellos fue el haber tenido que hacer un esfuerzo sobre humano para liberarse de sus amigos Armin y Mikasa, sobre todo de ésta última.
Mikasa era una de sus mejores amigas de la infancia, la cual conoció en esa misma escuela junto con Armin. Los tres eran inseparables, se tenían bastante confianza y no dudaban en defenderse unos a los otros ya fuera a palabras o a golpes; pero aquella pelinegra simplemente sobrepasaba los límites, incluso más allá de eso. Mikasa solía ser bastante sobreprotectora más con Eren que Armin, al punto de espantar a todas las casi-novias que el castaño había tenido y solo para evitar que le hicieran algún daño emocional a futuro; de preguntarle al ojiverde cada vez que tenía oportunidad sobre si se encontraba bien, y acompañarlo a todos los lugares que él iba,con tal de asegurarse de que estuviera en buenas condiciones y sobre todo… Sin personas que lo fastidiaran.
Y si lo intentaban hacer, correría sangre.
Eren no pudo evitar aquel estremecimiento inconsciente luego de recordar a Mikasa enojada. Ella era de esas personas que solían estar calladas y tranquilas la mayor parte del tiempo, pero cuando se enfurecían daban un miedo terrible. Suspiró, aun preguntándose cómo había logrado "deshacerse" de esos dos y sin darles detalles del lugar al cual iría, solo insistiendo en que estaría bien y dando una que otra excusa que inventaba en el momento, las cuales por fortuna funcionaron y solo lo harían por esa vez.
Específicamente, se dirigía al lugar que estaba ya a solo unos pocos pasos de él y que en tan solo un segundo podría adentrarse. La biblioteca.
En la cual, justo al lado de la bendita entrada de ésta, se encontraba uno de sus compañeros que más odiaba: Jean Kirschtein.
Mierda, mierda, mierda.
¿¡Qué hacía en semejante lugar!? ¡No lo podía creer! Jean era el más estúpido de su clase y no entendía el porqué de estar en una biblioteca. Estaba seguro que si el cara de caballo lo veía también en ese lugar, probablemente recibiría burlas por parte de él toda su vida, cosa que estaba más que claro que no deseaba y que había estado tratando de evitar hace más de dos semanas. Corrió de manera torpe debido a los nervios y se escondió dentro de una de las tiendas más cercanas que encontró, intentando hacer de cuenta que compraría algo para comer y que no se dirigía allí.
Sí, ni él mismo se había percatado de la situación. Habían pasado exactamente más de dos semanas en que había pisado por primera vez aquella biblioteca, dos semanas en las cuales se había estado escabullendo cada vez que podía después de clases, para después dirigirse a ese lugar y sentarse en la misma mesa de siempre, tomando un libro cualquiera simulando que leía y alejado completamente de las mesas principales con tal de que no lo descubrieran.
Y que sobre todo que él no lo descubriera.
— ¡Todo esto es culpa de Armin! —alzó la voz, llamando la atención de unos cuantas personas y provocando que le miraran como si fuese un bicho raro. Se cubrió la boca debido a la vergüenza, para acto seguido dirigirse a la salida de la tienda y mirar nuevamente la entrada de la biblioteca, en un intento de "hacer como que no sucedió nada".
Oh, y Jean ya no estaba.
Suspiró aliviado. A los pocos segundos después de notarlo, se largó de aquella tienda y retomó el camino hacia el gran edificio, llegando en solo un instante a la entrada y quedando justo en frente de la inmensa puerta. Abrió ésta siendo lo más cuidadoso posible, se adentró en ella y caminó a paso lento hasta uno de los últimos estantes con intenciones de tomar un libro, intentando no haciendo notar su presencia lo más que se le permitía.
¿Cómo es que había llegado a esos extremos? No lo tenía claro. Vigilar desde lejos a un hombre que probablemente le doblaba la edad y solo porque tenía ese algo que le llamaba la atención a Eren, algo que aun después de verlo todos los días y por dos semanas consecutivas, no lograba descubrir por más que lo deseaba. Su físico era normal, no era una de las personas más hermosas que había visto y ni hablar de su peculiar carácter, del cual se había percatado desde que comenzó a observarlo. Pero algo había en el pelinegro y lo debía descubrir sí o sí, incluso si eso significaba el tener que hablar nuevamente con él.
Y recordar la vergonzosa forma en la que se habían conocido.
Mierda.
Se había convertido en un completo demente. ¡Sí, todo era culpa de Armin! Incluso de aquella escena que sucedió cuando conoció a Levi. Él le había insistido en ir a la famosa biblioteca y ahora gracias a eso, había desarrollado aquella terrorífica y extraña obsesión con el azabache. Por más de dos semanas había estado asistiendo a la biblioteca, cosa que en su vida jamás imaginó e incluso tomaba como broma cada vez que lo invitaban, como Armin lo solía hacer antes. Además el rubio no le ayudaba, puesto que desde ese día no había ido nunca más a la biblioteca y Eren tuvo que hacerlo por sí mismo… Y por supuesto que no le diría las intenciones de por qué tenía tantos deseos de ir, las que no tenía claras ni él mismo.
Apoyó su cabeza en uno de los estantes y nuevamente, un suspiro se escapó de sus labios. No sabía qué diablos estaba haciendo, incluso ahora comenzaba a recapacitar y encontraba totalmente estúpido aquella decisión que había tomado, la de descubrir aquella cosa especial que tenía ese hombre. Parecía una adolescente enamorada, persiguiendo a su amante fuera donde iba y observándolo cada diez segundos, solo para comprobar lo atractivo que era.
Claro, Eren era un adolescente. ¿¡Pero enamorado de un hombre que casi no conocía!? ¡Un hombre!
No pudo evitar que los colores se subieran a sus mejillas solo por pensar tal cosa; Pero quizás era la única razón más lógica que se le ocurría. Podía ser la única respuesta de por qué tenía esa rara obsesión con él, también el que los nervios le impidieran hablar con el pelinegro cada vez que éste se lo proponía y se le intentaba acercar con cualquier excusa, además de poder observarlo por minutos enteros sin si quiera aburrirse. Quizás… No estaba enamorado, pero sí sentía cierta atracción hacia él, la cual no pudo entender cómo surgió de un día para otro.
— ¿Otra vez tú?
Su pulso comenzó a acelerarse por cada segundo que transcurría, sus manos lograron ponerse sudorosas en un tiempo record y su cuerpo estaba más que estático. Aquella voz… Aquella voz la conocía más que bien, la cual tenía ese neutral y autoritario tono característico y que retumbaba en su cabeza cada vez que la lograba escuchar, sin poder olvidarla por completo. Quitó su cabeza del estante en que estaba apoyado desde hace un rato y la giró para contemplar a la persona que, con una expresión neutral en su rostro, se encontraba justo al lado suyo. No sabía qué hacer, las palabras no salían de su boca y los nervios le habían ganado nuevamente, solo por tener la presencia de él a su lado.
¿Por qué le provocaba tantas sensaciones en tan solo unos segundos? ¡Él no era así de torpe o vergonzoso, demonios!
— Al parecer en serio te cortaron la lengua. —cuestionó, aún con la mirada fija en Eren. — No me digas… ¿Acaso viniste con tu amigo y lo estás esperando?
— N-No realmente… —respondió casi al instante, con la voz notoriamente temblorosa. Ya no servía esa mentira, ahora debería decirle una excusa lo más original y creíble posible. —Estaba buscando un libro sobre… La segunda guerra mundial, pero no logro encontrarlo —hizo una pausa, soltando un bufido y con él, todos los nervios que tenía dentro de él. Al menos había dado una buena razón para estar ahí y quizás no se veía tan estúpido a los ojos del contrario, o al menos eso esperaba. — ¿Podrías ayudarme?
— Sígueme.
No dudó ni un instante en obedecer a la orden del más bajo, por lo que a penas éste comenzó a caminar, Eren se situó a su lado y le empezó a seguir el rápido paso que éste mantenía, en un intento de demostrar determinación en lo que estaba haciendo. Eren no pudo evitar sonreír. Quizás el azabache sabía de memoria todo lo que estaba allí en la biblioteca, desde en qué lugar estaba cualquier libro hasta todos los géneros que solo uno podía contener, cosa que estaba seguro que él no podría aprender por más esfuerzo que pusiera en hacerlo.
Después de unos pocos segundos de haber estado caminando, se detuvieron cerca de uno de los tantos estantes. Eren, por su parte, se abstuvo de continuar siguiendo a Levi y sólo esperó pacientemente lejos de donde se encontraba el más bajo, con tal de no desconcentrarlo. Sabía que estaba siendo una molestia para el otro, pero lo más probable era que no podría tener otra oportunidad otra vez de estar con él y que lo ayudara de la forma en que lo estaba haciendo en ese momento. No podía estar inventando excusas por siempre, lo sabía.
— Aquí está. Es uno de los mejores que hay, así que probablemente te sirva —la voz que se hizo presente en forma repentina, provocó que Eren diera un salto ante el susto, cosa que provocó que se avergonzara. Intentando ignorar aquello, fijó su vista en el libro que el mayor le ofrecía justo en frente y lo observó detenidamente, para luego tomarlo y alejarlo de sus manos. Aquel libro era bastante pesado, podía jurar que tenía más de quinientas hojas o incluso más que eso. Los colores que predominaban en éste eran el negro, rojo y el gris, y la portada de éste contenía una foto bastante antigua pegada a él.
— Gracias. —una curva se formó en sus labios, indicando que en serio estaba agradecido. Aunque… Debía leer ese libro el resto de la tarde, solo para permanecer un poco más en aquella biblioteca y tener cerca al azabache. Y claro, otra ventaja de aquella situación era el que sacaría un diez en su examen de Historia, el cual era sobre la segunda guerra mundial. No había sido una mentira del todo.
Con todo el autocontrol posible, ignorando los grandes deseos de quedarse a su lado, se comenzó a alejar a paso lento del mayor. Iría a la misma mesa de siempre y se sentaría ahí a leer su libro, como ya se había vuelto costumbre para él. Ese sería su plan y obviamente, mirar de forma discreta al otro.
El azabache pasó por su lado, el cual quizás se dirigía a ayudar a alguien más o a hacer uno que otro trabajo. Intentó ignorarlo lo más que pudo, en serio lo intentó. Pero las últimas palabras que salieron de sus labios antes de que se alejara de su lado, lo dejaron completamente helado.
— La mesa que ocupas siempre no está disponible, deberías buscar otra.
¡Gracias por leer! No se olviden de dejar algún review por ahí, para saber si les gustó o no~ eso. Hasta la próxima. c':
