Nacer entre los Youkai debería considerarse un motivo de celebración. Era uno de los clanes más fuertes, más antiguos y leales. Y ser proclamado un candidato a líder de su gente, también era visto como un vaticinio de fortunas y gloria.
Pero para quienes habitaban en Konoha, gente a la que el clan servía con devoción, ser un Youkai recién nacido sólo generaba pena por el destino que le deparaba.
A pesar de ser una importante fuerza militar de la aldea de la hoja, estos hombres eran sutilmente rechazados por el resto de los shinobis y esto se debía a sus costumbres. Eran brutales y despiadados, su sed de sangre sólo era igualada por su gran poder bélico.
No era de extrañar entonces, que la mayoría los llamasen los demonios de Konoha.
Pero ellos no emitían queja alguna sobre su reputación e incluso se aseguraban de que quien osara desafiar a la aldea, creyera cada palabra de esos rumores.
Los Youkai eran demonios.
Los Youkai usaban el miedo como su mejor arma.
Y este nefasto y orgulloso mundo, nació Hikari.
Desde su nacimiento, tuvo que probar su fortaleza y ganar su lugar entre los suyos. Resistió el complicado parto que su madre no pudo soportar y así marcó su pertenencia entre los más fuertes de la generación, probando su valía mucho antes de recibir el primer cariño fraternal.
Y no fueron los dioses, sino su padre, quien la consideró digna de liderar algún día a los Youkai, pasando por alto al hermano mayor de la pequeña, Takeshi visto por muchos como una de las grandes promesas entre ellos.
Hikari, desde el primer momento, demostró ser especial. Pero lamentablemente, no de la manera en que su padre lo esperaba. Ella era una pequeña luz en cada mañana, sus ojos dorados siempre mostraban alegría e inocencia y su risa siempre se hacía oír en los caminos de la villa. No tenía la prestancia de su hermano, ni la temeridad que incluso a través de los mismos ojos dorados, mostraban un poder inigualable.
Aún así, insistió en que ella aprendiera lo que la palabra líder significaba y como cabía de esperar, Hikari tuvo que conocer desde muy pequeña lo que era sacrificarse en favor de cumplir con las expectativas de su clan.
Al igual que toda su gente, a ella se le había otorgado la gracia del Shinseina Namida, La lágrima del Shinigami. Aquella gota de sangre que bañó al primer Youkai a cambio de su alma y que luego transmitió su herencia en cada generación. A partir de ese día, cada hijo de él era capaz de usar el poder de su antecesor y utilizar la sangre de su cuerpo a su voluntad, regenerandose y armándose con ella.
Es por eso que cada Youkai posee la marca de la lágrima de Shinigami en su rostro, una gota de sangre tatuada en ambos ojos. El poder de su Técnica de Línea Sucesoria.
Una técnica que la pequeña Hikari tuvo que aprender a dominar a una edad en la que los demás niños de su tribu comenzaban a hablar y en la que comprendió por primera vez lo que era el dolor.
Eran días difíciles y noches aún más largas. Las heridas se curaban lo suficiente para comenzar de nuevo al día siguiente pero el dolor era el mismo en cada minuto. El gusto a sangre en su boca se volvió común durante cada entrenamiento al igual que las veces en las que tocaba el piso en los fatigados esfuerzos. Pero a pesar de todo, Hikari no podía acostumbrarse nunca a todo eso.
Aunque sabía que era inevitable en muchos casos, la línea sucesoria vivía en su sangre y por lo tanto, cortarse o lastimarse era la manera más simple de utilizarla. Los Youkai lo habían aceptado y tomaban el dolor como una constante más en su vida diaria. Pero ella seguía sin poder aceptarlo y eso lograba que en las noches, se acurrucara en su cama, derramando lágrimas por las heridas que ganó ese día y por las que sabría, ganaría mañana.
Takeshi había sido una de las pocas personas en las que Hikari encontraba consuelo durante esos días. Era quien le había enseñado a curar sus heridas y desvanecer sus cicatrices, había reído con ella y velado sus sueños en algunas noches, secando las lágrimas fantasmas de sus pequeñas mejillas.
Su hermano era una luz en medio de su dolor. Hasta que murió.
No supo mucho de la causa, sólo recibió unas palabras de consuelo. Debía sentirse orgullosa, le dijeron, su hermano había dado su vida por su clan y por Konoha, logrando evitar una guerra que pondría a muchos en riesgo. HIkari no vió el cuerpo de Takeshi y las costumbres Youkai le prohibieron volver a hablar de él, del sonido tranquilo de su voz, su sonrisa brillante y sus ojos llenos de sabiduría.
Sabía que sería cuestión de tiempo para sumirse en la locura de toda esa vida que no eligió tener y tan sólo tenía cinco años cuando lo supo.
Incluso con un hijo muerto, su padre proclamaba aún más alto, que su ahora única hija, sería la líder del clan algún día.
Las cosas cambiaron cuando Hikari cumplió los siete años. El clan Youkai celebraba el nuevo ciclo de la Luna en una gran fiesta en las calles de la Aldea de la Hoja. Era una de las pocas oportunidades de ver al clan en público y comprar sus artesanías, famosas por su belleza y calidad. Varios clanes participaban en el evento y uno de ellos era el clan Uchiha.
Hikari, ataviada con las ropas más finas y los colores de su gente, tuvo permitido caminar por las calles de Konoha, la aldea que le enseñaron, debía proteger pero que nunca había visto con sus propios ojos.
Esa había sido la primera pizca de libertad desde su hermano. El entrenamiento se hacía más difícil cada día y los postulantes a líder más grandes miraban a su padre con ojos peligrosos. El evento de la Luna había detenido un poco todo el avance de malos augurios y ella tuvo la esperanza de que los dioses le darían tiempos mejores.
Fue la primera vez que había tenido esperanza.
Y quizás por ese atrevimiento, los dioses hicieron que ese día cruzara su camino con Sasuke Uchiha.
Él la había visto desde cierta distancia, a esa solitaria niña de cabellos blancos, largos hasta su cintura, tez pálida y ojos dorados como hierba besada por el ocaso. Quizás fuera un poco más grande que él, teniendo en cuenta que era más esbelta y un poco más alta. Vestía una yukata azul de fina seda, con símbolos en la tela que él no reconocía.
-¿Ves esas marcas en su rostro?- le preguntó de pronto su hermano, quien no había pasado por alto las miradas furtivas del niño hacia ella y se había agachado un poco para susurrarle al oído- parecen lágrimas ¿verdad?
Sasuke asintió lentamente, cautivado por la belleza de la niña.
-Esas son las marcas del clan Youkai, viven un poco más lejos de la aldea, en el bosque. El símbolo de su yukata es el de ellos.
-¿Youkai?- preguntó el más chico. Por algún motivo, ese nombre le era familiar aunque le resultara extraño al principio.
Itachi asintió.
-No son un clan muy amistoso, la mayoría suelen evitarlos. Pero son unos de los mejores guerreros que tiene Konoha.
-¿Mejores que los Uchiha?- preguntó Sasuke mirándolo sorprendido.
Su hermano rió ante la pregunta.
-Nosotros somo un poquito mejores- respondió- ellos carecen de algo que nosotros sí tenemos y eso es la familia. No son bien aceptados por la manera en la que se tratan entre sí. Esa niña, definitivamente tuvo un crecimiento muy distinto del tuyo, Sasuke.
El más pequeño se mantuvo en silencio a medida que su hermano se enderezaba para hablar con unos invitados de su padre. Ahora que podía distinguirlos, recorrió con la mirada a la multitud en busca de más como ella, para descubrir que había unos pocos.
Pero a diferencia de la niña, esos Youkai sí parecían ser mejores conversadores.
Sus ojos volvieron a ella, ese pálido fantasma en medio de una multitud apabullante, observando con interés los puestos en la calle.
Sin decir nada, se soltó de la mano de su hermano y caminó hacia ella con paso apresurado.
Seis años después
Hikari abrió los ojos al escuchar los golpes en la puerta de su habitación.
Descartó haberse quedado dormida, aún no entraba luz del día en su ventana ni su instructor la había despertado con un grito de furia así que sólo pudo pensar que algo malo había pasado.
Se sentó y se inclinó hasta que su frente tocó el piso al instante en que su padre entró al cuarto, la luz de la luna ahora iluminaba los vendajes en su espalda y en su brazo izquierdo.
-Vístete y ve a la sala en cinco minutos- fue todo lo que dijo antes de cerrar la puerta.
La joven se incorporó en silencio y buscó sus ropas.
¿Le habría pasado algo a Sasuke? Se preguntaba mientras se colocaba sus pantalones, su remera y su túnica. No lo creía, ahora estaba en un equipo y el riesgo era menos. Quizás los viejos candidatos trataron de desafiar de nuevo a su padre ahora que se había convertido en patriarca o ella había hecho algo incorrecto.
"Sea lo que sea, es malo" pensó mientras abría la puerta.
Las cosas estaban cambiando últimamente. El clan Uchiha masacrado, un nuevo país cercano a sus fronteras, rumores de ninjas poderosos merodeando por las tierras cercanas al País del Fuego. Cuando se vivía en el clan Youkai, tan apegada a las costumbres, se notaban rápidamente.
Y cuando eso pasaba, los cambios no anunciaban cosas buenas.
Hikari llegó a la sala de reuniones de su nueva casa en la villa, donde su padre la aguardaba sentado en la soledad de la oscuridad de la noche.
-Siéntate, Hikari- pidió.
La joven obedeció sin mediar palabra, el susurro de sus pies descalzos y la tela de su túnica era lo único que cortaba el silencio. Su padre la observaba con entereza y le era imposible no verla tan distinta a su primogénito.
Takeshi había sido siempre el orgullo del clan, impasible, en calma. Un verdadero guerrero.
Hikari, en cambio, siempre parecía estar a punto de quebrarse y aunque hace tiempo que no la escuchaba llorar por las heridas, tampoco la escuchaba con la misma furia que tanto caracterizaba a su hermano.
Aún así, ella había demostrado ser más que merecedora de sus expectativas. Se volvía más fuerte cada día y el tatuaje que se había ganado en su brazo derecho, la gran marca roja de la mano del Shinigami, aferrando su delicado brazo con sus garras, demostraba que era digna de liderar algún día.
-Hija- ella abrió los ojos más grandes, sorprendida por ser llamada de esa manera- tengo noticias de Konoha. El Hokage habló conmigo esta noche.
Hikari esperó en silencio, sabía que no le gustaban las interrupciones. Pero por dentro pataleaba de ansiedad, muriéndose de ganas por saber noticias de la aldea.
-Los Exámenes Chunin son en cuatro días y me ha pedido que este año envíe a tres de este clan.
Eso no lo esperaba y no se esforzó en ocultarlo. Los Youkai no solían participar en los exámenes, ni siquiera los enviaban a las academias ya que eran instruidos por ellos mismos. Era un arreglo que habían tenido con el Hokage años atrás para preservar sus costumbres y su efectividad.
De vez en cuando había algunas excepciones pero enviar a tres ninjas Youkai a un examen tan súbitamente era algo peculiar.
-¿Quieres que vaya?- preguntó ella, ya imaginando la respuesta y sintiendo una mezcla de felicidad y expectativa en su pecho.
Su padre asintió.
-Te dejaré elegir a los dos que te acompañarán. Procura ser cuidadosa con respecto a sus habilidades.
Volver a Konoha. No había pisado la aldea hace meses y extrañaba a Sasuke todos los días. Incluso si era por los exámenes, tendría tiempo de hablar con su amigo, preguntarle sobre su nuevo grupo, ver el monumento en la colina, donde el nombre de su hermano brillaba en la roca.
La adrenalina de la noticia casi la hizo sonreír, pero se contuvo.
-Está bien- respondió manteniendo su voz inexpresiva- saldré de aquí en la mañana.
Luego de una reverencia, ella se levantó con agilidad. Pero su padre no saludó de vuelta y sus ojos ámbar siguieron mirándola con intensidad.
-Habrá ninjas del sonido allí. Quiero que los vigiles.
Ella frunció el ceño, confundida por la petición. Su tribu solía ser gente desconfiada pero su padre era diferente a ellos. Las preguntas se agolparon en su mente pero sabía que por su bien, no era bueno formularlas. Decidió seguir la corriente.
-Eso haré.
A pesar de toda su felicidad por volver a la aldea y participar con otros ninjas, Hikari sabía que su padre estaba preocupado y sólo pudo pensar que los ninjas del sonido eran la causa.
Pero aunque intentara pensar como él, la perspectiva de volver a ver a Sasuke le llenaba el pecho de felicidad y no le permitía intuir los cambios peligrosos que se cernían sobre la aldea.
Nuevo capítulo¡ Muchas gracias por esperar. Te ha gustado? espero que sí, comentarios o favoritos son siempre bien recibidos, gracias por leer :3
