Hola:
Mis amigos, he aquí el retrasado segundo capítulo de esta historia. Tal vez no sea muy bueno, pero ya mi cabeza no pudo hacer más.
Nos vemos en el siguiente.
Yaem (bélica) Gy
P.E. El tema de este capítulo es "Fragment of another world" de Mattia Cupelli.
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Capítulo 2: "La caída del rey".
¡Venga, Su alteza! ¡Por aquí!-
El humo y las constantes explosiones no le dejaban tiempo para pensar. El patio principal estaba siendo destrozado por completo. Una mano le tomó con fuerza del brazo, le empujaba.
¡Mi esposa! ¡Mis hijos! ¡¿Ya te confirmaron que ellos están seguros?!-
¡Petegrew ya está con ellos, Su alteza! ¡Ahora usted debe salir de aquí lo más pronto posible!-
Una cuadrilla de veinte hombres ya rodeaba al rey por todos sus flancos. A punta de revolver, metralla y granadas se encaminaron al pasillo que llevaba al túnel secreto. Un contingente mucho mayor iba a presentar cruenta batalla para darles el tiempo suficiente de salir del castillo.
James no quería rendirse, no estaba en su naturaleza escapar del peligro. Quería pelear hasta el último momento y si era necesario moriría defendiendo los derechos de su pueblo, pero sus consejeros no pensaban lo mismo. Se resistió a escapar todo lo que pudo, pero fue el Conde de Dumbledore quien terminó convenciéndolo de marcharse.
Es muy loable su afán de luchar hasta el cansancio, pero si usted muere, ¿cree que Lord Voldemort va a tener piedad con su familia? ¿sobretodo con el pequeño príncipe? Él sabe la importancia de la sangre real, sabe que mientras exista un heredero legítimo a la corona, él nunca podrá gobernar a sus anchas. Siempre habrá alguien que luchará en nombre del heredero-
Las paredes retumbaban a sus costados. A veces el polvo caía desde el techo. El jefe de la guardia iluminaba el camino por delante, el último hombre resguardaba la retaguardia. Si todo salía bien, estaría en su aeródromo en una hora y saldría de Inglaterra con rumbo a Los Estados Unidos en donde sabía que sería bienvenido.
Y para cuando él llegara, su amaba Lily y sus pequeños tesoros le estarían esperando.
Luego de un trayecto que parecía interminable debido a la oscuridad, a los estallidos y al sofoco reinante, el grupo llegó a la salida que daba al borde de la torre norte. Al abrir la puerta falsa vieron que por ese sector no había mayores contratiempos.
Corrieron y salieron a los jardines. La lluvia caía verticalmente y las gotas eran visibles cada vez que estallaba un explosivo e iluminaba todo a su alrededor.
Por aquí- susurró el guía- nuestros hombres están limpiando el camino-
Lograron llegar a las rejas de la salida, pero allí tuvieron que presentar batalla. Sus compañeros llegaron a darles ayuda y el enfrentamiento bajo la lluvia se hizo dramático.
Las balas parecían también una lluvia. El escolta de la derecha más cercana al rey cayó ante sus ojos con una herida profunda en la garganta. La sangre salió como un chorro generoso, pues la aorta había sido perforada. James intentó taponear la herida con su mano, pero otro de sus guardaespaldas le tiró al suelo y lo cubrió con su cuerpo mientras los demás lanzaban granadas a los enemigos para abrirse paso.
Los destellos de las bombas le permitieron ver como ese hombre moría desangrado.
¡Lancen a la izquierda! ¡Protejan al Rey!- gritaba el jefe de la cuadrilla.
¡William! ¡Levántate! ¡Williams!-
James vio como otro de sus hombres zamarreaba un bulto mojado que manchaba su ropa por el pecho.
El sonido de metralla le erizó el cabello, Extendió la mano y tomó el revólver que yacía en la mano sin vida de su escolta y apuntó a la sombra que originaba el sonido.
Escuchó el alarido de dolor y esa metralla ya no sonó nunca más.
Una granada lanzó cuerpos por el aire. La lluvia se puso más agresiva. Buckingham temblaba desde los cimientos. El socavón producido por la granada se convirtió en un agujero negro misterioso que los invitaba a entrar en él.
La comitiva y los soldados que les protegían se lanzaron en frenética carrera. A su paso las municiones seguían cayendo. Todos disparaban, incluso el rey.
La contienda sumó más adeptos. Soldados de la guardia real y rebeldes de la nobleza gritaban, disparaban y corrían. El trecho que separaba a los hombres del rey y el espacio libre se convirtió en un tiradero de cuerpos y sangre.
Era una masacre.
¡Métase en ese furgón, Su alteza!- gritó el jefe de la guardia.
Otros aliados llegaron y un furgón con tres vehículos de escolta se estacionaron en la berma. Todos corrieron y con gran éxito el Rey James se introdujo al carro.
Tenemos que perderlos. Vamos al aeropuerto- mandó el oficial.
No creerán la treta- dijo el rey- adivinarán que vamos al aeródromo-
No vamos al aeródromo, su alteza-
¿Cómo?-
Un estallido hizo que el furgón saltara. Al volver las llantas a la calle, produjo un fuerte golpe.
Ayyyyy-
James miró a su protector. El Jefe de la guardia tenía una terrible herida en el lado izquierdo del estómago. La sangre manaba a borbotones.
Thomas…-
No se preocupe, su alteza- el hombre hizo una pausa antes de volver a hablar- No es nada grave-
¿Cómo que no es grave? Te desangras-
No, ya estoy acostumbrado a estos gajes- Thomas sonrió.
Nos siguen cuatro camionetas- dijo uno de los escoltas que miraba por la ventanilla
Tomemos la curva como lo ensayamos. Y de allí al sur-
La carrera seguía siendo infinita. James se arrancó la manga y, aunque recibió las protestas de su hombre de mayor confianza en ese instante, procedió a presionar la perforación. Los edificios eran meros manchones, dada la velocidad en la que el furgón viajaba. En ese momento estaban más vulnerables que nunca, pues solo eran un puñado de hombres en contra de los que los perseguían.
Estaban incomunicados del ejército que peleaba en ese momento en las calles. James no había tenido noticias de Remus desde hacía tres días. Tampoco había podido comunicarse con Sirius, quien le dejara muy alarmado al lanzarle frases confusas.
Tengo que saber. Solo no me preguntes. ¿confías en mí?-
Del único que había conseguido información era de Peter. Él había obedecido la orden real a cabalidad. Se había marchado junto a su hijito en el mismo instante en que él le rebelara la ubicación exacta de su familia.
Peter los encontraría y los llevaría a lugar seguro.
¡Ahora vamos a la casona!- gritó Thomas. Sudoroso a causa de su sangrado.
Entraron en una avenida ancha, luego se movieron a la izquierda y sorpresivamente se abrió un portón de acero. Los tres vehículos entraron raudos y el portón se cerró.
El estruendo de un choque les sobresaltó los corazones.
¡A las camionetas!-
El chofer detuvo bruscamente el furgón. El Rey fue sacado sin ningún miramiento. Thomas fue cargado casi como un bulto.
El escuadrón corrió empuñando sus metralletas. Afuera, los incesantes golpes indicaban que el enemigo intentaba derribar los portones. Muy pronto una lluvia de granadas cayó por todas partes.
Las camionetas estaban a quinientos metros de distancia. El peso del jefe de la guardia hacía que el paso se hiciera lento. El Rey, en medio del fuego cruzado, se quitó la protección y sin escuchar los reclamos de Thomas, ayudó a cargarlo. Los hombres de la retaguardia disparaban a diestra y siniestra a las figuras que saltaban, pero las puertas de acero cedían. Cedían.
Casi se tiraron dentro de los vehículos. Estos partieron en el acto. Algunos de los perseguidores, tuvieron la ocurrencia de ponerse en frente de la marcha y disparar a los parabrisas. Los que no fueron acribillados, fueron aplastados por las gruesas ruedas. Pero también dejaron bajas. El chofer de una de las camionetas cayó inerte en el asiento con un certero disparo en un ojo. El copiloto tuvo que hacer la maniobra para recuperar el control de la máquina.
James volvió a cubrir la herida, haciendo esfuerzos por mantener la presión en medio del vaivén. Unas veces la fuerza centrífuga le tiraba a la izquierda, otras a la derecha.
Pasaron por túnel y la camioneta dio un giro brusco. Sorpresivamente se abrió un pasadizo en el muro de piedra y los vehículos entraron. El camino desde allí fue arduo y oscuro. No hubo pausa. La tensión asfixiante abrumaba a todos. El rey piraba hacia atrás pero por el momento no había perseguidores.
No conocía este pasadizo-
Hay mucho que por su propia seguridad no conoce, su alteza- dijo Thomas.
La lluvia volvió a recibirles en la salida. Las camionetas volaron por la caletera y se introdujeron por la autopista. Se habían librado de sus captores. Iban seguros a la pequeña pista aérea que también le era desconocida al rey.
La caravana se detuvo a pocos metros del pequeño avión que esperaba con los motores encendidos. James II miró a su jefe de guardia. Thomas sudaba frío. Estaba en shock.
¡Thomas! ¡Ayuda! ¡necesito ayuda!-
Suba a su avión- susurró el herido.
Tú vendrás conmigo, tenemos que buscarte un médico-
Ya no hay tiempo- susurró otra vez el hombre- Usted debe marchar…-
La convulsión hizo presa del hombre. James siguió gritando por ayuda, pero nadie podía hacer algo. La herida había sido certera y el sangrado demasiado abundante.
Resiste, por favor, resiste- suplicó el rey, manchadas las manos de sangre, presionando para impedir que las pocas gotas que quedaban en el cuerpo casi inerte se escaparan.
Alteza, debemos continuar. No podemos detenernos- le dijo el hombre que estaba a su derecha, quien ahora estaba pasando a ser el líder del escuadrón.
¡Thomas! Tenemos que llevarlo-
Ya nada podemos hacer por él, señor-
El jefe de la guardia quedaba ahora inmóvil, James le movió, le tironeó desesperadamente, pero solo carne muerta estaba ahora en sus manos.
¡Alteza! ¡Tenemos que partir ya!-
Maldita guerra- jadeó el rey- maldito Voldemort-
Con la ropa ensangrentada, tirado de los brazos para sacarlo del vehículo, James II era casi llevado en andas hasta el avión. Protegidos por la retaguardia, todo el escuadrón llevó a la aeronave y subieron raudos para poder al fin volar a América.
James miró a lontananza, lejos se veían los fulgores de la dolorosa guerra civil que se había derramado en su amada tierra. Respiró hondo apoyando el mentón en el pecho manchado de sangre. ¿Cómo fue que todo esto llegara tan lejos?
Todo estaba cayéndose a pedazos. El mundo que su padre le dejara se estaba desmoronando. Ya no había belleza ni felicidad. Todo era sangre, pólvora y muerte. Ahora se cernía un abismo de caos en donde antes todo era paz. Lo que caía junto con la lluvia eran fragmentos de otro mundo.
Una alteración le despertó de su desazón. Los guardias se movilizaban. Alguien más corría ahora hasta el avión.
¡Su Alteza! ¡Su Alteza!-
Los guardias le apuntaron en el acto, pero el hombre seguía corriendo.
¿Qué pasa?- preguntó el monarca.
El nuevo jefe de la guardia miró por la ventana. Abrió los ojos de asombro y corrió hasta la puertezuela para bajar. James se inquietó y trató de reconocer al recién llegado. Pero la lluvia le impedía tener una buena visión.
Al final, escuchó el sonido de carrera y vio que entraban por el umbral dos hombres.
Su alteza, tenemos malas noticias-
¿Qué? ¿qué pasa?-
La reina, los príncipes- jadeaba el desconocido.
James se puso pálido.
Su alteza, Este es uno de los hombres de confianza del Duque Dumbledore. Nos acaba de informar que la familia real ha caído en una trampa. Están en Grimmauld Place-
¿Grimmauld Palace? No… no entiendo… ellos volaban hacia Estados Unidos…-
Sirius Black lo ha traicionado, su Alteza- dijo el recién llegado en frases muy rápidas- Tenemos un infiltrado en las fuerzas de Lord Voldemort y él ha mandado un mensaje urgente al duque. Ha preparado la huida por el lado oeste de la mansión. Pero es menester ir ahora mismo. Ya no nos queda tiempo. Lo único que aun mantiene vivos a los suyos es que usted aun no se ha entregado al Lord.
Un golpe seco le dio en la boca del estómago. Cayó sentado en uno de los asientos del avión. El nuevo jefe de guardia cerró los ojos de impotencia.
Mi esposa… mis niños-
El duque ha preparado un operativo de rescate. Todo en el más completo sigilo. Pero se necesita una distracción-
El rey miró atentamente a su informante.
El infiltrado ha pedido que usted se entregue. Así Voldemort desviará su atención y él podrá sacarlos-
Su alteza- dijo el jefe de la guardia- usted sabe que esto es una trampa-
Soy su única salvación…-
Su alteza…-
Vamos a Grimmauld Palace, si alguien ha de morir esta noche, he de ser yo y no ellos-
Lo mejor que podemos hacer es mandar un batallón al lugar. Usted debe ponerse sobre resguardo…-
¡Son mi familia! ¡No voy a esconderme mientras a ellos los matan!-
Si usted va, los van a matar a todos, señor-
Yo me entregaré y ustedes les salvarán. Rescátenlos y métanlos en un avión a América. Les haré ganar todo el tiempo que sea posible-
Señor…-
¡Aun soy el rey de Reino Unido y exijo que se me obedezca!-
Abrazaba a sus dos pequeños. Temblaba de pies a cabeza. Los captores la vigilaban, apuntando sus armas contra ella y sus hijos.
Victoria lloraba por el dolor de ser aprisionada contra el pecho materno. Harry, con lagrimitas en sus mejillas, miraba a todos con ojitos muy asustados. A un lado de ellos, Sir Pettigrew también abrazaba a su hijo que estaba tan asustado como el príncipe heredero.
¡Calla a esa mocosa!- le gritó uno de los hombres-
¡No le hable así a la reina!- le gruño el sir.
Reina- rió el aludido- es solo una puta plebeya. Es lo que ha sido estos años. Cuando tengamos en nuestras manos a James II, su reinado de Hetaira se habrá terminado-
Pues, aun mi reinado continúa, insolente. Y no voy a permitir que me insultes ni a mí ni a mis hijos. ¡Ellos son el futuro de Inglaterra, les debes obediencia y sumisión!-
A pesar de estar en desventaja, Lily no se iba a dejar humillar.
El custodio se levantó de su asiento y sin mediar en su fuerza le agarró del cuello, hasta levantarla, haciendo que del tirón soltara a los niños que cayeron al suelo. Harry, aun en su niñez más inocente, gateó hasta su hermanita y la abrazó con protección. Victoria agudizó su llanto.
¡A mí no me vas a decir que hacer, Perra! ¡Calla a la mocosa o la callo a golpes!-
El tipo lanzó a la reina contra un muro con toda su fuerza. Lily se azotó, golpeándose la cabeza, la sangre empezó a salir. Ella, intentando acallar su propio llanto, se arrastró en dirección a los niños. Harry, empujando a Victoria, también se arrastró, hasta que los tres se encontraron en un angustioso abrazo.
¡Calla a la pequeña perra ahora!-
Vicky, mi vida- sollozaba la reina- silencio, bebé.-
Harry empezó a hacer pucheros, sus ojitos se inundaban. Un gemidito escapó de su garganta.
No, mi pequeño- dijo la madre- no llores… debes ser fuerte. Necesito que seas fuerte. Tienes que proteger a tu hermanita-
Mami… ¿Dónde está papi?- dijo el niño intentando tragarse el llanto.
Eso mismo nos preguntamos nosotros- interrumpió otro de los captores- pero él ya sabe que ustedes están aquí. Veremos que tanto los ama-
Luego de ser bajados del avión que los traía desde España, los secuestrados, fueron llevados a toda velocidad a la antiguo castillo de los Black. Lily seguía abrazando a sus hijos intentando darles toda la paz que podía. La herida en la cabeza seguía sangrando. Pero a ella eso no le importaba. Solo deseaba encontrar la manera de salvar a sus pequeños. Sabía que ella moriría esa noche, pero lucharía con todas sus fuerzas para librar de ese destino a Harry y a Victoria antes de caer.
Sir Pettigrew se mantenía alejado, en silencio. Su hijo acurrucado en su pecho.
Entraron a uno de los grandes salones. Allí, sentado en un mullido sillón, estaba el líder de la rebelión. Harry, gracias a su imaginario infantil, dimensionó a la figura que ahora se levantaba, como un monstruo muy alto, de piel pálida y ojos enrojecidos.
Le pareció como si fuera una serpiente.
Oh, su alteza, le esperábamos con ansias- dijo el hombre con voz estremecedora. – pero, ¿qué ha pasado? ¿Por qué sangra la reina?-
El Lord paseó la mirada en los guardianes de los recién llegados.
Uno de su matones me lanzó contra un muro- gruño Lily levantando el mentón con orgullo- me trató de ramera ya mis hijos de bastardos-
Oh, ¿puedo saber quien ha sido?- dijo Voldemort en suave tono y media sonrisa en los labios.
Yo, mi señor.- dijo el agresor- la estúpida no hacía callar a su cría-
Lord Voldemort, movió la cabeza en forma afirmativa. Se acercó al guardián y le palmeó el hombro. Luego, con una rapidez que sorprendió a todos, le dio un certero mazazo en la nuca con el báculo que llevaba en la mano derecha. El hombre cayó haciendo convulsiones. La boca se le llenó de sangre.
¡Qué insulto más horrendo! ¡Exijo que respeten a la reina de Inglaterra! No quiero que le toquen ni uno solo de sus cabellos. Ni a ella ni a los príncipes, ¡Entendido!-.
Sí, Mi Lord- dijeron los otros hombres, aterrados.
Mil perdones, su alteza- cambió otra vez el tono de su voz- estos hombres no tienen la costumbre ni el tacto de tratar con la realeza. Llamaré a la servidumbre para que la cure y la atienda junto a sus hijos. No está en mí hacerle daño, solo quiero concertar una asamblea con el rey y solucionar los asuntos de estado-
Sí solo quiere una asamblea, ¿por qué nos tomó prisioneros?- intervino la reina con firmeza en la voz.
¿Prisioneros? No, no, no. Son mis huéspedes. Mis invitados. Sé que hace mucho tiempo que usted y su marido han estado separado. Que mayor alegría para mí que reunir a la familia real en mi casa.
Esta… no es su casa- dijo Lily. No quería que nadie la viera amedrentada.
Lo es desde hace un tiempo. Gentileza de la encantadora Lady Lestrange.
La llegada de un hombre interrumpió el encuentro. Luego de enviar a la familia real y a Sir Pettigrew a sus habitaciones provisorias. El líder de la nobleza le recibió.
¿Qué noticias me traes?-
Todo el perímetro está cubierto, mi lord.
¿No hay indicios de que nuestros huéspedes fueron seguidos hasta aquí?
En absoluto.
¿Dónde está Severus?-
En los lindes de la fortaleza, mi señor. Con la tropa-
Quiero que venga. Quiero que custodie personalmente a la reina y a sus hijos. Solo en él confío algo tan valioso-
En los muros de la inmensa propiedad de Grimmauld Palace, Severus Snape aguardaba en la guardia. Estaba taciturno. Su silencio era agresivo. Cada cuanto miraba hacia la gran casona a lo lejos. El corazón lo tenía convertido en un león enjaulado que rugía sin parar.
No pasó mucho tiempo para que una nota le llegara. El semblante se le puso níveo. Montó en una de las camionetas y se dirigió a la mansión.
Sus pasos pesados y sonoros se escuchaban fuertes en la loza. Al llegar ante el amo, luego de una reverencia, le miró con distancia, pero con obediencia.
Me mandó llamar, mi Lord-
Bueno, la nota que te envié creo que era concisa. Quiero que seas el guardia personal de la reina.-
Como usted ordene- se giró para marcharse cuando el amo le volvió a hablar.
¿Ya le mandaste la nota a Dumbledore?
Sí, mi lord
¿Y crees que él ya haya informado al rey?
A esta hora el rey ya debe saberlo todo, señor.
Perfecto. Esperaremos que James II venga por su propio pie a la muerte. Puedes marcharte-
A su orden, mi lord
Algo más-
Snape se giró y le miró a los ojos.
Una vez que James haya pisado este lugar, quiero que mates a la mujer y me traigas a los niños. Quiero matarlos yo mismo en presencia del rey-
Señor, su verdadera amenaza en el rey y los príncipes, ¿para qué quiere matarla a ella?-
Es la reina, Severus-
Solo es la consorte. El poder radica en James II y en los príncipes. La verdad es que más en el príncipe Harry que en su hermana. La reina no tiene porqué morir-
¿Por qué quieres salvarla, Severus? ¿La quieres como botín de guerra?-
Snape guardó silencio.
No pudieron hablar más. Una fuerte estridencia se oyó en los lindes.
Pero, ¿qué demonios?- dijo el líder-
¡Señor!- dijo uno de los soldados de la rebelión llegando a todo trote- El Capitán Lupin y un escuadrón ha bombardeado el ala oeste de la propiedad y vienen a toda máquina-
¿Lupin?- Voldemort meditó a gran velocidad- El soldadito de plomo ha venido a rescatar a la bailarina. Vaya, vaya.
Debemos salir de aquí, mi señor- intervino Severus- el palacio no reúne las condiciones para resistir un ataque-
Tienes razón, Severus. Dejaremos que nuestros hombres resistan mientras nos marchamos. Ve por la familia real y reúnete conmigo en la ciudadela en una hora. Mata a Lupin, es la única forma en que podrás detenerle en su objetivo de salvar a su amada. Si al final las cosas salen como las quiero, puede que acepte que te quedes con la mujer-
Snape no esperó una nueva orden. Voló por las escaleras hasta llegar a la habitación que ocupaba la familia real.
Remus Lupin y sus compañeros dieron dura batalla. Gracias a sus comunicaciones, otro escuadrón se les unió. Todo era gritos y metralla. Pero las fuerzas que comandaba el castaño oficial, avanzaban.
El castillo resonó. Los hombres de Voldemort se ubicaron en todos los ángulos de la propiedad. Lily golpeaba a Severus en la espalda, cuando este tomó de un vuelo a los dos niños. Pettigrew se escondía en una esquina con su hijo, sin intervenir en absoluto en defensa de la familia real.
La batalla se tornaba cada vez más cruenta.
¡No! ¡Severus, te lo ruego! ¡no te lleves a mis hijos!-
Snape no le respondió a la reina.
La acometida de Lupin y sus hombres estaba saliendo demasiado exitosa para que fuera cierta. Pronto estaban en el hall central de palacio y corrían por todos lados en busca de los secuestrados.
Snape atosigó a Pettigrew para que le ayudase con los niños, mientras él trataba de contener la fuerza asombrosa de la madre por salvarlos. El Sir no dijo nada, solo tomó a la pequeña Victoria en brazos y a su propio hijo con la mano libre. Snape aferró con dureza la manito de Harry y levantaba por la cintura a Lily.
Los gritos de Lily se escuchaban en los pasillos. Pronto Snape y Pettigrew corrían hacia las salidas. En un esfuerzo por correr más rápido, Severus tiró del bracito del niño y le impulsó hasta tomarlo también de la cintura.
¡Suéltame! ¡Suelta a mis hijos!-
Cállate. No seas tonta, Lily- dijo en un gruñido el hombre de oscura estampa y negros cabellos.
Estaban ya en la parte trasera de Grimmauld Palace. Adentro, el caos arreciaba. Los dos hombres ganaban distancia cargando la preciada mercancía.
Remus Lupin buscaba por todos lados. Derribó puertas, destruyó muros. De pronto miró por una ventana y vio las siluetas bajo la lluvia.
¡Afuera! ¡Están afuera!-
De todos los hombres de su escuadrón. Era él quien más corría. Debía rescatar a la reina y a los príncipes. Tenía que hacerlo. Por amistad, por lealtad, por amor.
Amor, lealtad y amistad a James, quien a pesar de ser el soberano, había sido uno de sus mejores amigos. Cariño profundo por los niños, a los cuales había visto nacer. Un amor de tío protector.
Lealtad, amistad, pero por sobre todo amor por la reina. Desde que la conociera, había caído rendido a su belleza y carisma. La había amado siempre en secreto, aceptando con digna resignación que su compañera de academia se hubiera enamorado del entonces príncipe heredero. Gracias a él se habían conocido, él mismo había enseñado a su mejor amigo su tesoro más preciado. Se había sentido herido cuando comprendió que ellos se amaban, pero no sentía ni rabia ni rencor. Solo un amor puro, noble y desinteresado. Capaz de todo.
Ahora, en nombre de ese amor, corría por los jardines de Grimmauld Palace en pos de salvar a su amada y a los pequeños que adoraba casi como a hijos.
Severus corría. Apretaba fuerte la cintura de la reina. Sentía el dulce perfume y el calor de su cuerpo. Pero no podía disfrutar de ello. Tenía que cumplir su objetivo. Y era difícil con tantas balas surcando el aire, con ella luchando por librarse de su agarre. Con el bastardo piñiscándole el brazo.
Al cortar por un recodo…
Bien, bien hecho, Severus. Has cumplido mi encargo-
El aludido derrapó y casi cae con su carga. Petigrew se detuvo en seco y miraba a todos con ojos muy abiertos.
Dame a los niños-
¡No! ¡No, por favor!- lloró la madre.
Snape miró hacia todos lados.
Los niños, Severus-
Una granada explotó a poca distancia, por el oeste. El sonido de carreras no tardó en llegar. Lord Voldemort miró con extrañeza hacia atrás.
¿Qué sucede? ¿Quién viene?-
Es otro grupo, Mi Lord. Parece que han tomado los lindes del oeste- dijo uno de sus hombres.
¿Cómo adivinarían que vendrías por este lado, Severus?-
No lo sé… mi lord- jadeó el aludido- He actuado sin pensar, solo obedeciendo sus órdenes.-
Dame a los niños ahora mismo. Escaparemos de inmediato por el norte-
¡No! ¡Lléveme a mí! ¡A mis niños no!-
La tropa que perseguía al grupo estaba a pocos pasos. Remus Lupin dio un grito y se lanzó a la carga en oleada vertiginosa.
Estamos rodeados- dijo Sir pettigrew, dejando a Victoria en el suelo y abrazando a su hijo-
No, no somos nosotros los rodeados- sonrió Lord Voldemort.
Sin que se dieran cuenta, la tropa comandada por Remus Lupin estaba siendo rodeada. Se les había permitido avanzar intencionalmente. Pero el líder ahora trataba de solventar la sorpresiva acometida desde el oeste. Mas, la suerte de Lupin y compañía estaba echada.
Remus solo logró acercarse a treinta metros, entonces las fuerzas escondidas del enemigo cayeron sobre su escuadrón y comenzó una matanza sin piedad.
Los niños, Severus. Tenemos que irnos antes que los otros lleguen-
Severus Snape apretó con más fuerza a los que llevaba en los brazos. Victoria lloraba sentada en la mojada hierba. Harry se retorcía y de pronto dio una certera mordida que hizo que Snape lo soltara.
El niño corrió intentando esquivar a los que querían atraparle. Pero fue cuando llegó hasta su hermanita que le dieron caza.
Bien, tráiganlos. Marchémonos ya. Snape, mata a Lupin como te lo he ordenado y cuida mi retirada-
Severus entonces sacó el revólver que tenía en el cinto, aun con Lily en su brazo que no paraba de llorar y retorcerse. Se giró en sus talones y apuntó buscando el objetivo.
Remus Lupin llegaba en ese instante.
Lord Voldemort ya partía con su captura, cuando una bala casi le rozó la oreja. Se giró, Remus Lupin empuñaba un revolver. Snape también.
La guardia personal del Lord se apresuró a atacar a la diezmada tropa del rey. Remus y Severus forcejeaban en el césped. Lily corría en medio de las balas en un desesperado intento por alcanzar a sus pequeños.
¡Lily!-
Lord Voldemort se detuvo en seco al reconocer esa voz. Sonrió y se volteó para enfrentar al dueño de esta.
¡Alto, en nombre del rey!- se oyó un grito.
Peter Pettigrew gateaba junto a su hijo. Estaba tratando de escapar metiéndose entre los arbustos.
Un pequeño grupo, liderado por el rey, intervino en la batalla. La metralla, las granadas llovían. Lily al fin alcanzaba al hombre que llevaba a sus niños. Pero alguien le tiró de los cabellos y le apuntó a la sien.
Alto, Su alteza. Usted y yo tenemos que hablar-
James II intentó acercarse, pero su guardia personal se lo impedía. Le tenían sujeto de los brazos.
¡Lily! ¡No! ¡me tienes aquí, Riddle! ¡Deja en libertad a mi familia!-
El fragor de la batalla se detuvo. Todos miraban la escena con el corazón en la mano.
No vuelva a llamarme de ese modo, su alteza.- Gruñó el Lord- Entréguese ahora mismo. Usted no es digno del sagrado trono de Inglaterra-
Lo haré. Pero deje a mi familia libre-
James II se acercó, zafándose de su protección. Pero al poco andar, la batalla recomenzó. Las fuerzas escondidas de Voldemort atacaron al séquito del rey por la espalda y las que rodeaban a Lupin también. Remus cayó herido. Snape corrió hacia Lord Voldemort.
James estaba desarmado.
Oh. Como lo lamento. Se ha quedado sin protección su alteza.
Deje a mi familia en libertad-
Mi Lord, es mejor que vayamos a otro lugar. Puede venir otro escuadrón al rescate-
¿Quieres mucho a la plebeya y a los mocosos?- Voldemort apretó el cañón del arma en la sien de Lily. James se desesperó- ¿cómo es que mezclaste tu sangre pura con la de una asquerosa mujerzuela?
¡Basta. Déjelos!-
Mi Lord…-
¡Calla, Severus!
No les haga daño-
¿Rogarías de rodillas por ellos?
Mientras los adultos hablaban y Victoria lloriqueaba, colgada del brazo de su captor, el pequeño Harry vio el brillo del metal. Sin que le vieran, tomó en sus manitos el arma.
James II, rey de los cuatro estados del reino unido, descendiente de un linaje antiquísimo de alta realeza, se arrodilló en el mojado césped, bajo la lluvia. Agachó la cabeza y habló con voz en cuello.
Se lo ruego. Se lo suplico. No lastime a mi familia.-
Qué vergüenza me das. Rogando por la vida de una impura y la de sus cachorros. Me da asco. Pero ya sabré yo qué hacer con el resultado de tus revolcones con ésta reina de plebeyos.- Lord Voldemort sacó el seguro del arma-
Mi Lord- dijo Snape de prisa. Remus Lupin gateaba en el lodo intentando no ser visto- Ya tiene a su merced al hombre que necesitaba-
Él aun no ha abdicado-
Lo haré- suplicó el soberano- firmaré todo lo que me ponga en frente y hasta le pondré la corona a usted, pero no dañe a mi familia-
Voldemort sonrió. Lanzó a Lily en los brazos de Snape y apuntó el arma al rostro de James.
Mientras vivas, tus seguidores no me dejarían reinar. Yo no aceptaré oposición alguna. Y no permitiré tu gobierno en el exilio. Solo hay una cosa que hacer. Solo una. Sacar de en medio a todos los herederos.
¡No!-
Remus Lupin gritó a todo pulmón en el momento en que Lord Voldemort apretó el gatillo. Lily lanzó un alarido e intentó correr hacia su esposo, pero Severus la aferró con todas sus fuerzas. Remus disparó pero al estar herido no tuvo una buena puntería.
La bala dio de lleno en la frente de James II. Estaba muerto antes de caer al suelo.
¡Maldito! No, no, no-
Lily lloraba desgarradoramente, forcejeando con Snape. Remus se defendía con solo un puñado de compañeros mientras eran arrasados. Pettigrew estaba paralizado, mirando la escena.
Severus, deja a la mujer con otro y ve a matar a Lupin. Yo me encargaré de eliminar a los pequeños-
¡No, por favor! ¡A mi hijos no! Deje que me los lleve y le juro que jamás volveremos-
Lily había renunciado a luchar. Al soltarla Snape, ella cayó al suelo de rodillas, para luego gatear y ponerse en el camino de Voldemort.
No lo haga, se lo suplico. Son solo unos bebés- lloriqueaba
Sal del camino y te dejaré vivir. Tú no me interesas-
Ven, Lily. Ven- la llamaba Snape.
Remus luchaba. Su sangre dejaba rastros en el suelo mojado. Sushombres, agotados, hacían un esfuerzo imposible por mantenerse con vida.
Sal del camino, plebeya-
No, nunca-
Snape trató de intervenir, pero Remus ya le había alcanzado. Otra vez caían los dos al lodo en un forcejeo.
Voldemort Tomó su báculo y le golpeó a Lily en el rostro sacándola en ese mismo movimiento del camino. Los hombres que los rodeaban soltaron a los niños y los dejaron a merced de su líder.
A ver, por cuál de los dos comienzo-
Harry, abrazó a su hermanita y enfrentó a su asesino.
Un nuevo estallido, el griterío estruendoso. La carrera desde Gimmaul Palace. Un nuevo grupo de hombres que venían desde el oeste. El duque de Dumbledore los lideraba.
Lord Voldemort ya no tenía más tiempo, tomó en vilo a ambos niños y dejó a todos los demás en cruenta batalla. Solo Lily salió corriendo detrás de ellos, esquivando las balas y los cuerpos en lucha en medio de la lluvia. Severus intentó seguirles, pero Remus le noqueó de un solo golpe.
Sir Pettigrew había desaparecido llevándose a su hijo.
Las nuevas fuerzas liberaron a los sobrevivientes del destino fatal, pero antes perdieron tiempo demasiado valioso.
De la reina y los príncipes ya nadie sabía nada.
Tenemos que ir al bosque- dijo Lupin- hacia allá fueron-
Y sí, Voldemort se internaba en el bosque con los niños. Más atrás, herida en un hombro, Lily exigía a su cuerpo en pos de no perder de vista a sus pequeños.
En un claro, aun escuchando el estruendo de la batalla. Lord Voldemort tiró a ambos niños al suelo para luego sacar su arma.
Ustedes dos son mi último obstáculo. Pero ya no vivirán más de quince minutos.
Alzó el revólver y sonrió al ver que Harry acurrucaba a Victoria en su pequeño pecho. El niño, lo miró directamente a los ojos, y cuando empezaba a levantar su manito…
Una piedra cayó sobre la espalda del asesino, este perdía el equilibrio, Lily se lanzaba sobre él, Harry empuñaba un arma…
Cuando Remus Lupin, sangrando, llegó junto a sus compañeros a los lindes del bosque, escuchó dos disparos.
Dos disparos que le helaron la sangre.
Mientras, Lady Bellatrix Lesgrange y un pelotón muy superior al grupo que intentaba salvar a los niños, les pisaban a todos los talones.
