Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

Capítulo 2

-¡Apártense! ¡Vamos, aléjense! –Ordenaba uno de los policías a la muchedumbre que se arremolinaba entorno a la escena del nuevo crimen de Battousai, mientras la misteriosa morena contemplaba el escenario, sin poder rememorar trágicas estampas del pasado.

-Señor, ha dejado otra nota. –Habló al oficial uno de sus subordinados, pasándole el pedazo de papel escrito y manchado de sangre.

-Estos crímenes no los está cometiendo Battousai, no dicen por qué lo ha hecho. –Respondió el moreno seguro de lo que decía, separando después el cigarrillo de sus labios.

La chica frunció el ceño desconcertada al conocer la noticia. Estaba de acuerdo con el oficial de policía. Battousai el asesino siempre explicaba el por qué en sus notas. ¿Qué mente perversa estaría haciéndose pasar por él, y con qué objetivo?

-Mierda... –Murmuró con las facciones rígidas por el enfado, saliendo ágilmente del lugar, apretando el paso mientras su mente despotricaba contra el mundo que le negaba, de nuevo, la posibilidad de encontrar al famoso Hitokiri.

Caminó por el puente que salía del pueblo hacia el río cuando frente a ella varios individuos la bloquearon el camino, haciendo que parara al comprobar que no pretendían dejarla pasar. Pronto reconoció a los tipos de hacía un par de noches.

-¿Qué pasa? ¿No tuvisteis suficiente? –Dijo con valentía, mirándolos fijamente.

-Puede que con más no seas tan valiente, bonita. –Añadió uno de ellos, haciendo que otros tantos salieran de zonas cercanas, bloqueándole también la salida trasera de la construcción.

Al final, un conjunto de ocho hombres armados con palos, espadas y cadenas la rodeaban en aquel puente de madera, haciendo que la joven tratara de pensar su estrategia a seguir. Lo tenía crudo, y ellos también lo sabían.

-¡Vas a pagar por lo qué nos hiciste!

Tras la voz de uno de los apaleados por la joven la vez anterior, el resto de hombres se abalanzaron hacia ella, haciendo que esta rápidamente sacara su katana, esquivando el ataque, milagrosamente, de todos con un ágil movimiento saliendo del corro. Pero no todo fue tan bien después.

Mientras ella empujaba a uno de sus adversarios tirándolo del puente, tardó en reaccionar recibiendo un corte en el brazo que hizo que perdiera la concentración un segundo, siendo después a causa de esto, golpeada con uno de los listones de madera en la espalda, lo que la derribó.

Se incorporó lo más rápidamente que pudo deteniendo un ataque frontal, dirigiendo después su atención a los nuevos golpes, no logrando salir de la trayectoria de un nuevo corte de katana, que rasgó la piel de su abdomen.

La joven se riñó interiormente por desconcentrarse, pero por más que intentaba recuperar la concentración, un nuevo golpe la sorprendía, hasta que volvió a caer al suelo. Está vez no la dio tiempo a levantarse cuando vislumbró a dos de los tipos del grupo de la mujer y el niño de hacía dos noches.

Sin aguardar más se levantó y luchó hasta que hubieron desaparecido todos, al ser aplastados por la maestría de los dos hombres, en particular, del pelirrojo.

-¿Estás bien? –Preguntó Sanosuke mirando a la chica, quien les daba la espalda, hasta que se giró al instante, encarándolos.

-Sí, gracias, pero no era vuestra lucha. –Recriminó fríamente mientras se llevaba la mano al corte de su brazo, el más profundo.

-No te sientas ofendida, eres una buena guerrera, manejas la espada con gran maestría. Te hemos ayudado porque nadie podría solo contra ocho hombres que atacan a traición. –Intervino Kenshin, no pudiendo mantener la mirada de aquella joven al asaltarle los recuerdos de Battousai.

-Deberías ir a un médico. Ese corte es profundo. Podríamos ayudarte, una de nuestras amigas lo es.

La morena se mordió el labio inferior con sutileza, meditando la propuesta del castaño, sabiendo que aquella herida necesitaba atención más que ninguna otra. Tras unos segundos reflexionando, decidió aceptar comenzando a caminar, siguiéndoles.

-¿Cuál es tu nombre? –Se aventuró a preguntar Sanosuke, quien no dio importancia al inusual silencio y seriedad de Kenshin.

-Nanako. –Respondió ella sin mirarle, continuando presionando su corte.

-Nosotros somos Sanosuke y Kenshin. Eres forastera, ¿verdad? ¿Qué te trae por Tokio?

-Soy de Kyoto. He venido porque ando buscando a alguien importante.

-¿Sola? ¿Pero cuántos años tienes? –Intervino sorprendido el hombre, mirándola.

-17, pero pronto cumpliré los 18. Mi historia es larga y complicada, si no te importa, me gustaría dejar de hablar de mí, Sanosuke.

-Ehm... Claro, lo siento. -Dijo el chico atropellado por la sinceridad y brusquedad de la morena, que continuó como si nada, agradeciendo que el chico hubiera parado.

No tardaron mucho más en llegar al dojo, donde se encontraba Megumi de visita aquel día, ya que había sido invitada a comer. Nanako receló de todo cuanto la rodeaba, pues no estaba acostumbrada al contacto con la gente, aún así, trató de ocultar su miedo a lo desconocido, siguiendo a los dos chicos hasta la estancia principal de la casa, donde las dos mujeres se encontraban charlando.

-Megumi, necesitamos que ayudes a esta chica. Ha sido atacada y su herida parece profunda.

-Tú eres la misma que tumbó a aquellos hombres la otra noche. Oh, perdona, soy Kaoru Kamiya. –Añadió al darse cuenta de sus modales, dejándose llevar por la emoción e intriga.

-Mi nombre es Nanako, encantada.

-Yo soy Megumi, y aunque me cueste admitirlo, este cabeza de chorlito por una vez ha dado en el clavo. Necesitaré coserte la herida. Voy a por mis cosas, no tardaré. Kaoru, véndale la herida hasta que venga, por favor. –Dijo mientras se ponía en pie, saliendo de la estancia.

La mujer asintió saliendo en busca de vendas, volviendo en pocos minutos, comenzando a ayudar a la chica.

-Bueno, yo tengo que irme, tengo un asunto pendiente en el bar.

-No pierdas mucho dinero con los dados, Sanosuke. –Dijo Kaoru sin mirar al chico, quien se decepcionó porque conociera su secreto, temiendo las represalias si perdía.

-Es un vago y un gorrón, pero buena persona. –Le explicó a la muchacha mientras sonreía levemente, dándose cuenta de que Nanako seguía muy callada y distante. -¿Te encuentras bien? ¿Necesitas algo?

La morena alzó la vista encontrándose con los ojos de su interlocutora, sorprendiéndose porque alguien que no la conocía se ofreciera a ayudarla.

-Estoy bien, gracias, muchas gracias. No soy alguien muy amigable ni conversadora; Disculpa mis modales.

-No te preocupes, no es nada. Aquí nos gusta ayudar a las buenas personas.

Por primera vez, Nanako esbozó una tímida pero sincera sonrisa, que Kaoru le devolvió ampliamente, continuando con su trabajo.

-Bien, esto ya está, servirá para taponar momentáneamente. Kenshin, puedes traer agua, ¿por favor? –Llamó al hombre alzando la voz, dándose cuenta de que la joven tenía otros cortes que necesitaban ser limpiados.

Minutos más tarde, el pelirrojo entró con un cuenco de agua que depositó en la mesa del centro de la sala, posicionándose así frente a las dos chicas.

-¿Te encuentras mejor? –Preguntó tratando de sonar tan afable y relajado como de costumbre, no siendo muy capaz al recordar sus pesadillas, y mucho menos al sumergirse en los ojos de ella, los cuales se centraron en los suyos al hablarle.

-Sí, gracias por todo.

De pronto, al fijar la vista en él y escudriñar por primera vez su rostro, sintió como su sangre se helaba, dejando de circular. No podía creerlo; Aquel pelirrojo frente a ella tenía una cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda, totalmente igual que el asesino que buscaba, que Battousai, aquel que le había arruinado la vida hacía 10 años.

Nanako sintió su corazón comenzar a acelerarse mientras continuaba mirando fijamente aquella cara, sobre todo la cicatriz con la que había soñado tantas veces. Una vez hubo asimilado que él era a quien había buscado, encontrándolo al fin, se levantó muy lentamente sin dejar de mirarlo.

-Tú... Tú eres Battousai el asesino. –Murmuró con total odio mientras su mano derecha se apoyaba en la empuñadura de su katana.