Disclaimer:Todos estos personajes pertenecen a la magnífica Stephenie Meyer, menos algunos que son míos.
Retorno
Renesmee
Tenía, otra vez, esa sensación de dèjá vu pero ahora era diferente. No íbamos a cambiar a una ciudad distinta si no allí donde nací y… aunque no estuve mucho tiempo crecí. Nos acabamos de mudar de Northumberland, un condado de Inglaterra, una ciudad diariamente nublada, como Forks, así mi familia podía hacer una vida casi normal. Y digo casi porque una familia que sale por las noches a desmembrar cualquier animal no esta visto como algo corriente.
Estábamos todos, en sus respectivos coches, saliendo del aeropuerto de Seattle hacia Forks. Me quedé observando por la ventana los borrones color jade que tanto añoraba, pero aunque mi memoria no era tan buena como la de un vampiro sentía que me había dejado una parte de mí allí. Y sabía muy bien a donde se dirigía mi mente, bueno a quien se dirigía.
En ese momento note como las manos y la mandíbula de mi padre se tensaban, y mi madre a su vez le ponía una mano encima del brazo en un intento de calmarle. Me pregunté si había dicho o más bien si había pensado algo mal, porque no había hablado prácticamente nada en todo el viaje.
A papá no le convencía la idea de volver, lo cual me extraño, pero una vez mencionó algo así como que era necesario. Allí mis padres se habían conocido no pensaba que les molestara volver a las raíces de su pasado. Además estaba Jacob, mi Jacob.
Los dientes de mi padre chirriaron, con un sonido similar al de de dos barras de acero.
¿Se puede saber que pasa?
No es nada cariño- dijo con la voz aún tensa tras leerme la mente.
— ¿Qué ocurre?—preguntó mi madre dudosa.
—Nada que Renesmee estaba mostrando especial interés por el perro.
Mi madre torció el gesto, y miró por el retrovisor para encontrarse con mi cara colorada.
— ¡Papá! ¿Quieres dejar de meterte en mi cabeza? Podríais aplicar esto a la lista de la infancia humana de tu hija.
—Lo siento, hago lo que puedo.
Suspiré dejando pasar el tema de mi privacidad, del que tantas veces habíamos hablado y seguí mirando por la ventana. Me dí cuenta de que se había levantado una espesa niebla, pero eso no era problema para mi vista. Mi parte vampiro había crecido desde que era pequeña, ahora tenía todas las cualidades de un verdadero vampiro, incluso la temperatura de mi cuerpo era más baja. Creo que ese era el tema principal de todo, a mi padre no le gustaba nada como pintaba la cosa.
Lo siguiente que noté fue el contacto de unas manos frías sobre mi piel. No me había dado cuenta de que me había quedado dormida.
— ¡Nessie! —dijo Emmett y después una sonrisa se extendió por su rostro- Ya hemos llegado.
Aún medio grogui me di cuenta de que estábamos enfrente de la gran casa blanca y no pude contener una sonrisa.
—Es increíble… —masculló mi abuelo—no ha cambiado nada, salvo los helechos claro.
Me dí cuenta cuando me bajé del coche, que los helechos me llegaban por la cintura ya que mi estatura era pequeña.
—Bueno eso no es problema—río mi padre entre dientes— Emmett y un par de bates de béisbol.
Comenzaron a reírse, yo no pude seguirles, estaba demasiado fascinada con el paisaje.
—Eddie a que de un guantazo que te suelto los quitas tú todos con los dientes- en eso sí que me reí.
—Venga, venga a ver si os gusta como la hemos dejado— saltó Alice. Sus ojos dorados brillaban con el entusiasmo de una niña.
La casa no cambió tanto como esperaba. Seguía teniendo la misma gama de colores que siempre. Blancos, grises, negros, detalles rojos. Muchas cristaleras dejaban entrar la luminosidad del bosque, que contrastaba con la pureza de las paredes. Todo muy minimalista, al estilo de los Cullen.
Cuando pasé por el vestíbulo pude ver mi figura en uno de los grandes espejos de la nueva decoración.
Ahora era todo tan diferente. Cuando nos fuimos de aquí, hace unos cinco años, apenas aparentaba siete años en apariencia. Ahora aparentaba dieciséis y me sentía como una niña que empieza a caminar sola, sin la ayuda de las manos de sus padres. Me preocupé de el aspecto que mi persona pudiera causar a la gente, a Jacob, si no gustaría, o en el caso contrarío gustaría a las personas con gustos extravagantes. Por que yo social podría llegar a ser, pero a rara era un rato.
Todos los demás se fueron a deshacer las maletas y me quedé solo con Alice. Que me miraba impaciente desde el espejo.
— ¿Qué pasa?— pregunté confusa.
Me miró y se puso a dar saltitos.
—Ven que te voy a enseñar tu habitación—contestó con alegría.
Mi tía y mi abuela habían venido dos días antes para acomodar la casa, que por lo que yo me acordaba no estaba tan mal como para cambiarla toda, pero bueno Alice es Alice. Cuanto aún estábamos en Inglaterra le dije que no decorara mi habitación muy rococó, ese no era para nada mí estilo y al parecer a Rose le molestó bastante.
— ¿Dónde la habéis puesto?- me miró sin comprenderme — quiero decir… ¿qué sala habéis quitado para colocar mi cuarto? No creo que os haya dado tiempo en dos días ha hacer la casa más grande ¿no?—dije incrédula, mi tía era una bestia.
—No, tranquila—rió—hemos decorado la salita que había al lado de la habitación de tus padres.
Cuando estuvimos en la puerta la abrió con lentitud. Me estaba poniendo de los nervios. Y porfín pude verla. Era preciosa. Habían pintado una pared negra en la cual estaba apoyada una gran cama blanca con decenas de cojines de tonalidades oscuras adornando el cabezal de la cama. También había un sofá estampados con flores negras, blancas y distintos tonos de grises. Me fijé que al otro lado de la sala había una puerta doble de aluminio negro y unas cristaleras de vidrio opaco. Supuse que sería el armario ¡Ropa, ropa, ropa!
—¡Dios! Alice me encanta es perfecta. Gracias
—Todo lo que quiera mi sobrinita—me sonrió.
—Voy a traer mis cosas.
Bajé las escaleras dejando a Alice atrás, y me di cuenta de que alguien había dejado mis maletas en el salón. Las cogí y fui caminando lentamente a mi habitación. Había traído la ropa que mas me gustaba, ya que Alice me renovaría todo el vestuario y por supuesto, mi guitarra, que me la regaló mi padre en mi pasado cumpleaños y Jasper me enseñó a tocarla. Abrí la puerta de la habitación y vi que Alice se había ido. Dejé las cosas en el suelo y después me tumbé en la cama durmiéndome de nuevo.
Me desperté y perezosamente me arrastré por las sábanas, serían las nueve de la noche aproximadamente, me levanté alicaída y me fui directamente a darme un baño. Abrí el grifo del agua caliente y noté como mis músculos se relajaban. Estuve un buen rato hasta que noté algo que me dejó descompuesta, era un golpeteo constante y, a la vez, agitado procedente de la planta baja de mí casa. Supe al instante lo que era. El latido de un corazón.
Salí de la bañera, tan rápido que casi me caigo y me coloqué el albornoz. Fui a mi habitación y abrí el armario. ¡Madre mía!, había más ropa que en un centro comercial. Escogí de entre un millón de prendas uno de los conjuntos más sencillos, una camiseta de algodón blanca con un dibujo en la parte delantera y unos pantalones rosas descoloridos. Como mi pelo estaba húmedo me hice una coleta alta dejando mi flequillo hacia delante, me puse los zapatos y salí corriendo. Mientras bajaba las escaleras noté un olor a bosque que provenía del salón y después entre.
—Que lastima que no huelas a chucho cariño— dijo mi Rosalie riéndose—Nessie ¿te acuerdas de Seth?
Me dí cuenta, de que aquellos venían de aquel chico que se levantó para saludarme.
—Hola Nessie—me dijo dedicándome una gran sonrisa destacando sus dientes blancos sobre su piel bronceada.
—Hola— le devolví la sonrisa— claro que me acuerdo de Seth.
Era enorme y musculoso a más no poder, supuse que eso debería ser por el royo ese de los licántropos. También tenía el pelo de un negro azabache cortado irregularmente y unos grandes ojos de color marrón muy oscuro, casi negro. Y iba vestido como Jake solía hacerlo, con solo un pantalón.
—Bueno ¿no me vas a dar un abrazo? estás muy mayor— me dijo extendiéndome los brazos.
Sonreí y le abracé. Me estremecí cuando su piel ardiente toco la mía.
Después mi familia se fue del salón para dejarnos hablar a solas, pero como yo sabía eso era imposible, toda la casa nos estaba escuchando y mi padre el primero.
— ¿Vamos a dar un paseo?
—Vale, me vendrá bien un poco de aire fresco- me dijo aliviado— por mucho que me guste tu familia no significa que me encante el olor.
Hizo una mueca y una risita salió de mi boca.
Seth
Nos sentamos en un tronco que había en un claro que dejaba pasar el tenue resplandor de la luna, que resaltaba su preciosa y perfecta piel nívea. No, no, no Seth. Eres imbécil. No tienes que pensar estas, no tienes que ni mirarla, pero sabría que no podría.
Sacudí la cabeza.
— Mañana tenemos una especie de cena en la playa, va toda la manada ¿quieres venir conmigo y darle una sorpresa a Jake?
— ¡Sí! Seth gracias—me abrazó, su temperatura era más gélida de lo que recordaba, pero aún así no me molestó. Era reconfortante.
Se separó de mí y pude observarla mejor de cerca. Sus grandes ojos del color del chocolate fundido desprendrían una calidez rebosante y su diminuto cuerpo de muñeca encajaba a la perfección con sus mejillas sonrosadas al igual que sus labios, redondos y carnosos como los de un niño. Tendría que tener unos 16 años, quizás 17 no más.
—Bueno… —se volvió a sentar— ¿A qué hora es la cena?
—A las ocho.
—Estaré lista—levantó la vista hacia el cielo— debe de ser tarde. Tengo que acostarme temprano y mañana tengo muchas cosas que hacer si quiero ir. No sabes todo lo que me ha comprado Alice…
Me reí.
—Vale ¿Te acompaño?
—Lo que quieras.
Caminamos hablando hasta su casa. Ella me estaba me contaba como le habían ido las cosas en Inglaterra. Cuando llegamos me despidió con una mano y pude oír como le pedía permiso a Edward para mañana.
Salí corriendo hacia el bosque y cuando me quise dar cuenta corría sobre cuatro patas.
Sabía que no estaba imprimado de Renesmee, pero me había causado una atracción sorprendente, aunque eso debería ser normal, no había visto a una chica más hermosa que ella. Joder Seth eres un puto gilipollas, deja de pensar en eso. De repente otros pensamientos comenzaron a colarse en mi cabeza ¡Mierda!
— ¿Qué te pasa tío? Estás muy alterado— dijo Jacob. Me concentré en que forma le daría a los matorrales que había a mí alrededor para mantener la mente ocupada.
—Me voy.
—Estas pirado.
Me aseguré de estar cerca de la casa de Sam y cambié de fase. Me enfundé los pantalones y cuando llegué toqué la puerta.
—Seth que horas son estas de venir— dijo enfadado, arrugó la nariz— hueles a chupasangre, ¿habéis encontrado un rastro?
—No, han vuelto los Cullen.
—Sam, deja a Seth entrar— oí la voz de Emily.
Este me abrió la puerta. Emily estaba sentada en el sofá viendo la tele.
—No quiero molestar, solo quería preguntarte en si no hay ningún inconveniente en que Nessie venga mañana a la playa, se me ha ocurrido que podríamos darle una sorpresa a Jake
—Seth… no sé si sería buena idea, no deja de ser vampiro después de todo.
—Sam la niña no es peligrosa, y lo sabes, además Jake lo ha pasado tan mal que ya es hora de que sea feliz. Y sí será mitad vampiro pero no deja de ser su imprimación y eso también cuenta. Nadie va a quejarse porque ella venga. No es la primera vez que viene, cuenta era pequeña Jake siempre la traía— Emily se levantó y le acarició el brazo a Sam.
—Está bien puedes traerla.
Le sonreí a Emily y ella me devolvió la sonrisa.
—Adiós.
—Adiós.
Esta vez no cambié de fase, salí corriendo hacia mi casa. Disfrutando del aire azotar mi rostro y intentando afrontar lo que se me venía encima. Poner los ojos en el angelical rostro de la señorita Cullen no había sido buena idea.
¡Hola!
Espero que os haya gustado este primer capítulo, estoy pensando en subir cada dos o tres días ya tengo escrito muchos capítulos, muchos muchos :P
Tened en cuenta que es mi primer fic.
Sí te ha gustado y quieres que siga con la historia, ¿me dejas un review?
Thank's!
