LUNA DORADA
Capítulo 2
La Tierra Negra del Cielo estaba llena de colores, una mezcla de vegetación en armonía con la abundante fauna, cuyos minerales eran especialmente marcados en oro el cual utilizaban en el dorado de sus armaduras, no está demás decir que aquellos quienes tenían la dicha de nacer y vivir en ese reino estaban bendecidos, sin embargo esa razón era la misma que producía envidia en los otros dos reinos, les costaba tener la paz que con tanto esfuerzo comprendían para con sus vecinos. Sobre todo con sus vecinos del Oeste.
Al llegar a su hogar escoltada por los soldados de su padre, Misao desmontó a Libre antes de entrar al palacio, por las puertas del jardín fue recibida por dos enormes perros que asemejaban un par de lobos, tan grandes que al estar en dos patas podían alcanzar la altura de su dueña, sus nombres Niki de pelaje gris con manchas blancas y Oki con un pelaje gris más obscuro, ambos recibieron a la pelinegra tan juguetonamente como si fuesen los cachorros que adoptó hace un par de años, a decir verdad eran muy protectores con su líder, así que era de esperarse que lo sobreprotector y el tamaño les hacían verse como un par de bestias en lugar de un par de jóvenes y juguetones perros que en realidad eran. La chica los acaricio y tranquilizó para que la dejaran pasar.
-Hola, hermosos. ¿Cuidaron el palacio por mí?- los acarició detrás de las orejas, gesto que condiciono la rendición en dulce de sus mascotas.
Después de eso salió corriendo hacia el salón principal donde se llevaban a cabo las audiencias del palacio, estaba tan emocionada por lo que había pasado, el haber conocido a su primer y tal vez único amor, que quería contárselo inmediatamente a su hermana por lo que realmente no le preocupaba la próxima reprimenda de su padre, quería contarle todo a su hermana mayor, sólo ella podría comprenderla. Desde niñas siempre han podido entenderse, conforme crecieron su amor fraternal se volvió cómplice de las travesuras de una y otra, principalmente de Misao quien por supuesto era de las dos la que más se metía en problemas.
Kaoru había pasado de ser su consejera y amiga a casi el límite de lo materno que a ambas les faltaba, su carácter pasivo, comprensivo y amable compensaba la falta de mesura de su pequeña hermana. Misao entró a la sala con tanta prisa llevándose de frente casi todo lo que pasaba a su lado, vio ahí de pie en el centro del salón a su hermana mayor, esperándola con el cejo fruncido, estaba preocupada, no era para menos después de haber desaparecido por un par de días. La hermosa Kaoru era una chica más alta que ella, dos años mayor, cabello negro peinado regularmente en una coleta alta, su flequillo realzaba el azul de sus ojos, tez blanca poco menos que pálida pero sin dejar de brillar, vestía un atuendo poco formal un vestido azul, sencillo ajustado del busto y holgado del resto del largo con mangas cortas. Cuando estaban en el palacio sin tener que realizar algún protocolo oficial que les competía como miembros de la realeza a ambas les gustaba ser más sencillas, pasar desapercibidas ajustándose a la comodidad, sobre todo les gustaba vestir sus ropas de entrenamiento. Desde pequeñas las habían adiestrado en las artes marciales, lucha con espadas, peleas cuerpo a cuerpo con sus entrenadores pero sobre todo entre ellas poco a poco aprendieron controlar su poder sobre los elementos en el caso de Misao y el dominio del agua, estrella bajo el mar por el que había nacido Kaoru, esta última lo había aprendido ya a dominar bien.
-¿Dónde has estado?- le preguntó Kaoru con tono de preocupación- Sabes que no debes alejarte tanto tiempo del palacio, nuestro padre ha estado buscándote- ahora sonaba a reprimenda.
-Hermana deja eso para después- Misao ignoró lo dicho por su hermana- Hay algo que debo contarte- le dijo desprendiendo su emoción al hablar-
-Será después- le cortó su hermana- Ve primero a ver al rey- la tomó de la mano y salieron del salón.
Ambas fueron a la gran biblioteca del palacio, donde detrás de un escritorio estaba el ya anciano Okina el rey de la Tierra Negra del Cielo, esta demás decir el regaño que la menor de las hermanas recibió, añadiendo como castigo horas extra de estudio y entrenamiento por haber perdido tanto tiempo fuera de casa, castigo bastante suave gracias a la intervención de su hermana mayor, porque de haber sido por el propio Okina la hubiera encerrado en un calabozo el resto de sus días. No era que el rey fuera un tirano, sino realmente le preocupaba su niña, la nacida en la noche de la luna dorada, el secreto de la dominante de los cuatro elementos. Le preocupaba que al saber quién era la leyenda de los descendientes del cielo, su vida a tan corta edad corriera peligro antes de poder dominar el fuego dorado.
Al fin cuando se encontraron solas esa noche, Misao le contó a Kaoru lo que había pasado, como había conocido a Aoshi Shinomori y su amor por él, el amor de ambos estaba segura de que algún día lo volvería a ver. La mayor estaba realmente conmovida por la historia de su hermana, como en un cuento de hadas, sin embargo no quería romperle el corazón, tal vez si la Tierra Negra del Oeste hacia un movimiento sucio contra ellos, entrarían en guerra. Hablaron toda la noche de eso, Misao no podía ni conciliar el sueño. Kaoru por su parte, le hacía también feliz la dicha de su hermana y hasta cierto punto, deseó también tener su propia historia de amor.
A la mañana siguiente se dispusieron a entrenar, decidieron ir a las orillas del palacio cerca de la playa, descalzas pisando el fresco de la arena esta vez con una pelea cuerpo a cuerpo, Kaoru atacó primero siempre se sentía más cómoda al tener el mar cerca y Misao se defendió, pero en cada movimiento se le notaba distraída, su hermana mayor le regañó. Era obvio que no estaba en concentrada. Regularmente en los entrenamientos cuerpo a cuerpo y con espada, era la menor quién tenía la ventaja era la más diestra de las dos en esas artes, Hannia su Maestro un hombre maduro, bajo una máscara que nunca dejaba ver su rostro, se había especializado en extender el potencial de la chica y lo había hecho bien. Por lo que el notar a Misao tan distraída hizo enfadar a Kaoru, no estaba siendo seria con ella, así que para sacarla de su ensoñación la de la coleta se le ocurrió que un baño de agua de mar le sentaría bien a su hermana.
-Agua Obedéceme- dijo Kaoru, al momento que el brillo de su ojos fue dorado por un momento, haciendo énfasis en lo dicho al mover hacia arriba el brazo derecho levantando una ola de mar sobre su hermana menor, hizo otra señal con el brazo esta vez descendiéndolo, lo que resultó en que dicha ola cayera sobre Misao, mojándola por completo, sacándola de su ensimismamiento.
-¡Oye!- le gritó una mojada ojiverde.- Conste, tú lo pediste- replicó vengativa- Agua Obedéceme- sus ojos se volvieron dorados e imitó el movimiento de Kaoru sobre ella y la mojó también.
Su dominio sobre el agua estaba haciéndose fuerte sin embargo no era tan fluido como el de Kaoru, que parecía tenerlo más que como un talento, era algo de nacimiento, la historia del nacimiento de su hermana mayor se la había contado su padre alguna vez. Le dijo que su primera esposa la madre de Kaoru era una mujer hermosa, a la que le gustaba mucho el mar, incluso estando embarazada se permitía estar en las embarcaciones cortas y acompañaba a Okina en su viajes al reino de la Tierra Negra del Este por barco, en uno de sus viajes de regreso hubo una tormenta, el cielo se nubló hasta caso volverse negro, las olas del mar se revolvían con furia, como si estuvieran reclamando algo, la embarcación se movía abruptamente, de un lado a otro incluso la tripulación podía moverse con dificultad. La reina en su camerino comenzó con trabajo de parto, Okina estaba asustado su primogénito iba a nacer en medio de una tormenta en el centro del mar, su esposa estaba en un grito de dolor en cada contracción, se rompió la fuente y tiempo indefinido después el llanto de un bebé hizo juego con el ruido de las olas chocando contra la madera del barco, el llanto se hizo más fuerte, la reina había muerto en el parto y cuando su padre lleno de tristeza la tomó en brazos se dio cuenta que el bebé era una niña, le sonrió y la niña dejó de llorar, después en sincronía el mar se calmó, el cielo se abrió y despejó la neblina dejando ver una estrella en el centro del cielo. Fue cuando se dio cuenta que la primera de sus hijas nació con el don del Agua. Por eso a Kaoru le nombraron la "Nacida de la estrella bajo el mar". Ya siendo niña, Kaoru aprendió a nadar a la corta edad de cuatro años, se movía como una sirena, el mar la tranquilizaba, le daba consuelo, la llamaba con él.
Esa es una historia que a Misao le encantaba escuchar, pese a la tragedia que también se envolvía, el nacimiento de su hermana fue una bendición. No así el suyo propio el cual Okina muchas veces había estado renuente a contárselo, Kaoru lo sabía pero tampoco le decía nada, le contestaba que era una historia que cuando fuera mayor se la dirían. Ya era mayor y nadie le había dicho nada, había pensado la chica enfadada, algún día.
Las dos se rieron, continuaron entrenando combatiendo entre puños patadas y su sincronía con el mar, Kaoru le enseñaba el dominio del agua con paciencia, le decía que esa era la clave para volverse uno con el agua, déjate llevar por el ritmo del mar, le decía. Estuvieron horas y horas entrenando, día tras día.
Hasta que pasaron cinco años después.
Durante todo ese tiempo había habido roces y algunas guerrillas con la Tierra Negra del Oeste en pelea de territorio y alianzas con la Tierra Negra del Este que hasta ese momento se mantenía al margen, en esos cinco años muchas cosas habían pasado: Okina estaba más viejo y ahora enfermo, su ejército estaba en movimiento había pequeñas revueltas con el reino vecino, Misao ahora a sus veintiún se convirtió en general de su ejército, pese a que no hubiera querido que ocurriera así, sus consejeros incluidos Hannia el antiguo maestro, le había dicho que no había mejor guerrero en todo el reino que su propia hija, la cual defendería sus tierras hasta terminar con la guerra, además de que serían aventajados con ella como líder de su ejército, puesto que los hombres y mujeres que se unieron a ellos, junto con su pueblo, la habían visto dominar los cuatro elementos, rumor que se corría por todo el reino, lo que les daba confianza a su hombres para seguir adelante.
Así pues Misao demostró a su padre que no había tomado una mala decisión, le llevaba en cada triunfo el estandarte de sus enemigos en señal de derrota, podría decirse que la dominante de los cuatro elementos ya no era una niña inocente, era una guerrera que derrotaba a quién osara ir en contra de su padre. Había estado en tantas batallas que le volvieron más fuerte, lo único que no había cambiado en ella era el amor por su hermana y su padre. Aunque había un rasgo distintivo de su carácter que conservaba: su impulsividad. De vez en cuando en las noches en el campo de batalla Misao se permitía soñar con la noche de cinco años atrás, con el nombrado Aoshi Shinomori, incluso a veces tenía miedo de que fuera él algunos de los soldados que hubiese matado.
Kaoru por el otro lado, se había convertido en una gran consejera del reino, no es que no fuese buen soldado, si no que no le gustaba la guerra, encontró su propia zona de comodidad bajo la biblioteca y el senado, ayudando a su pueblo desde dentro, se aseguraba de los cultivos y cosechas alimentaran a sus habitantes, alentando a su hermana y guiándola con estrategias que le dieran la victoria, cuidando también a su padre, sin alejarse del mar.
Su padre reunió a las dos hermanas en la gran biblioteca, estaba por comunicarles las nuevas y buenas noticias, ambas estaban expectantes a lo que su padre les diría, lo encontraron parado junto al gran ventanal con las manos entrelazadas en la espalda, pensativo, observando al cielo. Los que le iba a decir les competía a las dos.
-Padre, ¿Nos has mandado a llamar?- preguntó Misao inquieta.
-Debo informarles de una decisión que he tomado- les contestó volteando a verlas.- Kaoru, cariño- se acercó a ella- Es hora de formar una alianza formal con la Tierra Negra del Este-
-Lo sé padre, es algo que tarde o temprano tendríamos que hacer, haré inmediatamente el tratado la alianza, haremos una reunión con el Este para firmarlo y…- la mujer no pudo dejar de hablar porque su padre la interrumpió.
-No cariño, es una alianza aún más formal que eso-
-Padre, explícate- Interrumpió la impaciente Misao.
-Kaoru, te casaras con el Rey de la Tierra Negra del Este, Kenshin Himura- le dijo.
-¡¿Qué!?- replicó la aludida en casi un grito- ¡No padre no lo haré!-
-Lo harás, estaba decidido desde antes de tu nacimiento, lo pactamos hace mucho tiempo en el último viaje que realicé al Este con tu madre, en aquel entonces el rey Seijuro y yo pactamos que al él tener un único hijo y yo cuando naciera una hija los uniríamos en matrimonio, sólo que no habíamos decidido en que momento hasta ahora, el cuál es el mejor debido a la inestabilidad con el reino del Oeste, necesitamos un aliado y que mejor que con un matrimonio.- trató de colocar una mano en su hombro para consolarla, pero Kaoru no se dejó.
-Padre, no puedes obligarme a hacer esto, ¿Cómo casarme con alguien que ni siquiera conozco?-
-Hija mía, no te obligaría a hacer algo que ponga en peligro tu integridad, el rey actual, Kenshin es de hecho sólo cinco años mayor que tú…- esta vez se vio él interrumpido por su hija.
-Lo sé y también sé que es buen mozo y que solían llamarlo Hitokiri Battosai y que hora está en periodo de redimirse por lo que hizo a su pueblo, el punto es ¿Qué cómo podría casarme con alguien a quien NO conozco?, nunca lo he visto en persona no podría compartir el lecho con él sin siquiera estar enamorada- le dijo enojada
-Padre, no puedes obligarla a hacer algo como eso- intervino Misao, también muy molesta con el rey.
-La decisión está tomada, ya he hecho los preparativos, el rey y su comitiva llegarán en cinco días, lo conocerás y se fijara la fecha de la boda. Punto- dijo Okina en tono autoritario.
-¿Tan pronto?- preguntó Kaoru- ¿Por qué no me lo dijiste antes?- le recriminó la chica.
-¿Y darte tiempo a ti y a tu hermana a hacer una locura?, ¡por supuesto que no!- miró de reojo a Misao, sabía que la menor era capaz de cualquier cosa por defender a su hermana, se adoraban tanto, le enternecía como se protegían una a la otra.
-¡Padre!- le reprochó Misao.
-Kaoru, a lo mejor es difícil para ti un matrimonio arreglado, en lugar de romántico, pero créeme, el rey es noble, podrás enamorarte de él y esa unión traerá beneficio a nuestro pueblo, siempre has hecho lo mejor para nuestro pueblo, ¿No es así?, dale una oportunidad- terminó de explicar el anciano, probablemente se escuchara como un padre al que no le importan los sentimientos de su hija, pero estaba seguro que su primogénita estaría a salvo en la Tierra Negra del Este, antes de que se avecine una guerra con final incierto, tendría una preocupación menos, después está el asunto de Misao. Kaoru asintió resignada, su pueblo era ante todo, incluso ella misma.- En cuanto a ti Misao, después de recibir a nuestros invitados y se fije la fecha de la boda, debes viajar al sur al límite de nuestra tierra, eliminar una revuelta con el ejercito del Oeste, intenta mediar la situación sin derramar más sangre, no sé cuánto tiempo te tomé pero debes regresar para la boda de tu hermana, te dejaré saber la fecha en cuanto la sepamos.
Misao no pudo resistir la orden de su padre, en cuanto a la guerra que se avecinaba cualquier comando era su prioridad, pese a sentirse preocupada por su hermana, no habría manera de consolarla. Más tarde en sus habitaciones Kaoru lloró desconsolada en los brazos de su hermana menor, sin embargo resignada a lo que el destino le tenía preparado, Misao no supo que decir, no tenía la suficiente experiencia en eso, solo se sintió afortunada de que al menos una vez ella se entregó a alguien por amor. Suspiró al recordar a Aoshi.
Mientras tanto en las embarcaciones que traerían al rey la Tierra Negra del Este se preparaban para partir. El Gobernante actual, conocido como el Hitokiri, Kenshin Himura, era un hombre apuesto, de rasgos bastante delicados pero fuertes, su pelirrojo cabello atado en una coleta alta, las cicatrices de batalla marcadas en una mejilla en forma de cruz. Subió a su embarcación seguido de su sequito, su consejero Hajime Saito, partiría con él para acompañarlo a hacer las respectivas formalidades de la alianza, Kenshin estaba decidido convencido por su padre que debía desposar a la hermosa señorita Kaoru, la llamada Nacida de la estrella bajo el Mar, cuyos rumores decían era la dominante del agua, si eso era cierto, también traería ventajas a su pueblo. Por fin el barco zarpó, en un viaje de cinco días llegarían a las Tierras de los descendientes del Cielo, nunca había estado ahí pero un viejo amigo, Aoshi Shinomori le había hablado de que en uno de sus viajes hace cinco años había sido testigo de lo maravilloso de esas tierras y que suponía la belleza de sus mujeres puesto que el mismo había conocido a una de ellas, la criatura más hermosa de ojos verdes que había visto en su vida, fue testigo de su dominio de la Tierra.
Así que cuando Kenshin se enteró de que clase de poder tenía su prometida, recordó las palabras de su amigo: "Lo que se dice de los descendientes del cielo, tal vez es cierto, no sé hasta qué punto, pero al menos fui testigo de ello"
Kenshin sonrió, estaba ansioso de conocer a su futura esposa, la dominante del agua.
FIN CAP 2
Bueno aquí otro capítulo, ya pasaron 5 años del encuentro de Misao y Aoshi. Aún hay mucho que descubrir sobre esos cinco años y cómo fue que Aoshi se convirtió en el general de Oeste, nos leemos en el siguiente. Besos.
