La milla verde
Karina Parker - 16 años - Distrito 7.
Sola.
Ni mamá, mi novio, mis primas, que son mis mejores amigas, ninguno pudo acompañarme. Me siento como una oveja que apartan del rebaño... que tiene la certeza de estar rodeada de lobos... Que anhelan, y posiblemente obtendrán, mi sangre.
Por toda compañía tengo a Maryann, mi mentora, quien se ha empeñado en hacerme reaccionar. Es la única aquí que se preocupa por mí, pues todos los demás, desde la estúpida que escogió mi nombre, hasta el tarado que me tocó de compañero, empezaron a ignorarme después del desfile. Hastiados de mí. Pero ella continúa convenciéndome de sobreponerme, sólo por ello acepté lo que me ha pedido, aliarme con los gemelos del nueve, cuyo mentor solicitó formalmente la alianza. Ni qué decir que, tras mi silenciosa negativa, ha debido gritarme, ordenarme y amenazarme para que aceptara la alianza. Debo juntarme con ellos o ella misma hará que me cacen...
Acepto porque no me he dado por vencida, quiero vivir. Porque sé que a Kiel no le temblará la mano para quitarme de en medio y que él ya consolidó su propia alianza. Aunque en la mañana, luego de que él pasara a su presentación con los vigilantes, la chica del once lo miró con desconfianza, algo la hizo ver que él no es alguien para fiarse. Justo ahora quisiera tener las habilidades de Roxanne, poder sembrar la semilla de la duda y la intriga en esa chica, poder dejar a Kiel solo…
Sé que no son nobles mis intenciones, pero también sé que debo cuidarme de él, lo mejor que podría pasarme es que lo eliminen en el baño de sangre, ha demostrado su potencial con diversas armas en los entrenamientos, tratando que los voluntarios se fijaran en él y lo aceptaran en su alianza, a su vez demostrándonos a los demás que tiene tanto potencial como ellos. Lo cual quedó más que demostrado con su presentación ante los vigilantes… Un escalofrío recorre mi espalda pensando en su calificación: 10 puntos. Espero que los voluntarios vayan a por él y se olviden de los más chicos, eso me daría un poco más de oportunidad.
He pasado la mañana reunida con Alelí quien quería convertirme en una dama en cuatro horas. Me es inconcebible compaginar el término dama con la hipocresía que ella pretende inculcarme, reírme aunque no tenga ganas, no ser sincera respecto a lo que siento por los Juegos, nunca dejarles ver cuánto los odio a todos y tampoco el miedo que me dan. Al menos Maryann sabe por lo que estoy pasando, ella sabe que estar aquí es algo que, en su sano juicio, nadie escogería y no me obligará a fingir todas esas estupideces.
Mi mente está empeñada en divagar esta tarde, pero al menos los nervios están remitiendo, pienso mis aliados, en la suerte de Rosnelvy y Rocky, venir al mundo juntos y terminar siendo oponentes en los Juegos del Hambre. Imagino por un lado cómo estará sus familias en el Distrito Nueve, qué preferirán… ¡Dios, es algo tan difícil! Yo no puedo escoger entre mis primas, cómo hará esa madre para escoger sólo a uno de sus niños… ¿Y si los pierde a los dos? ¿Y ellos que sentirán? A pesar de que aún no les he hablado, imagino que el lazo que los une es tan fuerte como el mío con mis primas, sé que tengo que acercarme y romper el hielo, pero qué puedo decirles, nuestra situación es diferente, pero estamos aquí para lo mismo… para matar o morir… nada de lo que digamos cambiará eso.
Me he quedado dormida mientras el equipo de preparación repasa cada centímetro de mi cuerpo para pulir mis muchas imperfecciones y me ha vuelto a ocurrir, cada vez que despierto siento que por fin he salido de la pesadilla, que todo lo que ha ocurrido desde el domingo de la cosecha ha sido fruto de mi intranquilo subconsciente, pero no. Aquí estoy entre tres pajarracos multicolores que están más pendientes de las telas, las joyas y los zapatos que de la chica a la que aplican y retiran un menjurje tras otro.
Duele recordar que la mañana de la cosecha deseé con todas mis fuerzas que Roxanne fuera elegida y no fue así... La rabia crece y crece en mi interior al pensar que esa pequeña zorra de seguro en estos momentos está consolando a mi Ralph. Me hierve la sangre de sólo pensarlo. Las lágrimas acuden sin ser llamadas a mis ojos, por enésima vez, pero debo tranquilizarme o terminaré por arruinar el maquillaje que me han puesto, lo cual no sería bien visto por Maryann, no puedo empezar a decepcionarla tan pronto. Sigo las instrucciones que me dan y al cabo de unas dos horas por fin está completo el atuendo. Una vez que Keneau da su visto bueno los cuatro salen de la habitación, dejándome por fin conmigo misma.
La vanidad me lleva a repasar mi aspecto frente al espejo, mirando el reflejo de una chica que era sencillamente feliz, a pesar de los dramas adolescentes que la perseguían. Se ve hermosa, pero ya no es quien era. El vestido color verde brillante se adhiere como una segunda piel a las curvas de mi cuerpo, el cuello alto confeccionado en una tela más delicada y transparente, que se torna de nuevo oscura para cubrir mis pechos y se aclara nuevamente hacia mi abdomen, hasta cerrarse definitivamente a la altura de mis caderas. Las mangas cortas apenas superan unos centímetros mis hombros y simulan ser unas hojas, la falda es asimétrica, conformada por tiras de diversos tonos de verde y longitudes, develando porciones de piel a cada paso que doy. Mis brazos están cubiertos por unos guantes largos, de un verde más oscuro, y los tacones parecen estar recubiertos con la piel de algún reptil.
Keneau, el estilista, insistió en que me pusieran lentillas de un verde más claro del que en realidad exhiben mis ojos. Y él mismo se encargó de realizar el patrón de enredaderas en el que entretejió mi cabellera. Lejos de quejarme por todo el aparataje, me siento bella, quisiera que Ralph me vera así, pero no en la televisión, sino en casa… juntos… si llego a ganar…
Camino de un lado a otro, para practicar y no caerme en vivo y directo ante todo Panem, y para no echarme a llorar de nuevo. ¡Basta de lágrimas! Kiel me sorprende al entrar en la habitación, su traje es totalmente negro y le han delineado los ojos en el mismo color, da miedo de verlo, parece todo un depredador. Mi primera reacción es abrazarme a mí misma, mientras parpadeo intentando borrar la jugarreta producto de mi imaginación, él compone una sonrisa más falsa que la bondad de nuestros presidentes y se acerca a mí.
—Maryann me ha pedido que venga por ti. Ella bajará luego con el equipo, pero nosotros ya vamos tarde…
Las palabras parecen haberse esfumado de mi cerebro, por lo que no le digo nada, ante lo cual Kiel adelanta algunos pasos y extiende su brazo en mi dirección, para brindarme apoyo. La piel de mi cuello que está al descubierto se eriza, y un escalofrío recorre mi espina dorsal. Es temor de estar a solas con él, lo sé. Además no quiero que mis aliados nos vean juntos, por lo que con presteza evito su agarre y me doy media vuelta.
—Aún me faltan cosas por hacer, adelántate tú.
—Yo te veo perfecta así como estás.— Kiel sonríe y algo en mi interior se encoge de miedo. Mientras trato de que mi cara no me delate.
No sé ni entiendo por qué Maryann lo envió por mí. No he compartido con ella mi desconfianza hacia él, pero siendo que no nos hemos hablado en todo este tiempo no tiene sentido que lo enviase por mí, me da rabia que mis emociones me traicionen justo en estos momentos, así que decido que no tiene caso seguir perdiendo el tiempo, sobre todo porque quiero hablar con los gemelos antes de la entrevista, recojo el pequeño bolso de la cama y acepto el brazo que mi compañero me ofreció, tratando de enterrar mis miedos en lo más profundo de la mente, imaginando que es mi novio el que va a mi lado.
Desde el pasillo de los ascensores podemos oír el alboroto del público en el escenario. Sádicos, pienso. Una vez que Kiel presiona el botón, me suelto de su brazo, fingiendo que me miro en la superficie metalizada, haciendo varias poses. De pronto se abre la puerta y dentro están Rosnelvy y Rocky, ambos vestidos de beige y blanco. Me recompongo, mientras capto con el rabillo del ojo la mueca de Kiel. Cualquiera diría que desea estar a solas conmigo. Sea como sea, quiero hablar con los chicos, así que ignoro a mi compañero y me dirijo a Rosnelvy.
—Que bueno que los encuentro ahora, se hace tarde y tal vez no podamos hablar luego. Su mentor les debió haber dicho que acepto su propuesta. Quiero que seamos equipo.
—Sin duda, nos alegra que te nos unas— Señala Rocky, mirándome a la cara, su hermana me escanea de arriba abajo, antes de señalar que también está contenta de que entrara en la alianza.
Kiel se da la vuelta poco antes que el ascensor llegue a la planta baja y sale despedido del mismo apenas abre las puertas. No entiendo qué mosca le picó, quizá pensaba que me quedaría sola, o que le suplicaría por entrar en su alianza. ¡Menudo arrogante! Prosigo hablando con mis nuevos compañeros, tratando de conocernos un poco antes de que empiece la entrevista, pues de aquí la próxima vez que nos veamos estaremos en la arena, me alegra de inmediato estar con ellos, ambos resultan esperanzadores y optimistas.
