Gales pregunta si ya es su turno, ¿por qué no? ¿O eso o quieres analizar la muy interesante relación entre el buscador de Gryffindor y el de Slytherin? Gales dice que ya hemos analizado todo lo analizable a esa relación, que es su turno.

Aunque Alfred piensa en qué tan awesome podrían ser los partidos. En realidad no pasaba nada más que estaba arriba en el hospital y con trabajos podía llevar una. Pues imagino que Iván vuela bastante bien... Con la paridad que llevan seguro están totalmente empatados.

Como siempre, Alfred más rápido, Iván más ágil. Y los dos más o menos igual de fuertes y temerarios.

De hecho, hay que admitir que deben hacer los partidos mucho más interesantes. Iván el psycho persiguiendo a Alfred por tooooodo Hogwarts. Y Alfred HISTÉRICO "Deja de seguirme FREAK!".

E Iván llegando y sentándose a su lado en clase, si se cambia de sitio, Iván también. Y yendo a verle desde la grada en los entrenamientos. Y Alfred escondido en la sala común de Gryffindor porque si va a la biblioteca o al comedor, también se le sienta al lado.

Y el día que hacen las pruebas para buscador de Slytherin... ahí se presenta el psycho. Yendo a buscarle después de clase a las clases que no hacen juntos. Iván a modo SÚPER psycho.

Pobre niño. Me pregunto si consiguen algún día... Liberar tensión.

El día que el profe de Astronomía los pone a hacer un trabajo juntos. ¿Y terminan besuqueándose en la torre de astronomía? A lo mejor, no lo sé.

Tampoco me molesta que sea tensión no resuelta. Eso... Va a hacer que Alfred tenga un ataque de nervios.

Es que me imagino, Iván esperándole fuera del aula de Encantamientos (él acabando de tener Cuidado de Criaturas mágicas al otro maldito lado del castillo). Dafaq, además se debe saber todos sus horarios.

—Hay que hacer el trabajo de Astronomía —sonrisa de tiburón. Creo que se lo han puesto como... hace dos horas.

What?! ¡Pero si es para dentro de dos semanas, psycho!

Da, hay que hacerlo.

—Pues lo haremos luego, yo voy a comer algo.

—Vale, vamos a comer —auto invitado automáticamente.

No! ¡TÚ no vienes!

Da, en el comedor —señala y se dirige hacia ahí.

—¡No, no vengas! Vete a la torre de astronomía o a donde sea.

—Net, vamos a comer y luego a hacer el trabajo —responde igual andando para ahí.

—Pues tú irás a comer solo, que no me interesa lo que hagas. ¡Y NO voy a hacer el trabajo hoy!

Iván se detiene y se vuelve al americano.

—Hay que hacerlo, lo ha dicho el profesor. Tú conmigo.

—Ya, vale... Luego.

—Después de comer, vale. Vamos.

No! ¡Después, otro día!

—¿Por qué?

—Porque hoy no puedo y no quiero.

—No tienes que ser tan irresponsable. Hoy no tienes entrenamiento de quidditch.

—¡No me llames irresponsable! Nos asignaron eso HOY.

—Por eso, hay que hacerlo —es como discutir con una pared.

—¡Eres TONTO! Deja ya de seguirme, lo haremos otro día —se echa a correr.

—¡Ah! —vacila un momento y se echa a correr detrás.

—¡No me sigas!

Ni caso, ahí va detrás, sujetando su bolsa con las manos mientras corre. Y es que van a correr por toda la escuela hasta que Alfred se suba a las escaleras móviles, a la barandilla, aprovechando que está a la mitad de movimiento y haga un salto en el último segundo.

Iván se queda del otro lado con carita desconsolada.

—¡Ha! Loser —mueve la varita y unas fanfarrias suenan a su alrededor. Se muere de risa.

El ruso frunce el ceño y saca su varita. Alfred levanta las cejas un instante y luego frunce el ceño.

—¡Accio gafas de Jones!

No! —protesta viéndolas volar—. ¡Accio zapatos de Bagrinsky!

El ruso captura las gafas y cae de culo cuando salen volando sus zapatos. Alfred esquiva uno de ellos aunque el otro le da con bastante fuerza en el hombro. Iván se vuelve a poner de pie y le mira.

—Si quieres tus gafas ven a comer conmigo y a hacer el trabajo de Astronomía —suelta yéndose.

You fucking psycho! —chilla frunciendo el ceño y yendo hacia el comedor.

Iván anda hacia ahí, descalzo, sólo en calcetines y se abraza a sí mismo porque tiene frío. Se sienta en su mesa de Slytherin. Un corto rato más tarde, después de bajar las escaleras corriendo, se sienta a su lado el americano. Iván sonríe al verlo, comiendo.

—Dámelas —extiende una mano hacia él y otra para tomar una salchicha.

Busca en su bolsa y se las devuelve. El dueño se las pone, metiéndose la salchicha a la boca y tomando otra. Iván come tranquila y lentamente, mirándole todo lo que hace, como siempre

What? ¡Deja de verme así!

—¿Así como?

—Así como LOCO.

—No lo hago —sí, lo hace y sigue haciéndolo.

—Sí que lo haces... —se gira a mirar a todos los demás de la mesa—. ¿A ustedes les mira igual todo el rato?

—Vuélvete a tu mesa, Gryffindor —responde alguien con desprecio.

—Nah, si aquí está todo muy bien —se come ooootra salchicha y bebe un trago del jugo de calabaza de Iván.

—Ese es mi vaso —ni siquiera es protesta, es más bien sorpresa.

—¿Y?

—Es mío —toma el suyo.

—En realidad el mío está en mi mesa —se ríe.

No te rías cabrón que no se vale. ¡Qué se idiotiza demasiado, es injusto! No lo eeeees. Es lo mismo que Germán con Romulus en general.

No, es injusto. Pues el americano se ríe más e Iván se le queda mirando, dejando de comer, con la boca abierta como idiota.

Alfred le da un codacito y se sigue riendo, ahora de su cara. El ruso parpadea un par de veces, saliendo del estupor. El menor se mete algo más a la boca. Un bollo me parece.

—¿De qué te ríes? —pregunta el ruso.

—De... Ti —sonrisita—. De tus caras.

—No te rías de mí —frunce el ceño.

—Pues es que pones caras graciosas, eso no es mi culpa —se acaba el jugo y toma ahora algo del plato del ruso directamente.

Mira su plato con cara de circunstancias sin entender nada.

—¿Por qué no en vez de hacer la tarea nos vemos hoy a las doce de la noche abajo del gran reloj y te reto una carrera...? Si yo gano tú haces todo el trabajo solo, si tú ganas, te ayudo.

Net. El profesor ha dicho los dos.

—Por eso estoy haciendo la apuesta... ¿O crees que vas a perder?

—Ha dicho los dos.

—Es una apuesta.

—Pero ha dicho los dos.

—¿Eres tonto o qué?

Net.

—¡Es una apuesta! ¿Y no quieres salir a volar en la noche?

—Hay que hacer el trabajo, no se puede salir a volar de noche.

—¡El trabajo es en dos semanas!

Da, por eso.

—DOOOOS semanas.

Da.

—¡Vamos a volar hoy, man! El trabajo lo haremos mañana.

—Estamos comiendo porque querías comer.

—¡Ahora quiero volar, no seas nena!

—No es... —suspira cansado—. Si hacemos el trabajo luego voy a volar contigo.

—¿Pero TODO el trabajo?

Da, lo que de tiempo.

—Bueno, ¿lo que de tiempo antes de las doce? Vale, empezamos a las once.

Net, empezamos después de comer.

—Pero psychoooo

—¿Qué?

—Que es aburridoooo…

—Bueno, a mí me gusta la astronomía así que no lo vas a estropear.

—A mí también, pero hacer tarea y escribir es aburrido…

—Pues no lo escribamos.

—¿Y cómo vamos a entregar un trabajo así?

—Dibujado en una carta estelar, es lo que hay que entregar.

—Ah, ¿en serio?

—¿No sabes lo que hay qué hacer?

—No lo anoté —tan orgulloso. Ojos en blanco eslavos—. Sabía que lo anotarías tú.

—No voy a hacerlo yo solo.

—Si lo anotaste solo. Deja de pelear, anda, vamos a hacerlo ya... Entre más pronto empecemos más pronto acabaremos.

—Vale —más feliz ahora.

Alfred le toma del brazo y tira de él. El ruso se levanta dejando de comer, aun descalzo.

—Venga, corre.

Iván se resbala un poco con el suelo, pero corre tras él, quien sale hacia el jardín.

—¿A dónde vamos? —igual le sigue el idiota soviético.

—A hacer la tarea.

—¿Fuera?

—¡Claro!

—¿Cómo? —en cuanto piran la hierba mojada se le empiezan a empapar los pies y a darle más frío.

—Mis libros están acá.

—¿Por qué? —tiembla un poco. Alfred se detiene y el ruso le mira.

What? Estás como... azul.

—Tengo mucho frío.

—Oh... ¡Oh! ¡Pero, come on! Apenas salimos —medio protesta. Iván se mira los pies con todos los calcetines mojados, abrazándose a sí mismo—. Ugh... Mmm, tus zapatos —risita.

—Te los has llevado.

—Ha sido tu culpa, espera, ahora los traigo de vuelta —ahí va la varita y... —. ACCIO ZAPATOS DE IVÁN.

Seguro salen volando y rompen una ventana. Y con su suerte, le pegan a Brittany en la cabeza en el camino. Cuando llegan fuera, se apoya sobre el hombro de Alfred para secarse los calcetines con un hechizo y ponerse los zapatos.

—Bien, como soy tan awesome... —levanta la nariz. El ruso le mira de reojo—. Vamos a ir yendo a donde están las escobas y hablamos de cómo hacemos el proyecto.

—Aun no es hora... ¿por qué quieres volar conmigo?

—Eres más o menos el único que vuela a una velocidad decente —se encoge de hombros.

—Nunca quieres hacer nada conmigo, siempre me dices que me vaya y que no te siga.

—Pues sí pero ahora estás como plasta arriba de mí casi con lo del trabajo... Así que prefiero volar a hacerlo.

—Pero hay que hacer el trabajo.

—Sí, pero tenemos mucho tiempo.

Net, sólo dos semanas.

—Es muchísimo tiempo.

Net.

—¿Por qué no volamos un ratito y luego vamos a hacer el trabajo?

—Porque no vamos a hacerlo entonces.

—¿Por qué eres tan aburrido?

—No soy aburrido.

—¡Lo eres totalmente!

—No es verdad.

—¿Qué haces divertido?

Iván parpadea y se lo piensa.

—¿Ajá?

—Juego quidditch. Y te gano...

—No me ganas siempre —se cruza de brazos.

—Algunas veces sí.

—Pero no todas... Y la verdad yo vuelo más rápido que tú —da vueltas a su alrededor.

—Yo lo hago mejor, tú siempre haces un montón de movimientos vacilantes yendo de un lado a otro porque no te decides de qué hacer antes de hacerlo.

—¡No hago movimientos vacilantes, hago movimientos rápidos y astutos! —golpecito en el pecho. El más alto pone los ojos en blanco—. ¡No hagas esas caras! —le pica la mejilla.

Iván levanta las cejas porque... no suele tratarle así, parece que esté tratando con uno de sus amigos. Y es que ellos apenas si han hablado si no es para que Alfred le eche.

—Me muevo muy rápido y soy capaz mira, de tocarte en todos lados... —le toca una mejilla, luego la otra, luego un golpecito en el abdomen, da otra vuelta a su alrededor y lo despeina—. ¡Ha!

Él solo gira la cabeza, viéndolo a su alrededor.

—¿Ves? Y tú eres bastante lento y torpe como lo esperaba —se cruza de brazos—. ¿Vamos a volar o qué?

—No soy torpe, hay que hacer el trabajo.

Oh my gosh, eres súper necio. Vale, vale... ¡Hagamos el trabajo y ya! —hace los ojos en blanco. El ruso sonríe con eso y vuelve a dirigirse a dentro—. ¡Si no se supone que debas reírte!

—¿Por qué no?

—Porque eres un ñoño. Los chicos normales no DESEAN hacer tarea y prefieren volar a hacerla.

—Volamos luego.

—¿Por qué no mejor hacemos la tarea luego?

—Porque entonces será tarde.

—No será tarde, tarde sería hacerlo la noche antes de tener que entregarlo.

—No va a ser eso.

—Por hacerlo mañana no pasa nada.

—Sí que pasa.

—¿Qué pasa, a ver?

—Que sólo hay dos semanas y entonces será una semana y seis días.

—¿Y?

—Y hay que hacerlo en dos semanas.

—No el primer día, en el transcurso de dos semanas.

—El primer día se empieza.

—Bien. Ya empezamos poniéndonos de acuerdo.

—No nos pusimos de acuerdo de nada, no sabes ni lo que hay que hacer.

—¿Una carta... astral? —se rasca la cabeza. Iván le mira unos instantes y hace una mueca desencajada—. What?

—Haré yo solo el trabajo y tendré más puntos y Slytherin ganará la copa de las casas.

Alfred frunce el ceño.

—No vas a hacerlo solo, el profesor dijo que éramos los dos.

—Pero tú quieres volar y no sabes lo que hay que hacer y me retrasas.

—Braginsky... ¡No inventes, lo asignaron APENAS!

—Cuando no haya luz dejamos de volar y dejas de protestar —propone y el menor sonríe.

You've got a deal!

—Vale —le tiende una mano.

Alfred la mira y después de pensárselo un poco, la aprieta. Iván la aprieta de vuelta, con fuerza. Pues el americano aprieta más fuerte. El mayor le sostiene la mirada y aprieta un poco más.

El de anteojos frunce el ceño, aprieta aún más. Suda un poco porque el cabrón aprieta fuerte, pero sólo aprieta un poco más pensando que él no va a ser el primero que quite la mano.

Iván no entiende del todo lo que está pasando así que le sostiene la mirada además sin parpadear. Pues ahí van a estar trabados un rato, a ver quién parpadea primero también.

Alfred empieza a sentir que le lloran los ojos, pero no se deja a sí mismo parpadear... El problema es que pronto se le llenan de lágrimas. Iván está más acostumbrado a la mirada intensa de acosador, aunque tiene la mano completamente dormida.

Y es Alfred el que parpadea primero e Iván el que abre los dedos.

—¡Me soltaste!

—Has parpadeado.

Yes, bueno, ¡pero la cosa era con la mano!

—¡Y con los ojos!

—Nah, los ojos no.

Da.

—¿Estás intentando perder el tiempo para que se haga de noche?

Net, a mí me gusta volar —se dirige al campo de quidditch.

Alfred sonríe y da saltitos caminando junto a él, mientras saca la varita y hace flotar piedrecitas para patearlas.

—¿Cuál es la mejor jugada de quidditch que has hecho?

—No lo sé, todos los partidos los juego aquí.

—¿Todos los partidos? —ojos en blanco.

Da —asiente porque se refiere a que no juega con nadie más en ningún sitio.

—Ya, bueno, los partidos son divertidos, pero yo en casa vuelo MUCHO mejor porque allá si no te sale algo nadie te regaña. Como una vez, que soltamos la snitch y estaba el lago... —empieza una historia LAAAAARGA con saltos y gritos y aspavientos.

Iván le escucha tooodo mientras llegan al campo de quidditch.

—... ¡Y BOOOOM! ¡La atrapé! —termina riendo contento—. Aunque papá tuvo que arreglar el cristal.

—¿Por qué me cuestas esto? —pregunta mientras saca una de las escobas del colegio.

Alfred se va al otro armario y saca su ultra Firebolt.

—¿Porque es awesome?

Iván se encoge de hombros y se monta en la escoba vieja. El menor frunce el ceño porque es raro y no habla mucho. El ruso cierra los ojos y tras una patada se eleva recto contra el cielo lo más rápido que puede. Pues ahí va el otro a dar una también un par de segundos más tarde y a elevarse con mayor velocidad llegando arriba más o menos a la vez.

Cuando lo nota, se mueve para que la escoba vaya más alto, porque por lo visto aquí todo va de lo más puramente instintivo... quién puede más y la tiene más grande.

Me pregunto qué tan arriba llegaran. Pronto empiezan a cruzar las nubes, mojándose y empezando a tener frío. Se van a congelar. Iván está acostumbrado al frío a pesar de todo. Ya... Es que además con lo necios que son...

Se le empieza a escarchar el pelo y la ropa... y los mocos, pero no deja de subir y subir, porque además va a la cola del americano. Es que van a acabar por caerse.

Pronto empieza a marearse por la presión y la falta de oxígeno, pero es capaz de ralentizar su corazón para respirar más pausadamente con la falta de oxígeno, sintiendo los músculos acartonados por la tensión y el frío. Hasta los mocos se le congelan. Repentinamente Alfred empieza a sentirse tan mal, que de la nada se echa en picada hacia el suelo.

Iván se aparta a un poco para que no le arrolle cuando pasa por su lado y mira hacia abajo... tarda unos segundos en notar que debe haberse desmayado así que levanta las cejas hace para volar hacia abajo, tras él lo más rápido posible, sacudiendo la cabeza para sacarse la escarcha y poder mantener los ojos abiertos.

Estira la mano para atraparle de cualquier lado, equilibrándose en la punta de la escoba, cada vez más deprisa contra el suelo, pronto salen de entre las nubes bajo ellas donde cae una suave llovizna, viendo el suelo al fondo acercarse a gran velocidad. Se le acelera muchísimo el corazón.

Alfred entreabre los ojos cuando está bastante cerca del piso y Iván le atrapa. Se espanta y levanta las cejas. Pega un grito e intenta enderezarla y me parece que ambos consiguen no estrellarse en el ÚLTIMO SEGUNDO.

Iván tira de él haciendo una finta y abrazándole mientras retoma un poco de altura para aterrizar suavemente en la hierba, con la respiración y el corazón súper agitados.

—Ufff! What the hell...

—¡Estás vivo! —aun no le suelta.

—C-Claro que estoy vivo.

—¡Te has caído desde ahí arriba!

—No me caí... Ba-Bajé a velocidad.

—Creía que no llegaría a atraparte, caes más rápido que la snitch.

—¡¿Me atrapaste?!

Da, antes de que dieras contra el suelo —lo aprieta. Alfred aprieta los ojos, tensaaaandose de la cercanía y le empuja.

—¡No es verdad, yo me enderecé!

Iván se separa cuando le empuja y el americano se sonroja un poco incómodo, sin darse cuenta.

—No quiero volar más hoy, tengo frío y estoy todo mojado.

—Yo no tengo frío —mentira, está azul... Menos azul por el sonrojo—. Pero vamos pues... Aunque eres una nena y volamos poco.

Igual va a por sus cosas para volver hacia el castillo y la verdad es que Alfred también tiene frío y esta mojado. Así que Iván va en silencio hacia el castillo.

—¿Qué otras cosas haces cuando no estás haciendo tarea?

—Seguirte.


¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!