Al darse cuenta de que Rumia era en realidad una youkai que quería comérselo, Kentaro comenzó a retroceder y a empuñar fuertemente el hacha que Reimu le había prestado. "¡N-No te acerques! ¡T-Tengo un hacha en mis manos!" un asustado Kentaro amenazó a Rumia…
"¿Ah, si?" dijo Rumia, y entonces ella lanzó una bala de magia desde la palma de su mano y destruyó el hacha. "¡Ya no la tienes!" Rumia respondió felizmente…
Kentaro otra vez se encontró a sí mismo corriendo por su vida. No era diferente de cuando los bravucones de su escuela lo perseguían para molerlo a golpes, solo que esta vez lo perseguía una niña voladora con poderes demoníacos que quería comérselo, y si ella lo atrapaba él no saldría golpeado, sino que directamente no saldría con vida. Rumia se reía, disfrutando persiguiendo a su presa por el bosque mientras cada tanto le disparaba otra bala mágica, que Kentaro lograba esquivar por muy poco…
Finalmente Kentaro se vio a sí mismo acorralado en otro callejón sin salida. En realidad había un tronco hueco horizontal en el piso que siempre hay en los bosques de los dibujos animados y los videojuegos, pero era demasiado pequeño para que Kentaro cupiera dentro…
"¡Ya no tienes adonde correr!" Rumia exclamó alegremente. "¡El único lugar al que puedes ir ahora es dentro de mi pancita! ¡Itadakimasu!"
Entonces Rumia se lanzó hacia Kentaro con la boca bien abierta, mostrando sus afilados dientes, con intención de devorarlo. Kentaro instintivamente se tiró a un costado justo a tiempo y, por un capricho del destino, Rumia terminó metiéndose dentro del tronco hueco horizontal que mencioné antes. Kentaro miraba sorprendido cómo Rumia luchaba por salir, pero su mitad superior había quedado atascada dentro del tronco mientras se veía sus piernas fuera sacudirse locamente mientras Rumia forcejeaba por liberarse…
Fue ahí cuando Kentaro se dio cuenta de que este era su momento. "¡Ahora vas a ver!" Kentaro exclamó. Ni lerdo ni perezoso, Kentaro agarró a Rumia de su pierna izquierda, le quitó el zapato y luego la media, y comenzó a hacer cosquillas en la planta de su lindo y pequeño pie descalzo. Rumia empezó a reír a carcajadas al sentir los dedos de Kentaro rápidamente acariciándole la planta del pie. Aunque era una situación inmensamente incómoda, la cara de Rumia se sonrojó ligeramente como si disfrutara un poco las cosquillas en el pie. Kentaro siguió haciéndole cosquillas en el pie a Rumia y la hizo reír hasta casi dejarla sin aire. Kentaro entonces se detuvo y soltó la pierna de Rumia…
"¡Eso te enseñará a no subestimar a un ser humano!" Kentaro exclamó, de repente sintiéndose poderoso. "¡No puedo creerlo! ¡Por primera vez en mi vida gané una pelea! ¡Y haciendo lo que mejor sé hacer!" el patético Kentaro Yuki pensó por dentro…
Creyendo que había vencido a Rumia, Kentaro se dio la media vuelta y estaba por marcharse felizmente cuando de repente Rumia gritó furiosa y una violenta aura de oscuridad se manifestó alrededor de todo su cuerpo. Con su poder demoníaco Rumia destrozó fácilmente el tronco y flotó de nuevo, reincorporándose. Kentaro volvió a mirar a Rumia y vio como ella se daba vuelta hacia él y lo miraba con una fiera mirada asesina que hizo que al pobre chico se le pusiera la piel de gallina…
"¡No puedo creer que acaba de vencerme un simple humano sin magia! ¡Ahora voy a volver a mi verdadera forma y te comeré lentamente arrancando tus extremidades con mis dientes una por una!" Rumia gritó furiosamente. Esta vez si parecía que Kentaro moriría allí… ¡Pero entonces ocurrió otro milagro!
"¡Signo del Amor: Chispa Maestra!" una voz gritó desde la distancia, y entonces un enorme rayo de energía mágica parecido a un Kame-Hame-Ha arrasó con Rumia. Cuando el rayo se extinguió, Rumia ya no estaba allí…
Kentaro miró hacia la fuente del rayo y encontró a una hermosísima bruja rubia sentada de manera sexy sobre su escoba voladora, sosteniendo un artefacto con una mano mientras que con la otra llevaba por sobre su hombro una bolsa llena de hongos…
"¡G-Gracias!" Kentaro agradeció a la bella bruja…
La bruja entonces voló hasta donde Kentaro se encontraba. "500.000 yenes" la bruja contestó hablando de una manera muy poco femenina mientras extendía la mano abierta con la palma hacia arriba. Kentaro parpadeó con una expresión de confusión en el rostro. "Es el precio por el servicio que te acabo de prestar" la hermosa bruja agregó con una linda carita feliz…
"¿Eeeeeh?" Kentaro exclamó asustado. Luego revisó todos sus bolsillos. "Solo tengo 10.000 yenes…" dijo Kentaro tristemente mientras sacaba todo el dinero que tenía…
"¡Con eso me basta!" contestó ella arrebatándole el dinero de la mano a Kentaro. "Por cierto ¿Qué haces en este lugar? A juzgar por tu ropa tú no eres de por aquí"
"En verdad ni siquiera sé en donde me encuentro" Kentaro respondió frotándose la nuca. "Estaba escapando de unos bravucones y cuando me acorralaron salté por un agujero hacia un espacio negro con ojos por todas partes. Luego una mujer youkai rubia me arrojó en esta extraña tierra"
"¡Entonces déjame ser la primera en darte la bienvenida a Gensokyo!" la bruja exclamó alegremente…
"Gensokyo… Así que ese es el nombre de esta región… Nunca escuché de este lugar antes" dijo Kentaro…
"Por cierto…" la bruja dijo. "…¡Soy Reimu Hakurei, la sacerdotisa del Templo Hakurei!"
"¿Eeeeeh?" Kentaro exclamó, inmensamente confundido. Miró hacia un lado y señaló en esa dirección, luego miró a la bruja y la señaló a ella, pero no le salían las palabras y solo balbuceaba, sin poder comprender lo que estaba pasando…
"¡Caíste! ¡Ja–ja-ja-ja! ¡Te estoy tomando el pelo!" La bruja admitió. "¡Soy Marisa Kirisame, una maga ordinaria!"
"Y-Yo soy Kentaro Yuki!" Kentaro respondió, todavía no recuperándose del shock…
"Por tu reacción veo que ya conociste a la verdadera Reimu. De no ser por eso te habría engañado perfectamente. ¡Eres demasiado inocente!" dijo Marisa…
Kentaro asintió tímidamente…
"Entonces, Kentaro… deduzco que no tienes en donde pasar la noche" dijo Marisa…
"Así es. Estoy perdido, y si estoy atrapado en este mundo paralelo entonces no puedo regresar a Japón" contestó Kentaro…
"Cierto. Podrías encontrarte con las extrañas medusas púrpura que comen cerebros, o con esos hombrecitos grises cabezones que te pondrán en un zoológico" dijo Marisa, aterrorizando a Kentaro al hacerlo imaginarse esas cosas extrañas. "¡Te volví a tomar el pelo! ¡Ja-ja-ja-ja-ja!" se rió Marisa al haber logrado jugarle una broma a Kentaro por segunda vez…
"¡No me asustes así!" Kentaro dijo con fastidio…
"Aún estás en Japón. Gensokyo es una región de Japón que ha quedado oculta tras una barrera para evitar que los youkai salgan al mundo exterior donde tú vives. Básicamente la razón por la que en tu vida diaria nunca ves a los seres que consideras fantásticos o mitológicos es porque todos estamos aquí. ¡Mírame a mí! ¿Alguna vez alguien te ha dicho que las brujas no existen? ¡Pues aquí me tienes!" Marisa explicó…
"Entiendo… Así que lo que tengo que hacer para volver a casa es salir de la barrera… Pero ahora lo más importante es encontrar donde pasar mi primera noche en este lugar llamado Gensokyo" dijo Kentaro…
"Si quieres puedes pasar la noche en mi casa ¡Pero solo esta noche!" dijo Marisa. "¡Sube a bordo, ze!"
"Gracias por su generosidad, Marisa-san" Kentaro agradeció mientras se subía a la escoba junto con Marisa. Enseguida los dos llegaron a la pequeña casita de Marisa en medio del bosque. "Es gracioso… Siento que me estoy olvidando de algo…" dijo Kentaro mientras se bajaba de la escoba…
Mientras tanto en el Templo Hakurei, Reimu tranquilamente bebía un vaso de té mientras contemplaba la luna llena a través del agujero que Kentaro hizo en el techo al caer en Gensokyo. "Ya se está tardando…" Reimu murmuró…
Marisa abrió la puerta y ambos se metieron dentro de la pequeña pero acogedora casita de madera. Marisa colgó su sombrero en el perchero al lado de la entrada. Kentaro observó que había grandes cantidades de libros y de especies desconocidas de hongos, entre otras cosas…
"Tienes muchas cosas aquí…" Kentaro comentó…
"¡Es mi colección! Al igual que muchas personas, mi hobby es coleccionar cosas" respondió Marisa…
Marisa voló hasta la silla más cercana y allí se bajó de su escoba y dejó la bolsa de hongos a un costado en el suelo…
"Ahora volé en mi escoba, pero me pasé toda la tarde caminando por el bosque recogiendo hongos con propiedades mágicas para usar como ingredientes. ¡Los pies me están matando!" comentó Marisa…
Ocurría en cámara lenta para Kentaro cuando observaba a Marisa quitarse los zapatos para estar más cómoda luego de un día tan agotador. Luego de eso ella se quitó sus medias transpiradas, pues no es buena idea dejarse las prendas mojadas de sudor en el cuerpo. Para colmo, Marisa luego puso sus bellos pies descalzos sobre la mesa y un olor muy sutil llenó el lugar, que para una mujer aún así es mucho. Kentaro estaba deslumbrado viendo a esta hermosa bruja exponiendo sus pies descalzos frente a él sin importarle…
"Ah… ¡Mucho mejor!" Marisa dijo felizmente con una gran sonrisa mientras cerraba los ojos y empezaba a relajarse…
Kentaro lentamente comenzó a avanzar hacia los pies de Marisa, pero en cuanto levantó las manos para tocarlos, Marisa le apuntó con el mismo artefacto con el que había borrado a Rumia…
"¡Ni lo sueñes, ze!" dijo Marisa con un ojo abierto, demostrando que incluso cuando se está relajando aún está atenta a su entorno y a todos los movimientos de Kentaro…
Kentaro estaba en una encrucijada. Su sueño pervertido estaba allí, justo enfrente de él. Si se atrevía a acercar más sus manos moriría, pero si dejaba pasar esta oportunidad quizás nunca la volvería a tener. Las opciones eran nunca cumplir su sueño y vivir, o cumplirlo y morir. Kentaro cerró los ojos y bajó la cabeza, luego abrió de nuevo los ojos con una seriedad absoluta…
"Por favor, confía en mí" Kentaro dijo suavemente y con sinceridad…
Marisa se sorprendió enormemente al captar las verdaderas intenciones de Kentaro en su mirada y la forma en que se expresó. Lentamente Marisa guardó su artefacto de nuevo entre sus ropas. "De acuerdo…" dijo Marisa admitiendo la derrota…
En cuanto las manos de Kentaro tocaron los cansados pies descalzos de Marisa, la hermosa bruja quedó asombrada. El masaje que Kentaro le estaba dando le causó un placer y alivio inmensos…
"¡Guau! ¡Se siente maravilloso! ¡Eres muy bueno en esto!" Marisa exclamó mientras disfrutaba la placentera sensación en sus pies…
"¿En serio?" preguntó un sorprendido Kentaro. "Es mi primera vez…" agregó mientras sonreía y se sonrojaba…
Marisa hizo una risita entre dientes. "¡A mí no me engañas! ¡Estás usando magia!" dijo ella…
"Bueno, como eres una bruja es natural que llames magia a la ciencia" respondió Kentaro. "Amo tanto los pies de las chicas que he estudiado a fondo la anatomía del pie humano. En teoría sé exactamente qué nervios debo estimular y cómo estimularlos… Pero nunca había tenido oportunidad de llevarlo a la práctica" Kentaro explicó…
"Ahora si estoy empezando a tener miedo…" Marisa comentó. Kentaro la miró a los ojos con intriga. "Con esos conocimientos, tú tienes potencialmente la habilidad de manipular el sistema nervioso entero de una persona. Usada correctamente podría ser una habilidad temible" Marisa explicó…
Kentaro no sabía qué decir. Él nunca se había sentido poderoso en toda su vida salvo por ese breve momento en que creyó que había vencido a Rumia…
"¡Pero tú nunca le harías daño a una linda chica! ¿Verdad?" Marisa dijo de repente con su gran sonrisa…
"Solo si mi vida se encontrara en peligro y dependiera de ello para sobrevivir… Pero prefiero darle placer al género femenino como lo estoy haciendo ahora contigo" contestó Kentaro mientras bajó la mirada y se concentró en masajear los pies de Marisa…
"¡Ya sé! ¡Te contrataré como mi masajista personal!" Marisa dijo en tono de broma…
Una vez que los pies de Marisa se sintieron mejor, llegó la hora de acostarse…
"¿En dónde dormiré yo?" preguntó Kentaro…
"Dormirás aquí conmigo, guapo" Marisa dijo en tono sexy y con una pose seductora, recostada ya en la cama. Kentaro ya se ilusionaba, pero entonces Marisa comenzó a reírse. "¡Mentira! ¡Te volví a tomar el pelo! ¡Ja-ja-ja-ja-ja-ja! ¡Si hubieras visto la cara que pusiste!" exclamó Marisa, dejando a Kentaro decepcionado en un estilo cómico con líneas azules ondulantes sobre su cabeza. El cielo tronó y relampagueó y se largó a llover. "Parece que lloverá toda la noche…" dijo Marisa…
Mientras tanto en el Templo Hakurei, Reimu puso un gran balde debajo del agujero que hizo Kentaro cuando cayó del cielo, por donde estaba entrando la lluvia. La sacerdotisa sentada junto al balde ya estaba fastidiada. "Cuando agarre a ese chico Kentaro Yuki, lo voy a matar…" Reimu murmuró…
A la mañana siguiente ya había parado de llover y salió el sol en Gensokyo. Marisa ya estaba levantada y fresca como una lechuga, pero Kentaro había dormido mal por dormir en el suelo…
"¡Oye, tengo una idea! ¡Acompáñame a hacerle una visita a unas amigas, ze!" dijo Marisa…
"¿Amigas?" preguntó Kentaro, y enseguida se imaginó a sí mismo rodeado de muchas otras brujas lindas como Marisa, todas descalcitas, dejándole jugar con sus pies. "¡Por supuesto! ¡Me encantaría!" Kentaro dijo con un inusual entusiasmo…
Los dos salieron y, a bordo de la escoba de Marisa, volaron hasta a un enorme lago. En el camino Kentaro había notado que Marisa llevaba una gran bolsa vacía, y dedujo que probablemente tenía pensado pedir a estas supuestas amigas que la ayudaran aportando cosas para su colección…
"¿En donde estamos?" preguntó Kentaro…
"Lago Nebuloso. Las personas que vamos a visitar se encuentran al otro lado" Marisa explicó mientras empezaban a cruzar el lago…
En ese momento aparecieron montones de hermosas hadas volando alrededor de ellos. Kentaro estaba feliz de ver a estas bellas criaturas. "¡Que lindas!" dijo él. "Aunque creí que las hadas eran más pequeñas…"
"¡Maldición! ¡Esto es malo!" Marisa dijo, comenzando a ponerse tensa…
Kentaro estaba confundido por la reacción de Marisa hasta que las hadas sin razón alguna comenzaron a bombardearlos con balas mágicas…
