Reencuentros que hacen bien
Semana 9: viernes al mediodía
«Estoy aquí…todo va bien» dijo Zelena tomando a su hermana en sus brazos cuando esta le hubo abierto la puerta de su casa
Durante algunos minutos, Regina no dijo nada, sino que estrechaba muy fuerte a la pelirroja, llorando todas las lágrimas de su cuerpo.
Cuando se calmó, Regina y Zelena, que aún estaban en el hall de la entrada, entraron juntas al salón de la morena y se sentaron, lado a lado, en el sofá.
«Entonces, cuéntame…¿qué ha pasado?» preguntó la mayor, y Regina tenía la sensación de que podría estallar en llanto una vez más.
«He conocido a alguien que hoy me ha dado sus condolencias…»
«Ohhh» respondió Zelena volviendo a coger a la morena en sus brazos, ya que esta no pudo contenerse más tiempo «Desgraciadamente eso puede volver a pasar, Regina…tienes que ser fuerte…» le confesó ella acariciándole tiernamente los cabellos.
«Lo sé, pero es tan duro, Lena, si supieras…»
Las dos mujeres se quedaron aún algunos instantes en esa posición. Regina, expresando su dolor mientras que Zelena hacía lo que podía para ayudar a su hermana pequeña. Así que discretamente envió un mensaje, y media hora más tarde, la puerta de la entrada se abrió dando paso a una rubia.
«¡Soy yo!» dijo esta última cerrando la puerta tras ella antes de encaminarse al salón.
«¿Tink?» dijo Regina secándose las lágrimas de las mejillas «Supongo que Lena te ha dicho lo que ha pasado…»
«Sí…pero no tienes que ponerte así, cariño…» dijo la rubia tomando el relevo de la pelirroja, mientras esta se levantaba para ir a buscarle un vaso de agua «¿Quién te lo ha dicho?»
«La florista que veo todos los viernes…»
«¿La florista?» se asombraron a la vez las dos mujeres «¿Por qué hoy si la ves todos los viernes?» continuó la pelirroja
«No lo sé…creo que solo intentaba entablar conversación»
«¿Y qué le respondiste?» preguntó la rubia
«Nada. Pagué mi rosa y salí huyendo…»
Las dos mujeres se miraron mientras Regina bajaba la cabeza.
«Escucha, Regina…» comenzó la pelirroja mientras se sentaba al lado de la morena «Si es demasiado difícil para ti, la semana que viene vete a otra floristería»
«¡Noooo!» replicó la rubia, sorprendiendo a las dos hermanas «Tiene que volver allí y dar la cara ante la florista. Tienes que volver, pedir disculpas por haber huido. ¡Estoy segura que, en este momento, ella se siente peor que tú!»
«Ella tiene razón…» resopló Regina mirando a su hermana «No puedo huir cada vez que alguien me recuerde a Daniel…Tengo que aprender a soportarlo…»
«En todo caso, cuenta con nuestra ayuda, ¿ok?» dijo Zelena acariciando la mejilla de su hermana pequeña.
Semana 10: viernes por la mañana
Emma no había dejado de pensar en su conversación con la morena
«Pfff, ¡qué idiota soy! Te lo juro. En un momento la has hecho huir y ya no volverá aquí…Bah, bravo Swan» se decía ella mentalmente cada vez que revivía la escena
«Emma, ¿me escuchas?» dijo Marco pasando una mano por delante de los ojos de su sobrina
«Eh, ¿qué?» exclamó la rubia volviendo a ella «Perdóname, tío…¿decías?»
«Que estás ida…es más, llevas la semana entera en las nube. ¿Puedo saber lo que te atormenta?»
«Bah, nada, tío…los problemas habituales. No te preocupes, todo va bien» le aseguró ella con una afectuosa sonrisa que Marco aceptó no sin un suspiro antes de darle la espalda «Venga, ven, vamos a mover esa cosa de ahí, ahí no queda bien»
Se dirigió hacia un recipiente que fácilmente podía pesar cuarenta kilos cerca de la entrada y Emma lo seguía de cerca
«¿Dónde quieres ponerlo?» preguntó ella mirando por toda la tienda
«Vamos a ponerlo cerca de las escaleras, cerca de la puerta de entrada no está bien, alguien acabará por tropezar y golpearse la cara contra el suelo»
«¡Sí, tienes razón!»
«Vamos, ¿lista?»
«Sí»
«Uno, dos, tres» pronunció él, con algo de dificultad cuando junto con su sobrina levantó el pesado recipiente «Cuidado, vamos a posarlo despacio…» apenas acabaron la tarea, la campana de la entrada sonó y captó la mirada de la rubia y su tío.
«Señora» dijo Marco con una leve y educada sonrisa antes de retirarse a la trastienda «Emma, cuando acabes con la señora, ven, que voy a necesitar tu ayuda»
«Ok, tío…» Emma sentía su garganta seca. Así que fue a beber un buche de agua de su botella colocada bajo la caja registradora mientras que la morena seguía plantada frente a la rosas.
La rubia, sin saber qué hacer, no encontró nada mejor que hacer sino ordenar las tarjetas que acompañan a los ramos de flores
«No la mires, Swan, ocúpate de tus cosas, y déjala en paz» se decía a sí misma mientras que la morena cogía una rosa y avanzaba hacia ella.
«Siento mi comportamiento de la otra vez. No fue educado» dijo la morena con una sonrisa poco segura, captando la mirada de Emma, que finalmente se atrevió a levantar la cabeza «Y para responderle a su pregunta del otro día, sí. Soy Regina Mills. Y estoy encantada de conocerla, Miss Swan»
«Oh, ¡pero no es usted quien tiene que excusarse!» se dio prisa en decir Emma «¡Soy yo la que fui demasiado lejos con mi curiosidad fuera de lugar! ¡Lo siento de verdad, mucho!»
Regina se alegró ligeramente ante la situación recordando las palabras de Tink «¡Estoy segura que, en este momento, ella se siente peor que tú!» Definitivamente, su amiga la asombraba cada día más
«No tiene que sentirse culpable, Miss Swan, no preguntaba con maldad»
«¡No, en absoluto!» exclamó Emma antes de cerrar su boca, obligándose a sí misma a callar
«Entonces, en ese caso, todo arreglado» dijo la morena con una educada sonrisa mientras sacaba un billete de su bolso «¡Qué tenga un buen día, Miss Swan!» dijo mientras cogía la rosa
«Gracias, usted también señora Mills» respondió la florista sonriendo a su vez. Aliviada de constatar que su error, quizás, no lo había sido tanto.
La morena salió de la tienda y en ese momento Marco volvió junto a Emma
«Entonces, ¿me vas a decir ahora que te pasa?»
«Bien, de acuerdo…»
El anciano rio ligeramente posando una mano sobre el hombro de su sobrina mientras los dos se dirigían a la trastienda.
Semana 11: viernes por la mañana
A la semana siguiente, Emma estaba ocupada con una clienta cuando Regina Mills entró en la floristería. Como de costumbre, la morena se quedó unos minutos delante del estand de las rosas antes de elegir una y caminar hacia el mostrador.
«Estoy con usted enseguida, señora Mills» dijo la rubia mientras terminaba de embalar el ramo que acababa de confeccionar para la joven que se encontraba delante de la morena.
«Cuando usted pueda» le respondió ella
«¡Aquí lo tiene! Son 25 dólares, como convenimos» dijo Emma con una sonrisa sincera dirigiéndose a la otra clienta. La mujer pagó, intercambió algunas palabras de cortesía con la rubia y se marchó despidiéndose de las dos.
«¡Nos toca!» exclamó Emma con una enorme sonrisa alegre que hizo sonreír ligeramente a la morena a su vez.
«¿Siempre está usted así…cómo decir…de buen humor?» dijo la morena antes de elevar la mirada hacia la florista
«Bueno…he aprendido a sonreírle a la vida para que ella me sonría a mí a su vez»
«Es una muy bella visión de la vida…aunque algo utópica»
«Inténtelo y verá…» dijo Emma con una voz dulce antes de sonreír y sacarle una ligera sonrisa a su clienta.
«Bien, la dejo. Buen día, Miss Swan» dijo ella cogiendo su rosa con una mano, mientras que con la otra dejaba un billete en el mostrador.
«Gracias, a usted también señora Mills»
Intercambiaron de nuevo una sonrisa antes de que la morena se despidiera y dejara la tienda.
Marco, por su parte, no se había perdido nada de la interacción y se había quedado escondido en la sombra hasta que Regina se hubo marchado. Cuando Emma se dio cuenta y vio la mirada llena de sobreentendidos de su tío, no encontró nada mejor para esquivar la conversación que decir
«Bueno, ¿qué?» antes de salir al exterior para barrer un poco la acera.
Semana 12: viernes por la mañana
«Dame tulipanes azules, por favor» dijo Marco a Emma mientras confeccionaba un ramo de novia antes de escuchar la campana de la entrada.
«¡Toma!» dijo Emma depositando rápidamente el recipiente de las flores pedidas sobre la superficie de trabajo antes de precipitarse a la parte de afuera para ir a atender al cliente que acababa de entrar. Aunque los dos sabían exactamente de quién se trataba y que no había, por tanto, que darse tanta prisa.
«Ella tarda unos diez minutos en decidirse…» dijo Marco moviendo la cabeza a derecha e izquierda, divertido.
Mientras las escuchaba conversando sobre trivialidades, se dijo que quizás debería tener una charla con su sobrina. Y no esperaría siglos para hacerlo.
Semana 12: viernes por la tarde
Así que fue lo que hizo mientras Emma hacía el inventario
«Di Emma…»
«¿Sí, tío?»
«¿Eres feliz?»
«¿Es una pregunta trampa?» preguntó la rubia con una ceja levantada y una sonrisa divertida en su rostro
«Responde simplemente a la pregunta»
«Bueno…sí. Sí, soy feliz»
«¿Y por qué?»
«¡Bueno…finalmente tengo una situación. Tengo mi propio apartamento, un trabajo que adoro!» dijo ella haciendo sonreír a los dos «Te he conocido a ti, tengo a mis amigos aunque en este momento no los veo mucho, mis años de líos han quedado atrás así que…sí, soy feliz»
«¿Y en el plano sentimental…tienes a alguien?»
«¿Por qué me haces esa pregunta? La última vez, tenía diez años y la hiciste después de haberme sorprendido besando a un chico a la salida del cole»
Marco rio recordando ese momento, y Emma lo siguió. Después él detuvo lo que estaba haciendo y se sentó en el alto taburete que tenía al lado.
«Ven a sentarme a mi lado» dijo con voz dulce
La rubia así lo hizo y se sentó a su lado antes de que él posara sus manos sobre las de su sobrina, posadas sobre la mesa
«Me preocupo por ti…»
«Eso lo he comprendido, si no, no te molestarías en soltarme este discurso…¿por qué estás preocupado?»
«Regina Mills. ¿Qué representa ella para ti?»
«¿Qué? Bueno…nada. Es solo…una clienta»
«¿Solo una clienta?» dijo divertido el anciano al ver la turbación de su sobrina «¿No será algo más que una clienta para ti?»
«Escucha, tío, veo a dónde quieres ir a parar y te voy a tranquilizar enseguida: no es lo que tú crees»
«¿Ah no?»
«No…Uno, está de luto»
«Estamos de acuerdo…»
«Y además…no estoy preparada para volver a empezar nada con nadie. Es una mujer magnífica, te lo reconozco, y confieso que, quizás desee hacer algo por ella para que supere su dolor…pero no de esa forma. Si consigo hacerla sonreír cada vez que entre aquí, con eso me basta»
Marco sonrió a su sobrina antes de acariciarle tiernamente su mejilla
«Eres definitivamente una buena persona, mi niña y tus intenciones son completamente loables…así que te lo ruego, ¿cuídate, de acuerdo?»
«Prometido»
Se sonrieron tiernamente, y Emma volvió a ponerse de pie, se acercó a su tío y lo abrazó calurosamente
«Gracias por estar ahí y cuidarme, tío»
«Siempre» respondió él dulcemente
Semana 13: viernes por la mañana
Hacía un tiempo magnífico, el termómetro sobrepasaba los 20 grados. Eso anunciaba que el verano estaba llegando a grandes pasos. Emma arreglaba el estand de las flores del exterior de la tienda, canturreando una canción que escuchaba a través de una pequeña radio que tenía con ella, cuando Regina Mills llegó.
«Miss Swan…» dijo ella al ver a la rubia como siempre tan enérgica y de buen humor
«¡Oh, señora Mills! ¡Buenos días!»
«Buenos días…»
«¿Ha visto? ¡Hoy hace un día magnífico!»
«Sí, se lo reconozco. Es muy agradable»
«¡Mucho! ¡Dan ganas de coger el día libre e irse a la playa!»
«¿Tanto como eso? ¿Un poco de sol y ya está dispuesta a tirarse al agua?»
«No solo a bañarme…sino echarme a broncearme un poco»
Rieron ligeramente juntas antes de que la morena entrara en la tienda
«Voy enseguida» dijo la rubia haciendo que la morena girara el rostro y asintiera
Algunos minutos más tarde, Emma entró al establecimiento y dejó sus guantes de trabajo sobre el mostrador cuando un par de manos se plantó sobre sus ojos.
«¿Quién es esta magnífica mujer que no ha tenido noticias de su mejor amiga desde hace semanas?» dijo una voz femenina tras Emma haciendo que diera la vuelta.
«Jamie…» respondió la rubia con una maravillosa sonrisa
«¡Sorpresaaaaaaaaaa!» dijo la morena de origen asiático antes de tomar a Emma en sus brazos «¡Jooo, hace tanto tiempo!»
«¡Demasiado tiempo!» replicó la rubia estrechando un poco más a su amiga
Regina, por su parte, no se había perdido ni un segundo de la interacción y sonrió discretamente antes de volver a centrarse en las rosas.
«¡Bien, confirmo que sigues viva! ¡Gracias por mantenerme al corriente!»
«Te recuerdo que esta vez eres tú la que desapareciste durante un tiempo para seguir…¿cómo se llamaba por cierto?»
«Philippe. Pero, ¡esa no es la cuestión! Podrías haberme llamado…»
«Tú también» respondió Emma con expresión hastiada, haciendo que su amiga estallara en una carcajada
«¡Es verdad! Pero siempre soy yo la que lo hace» se defendió la morena «Me habría gustado que por una vez lo hubieras hecho tú»
«De todas maneras estabas demasiado ocupada viviendo de amor y de arcoíris con tu Príncipe Encantado»
«No…» dijo finalmente encogiéndose de hombros, mientras Emma le lanzaba una mirada, y eso bastó a la morena para continuar «¡Bien, de acuerdo! Es verdad, pero da igual. ¡Hubiera tenido tiempo para una pequeña charla por teléfono, sabes!»
«Oh, no estoy tan segura…»
«¡Arpía! Y además, dejemos de hablar de ese idiota, ya no vale la pena…»
«¡Vaya! ¿Qué ha sido esta vez?»
«Nada, ya te contaré esta noche. ¡Te invito a cenar!»
«¿Esta noche? No, trabajo mañana temprano…»
«Por favor…necesito a mi mejor amiga…» dijo la morena con ojitos de perro apaleado, que bastaron para que la rubia cediera
«Está bien, de acuerdo. Pero no hasta muy tarde, te aviso»
«¡Ok!»
Mientras se sonreían, Regina avanzó hacia el mostrador con su rosa
«¡Bueno, te dejo trabajar! Te envío un mensaje durante el día para tenerte al corriente, ¿ok?»
«Muy bien, hasta la noche»
Se dieron un beso en la mejilla antes de que la joven se marchara no sin antes saludar a la morena con un «¡Buenos días, señora!» que Regina le devolvió «A usted también»
Cuando Jamie se fue, Emma aún reía
«Lo siento, mi amiga puede mostrarse muy burbujeante cuando quiere…»
«Ya veo de dónde lo saca ella…» respondió la morena con una sonrisa, que Emma le devolvió
«Ya…en fin, creo que soy yo la que lo saco de ella…» se defendió la rubia
Se sonrieron divertidas antes de que Regina pagara y se marchara deseándose un buen día cortésmente.
Semana 13: viernes por la tarde-noche
Emma se daba prisa en arreglarse para encontrase con su amiga. Esta última le había enviado un mensaje por la tarde proponiéndole que se vieran en su café-restaurante preferido a las 20:00 y a la rubia eso le venía bien, así que le respondió positivamente.
Una vez llegada al lugar, Emma avanzó hacia su mesa habitual y no se sorprendió al ver a su amiga coqueteando con el camarero.
«¡Ah, Emma! Precisamente estaba pidiendo…¿quieres beber algo?
«Una cerveza, gracias»
Jamie le guiñó el ojo al camarero y este le sonrió antes de eclipsarse.
«¡Bueno! ¡Cuéntamelo todo!»
«¿Qué quieres que te cuente? Hmmm…¡Marco me ha confiado las llaves del negocio! ¡Soy florista a tiempo completo!» Jamie se echó a reír exasperando a Emma que reviró los ojos «¿Qué?»
«¡Nada! Solo que…tú, florista, ¡aún no me hago a la idea!»
«¡Venga, ríete de mí!»
«¡No me estoy riendo! Es solo que…Emma, ¿nos conocemos desde que teníamos qué edad? ¿5 o 6 años? Y siempre te conocí queriendo ultrapasar las prohibiciones, empujar los límites, desafiar a las autoridades, y ahora…eres una mujer de a pie, corriente…»
«He decidido poner mi vida en orden, y no veo dónde está lo malo…» respondió Emma, visiblemente molesta mientras el camarero volvía y les servía las bebidas.
«¡Precisamente! ¡Y de verdad te animo! Pero, confieso que es extraño»
«Sí, es verdad…a mí también se me hizo raro las primeras semanas…pero ahora…tengo responsabilidades, y pretendo asumirlas»
«¿Emma Swan habrá adquirido sentido común?»
«¡Todo llega en algún momento! Bien, y tú, cuenta…¿qué pasó con Philippe?»
«Bueno, nos marchamos por la ruta 66 a bordo de su Chevrolet descapotable de colección, como lo habíamos planeado, y todo iba muy bien. Dormíamos en moteles, en fin, dormíamos…escuchábamos buena música y cuando llegamos a Las Vegas, ¡tuvo que estropearlo todo acostándose con una pelirroja llamada Ariel en nuestra habitación de hotel!»
«No puede ser cierto…»
«¡Sí! Y lo peor es que salió con la excusa de: ¡Oh, mierda, mi amor, estaba convencido de que estaba contigo!»
«¡Oh, noooo!» dijo Emma riendo ligeramente
«¡Sí! La piba no se parecía en absoluto y se atreve a salirme con esas…» dijo Jamie completamente hastiada
«Lo siento por ti, amiga…»
«¡Oh, no te preocupes! ¡Me he recobrado! De todas maneras, no estaba yo enamorada de verdad…¿Y tú? ¡Los amores!»
«Bah, nada…»
«¡Ya, claro! ¡Te conozco Swan! Veo en tus ojos que hay alguien…»
«¿Ah sí, y qué te hace decir eso?»
«¡Ese brillo en tus ojos! El que tienes cuando piensas en una chica…¡Ya sabes, ese brillo!» Emma se puso roja y desvió la mirada
«No digas tonterías…» soltó mientras bebía un buche, haciendo que Jamie se divirtiera aún más.
«Venga, suéltalo, no me hagas esperar más tiempo…»
«¡Pero no hay ninguna chica!» Jamie levanto una ceja y Emma acabó por suspirar «Te lo aseguro, no es nada…»
«¿Cómo se llama?»
«Regina»
«¡Ah, ahí estamos! ¡Venga, cuenta!»
«¡Pero te aseguro que no pasa nada! Es solo…una clienta con la que tengo una relación especial…» al ver la sonrisa de Jamie continuó «Te lo repito, ¡no hay nada! Nos vemos una vez a la semana. Viene a comprar una rosa para su difunto marido…»
«Ouch…»
«Sí…así que ya ves…no sé…parece amable, dulce, y sobre todo muy infeliz…y solo deseo hacerla sonreír…»
«¿Desde cuándo haces de la Madre Teresa?»
«No hago de la Madre Teresa…»
«Bah, ¡entonces es que te gusta!» al ver la mueca de Emma, continuó «¡Ajá, lo sabía!»
«¡Pero no puedo plantearme nada con ella!»
«¿Por qué no?»
«Bien…¡es viuda Jamie!»
«¿Y? La vida continúa…»
«Y hetero según las últimas noticias…»
«Vale, eso te lo reconozco, va a complicar las cosas…pero, ¡no conozco a ninguna mujer que haya dicho que no a tus encantos!»
«Pero con ella es diferente…no quiero ser amable con ella para llevármela a la cama…quiero solo devolverle la sonrisa…»
«Ohhhh…qué bonito…»
«Búrlate otra vez…»
«Pero es verdad….vale, vale, ¿y cómo es ella?»
«Bueno…la viste esta mañana…»
«¿La cañón de piel ambarina y los cabellos azabache?» exclamó asombrada la asiática
«Sí…»
«Bueno, amiga…sabía que tenías buen gusto, pero esto…»
Emma sonrió bobaliconamente seguida de Jamie que acabó por llamar de nuevo al camarero para pedir otra copa así como algo de comer.
Ha sido un capítulo light, pero en los próximos conoceremos más de la vida de Emma, y las cosas comenzarán a moverse un poquito más.
