Cigarros: Capitulo 2

''¿Afganistán o Irak?'', una pregunta fluye en el aire, John estaba sentado frente a un parque sumido en sus pensamientos, desde que salió del hospital solo se atreve a caminar derecho desde su departamento hasta el parque de al frente, era lo mismo todo los días, pero esta vez fue diferente, cuando escucha una voz grabe a su lado, gira la cabeza para observar el dueño de aquella pregunta.

Parecía unos años menor, más alto, más delgado y más blanco, miraba atentamente el parque done habían varios niños jugando al pilla pilla, un cigarrillo colgaba elegantemente entre sus dedos y el olor mentolado y cálido llegó hasta su nariz.

''Afganistán'', su respuesta es casi como una pregunta, intenta preguntar como lo ha sabido pero las palabras no salen al ver como en aquellos labios fríos se asoma una leve sonrisa, John siente la necesidad de imitarle y por un momento el tiempo se detuvo y ya no había parque, ni calles, ni personas caminando de un lado a otro, solo aquel humo mentolado y esa sonrisa casi invisible.

De pronto el cigarrillo está en el suelo y la figura enjuta de aquel hombre se levanta con precisión, John ve en cámara lenta como se acomoda su bufanda azul, como saca de su bolsillo unos guantes de cuero negros y se los extiende a John.

''Tus manos no han parado de temblar, eres buen tirador, deberías cuidarlas'' esas tres frases se deslizaron lentamente a los oídos de John, quien no pudo ni decir gracias y simplemente recibió los guantes, era verdad, no estaba acostumbrado al frio de Londres y menos a recibir ''regalos'' de extraños, se quedó mirando un momento los guantes, le iban a quedar grandes, sonrió, todo siempre le quedaba grande, cuando miró de nuevo hacia arriba, el fantasma de aquel hombre había desaparecido entre la gente.

Extrañaba a los pacientes del hospital y al hombre de los chistes malos, en su departamento había pestillos, no había ropa limpia cada semana, ni su horrendo desayuno que le gustaba, no había calefacción, pero no podía volver, ya estaba bien, seguía alucinando, pero ahora podía distinguir, podía sobrellevarlas.

Despierta todas las noches empapado en sudor, no era algo extraño, era el único síntoma que no pudo controlar, sus pesadillas se apoderaban de su mente cada noche dejándole temblando enredado en las sabanas.

''Afganistan o irak?'' la voz grabe de aquel hombre se coló cálidamente en la mente de John. Suspiró con alivio y volvió a recostarse…''Afganistán'' susurro volviendo a cerrar los ojos

Otro día igual, sabanas tiradas en el suelo, la luz luchando por entrar entre las cortinas y John agotado por gritar y pelear contra el aire por las noches. Ordenar, ducharse, tomar desayuno, parque, una lista de cosas bastante pequeña, pero todo estaba bien por ahora.

Se mira en el espejo por última vez, siente que se está cayendo a pedazos y eso le angustia, las paredes grises de su departamento lentamente se acercan a el, el espacio se va achicando y siente que no puede respirar, un sonido agudo se introduce en su cerebro, como una pequeña aguja ahogándole en terribles pensamientos. Cierra los ojos y respira hondo, respira hondo, respira…, se repite en voz baja. Las paredes se tiñen de un rojo intenso y oscuro, John puede oler la sangre y la carne quemada. Puede oír, sentir, el sabor de la arena en su boca, en sus ojos y oídos.

Abre los ojos y su reflejo en el espejo lo desmorona, su rostro está envuelto en sangre y en sus manos lleva el cadáver de un niño.

El pequeño abre los ojos, están fríos y negros, le sonríe '' me dejaste morir''.

John siente que le explotara la cabeza, se hecha hacia atrás y con un gesto de exasperación suelta al niño haciendo que se desvanezca en sus manos. Ya no puede contener el llanto, la garganta le arde. 'Corre, corre, corre'' una voz en su cabeza le susurra al oído.

''Afganistán o Irak?'', de pronto esa voz profunda se cola en sus oídos otra vez, mandándole un ligero escalofrío.

''Afganistán'' responde John, aun con los ojos cerrados. Intentando relajar su cuerpo, respira, hondo, se repite con un tono demandante.

Ese día no pudo ir al parque, ese día no pudo hacer nada.

Al día siguiente John decide no mirarse al espejo, no chequear su departamento 3 veces, simplemente se abriga con todo lo que tiene, incluyendo los guantes de aquel elegante fantasma, sale sin siquiera comer. John nunca tiene apetito simplemente se obliga a comer.

Por la mañana todo es tranquilo, el aire frio ahuyenta a los niños por lo que el parque está vacío, avanza con pasos cortos en dirección a la misma banca en la que se ha sentado durante un mes, su rodilla aun le duele por lo que se sienta lentamente mientras observa a la muchedumbre caminar en la misma dirección, todas grises, todas con la misma mirada fría en un solo sentido, John se pregunta si alguno de ellos estará vivo aun, se siente como si fuera parte de la banca, la gente le ignora completamente. En Afganistán no podía ignorar nada, lo vio todo e intento de todo por salvar la mayor cantidad de vidas posibles, no podía ignorar el rostro de pequeños pidiendo ayuda, de sus compañeros, de la gente en general, John no puede ignorar.

De pronto recuerda el calor, el solo quemándole la piel, las risas con sus compañeros, los abrazos, los chistes, John no puede evitar sonreír por un momento, quiere volver, quiero morir allá.

''Eres doctor''-Esta vez no fue una pregunta, una afirmación y muy correcta, John tiene un excelente oído pero por alguna razón aquella voz barítono le sobresalta cada vez que la escucha, con un movimiento lento, John le mira con una interrogante en el rostro, no consigue encontrar palabras y simplemente afirma con la cabeza. Esta vez no hubo una sonrisa tenue, el helado rostro del joven no se inmuta ni un milímetro, simplemente está allí mirando directamente al parque.

John cierra los ojos esperando a que la voz siga hablando, le gusta el timbre de su voz, profundo y grave, Por otra parte puede que le guste porque es una voz desconocida, una que no tiene en sus recuerdos, es una voz real, no una ilusión, no de un cadáver ensangrentado.

En vez de escuchar, siente un olor, un particular olor que extrañamente le relaja, un cosquilleo en su nariz le hacen abrir los ojos y mirar en dirección al joven quien está sosteniendo nuevamente un cigarro.

El humo fluye como una estela bailando con el viento, el joven da la primera calda con los ojos cerrados, John le ve pasmado, parecía una estatua de mármol, se veía tan helado que sintió que el cigarrillo le iba a derretir los labios y es que su cabello negro le hacían parecer a un más blanco, John cree que no puede descifrar de qué color eran sus ojos, quizás, verdes, grises, no lo sabe con certeza, le gusta no saber.

Ambos siguen sentados a una distancia en la que John podría estirar su mano y comprobar si aquel hombre era real. Obviamente es real, se dice así mismo mientras sacude confundido su cabeza, obviamente…

''¿Cuanta gente mataste?''- John abre los ojos rápidamente, ya no hay una figura enjuta y oscura sentado junto a el , ahora es una niña, Amira, la pequeña le sonríe y repite en su idioma ''John…cuanta… gente''-La última palabra la susurra en su oído.

Se le congela el corazón y por un momento no puede respirar, no aquí, no en público, no, no no, John mira en toda las dirección, vacío, que paso con la muchedumbre?.

De pronto siente una pesadez en su hombro sobre toda sus capas de ropa, es la mano de aquel joven, es igual de blanca y delgada que todo su ser, John automáticamente se aleja de el. De pronto una idea corre por su cabeza como una flecha, y si ese hombre lo ha estado investigando? Y si lo quiere matar?, torturar?, la mirada de John refleja tal miedo que el joven retira la mano rápidamente, sus ojos no demuestran preocupación, ni compasión , ni miedo, simplemente recorren el rostro de John como si le examinara cada facción.

''Tranquilo''.-El joven sigue mirándole inexpresivamente.

Tranquilo, tranquilo, el corazón de John deja de palpitar velozmente y se calma, ''tranquilo'', es como un susurro en lo más profundo de su cerebro, '' tranquilo'', una palabra simple, pero extrañamente le funciona, logra tranquilizarse al instante y de apoco la sangre vuelve a circular por su cuerpo, una sonrisa surge de la nada, que al parecer al joven se le contagia, por que nuevamente aparece esa pequeña sonrisa casi inexistente coloreando un poco su frio rostro.

''Deberías dejarlo''-Murmura John viendo el cigarro abandonado en el suelo, aun con una pequeña línea de humo bailando a su alrededor.

''Deberíamos dejar muchas cosas''. Responde el joven sigue sonriéndose, parece autentica, pero John no está seguro, hace mucho no ve a alguien sonreír, hace mucho no hacia sonreír a alguien, de pronto ve como el enjuto cuerpo de aquel hombre se levanta, John automáticamente relaja las manos que anterior mente estaba apretando sus pantalones.

John se sintió triste al pensar mal de aquel fantasma, así que intenta mantener su sonrisa y estira cuidadosamente su mano, el joven lo observa un poco confundido, pero luego rápidamente estrecha la mano de John.

Sus manos encajaron como piezas de puzzle, John no quiere soltarle, es como si se hubiera contactado con la realidad, ya no estaba flotando en un planeta desconocido, pero el joven ya le había soltado y se había mezclado entre la gente.

Le sigue con la mirada hasta que desaparece como la estela de humo del cigarro.