Ranma 1/2 y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. Esta obra está realizada sin ánimo de lucro.
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Capítulo 2: R. Saotome, el nuevo vecino.
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R. Saotome. R. Saotome.
Akane no podía pensar en nada más mientras subía las escaleras de dos en dos. ¿Cómo podía haber pasado esto? Japón era enorme, con muchos sitios en los que vivir… Y la casualidad había querido que el hombre al que llevaba más de 5 años evitando, se mudara… ¡Justo debajo de su piso!
La chica abrió la puerta y se sentó en el sofá. Y se quedó ahí, mirando a la pared, como si fuera la cosa más interesante del mundo.
- Bueno, dice R., no Ranma. Sí, a lo mejor no se trata de Ranma Saotome… Podría ser Ryu Saotome, Ryuji Saotome… O incluso una mujer, Rumiko Saotome – dijo en voz alta al cabo de un rato – Sí, no tiene que ser Ranma, podría ser un familiar lejano suyo, por ejemplo. Eso es Akane, fuera los miedos sin fundamento – la chica sonrió, intentando darse fuerzas.
Más animada, la peliazul se cambió de ropa y se puso algo más cómodo. Luego se lavó las manos y se recogió el pelo en una coleta: seguía teniendo el pelo bastante corto, pero lo había dejado crecer un poco y ahora le rozaba los hombros tímidamente. Después se fue a la cocina, se puso un delantal y encendió una radio que tenía encima de una pequeña mesa que solía usar para comer. Como vivía sola, a ella le gustaba tener algún sonido de fondo, ya fuera la televisión, algo de música o la radio. Sacó algunas verduras de la nevera, las lavó, las cortó con mucho cuidado y las puso en una sartén. Tras muchísimos intentos, había mejorado un poco en la cocina, si bien no salía de unos pocos platos básicos que se podían comer. Su repertorio culinario era algo a lo que ella solía llamar "cocina de supervivencia".
Tras unos minutos, en los que también cocinó un poco de pescado y arroz, Akane se sentó en una silla y se dispuso a cenar. Mañana era lunes, debía volver a trabajar. Comió con la radio de fondo, pero no le prestaba atención. No lo pudo evitar, el tema de su nuevo vecino volvió a su cabeza. ¿Qué hacer si resultaba ser Ranma? La posibilidad era remota, pero no nula. Y si era Ranma… ¿Qué hacía él yendo a vivir en esa ciudad? ¿No tenía tanto éxito como artista marcial? Debería vivir en un lujoso apartamento en Tokio, o en Shanghái, Seúl… Pero bueno, eso a ella no debía interesarle. Decidió que si se encontraba al nuevo vecino y resultaba ser su ex-prometido, le saludaría de manera formal, le desearía suerte en la nueva ciudad y ya está. No quería ni pelear con él ni que intentaran ser amigos, Ranma Saotome formaba parte de una etapa de su pasado que estaba cerrada. No era ni su presente ni su futuro, no tenía que interesarse por su vida personal.
La chica se lavó los dientes, se peinó el pelo y se puso el pijama. Después se metió rápidamente dentro de la cama, pues pese a ser primavera, aún refrescaba por las noches. Leyó un libro durante una media hora, y después apagó la luz. Mañana empezaba una nueva semana que prometía ser muy dura.
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Miércoles por fin. La mitad de la semana había pasado, y por fortuna para Akane, sin tener noticias sobre su vecino. Solo se había encontrado una vez con un inquilino del edificio, y fue con la amable –aunque un poco chismosa- anciana del primer piso. La mujer era viuda y vivía sola, y siempre le decía a la peliazul que le haría mucha ilusión verla con un chico. En todo eso pensaba Akane cuando llegaba a casa con la ropa muy mojada. Un enorme chaparrón la había sorprendido en el camino de vuelta del trabajo, y ahora estaba calada hasta los huesos. Si hubiera llegado diez minutos antes, se hubiera encontrado con una mujer de pelo pelirrojo y trenzado, pero con unos modales un poco masculinos, que había llegado al edificio maldiciendo su mala suerte.
La chica Tendo subió por las escaleras como hacía casi siempre, pues no le gustaba demasiado el ascensor. Lo primero que haría era cambiarse de ropa y ponerse algo seco, y después quería poner una lavadora. En el camino a su vivienda pasó por delante de la puerta 3 del segundo piso, en el cual vivía su vecino, R. Aceleró el paso al ver que el nuevo inquilino abría la puerta de su vivienda, y pudo correr lo suficiente para no ser vista.
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Ranma no pudo saludar a la persona que, apresuradamente, subió al piso de arriba. Lástima. Aún le faltaban unos cuantos vecinos a los que conocer, de momento ya se había presentado a la anciana del primer piso, y también al hombre soltero que vivía también en el mismo piso que la susodicha. Pero le faltaban unos cuantos. Ya se presentaría otro día.
El chico cerró la puerta como pudo, pues iba cargado con una cesta llena de ropa sucia, una botella de detergente y suavizante. Silbando una canción, bajó a la planta baja y se dirigió a la salita con la lavadora y la secadora. Puso toda la ropa a lavar, y después se fue otra vez a casa, pasando al lado de los buzones de los vecinos. No tenía por costumbre leerlos, por lo que no sabía el nombre de su vecina de arriba. En eso era todo lo contrario que la chica, la cual bajaría un poco más tarde a lavar su ropa y se encontraría con la lavadora en marcha, donde, para su desgracia, le parecería ver una camisa china roja.
Una vez en casa, Ranma se sentó en el sofá, cogió el teléfono y marcó un número que sabía de memoria. Mientras esperaba recibir una respuesta observó la salita de estar de su nueva vivienda, la cual aún estaba llena de cajas de cartón con sus pertenencias. No había tenido mucho tiempo para ordenar, tendría que darse prisa.
- Mmmm… Sí, ¿U-chan? – preguntó el chico de la trenza, animado. Y ante el saludo de ella, empezó a hablar.
La conversación con su amiga de la infancia duró unos 10 minutos. Pese a que después del segundo intento de boda había sido muy insistente para que se casara con ella, al final terminó entendiendo que, por aquel entonces, él no se sentía preparado para casarse con nadie, y que si lo estuviera, no sería con ella. Después de un tiempo donde se hablaron muy poco, y que a Ukyo le sirvió para aceptar que sus sentimientos no eran correspondidos, retomaron su amistad. Desde entonces, se habían apoyaron el uno al otro. Ranma la había ayudado bastante en su local durante más de una vez, puesto que a menudo ella y Konatsu no podían atender a todos los clientes: su pequeño negocio de Okonomiyaki se había hecho muy famoso. Y ella lo había ayudado a él escuchando sus problemas y sus preocupaciones después de que le dejaran en el altar. Le había dado muchos consejos, Ranma se consideraba afortunado por tenerla como amiga.
- Bueno, pues… Si U-chan viene, ya son 10… - dijo Ranma en voz alta después de colgar el teléfono.
El chico se levantó del sofá, y fue a su habitación. En una de las dos mesillas de noche a los lados de la cama doble, había una hoja de papel con unos cuantos nombres escritos. Cogió el papel y un rotulador amarillo, y tachó el nombre de su amiga de la infancia. Ella también vendría a la fiesta de inauguración de su piso.
Aún le quedaban cosas que hacer antes de que llegara el sábado por la noche, el día en que se reuniría con un grupo de amigos para celebrar que se había mudado. Sacar las cosas de las cajas, escribir una nota para informar a los vecinos que aquella noche quizá había un poco más de ruido, comprar comida y bebida… Por suerte, U-chan se había ofrecido a venir unas horas antes y a ayudarle un poco con la comida. Él no era para nada un mal cocinero, ¡Pero su nivel no podía compararse al de su amiga! De repente, Ranma pensó en Akane Tendo, a ella sí que se le daba mal la cocina.
Akane. En general intentaba no pensar en ella, pero cuando lo hacía, aquel nombre le traía sentimientos encontrados.
Por un lado la odiaba: le dejó plantado en el altar, sin ninguna explicación, y cuando él volvió de su viaje de entrenamiento – que más bien fue un viaje para escapar y olvidar – ella ya se había ido. Y no dejó ni una nota para él. Fueron Kasumi y su madre quienes tuvieron que consolarlo cuando se hundió después de saber la noticia. No solo faltó a su honor, sino que también le arrebató el corazón de la manera más cruel. Rechazando ser su esposa después de que él aceptara casarse con ella, y marchándose sin decir nada. El chico nunca supo el porqué de su rechazo.
Por otro lado, y muy a su pesar, no había podido olvidarla. Todo lo compartido a su lado durante la adolescencia de ambos había sido muy importante para él, pese a vivir en un caos constante habían sido los mejores años de su vida. Lo que más apreciaba de ella fue que nunca lo rechazó por su maldición, con la que por desgracia seguía viviendo. De hecho, la pelirroja de la trenza era el motivo por el que sus dos intentos de relación después de Akane no funcionaron. Las chicas, que curiosamente eran físicamente muy parecidas a su ex-prometida, no soportaron estar con alguien que se transformaba con el agua fría.
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Sábado, después de la hora de comer. Ranma tuvo tiempo justo para darse una ducha antes de que sonara el telefonillo del portal. Salió corriendo del cuarto de baño, descalzo y sólo con unos pantalones, secándose el pelo con una toalla blanca, y con una camisa en una de sus manos. Se la puso mientras descolgaba el teléfono.
- ¿Diga?
- Ran-chan, estoy abajo, ya he llegado, ¿Me abres?
- Claro, ¡Bienvenida! – dijo el chico, y pulsó el botón para abrir la puerta automáticamente.
Ukyo empujó la puerta y entró dentro del edificio. Observó atentamente el lugar donde vivía su mejor amigo, vio la pequeña salita con la lavadora, la secadora y el sitio para dejar las bicicletas. Se fijó en el buzón de su amigo, tendría que decirle que había recibido dos cartas. Y ya se dirigía al ascensor, cuando por el rabillo del ojo leyó algo sorprendente: un nombre de mujer escrito en otro buzón, el cual le pareció tremendamente familiar.
- ¿A. Tendo? – y soltó lo que más obvio le pareció – ¿Akane Tendo? No puede ser… - susurró la castaña, sorprendida. ¿Lo sabía Ranma? ¿Se habría mudado ahí expresamente? Eso no tenía mucho sentido dado que no tenían ningún tipo de contacto, pero ella era consciente de que, aunque no lo diría ni bajo tortura, su mejor amigo seguía enamorado de Akane Tendo.
A. Tendo, la vecina de arriba. Si era quien ella pensaba, sería una interesante coincidencia… Aunque bueno, podía ser un familiar, o alguien con el mismo nombre que ella. En todo eso pensaba Ukyo mientras esperaba el ascensor. Cuando por fin llegó, entró y pudo leer un cartel que había colgado Ranma pidiendo disculpas a los vecinos por las molestias que la fiesta pudiera ocasionar.
Al llegar, Ranma la esperaba fuera del rellano, contento. Se saludaron afectuosamente, y él la invitó a pasar a su piso nuevo. Ukyo entró, curiosa, y pudo ver la salita de estar, con el sofá y una pequeña mesa baja arrinconados a un lado para hacer espacio para bailar. Ranma también le enseñó la cocina, el pequeño baño, y el dormitorio con cama doble.
- Vaya, cama doble – comentó Ukyo – Ahora no te hace falta, ¿Me equivoco?
- Ahora mismo estoy soltero, pero quien sabe… ¡A lo mejor mañana conozco al amor de mi vida! – bromeó el chico de la trenza – Además, ya venía así, no la he comprado yo. Todos los vecinos deben tener una igual.
- Hablando de vecinos… ¿Ya los conoces a todos? ¿Qué tal el de la puerta 3, del tercer piso? – preguntó, oportuna.
- Puerta 3, tercer piso… Ah, te refieres al que queda justo encima de mí – dijo señalando el techo con el dedo índice de su mano derecha – Pues no, la verdad es que no sé quién es. ¿Qué pasa, que os conocéis? Podríamos invitarle a la fiesta de esta noche, si quieres…
- ¿Qué? No, no… – dijo ella un poco nerviosa – Bueno, ¿Empezamos a preparar la comida? No falta mucho para que lleguen los demás…
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Era casi la hora de ir a dormir, y Akane estaba en la cama, leyendo un libro, intentando ignorar la fiesta montada en el piso de abajo. Sábado por la noche, y ella no tenía ningún plan mejor, su vida era un poco rutinaria. La chica bostezó de aburrimiento, e intentó concentrarse en su lectura. De repente, se oyeron gritos y risas des del piso de abajo, y la música que llevaba sonando media tarde sonó más fuerte. El tal R. hacía una fiesta, sin avisar a nadie, ¡Menudo morro! ¿Es que no sabía que en el edificio vivía una señora mayor? ¡Maldito Ranma Saotome!
Un momento, ¿Había dicho Ranma Saotome? Hasta el subconsciente la traicionaba. Furiosa, lanzó el libro al suelo, y en un ataque de rabia, encendió su ordenador portátil y se puso a escribir una carta al tal R.
- A la atención de R. Saotome… - dijo en voz alta, mientras tecleaba con furia. Se iba a enterar, le enviaría una queja por no avisar a los vecinos de su fiesta y montar jaleo a horas intempestivas.
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El día siguiente, Ranma despertó casi al mediodía. Era domingo, por lo que se permitió estar un rato más entre las sábanas. Tenía sueño, pero también hambre. Además, le dolía un poco el cuello, ayer había gritado demasiado.
- Ah… Qué pereza… - dijo, aún medio dormido. Y se dio cuenta de lo que ya sospechaba: estaba afónico – Vaya, encima casi no tengo voz…
Se levantó de la cama al cabo de un rato, y descalzo, caminó hacia la salita de estar, que estaba bastante desordenada después de la fiesta de ayer. Lo habían pasado bien, y afortunadamente ningún vecino parecía haberse molestado. Había sido una buena noche.
Ranma fue a darse una ducha rápida para quitarse el sueño que aún tenía. Después bebió un vaso de leche caliente, le iría bien para el cuello. Además, mañana le tocaba trabajar, más le valía tener buena voz. Des de la semana pasada, el chico trabajaba dando clases en un dojo cercano. Se encargaba de enseñar a niños, pero también a adultos que solían ser mayores que él. Todos lo respetaban, no por nada seguía siendo uno de los mejores luchadores del país. Y sabiendo eso, todos le hacían siempre las mismas preguntas: ¿Por qué daba clases en aquel modesto dojo? ¿No debería estar compitiendo en torneos, y viajando alrededor del mundo? ¿El excampeón mundial Ranma Saotome no vivía rodeado de lujos? ¿No era rico? Ante todas estas cuestiones, el chico siempre sonreía de forma cansada, les pedía privacidad y respeto por sus decisiones, que tenían siempre una razón de peso. También les aseguraba que aún era joven y que volvería a los torneos en cuanto pudiera.
Justo antes de hacer la comida, bajó a recoger el correo, Ukyo le había dicho que tenía dos cartas. Pero en su buzón había tres: dos eran del banco, y la otra no tenía nada escrito en el sobre. La abrió con curiosidad, deseando que no fuera de Shampoo: eso significaría que ella había averiguado dónde vivía, lo que traería de nuevo problemas a su vida…
Suspiró aliviado al ver que no era Shampoo, si no la persona que vivía encima de él. En su carta le recriminaba, muy educadamente, el no haber informado a los vecinos de que iba a montar una fiesta, y le recordaba que en aquel edificio vivía una persona mayor. Al terminar de leerla, Ranma sonrió, y subió hacia su casa para escribir la respuesta a su vecino, el tal A. Tendo. Solo deseaba que no fuera un pariente de su ex-prometida, no quería que los recuerdos sobre ella volvieran.
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Algunas horas después, Akane llegó al portal de su edificio, cansada después de una hora corriendo por el parque. Apagó el reproductor de música, abrió la puerta y entró. Al pasar por los buzones pudo ver una carta para ella, así que la cogió, la abrió y la leyó. Era la respuesta de su vecino, el tal R. Saotome. En la carta le decía que sí había avisado a los vecinos, que había colgado un mensaje en el ascensor, y que le parecía sorprendente que ella no lo hubiera visto. Además, le pedía disculpas por si su fiesta había ocasionado alguna molestia.
Roja de vergüenza, Akane fue directa al ascensor, donde aún estaba colgado el mensaje. Lo leyó y pensó en lo ridícula que debía haber quedado a ojos de su vecino de abajo. Abochornada, pulsó el botón del tercer piso, no le gustaban los ascensores pero ya que estaba dentro subiría. Cuando el ascensor empezó a moverse, la chica cruzó los brazos y se dispuso a esperar mientras subía.
De repente, el ascensor paró bruscamente, sobresaltando a la peliazul, que casi cayó al suelo. Se había quedado encallada justo antes de llegar al segundo piso. Perfecto. Pulsó el botón para abrir la puerta, pulsó todos los botones de los distintos pisos, pero nada. Al final, pulsó el botón de la alarma, y un sonido fuerte resonó por todo el edificio. Empezó también a golpear la puerta metálica con fuerza, y a gritar ayuda. Ranma lo oyó, salió corriendo de su vivienda y fue hacia el ascensor.
- ¿Hay alguien ahí? – preguntó el chico - ¿No funciona el ascensor?
- ¡Hola! ¡Sí, soy la vecina del tercero, me he quedado aquí atrapada entre dos pisos, esto no funciona y no puedo salir! – gritó Akane, aliviada de que alguien hubiera venido. Su voz sonaba amortiguada por el hecho de estar encerrada – ¿Podría llamar a los bomberos?
- A ver, antes intentaré forzar la puerta… - dijo Ranma, forzando su maltrecha voz para que la chica pudiera oírle.
- ¿Qué ha dicho? No le he entendido…
- Dije que voy a intentar abrir la puerta a la fuerza y sacarla de ahí – repitió él – Perdone, es que estoy hoy estoy bastante afónico, me duele el cuello. Por cierto, soy el vecino del segundo piso, puerta 3, no sé si me conoce.
Akane se sentó en el suelo del ascensor y apoyó la espalda contra una de las paredes. Vaya, así que el que la intentaba ayudar era su famoso vecino, R. Saotome. De repente, se sintió aún más nerviosa de lo que estaba.
- Señorita, voy a forzar la puerta, a ver si puedo… - dijo Ranma. Detrás de él estaban la anciana y el hombre soltero del primer piso, que habían subido al oír la alarma.
- Si no puede, ¡Llame a los bomberos! – gritó Akane.
- Tranquila niña, este chico parece ser muy fuerte, seguro que te saca de dentro. ¡Por cierto, creo que puedo ser tu tipo! – dijo la anciana chismosa.
- ¡Señora, ahora tengo otras preocupaciones! – contestó Akane, sintiendo la cara roja. Vaya, que mujer más inoportuna.
- ¡Ya se abre la puerta! – dijo el otro hombre - ¡Señorita, ya casi está!
- ¡Un poco más…! – gritó Ranma mientras forzaba la puerta con las manos.
Al final, la puerta se abrió, y Ranma, des del segundo piso, tendió la mano a su vecina para ayudarla a subir, puesto que ella estaba atrapada entre dos pisos e iba a ser difícil que subiera sola por el hueco que había entre el techo del ascensor y el suelo del segundo piso. Ella le cogió la mano rápidamente, y él tiró de ella hasta que consiguió sacarla por completo del ascensor. Sin enseñar la cara, la chica se sentó en el suelo y apoyó las manos en las frías baldosas, respirando profundamente para calmarse. Estaba bastante nerviosa. Pasados unas segundos, Akane subió la cabeza para agradecer a su vecino de abajo que la hubiera salvado, y entonces, le vio.
Camisa china roja. Una trenza azabache apoyada en su hombro izquierdo. Y los ojos azules más bonitos que había visto nunca. Se quedó muda de la sorpresa, mirándole sin saber qué decir. Claro, al estar afónico, no había reconocido su voz…
- …¿Akane? – dijo él de repente, mirándola sorprendido.
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Notas de la autora:
¡Hola! Pensaba publicar un nuevo capítulo en un par de días, pero no he podido aguantarme las ganas después de ver la genial acogida que me habéis dado. Muchas gracias por todos los reviews, por la gente que sigue Puerta 3 o que la ha puesto en favoritos... No me lo esperaba, muchas gracias de verdad, espero que os guste esta nueva entrega.
Y ahora, mis respuestas a vuestros comentarios:
the-girl-of-pig-tailed: Sí, estuve a punto de escribir un UA, pero al final decidí que quería que mi primera historia no lo fuera (aunque sé que al principio puede parecerlo).
Critikal: Aquí tienes un nuevo capítulo, ¡Espero que te guste!
yessi-chibi: Los padres siempre fueron unos entrometidos en su relación, y creo que es mejor que Akane lo escuchara todo antes de casarse con él, después habría sido peor.
Fleuretty: Aquí tienes la continuación, a ver qué te parece.
Anyca: ¡Que disfrutes este nuevo capítulo!
akane-kun19: Creo que Akane es insegura, pero también fue valiente al romper con todo lo que no quería para empezar de nuevo.
ka-chan: Gracias por tu comentario, espero que te guste este nuevo capítulo.
cristaniarkarly: ¡Pues como ves, ya la he continuado!
anitha21: Muchas gracias por tu comentario y también por la recomendación, quería plasmar "todo el pasado" en un capítulo, siento si ha resultado demasiado comprimido, jaja. Quizá me faltó describir un poco, ¡Me queda mucho por aprender! A ver qué te parece este capítulo, es un poco más largo.
RyaOtaku: Akane no debería dejarse pisotear por Ranma (ni por él ni por nadie), por eso ella tomó la decisión de romper con todo y buscar ser feliz...
Yossh: Muchas gracias por tu comentario, me alegra saber que te gustó mi primer capítulo. Sobre el ritmo de actualizaciones, intentaré que sea cada 15 días, quizá no pueda cumplirlo siempre, pero ¡Me voy a esforzar! De momento, este lo he colgado antes de 15 días. ¡Besos para México!
own: Aquí tienes la continuación, espero que la disfrutes.
SiNom: No he tardado demasiado, ¡Aquí tienes una nueva entrega!
zabitamt1975: Jaja, ya veremos si Ranma le ruega que vuelva con él... De momento Akane ya ha conocido (por fin) a su nuevo vecino.
karlarodsal: Yo también llevaba unos años leyendo fanfiction de Ranma, y al final me animé a escribir, por ahora estoy muy contenta gracias a vuestros comentarios. ¡Te animo a que escribas! ¡Ánimo!
yaruka-san: me alegra que te guste, aquí tienes la continuación.
Bueno, eso es todo. Muchas, muchísimas gracias a todos por leer, os deseo una buena semana.
Alice
