Capítulo 2. Neón.
-¿Está muy lejos Neón? –pregunté dejada de caer en él, la brisa de la noche y la mar tranquila hacían de aquel viaje un sueño, el cielo irradiaba luz con los millones de estrellas que dominaban su oscuridad.
-¿Ves aquel punto amarillo a lo lejos? –respondió indicándome la lejanía, sus manos yacían entrelazadas a las mías.- Lo llaman la Llama de Neón, es una gran llama de fuego que nunca se apaga, los piratas lo usamos para ver las rocas de la costa aunque los más viejos de la isla creen que es la llama que ahuyenta a los malos espíritus.
-¿Es bonita la cuidad pirata?
-Es una cuidad con aires modernos, hasta ahí llegan piratas y mercaderes de todas las partes del mundo, en una sola calle te podrás encontrar tres tiendas diferentes, una pirata, la otra oriental y una occidental.
-¿Tanta cultura metida en una sola isla?
-Tanta y la que habrá a lo largo del tiempo. Ya verás, allí podrás comprarte ropa pirata, dormirás y comerás como uno de los más feroces piratas.
Me reí anhelando llegar lo antes posible.
-¡Capitán llegamos a puerto!
-¡Amarrad las velas y dejad solo la mayor!
-¿Cuánto tiempo ha pasado desde Bahía Blanca?
-Seis semanas.
-Me parece que fue ayer.
El puerto se veía perfectamente con su luz, era como una de las descripciones que los libros me hacían soñar con la imaginación, el agua entrando en el muelle tranquila y baja, los barcos amarrados con las sogas las cuales dan la apariencia de que se van a caer, gente paseando tranquilamente por el puerto observando la famosa llama. Parecía mentira pero me quedé observándola detenidamente, daba la sensación de que se sostenía sola en el aire, sin embargo la gran llama yacía sobre una gran torre alta y esférica.
-Pasaremos la estancia en la Posada del Gran Pirata.
Todos exclamaron alegres por su decisión ¿qué tendría esa posada?
-Esa posada posee las mejores mujeres de toda la isla, a mis hombres les gusta.
-¿No pensarás estar con las mujeres?
-Claro que no.
La cuidad era enorme y aunque era de noche en las calles se veía perfectamente, las luces no eran todas amarillas como en la Francia, algunas eran de colores según la zona, los adornos en las calles eran diferentes a cada esquina, parecía un lugar mágico. Desde no muy lejos se escuchaba música y risas, dos luces iluminaban una gran casa de piedra muy antigua.
-Es aquí.
La tripulación se aguantaba la cortesía en mi presencia pero ya sabían ellos que no debía de ser así.
-¡Edaran! –exclamó un hombre tras la barra.
-¡Bigam ¿cómo estás?! –se dieron un fuerte abrazo junto a varias palmadas en la espalda.
-No cambias ni a la de tres.
-Tú tampoco cambias demasiado que digamos.
-¿Qué haces de nuevo por aquí, no ibas hacia aguas españolas?
-Iba pero me retrasé en Bahía Blanca.
-¡¿Has vuelto de ese lugar?! ¿Cómo?
-No he buscado el tesoro, no aún.
-Entiendo… ¡Vaya preciosidad! un placer señorita. –me saludó, yo lo saludé cortésmente sin mutar palabra.
-Queremos habitaciones, una de ellas con cama grande.
-¿Es tu compañera? Como se nota que eres un romántico, ahora sé porque no querías estar con ninguna de aquí, te guardabas la tuya.
-Sí. –sonrió.
-Ya están guardadas, si queréis queda esa mesa libre, es bastante grande para todos vosotros.
-Gracias compañero. –le dejó tres monedas de oro sobre la mesa.
-¿Y esto?
-Propina.
-El bolsillo te lo agradece.
-Es un buen hombre –dije. Apartó la silla e invitó a sentarme.- Gracias.
La tripulación entera cabía en la mesa, en pocos minutos estaban bebiendo y comiendo hasta hartarse, yo mientras observaba aquel lugar, las paredes eran inmensas, la decoración tenía algo especial que me atraía aunque el olor a pirata no era demasiado agradable.
-Siempre vuelves al calor del hogar Leisma. –murmuró un pirata que se sentaba justamente tras él.
-¿Qué hace aquí un pirata como tú James? –se levantó con una sonrisa en su rostro, el otro pirata también se levantó, ambos se giraron y como si fueran amigos de toda la vida se abrazaron y se saludaron con la mano y un fuerte abrazo.
-Cada vez cambias menos. –decía él- pareces igual que el año pasado cuando te vi en Tortuga.
-¿Qué estás haciendo en Neón?
-Enseñara mi hijo lo que es un verdadero pirata, en Tortuga no hacen más que emborracharse.
Observé que un pequeño pirata se escondía en las faldas de una mujer de mi edad, el niño me miraba y miraba a la que parecía su madre.
-Jack saluda a Edaran. –dijo el padre.
El niño no se atrevía.
-Quien me iba a decir a mí que me iba a encontrar con James Sparrow en persona tras la pelea del año pasado por los Rubíes de Triorta.
-Los conseguí.
-Me los arrebataste –corrigió Edaran.
-Luchamos como piratas.
-Algún día te los arrebataré de nuevo.
-Ansío que llegue el día. –siguieron hablando.
-¿Cuántos años tiene? –pregunté a la mujer.
-Es mi madre… -dijo el pequeño queriendo protegerla.
-Tres años, es un trasto.
-Mama ¿cómo se llama?
-Me llamo Selene.
-Yo Irene.
-¿Llevas mucho con él?
-¿Con James? Seis años hará dentro de poco. Me encontré con él en la costa francesa, me atrajo y desde siempre voy con él.
-¿Eres pirata? –preguntó Jack.
-Sí y no. Navego junto al Capitán Leisma.
-Entonces haces como la mama.
Los dos capitanes seguían hablando de los viejos tiempos como buenos amigos.
-¡Empuja! –exclamó Ana, mi vecina y matrona-
Apretaba los dientes y hacía fuerzas deseando que saliera, como fuera tenía que salir.
-¡Ya se ve salir, sigue empujando!
-Ya lo hago… -dije cogiendo fuerzas.
Notaba su cuerpo salir, me juré a mí misma que no volvería a pasar por aquello y sin embargo volvía a estar en la misma posición que hace dos años, no sabia si era niño o niña pero me daba igual, quería que saliera de una vez. Lentamente aprecié su cuerpo salir, me quedé tranquila al notar que ya estaba fuera aunque me resultaba extraño que no escuchara ningún llanto.
-¿Qué pasa? –pregunté-
-Está… durmiendo. –respondió alucinando-
-… ¿Qué es?
-Niña.
-…por qué me da la impresión de que va a ser como su padre…
-Papa… -preguntó Enien, éste tenía dos años ya- ¿Qué pasa?
-No lo sé. –respondió extrañado tras la puerta, también intentaba escuchar un llanto pero no se escuchaba nada-
Minutos después me la cedieron a los brazos, el dolor aún no se me había pasado pero el tenerla en mis brazos significaba un suplicio sufrible. Con la guerra que dio Enien nada más nacer, llorando y berreando, en cambio ella dormía tranquila.
-Ya puedes pasar Edaran.
Enien se adelantó curioso de ver lo que había, se subió a la cama corriendo con ansias de observar al nuevo inquilino.
-… ¿Quién es…?
-Tu hermanita.
-Tiene poco pelo y está arrugada.
-Acaba de nacer. –dijo Edaran cogiéndolo y sentándose él al lado con Enien encima.
-¿Cómo se llama?
-Pues… -intenté responderle pero no había pensando ningún nombre y no me venía ninguno a la cabeza.
-Elian. –propuso Eda.
-Me gusta. –opinó el pequeño.
-¿Se pondrá grande?
-Claro que sí, tú cuando naciste eras igual de chiquitín.
-¿Yo? No me acuerdo. –nos miraba como si aquello fuese algo malo.
-Nadie se acuerda de cuando uno nace.
Nada más por los llantos supe el carácter que tenía, lloraba muy poco pues para contra era muy tranquila, casi siempre dormía. Me alegraba tener un niño y una niña, tenía la pareja y de momento no deseaba ninguno más, quizás más adelante si se podía. A medida que iba creciendo me daba cuenta de que era más cabezona que Enien, mi instinto no falló cuando dije el día del parto que se parecería a su padre, y así lo era, ambos disfrutaban el uno del otro, Enien y Elian tenían una gran unión con su padre.
-Eda ¿y los niños? –pregunté preparando la comida.
Curioso por no sentirlos fue en su busca, la última vez que los vio fue en la planta superior de la casa.
-¿Enien? ¿Elian? –en la habitación no parecían estar, en el dormitorio tampoco.- ¿Dónde se habrán escondido? –se escuchó la risa de ambos, adivinó que estaban escondidos bajo la cama de matrimonio.- ¿Dónde estarán estos dos trastos? –preguntó jugando- ¿Estarán aquí? –miró tras la cortina- ¿Estarán… aquí? –miró en el armario- ¿O estarán… ¡aquí!? –metió la mano bajo la cama y ambos intentaron escabullirse, Enien lo logró porque era más ágil, salió corriendo hacia la cocina en mi busca. Elian salió bocabajo parecida a un bolo y con la cabeza cubierta por sus brazos.- ¿Intentas hacer que no te vea? –la cogió por el borde superior del paquete y la giró hacia él, la niña rió- ¿Qué hacías tu bajo la cama?
-Jugá. –levantó la mirada hacia él.
-Jugar al escondite. ¿Y no habéis pensado en recoger vuestros juguetes? –miró la alfombra de la habitación, ésta estaba repleta de juguetes, muñecas de trapo, trenecitos de madera, coches, barcos…
-Son de Enien…
-Y también tuyos. Ven vamos a recogerlos. –la cogió en brazos, se la llevó a la alfombra y ahí la dejó sentada de nuevo. Edaran se sentó frente a ella y empezó a meter los juguetes en la caja de madera que tenían especialmente para esos trastos.
-Papa.
-Que.
-Quiedo se pidata. –dijo dándole un barco que él mismo le hizo.
Se quedó extrañado ante sus palabras, por un momento pensó que la niña no sabía lo que quería y cuando creciera cambiaría de opinión, sin embargo parecía decirlo con bastante seguridad.
-¿Quieres ser pirata? ¿Por qué?
-Poque quiedo navegá en el agua, sé libe como dices tu.
-Bueno… -sonrió alegrándose por su decisión- aún es demasiado pronto y quizás tu madre no opine lo mismo.
-¿La mama no quiede? –lo miró con carita de niña buena-
-No lo sé. Vamos abajo. –se levantó cogiéndola en brazos porque aún no sabía subir las escaleras muy bien y podía caerse, más siendo hacia abajo. -¿A ti te gustan los piratas Enien?
-No, son bárbaros, feos y malos, se llevan a las mujeres y solo ansían riquezas y más riquezas.
-¡El papa no es bábado, ni es feo ni es malo! –exclamó ella con todo su carácter.
-¿Eres un pirata papá?
Dejó a la pequeña en el suelo y se fue de nuevo a la habitación, tardó varios minutos pero ambos pequeñuelos quedaron boquiabiertos cuando vieron a un Señor Pirata en persona.
-¡Ala! –exclamó alucinado Enien que aún no se lo creía-
Arqueó el sombrero ligeramente para aparentar más inhumano, sin darse apenas cuenta Elian cogió el sombrero y se lo puso ella con un talante natural que tenía para ello, se lo arqueó incluso.
-Quiedo sé pidata. –afirmó de nuevo.
-Ya es la segunda vez que lo dice.
-Elian… para ser un pirata se ha de estar muy seguro de ello. –dije preocupándome por su decisión-
-Yo estoy pepadada, el papa me enseñará.
-¿Se lo has dicho? –me dirigí a él-
-No he dicho absolutamente nada, lo ha dicho todo ella.
-¿Qué le dice un pirata al tripulante cuando despierta al amanecer? –decía un pirata sobre el escenario- ¿Qué hora es? Pregunta el pirata. Las seis de la mañana capitán, responde el marinero. Es muy tarde. Pues haberlo preguntado antes, dijo el marinero.
Todos los presentes empezaron a reírse a carcajada limpia por el chiste, era un chiste malísimo pero les hacía gracia, quizás sería por la simple razón de que estaban hasta arriba de ron.
-Vamos a dormir Jack –dijo Irene como si quisiera prevenirle de algo.
-¿Ya, por qué?
-Vamos hijo. –dijo también James.
-¿Qué pasa? –pregunté extrañada.
-Ahora los piratas se divierten, es la hora en que salen las mujeres a bailar y demás.
-…ah…
-Vamos a darnos un baño.
-¿Existe ese lujo aquí?
-Para ti hay lo que desees.
Me llevó de la mano hasta la barra, su amigo nos dio la llave de la habitación, escaleras arriba subimos preparándonos para lo que nos esperaba, sería la primera vez que me bañaría con él y la primera en dormir en una buena cama, cuanto anhelaba el dormir ancha y estirada.
……
-Despierta… -susurró-
Abrí los ojos sin recordar muy bien la noche anterior, la cabeza me daba vueltas, quería dormir y no despertarme hasta la hora de comer.
-¿No quieres venir a ver la cuidad?
Eso me gustó más, fui a levantarme cuando me vi desnuda ¿qué me podía poner? No tenía nada con qué vestirme, el vestido que llevaba estaba demasiado sucio y haraposo.
-Te he conseguido éste. –me enseñó un vestido en veis parecido al que tenía.
-Necesito ropa lo sabes ¿no?
-Sí, iremos a dar una vuelta y de paso compraremos algo.
Sin esperármelo me besó tirándome de nuevo a la cama, intentaba seguirle el beso pero no me dejaba.
-Nunca he pasado una noche como ésta.
-¿Y me lo agradeces así de sopetón?
Volvió a besarme de nuevo pero ésta vez con más intensidad y furor.
-Eso ha estado mejor.
-¡Capitán nosotros marchamos!
-¡Id tirando!
Me arreglé y enseguida bajamos, el local que anoche estaba repleto se encontraba vacío completamente, una mujer fregaba el suelo con las sillas sobre la mesa.
-¿Cómo has pasado la noche Eda? –preguntó Bigam quitando el polvo de la entrada.
-No tengo palabras –susurró-
-Estás hecho un pirata.
Saludó con el sombrero mientras nos alejábamos de allí, la cuidad ahora tenía otro aire pero seguía sin perder su magia, la luz del día iluminaba sus calles dándole un aroma especial, me sentía cómoda en aquella cuidad, me gustaba el color de sus aceras rojas, los porches de las casas, los letreros de las tiendas ocultas.
-Vamos a entrar aquí un momento. –abrió una pequeña puerta, no supe lo que era hasta que entré en ella, mis ojos se abrieron y mi estómago no sabía lo que más le apetecía, ante mí tenía todo un mostrador repleto de dulces de chocolate.
-¿Qué desean?
-Cuatro panecillos –indicó con la mano hacia atrás. Descubrí que también era panadería y pastelería- Y media tableta de chocolate negro.
-Está recién hecho de ésta mañana. ¿Desean algo más?
-Me gustaría probar eso –le dije indicándole pequeñas pastitas que me entraron por el ojo.
-Póngame un par de cada.
-Son tres monedas de oro y dos de plata.
Sentí un sabor irresistible en mi boca cuando probé el panecillo con el chocolate en el interior, era una delicia la cual tendría que saborear.
-¿Está bueno?
-¡Buenísimo! –exclam
-Me alegro que te guste.
-El pan recién hecho y el chocolate tiene un sabor intenso que lo hace irresistible.
Seguimos calle abajo saboreando aquel manjar, giramos la esquina y la calle que se abría ante nosotros era totalmente diferente a la que dejamos atrás, sus casas eran de color azul celeste, sus aceras eran blancas y las farolas grises, los adornos, la gente, todo era diferente.
-Que raro… -miraba las calles una y otra vez-
-Te acostumbrarás cuando vengas más de una vez.
-No sabría decirte cual me gusta más.
Observó ante una puerta el interior de ésta curioso por si veía algo, no sabía lo que buscaba y a fuera no ponía ningún letrero que especificase el qué.
-Vamos a entrar.
La puerta resonó junto a una campanilla en el interior de la casa, el silencio duró segundos hasta que una mujer de mediana edad salió por el interior de la casa.
-Díganme. ¿Edaran eres tú?
-Hola tía Liria.
-¡Que alegría volver a verte después de tanto tiempo! –lo abrazó aunque apenas llegaba a su altura.- ¿Quién es esta mujer?
-Mi pirata.
Su pirata… -me alegré pero solo podía mostrar mi alegría con la mirada.
-Queremos ropa cómoda para un viaje que tengo previsto.
-De acuerdo, puedes entrar por esa puerta y verás todo lo necesario para ti, hay gangas bastante buenas.
Se adentró por una puerta cerrándola después, no vi hacia donde se dirigía.
-Ven conmigo ¿Cómo te llamas?
-Selene.
-Bonito nombre para una mujer. ¿De qué modo quieres vestir? ¿Modo pirata, clásico, oriental…?
-No sé…
-Te enseñaré lo que más tengo y podrás elegir sin prisa alguna.
Me llevó por un pasillo hasta una gran sala repleta de trajes de todo tipo, todos ordenados y bien distintos.
-Lo que más se lleva ahora entre las mujeres del sur es esto. –me enseñó un traje pirata compuesto por unos pequeños pantalones azules oscuro y una diminuta camiseta de tirantes en azul claro, a conjunto iba un pañuelo en azul oscuro y claro.- De estos hay cientos, toda esta fila hasta llegar a la pared.
-¿Valen mucho estos trajes?
-Dos trajes completos por tres monedas de oro, están en perfecto estado.
Me gustó el azul, lo escogí junto a otro en color veis y blanco, éste se trataba de un pantaloncito interior y encima una mini falda en veis, por encima llevaba una camiseta de tres cuartos y hasta por encima del ombligo en color blanco, el cuello era el de una camisa. Por tres monedas más me llevaría dos, así que escogí otro en azul marino, compuesto por un pantalón pirata y una camiseta sin mangas ni tirantes en azul y blanco, como complemente llevaba un sombrero pirata y un pañuelo blanco. El otro era un vestido con una mezcla entre pirata y oriental, llegaba hasta la rodillas en color rosa pastel, llevaba un cinturón en rojo y dos pulseras en rojo que ella me regaló.
-Tienes buen gusto. –dijo al verme vestida con el conjunto que miré primero.- Vamos a ver que hace mi sobrino.
No tuvimos que volver por el pasillo, simplemente pasamos por una puerta para llegar hasta él, me hizo gracia verlo ante el espejo de pie observando detenidamente como le quedaba la ropa. A través del espejo me miró, me sonrojé de la manera en que me miraba.
-Toda la ropa que te ponga te sienta bien.
No pude ver lo que había escogido pero sobre su piel llevaba puesto una camisa que parecía rota por las mangas y bajos blanca, por encima un chaleco de hilo en azul junto a unos pantalones negros o azules oscuro.
-Me llevo éste y estos dos.
Comprobé que los que llevaba bajo el brazo eran parecidos pero en otros colores.
-Tu pirata tiene muy bien gusto Edaran ¿Dónde os conocisteis?
-En Bahía Blanca.
-Eso está lejos. Venid un momento conmigo. –pasamos al interior de la casa con las ropas en dos bolsas distintas, no sabía a donde nos llevaba.- Tu tío lleva años haciendo botas para piratas ¿porqué no os probáis unas?
Me enamoré de unas que tenía en negro de cuero tratado con una pequeña línea hasta arriba en oro o parecido a éste.
-Estas son muy confortables, además transpiran y te pegan con los trajes que has escogido. –me alegré de verme vestida de aquella forma, era mi ilusión desde niña, vestir como un pirata- ¡Ay que botas tienes! –exclamó al ver las de Edaran-
-Hace ya tiempo que las tengo…
La cogió por la caña y la bota se partió por la mitad.
-Menuda bota… ya te vale.
Escogió otras muy parecidas.
-¿De veras es tu tía? –pregunté ya en la calle.
-Sí, lo que queda de mi familia está aquí.
-Es muy amable.
-Estás preciosa.
Volví a sonrojarme aunque ésta vez el halago venía acompañado de un beso.
