II

No fue tal cosa como una batalla sino más bien, un juego de azar. Y nada tuvo que ver la suerte de Tsukiyama Shuu que de hecho es uno de los seres más desgraciados de Tokyo,

era, simplemente, un mal día para Arima.

O, tal vez, ese Quinque no era tan valioso.

Cuando Chie lo vio, se le cayó la cámara al suelo.

—¿Tsukiyama?

No hubo tiempo para emotivos reencuentros, él fue al grano: "¿En qué sector está trabajando Arima?".

Chie decidió que volvería a dar a Tsukiyama por muerto y que ese hombre frente a ella, desesperado, no era más que un fantasma en un mal sueño. Despertó después de decirle que tenía suerte de que Arima estuviera de servicio gracias a las últimas revueltas en el sector 16, que allí lo encontraría, que no preguntaría sus razones pero que tuviera buena suerte.

Eran las diez de la noche cuando volvió a encontrarse sola, en el callejón de siempre, hambrienta.

Tsukiyama no le dio las gracias, pero él no era una persona de darlas, así que estuvo bien. Después de apartarse del lado de Chie fue directo al lugar señalado y como solo tenía un par de horas, se dedicó a masacrar y a devorar a cada agente que se cruzó en su camino: recitando el nombre de Arima con tanta fuerza como podía, mientras la sangre llenaba la ropa que Hinami le había llevado, mientras su estómago se revalsaba de dulzura y sus movimientos se volvían más firmes.

Estaba en su víctima undécima cuando apareció, en su mano

una maleta plateada, brillante,

como la luna.

Se puso en posición, pero la paloma no se lanzó contra él de inmediato, lo analizó—¿Llamabas?—Hablaba con tranquilidad, le revolvió el estómago.

—Eso me pertenece—Para su sorpresa, él también lo dijo con serenidad, revelando su espada y acortando la distancia que los separaba. El tiempo parecía volver a moverse.

—¿Tu amigo?—Esquivó la primera estocada de Tsukiyama y le hizo una sancadilla—No...¿tu novio?—Golpeó su espalda con el borde de la maleta mientras intentaba levantarse, otra vez Tsukiyama estaba en el suelo, impotente.—Él era más fuerte que tú—Suspiró Arima—Él era el más fuerte que he enfrentado en este último tiempo—Puso un pié en su cabeza—Pero seguía siendo débil en comparación conmigo—Tsukiyama trató de hundir su kagune en la carne de la pantorilla de Arima, pero él dio un salto hacia atrás.—No te precupes, te daré el placer de ser atravesado por tu...persona especial.

Lloró cuando vio aparecer el kagune de Kaneki en su esplendor, era casi...como si estuviera vivo.

Por placer y porque sí, dejó que desgarrara los músculos de su columna, que los huesos de sus rodillas se hicieran mil pedazos, que su sangre se mezclara con ese pequeño e insignificante pedazo de Kaneki Ken

el humano con partes de ghoul que quizo devorar

y del que luego se enamoró.

Arima debió creerlo muerto, muerto e inútil para ser un nuevo Quinque en su colección, porque cerró la maleta color luna y comenzó a caminar lejos de su cuerpo destruído.

Pero Tsukiyama tenía una misión en la que no podía fallar. Le dió un mordisco a su propio hombro y luego corrió tan rápido como pudo hacia la paloma. Le arrebató el quinque de las manos y no miró hacia atrás. Tenía que salir de la ciudad.

No lo persiguieron. Suerte pura o, repitiendo

tal vez ese quinque no era tan valioso,

ni significaba tanto como para Tsukiyama Shuu.