Dejo el siguiente capítulo owo como el anterior era muy corto pos no valía tener que esperar tanto para leer el siguiente xP ¡Espero les guste y me dejen sus reviews!


Capítulo 2

Se habían conocido hacía poco menos de un mes. Toxicroak acompañaba a su entrenador en una de esas pocas ocasiones en las que el hombre estaba despierto y sobrio, solo para poner una denuncia en las oficinas municipales sobre la mala recepción que había tenido la noche anterior en un importante evento social que se había llevado a cabo en beneficio de la ciudad, y del cual él estaba en derecho de participar.

Mientras aguardaba de pie a que su compañero terminara de dejar su larga queja y sobre el aporte que él pudo haber proporcionado, y que naturalmente ya no iba a proporcionar a esa ciudad, una joven de veintipocos años entró al edificio, quejándose en altavoz de que le habían remolcado el auto mientras ella estaba en un asunto importante. Toxicroak no alcanzó a enterarse del asunto, pero era algo relativo al mal estacionamiento y a una peluquería. La muchacha era de alta sociedad: se podía evidenciar en su ropa de diseñador, sus zapatos brillantes y su cartera de piel. Lástima que sus modales no iban del todo acorde con alguien de su categoría. Traía un pequeño pokemon bajo el brazo, y en cuanto lo dejó en el suelo para discutir con el desgraciado agente que debía atender su problema, Toxicroak lo vio.

Se decía que los Croagunk desarrollaban una personalidad inversa a la de sus entrenadores. Pues bien, este evidenciaba esta teoría a todas luces, pues se trataba de un pokemon callado, sumiso y que se sorprendía con cierta facilidad, a diferencia de su compañera, de temperamento fuerte, modales agresivos y evidente aire de superioridad.

En cuanto lo vio, Toxicroak sintió algo de lástima por él: tan pequeño y de aire afable con una entrenadora tiránica como la suya. El Croagunk observó a su humana con cierta preocupación, pero considerando que no iba a conseguir atención por parte de ella, observó el lugar y se topó con él. Ambos pokemon se miraron por varios segundos, hasta que el más grande le hizo un gesto con la cabeza que parecía decir "hola". El aludido levantó tímidamente la mano y regresó el saludo, como inseguro de si debía responder o no. Luego volvió la cabeza para no prestar más atención, pero Toxicroak lo sorprendió varias veces mirando en su dirección. Se hizo el desentendido y luego perdió de vista al pequeño, cuando su entrenador le llamó para que regresaran al auto y volvieran a casa.

Toxicroak se quedó pensando largamente en el tímido y dócil Croagunk, en parte recordando cuando él todavía estaba en aquella etapa, y también lamentándose por la situación del más pequeño. Luego se dijo a sí mismo que tal vez el otro estaba pasando por mejor situación que la suya, considerando que al menos su entrenadora lo cargaba y lo llevaba con él a la peluquería, o eso supuso él. Toxicroak podía contar con los dedos de una mano la de veces que pasaba tiempo con su entrenador en el mes. Había veces en que no lo veía por días, fuera porque el hombre se perdía en fiestas, visitas y burdeles, o porque regresaba a tan altas horas de la noche que Toxicroak no podía esperarle con los ojos abiertos.

Se quedó con la imagen del pokemon durante algún tiempo, con su expresión tímida y la pequeña chaqueta con que su entrenadora lo había ataviado ese día. Algo tenían los humanos que necesitaban asemejar a los pokemon a ellos mismos, fuese vistiéndolos o comprándoles adornos de cualquier tipo, como era el caso suyo con los anillos, las camisas y los abrigos. Después de varios días la situación pasó al olvido, pero nuevamente volvió a encontrárselo en medio de la ciudad, cuando una noche su entrenador lo llevó con él a una fiesta en los barrios altos.

El pokemon sencillamente no era amigo de esa clase de cosas, pero jamás desperdiciaba una oportunidad de pasar aunque fuera un breve rato con su entrenador. Éste únicamente lo llevaba para que la consciencia no le molestara cuando estaba lo suficientemente lúcido para recordar que su compañero lo esperaba pacientemente solo en casa.

Al lugar acudieron muchos personajes de sociedad acompañados de sus pokemon, todos como él, con trajes, adornos y buscando compartir algo de aquellos entrenadores que los traían como pequeños juguetes refinados. Muchos de esos pokemon emulaban perfectamente las actividades, gustos y gestos de sus criadores. Otros sin embargo, solo se dedicaban a esperar mientras sus compañeros hacían vida social olvidándose de ellos. Desgraciadamente él caía en este segundo grupo, por lo que se dedicó a recorrer la gigantesca casa en la que se había realizado dicha fiesta y encontrando al pequeño en uno de los salones.

Al principio pensó que solo era otro Croagunk. ¿Qué posibilidades había de encontrarse dos veces con el mismo pokemon en una ciudad tan grande y en un evento de esa categoría? Y sin embargo allí estaba: tímido y callado como cuando lo vio la primera vez. Algo en él se sintió sumamente feliz y a gusto de encontrar aunque fuera una cara conocida a la que había visto tan solo por breves minutos.

El pokemon estaba sentado frente a un gran piano de cola, observando ensimismado la tapa que cubría las teclas y casi deseando que ésta se levantara sola o por acción de su mente. Toxicroak se acercó y le observó, aunque el menor no reparó en él hasta que éste levantó la tapa y las teclas relucieron bajo las luces. Se volvió repentinamente como pillado en falta.

— ¿Tocas?—preguntó Toxicroak.

El otro negó con la cabeza, con su expresión temerosa. El mayor se movió y compartió el asiento donde estaba acomodado el más pequeño. Éste hizo ademán de irse, pero el otro le contuvo con una mano en la cabeza.

—No es necesario que te vayas—le dijo—. Iba a tocar algo para ti.

Croagunk se mostró dubitativo, pero la amabilidad del otro consiguió comprar algo de su confianza y se quedó. Toxicroak tocó una canción que había aprendido hacía años, cuando era pequeño. Llamó la atención de algunos de los que estaban allí, pero rápidamente estos volvieron a sus conversaciones y chismes, devolviéndoles su privacidad a los otros dos.

La ranita observó con extrañeza las manos del otro: no fueron los anillos cromados los que llamaron su atención ni la facilidad con la que tocaba, sino otra cosa.

—Los picos de tus manos…—soltó el menor, extrañado de lo que veía. O no veía.

Toxicroak dejó de tocar en el acto, sorprendido. Luego bajó las manos y las frotó, allí donde los picos rojos estaban cortados y pulidos. Solo parecían dos manchones rojos en el dorso.

— ¿Qué te ocurrió?—preguntó Croagunk.

El otro sonrió levemente con ese "algo" que capturó la atención del menor, y que apenas había alcanzado a notar la primera vez que se habían visto.

—No es una historia que me guste contar…

Croagunk dio un respingo, percatándose de su indiscreción.

— ¡L-lo lamento! ¡No debí preguntar!

—Está bien. No tienes que disculparte.

—Es que yo…

—Te vi hace varios días—dijo el mayor, cambiando su expresión por una emocionada—, en la oficina municipal. Ibas con tu entrenadora, ¿verdad?

El otro se sonrojó levemente, tal vez por lo vergonzoso de la escena pasada, o porque ese extraño le recordara y reconociera desde hacía tiempo. Él debió fingir que lo había olvidado, pero como no era bueno mintiendo…

—Así es—respondió al fin—. ¿Cómo es que te acuerdas?

Toxicroak sonrió, preguntándose lo mismo.

—No lo sé. Supongo que le di mucha importancia a ese encuentro.

— ¿En serio?—preguntó el otro— ¿Y eso por qué?

—Tal vez por la misma razón que tú—contestó el mayor, mirándole—. También te acuerdas de esa breve ocasión en que nos vimos.

Croagunk se sonrojó enteramente ante su obviedad. Desvió la mirada, a ver si dejaba de ponerse en evidencia, pero el otro ya había captado lo inexperto que era en esa clase de cosas.

— ¿Te cuesta vivir con ella?—preguntó Toxicroak, volviendo a tocar.

— ¿Con Molly? Un poco…es demasiado extravagante y quisquillosa…y es bastante consentida. Pero en el fondo es una buena chica. Sigue siendo una niña…

— ¿Hace mucho eres su pokemon?

—Solo desde hace dos años.

— ¿La quieres?

El otro asintió con la cabeza y expresión apenada. Toxicroak sonrió cálidamente.

—Eso es lo importante.

—Tú vives con ese hombre de la otra vez, ¿cierto?

—Así es. Se llama John. Un nombre bastante común, ¿no?

—Sí. ¿Hace cuánto vives con él?

Toxicroak levantó la cabeza sin dejar de tocar. No podía decir con exactitud cuántos años.

—Ya perdí la cuenta.

— ¿En verdad?—preguntó el más bajo, sorprendido y casi alarmado.

—Sí. Me hizo su pokemon cuando era muy joven. Tendría tal vez unos catorce años más o menos…hoy ya tiene más de cuarenta.

—Es fantástico—dijo Croagunk, sonriendo con cierta dulzura—. Tú y él deben ser amigos íntimos. Inseparables.

El otro no respondió a esta afirmación. Si bien era cierto que en el pasado John y él habían sido precisamente así, íntimos e inseparables, hoy en día eran casi extraños.

—Me gustaría llegar a pasar tanto tiempo con Molly como tú y John.

— ¿Ah sí?—preguntó el otro con interés.

—Sí. Molly tiene muchas amigas, pero solo le dan consejos de moda y sobre chicos. Ninguna le ayuda cuando discute con sus padres o cuando se deprime. Me cuenta todas sus cosas…yo quisiera ayudarla pero no sé mucho sobre eso…

—Yo sé lo que es eso—dijo el mayor, acabando la pieza y volviéndose a ver al más pequeño—. Mi entrenador ha pasado por situaciones en las que me he visto incapaz de ayudarlo. Es muy difícil y doloroso.

—Lo es…

—Espero que tú y Molly sigan creciendo juntos y sean amigos íntimos e inseparables. Los humanos son muchos, pero viven muy solos.

Croagunk asintió con pesar a esta dura realidad. Toxicroak se quedó viéndolo, lamentando el haberle cambiado la expresión por una tan apagada. Sonrió y se atrevió a levantar su rostro para mirarle.

—Eres un buen pokemon. Tú y ella serán felices mientras sigan confiando el uno en el otro.

—Creo que ella confía mucho en mí. Me lleva a todos lados—dijo la ranita, encogiéndose de hombros—. Incluso me trae a estas aburridas fiestas. No me gustan las fiestas—confesó, mirando en cualquier dirección—. Siempre estoy solo y me aburro. No debí venir.

—No digas eso—respondió él—. Estuvo muy bien que vinieras.

— ¿Ah sí?—preguntó Croagunk con curiosidad— ¿Y eso por qué?

—Porque pude conocerte—confesó el mayor con una sonrisa—, y estoy feliz de ello.

Ante esta inesperada repuesta, Croagunk se sonrojó enteramente y volvió la cabeza para intentar esconder su rubor. Movió nerviosamente una de sus patas, mientras intentaba decidirse a decir lo que quería decir:

—También me agradó…conocerte…

Toxicroak sonrió aún más, sintiendo un aire de ternura invadirle ante la sinceridad del pokemon. Le tocó levemente la mejilla para llamar su atención.

—Aún no te he preguntado si tienes nombre.

El aludido negó despacio con la cabeza.

—Solo soy Croagunk—respondió—. ¿Y tú?

—Solo soy Toxicroak.

Ambos pokemon sonrieron y se sintieron extrañamente cercanos. Durante lo que quedó de la noche, Toxicroak y el pequeño Croagunk siguieron conversando cosas sumamente triviales, mientras el mayor le enseñaba lentamente y con paciencia a sacarle algunas notas al piano. La ranita se sentía muy cómoda y a gusto con el otro, especialmente cuando el pokemon pasaba su brazo por detrás de él para alcanzar las teclas lejanas y guiarlo en su práctica, tocando ambos a la par cuando el menor consiguió algunos leves avances.

Cuando la fiesta comenzó a llegar a su fin y la muchacha apareció en el salón buscando a su compañero, Croagunk se levantó y se despidió.

—Ojalá nos veamos de nuevo—le dijo, extendiéndole la mano.

Toxicroak lo observó fijamente con su gesto escondido y amable.

— ¿Te gustaría que nos viéramos de nuevo?

El otro asintió tímidamente y con un leve rubor en la cara.

El mayor sacó una pluma del abrigo que llevaba en aquella ocasión y le escribió la breve dirección al pokemon en el brazo, dado que en su mano oscura se iría a perder.

—Ven a verme cuando quieras.

— ¿Está bien el martes a las cinco?

El otro asintió.

—Te estaré esperando.

Y con esto, el pokemon mayor se inclinó y dejó un leve beso en la cabeza del otro, consiguiendo que el más pequeño se sonrojara de pies a cabeza y se le subiera el corazón a la garganta. Se quedó viendo al otro, todavía sorprendido por el repentino gesto, pero sin atreverse a decir nada. Se volvió rápidamente y salió al encuentro de su entrenadora, que le esperaba.

Nunca antes Toxicroak había esperado con tantas ansias un día.

Continuará...