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¿Qué les pareció el prólogo?

Aquí viene el capítulo 1

Capítulo 1

Ludus Amoris

Oyó el ruido de la porcelana y se volvió. No había nadie más excepto él en la habitación. Pero había una humeante taza de té sobre la mesa.

-¿Quién…?-se preguntó, mientras se acercaba a la mesa. El olor del té lo hizo fruncir el ceño. De nuevo aquella esencia. Arrugó el entrecejo.

-Dohko se está pasando,-murmuró por lo bajo.

-¿Sucede algo, Shion?,-una voz lo sacó de su ensimismamiento. Se volvió.

-Ah, señorita Athena. No…nada. Las bromas de Dohko solamente,-le dio la espalda a la mesa y se acercó a la diosa, que frunció el ceño juguetonamente.

-Conque Dohko…

-Ya sabe cómo es… ¿Pero qué hace usted aquí? ¿Necesita algo?

-De hecho, esperaba preguntarte algo. Ya que estamos en época de paz, ¿crees que haya más conflictos?

-El destino de Athena siempre ha estado ligado al campo de batalla por ser la diosa de la guerra. Por lo tanto, no creo que alguna vez dejen de surgir los conflictos. Aunque dudo mucho que adquieran las dimensiones de una Guerra Santa nunca más.

-No te falta razón,-admitió, mordiéndose los labios, pensativa.-Mis hermanos no son tan belicosos como mis tíos…con una excepción,-Shion sonrió.-Confío en que no encuentren motivos de discordia al menos en un tiempo. Sobre todo por ustedes.

-Por nosotros no se preocupe, señorita,-enfatizó.-Es nuestro trabajo luchar por usted. De hecho, la paz es extraña para un guerrero.

-Claro, por supuesto, eso lo entiendo. Pero también merecen vivir. Después de todo por algo le pedí a mi hermano que os reviviera. Sobre todo Aiolos.

-Tengo entendido que no fuimos los únicos que revivieron.

-Eran partes de las condiciones del trato que hice con mi padre por la paz con Poseidón y Hades. Los tres recuperaríamos a nuestros subordinados, pero a cambio no deberíamos volver a pelear entre nosotros,-se encogió de hombros.-Es un buen trato.

-Entiendo…,-se cortó cuando un libro le cayó de repente en el regazo,-sobresaltándolo.-¿Ha visto quién…?,-la virgen negó con la cabeza.-Creo que tendré un par de palabras con Dohko,-se levantó y se dirigió al templo de Libra, no sin antes despedirse de la diosa con una inclinación de cabeza.

Bajó despacio hacia el séptimo templo, sumido en sus pensamientos.

Desde hacía algún tiempo (más exactamente desde que habían revivido) solía encontrar cosas a su paso que aparecían de repente. Lo malo es que no eran solo cosas, si no también objetos que revestían de un significado especial para él.

El té de su preferencia, o algún libro que quería leer hace rato. Incluso una vez había aparecido una flor que había estado admirando afuera en el bosquecillo trasero.

Obviamente, pensaba que la única persona que podía jugarle ese tipo de bromas era Dohko, que era el que más lo conocía, pero…por algún motivo le parecía que era tomarse demasiadas molestias, incluso con lo bromista que podía llegar a ser el libriano.

Sus pasos resonaron en el solitario templo de la Balanza.

-¿Dohko? ¿Estás aquí, amigo mío?

El silencio fue la única respuesta que recibió. Extrañado, salió del templo y comenzó a descender. Cuando llegó a las escaleras que llevaban del templo de Tauro se encontró con su discípulo. Mu levantó la vista al oírlo.

-Maestro Shion… ¿ha ocurrido algo?

Salió abruptamente de sus pensamientos.

-No es nada, Mu. Solo...necesito… ¿no has visto a Dohko?

-No, señor, no lo he visto. Pero si no está arriba, debe estar entrenando.

-De acuerdo,-vaciló de repente.-Mu… ¿acaso no serás tú el que me está jugando bromas?,-su voz se volvió más severa.

El santo de Aries arqueó las cejas sorprendido.

-No, maestro. Yo no. Pero talvez Kiki…

-No, no creo que sea Kiki. Es demasiado...tiene que ser Dohko…

-¿Ahora qué hice, mi estimado Shion?,-la voz jovial del santo de Libra, interrumpió por detrás.

-No te hagas el inocente, Dohko. Solo tú me conoces lo suficiente como para hacer ese tipo de bromas…

-No sé de qué estás hablando,-reconoció el chino.-Yo no he hecho nada. De veras,-reforzó,-viendo la expresión del ariano.

-Si no eres tú, ¿entonces quién es? Esas cosas….solo tú podrías saberlas, Dohko.

-¿Por qué no te calmas y me explicas qué es lo que sucede?

El Sumo Sacerdote asintió, mientras respiraba hondo. Miró significativamente a Mu, y éste se retiró, entendiendo que debía darles privacidad.

-Desde hace días siento que alguien me observa. Además de que me encuentro estas cosas….cosas que solo sabría quién me conozca mucho. A veces es mi té preferido, otras algún libro que he buscado o que he querido leer. Hace unos días estuve admirando las flores ahí detrás y luego encontré una en mi cama. O cartas…,-explicó.

Dohko se llevó la mano al mentón.

-Hum….parece que tienes un admirador secreto. Se oye como alguien que intenta cortejarte. Y tienes razón, ese tipo de cosas solo podría saberlas alguien que te conozca bien. Entiendo por qué pensaste que había sido yo. Pero si no fui yo, y obviamente, tampoco Mu, que somos los que te conocemos mejor… ¿quién podría ser?

-¿Habrá alguna manera de saber quién es el responsable?

Los ojos de Dohko brillaron con malicia.

-Pues la única forma es que tendieras una trampa….y lo tomaras por sorpresa. Pero lo que me preocupa es que si ha logrado burlarte….no se trata de alguien común. No creo que ninguno de los discípulos tenga las agallas para jugar contigo, ni mucho menos alguno de los santos. Quizás es alguna criatura sobrenatural que está aburrida.

-¿Pero cómo podría...? Sí, como dices, me ha burlado...

El santo de Libra acercó sus labios al oído de Shion y empezó a susurrar apresuradamente.

Flashback

Dio un salto y elevándose grácilmente en el aire se impulsó a través del éter cortándolo como un rapaz que ha divisado ya a su presa. El corazón le latía como un tambor contra las costillas y parecía haber aumentado su tamaño estorbándole la respiración y casi asfixiándolo. Pero no podía detenerse...tenía que saber.

Había escuchado que el padre Zeus había decretado que, como recompensa al pacto de paz, Athena recuperaría a los guerreros que había perdido en los últimos años. Y si había una posibilidad...por mínima que fuera, de que él estuviera...necesitaba verlo.

Hacía ya algunos meses que el hijo de la dorada Afrodita le había traspasado el pecho con sus letales dardos haciéndolo sufrir por un amor que no había podido concretarse por encontrarse uno de los amantes en los dominios de Aidoneo.

Al llegar al Santuario, el mensajero divino se rodeó por una nube y de esa manera atravesó el recinto, buscando desesperadamente al objeto de sus deseos. Cuando enfiló el camino entre el templo de Piscis y el del Sumo Sacerdote se detuvo violentamente. Dejó que los jadeos salieran, desordenados, intentando recuperar el aliento antes de entrar, sabedor de que eso podría delatarlo, sobre todo si su hermana se encontraba en la habitación. Se pasó las manos por la cabeza intentando calmarse, ordenando los rubios cabellos con ademanes torpes.

Entró, moviendo las pupilas en todas direcciones, buscando a Shion. Al no verlo, empezó a desesperarse. ¿Acaso...?

No había acabado de pensarlo cuando vio a las doncellas moverse en los interiores del templo. Se acercó con curiosidad, intentando ver lo que provocaba el ajetreo.

-¿Necesita algo, maestro?,-oyó preguntar.

-No, no. Puedes irte.

Aquella voz...Se acercó con lentitud al umbral, con el corazón en un puño. Sus ojos se posaron sin posibilidad de error en el hombre asomado a la ventana. De un sutil movimiento con el caduceo provocó una fuerte ráfaga que le arrebató el casco de la cabeza a Shion. Se dio la vuelta desorientado presentándole, sin saberlo, la cara al dios.

El corazón de Hermes se detuvo por un segundo, y para la deidad todo pareció perder color y movimiento, excepto el hombre frente a él. Se acercó con cuidado, como si temiera asustarlo. Sus ojos expertos pudieron constatar de inmediato las diferencias entre el Shion que había visto la primera vez, resucitado por Hades, y el que se hallaba ahora frente a él.

Sin duda, tanto debajo de aquella sapuri como de la túnica con la que ahora cubría su cuerpo se ocultaba un físico fuerte y atlético esculpido por el entrenamiento y la disciplina propias de un guerrero, sostenido por la juventud. Pero había una cosa que Hades no había podido replicar, ¿O quizás eran sus ojos, nublados por Eros, los que lo percibían así?

Hablaba, por supuesto, del color del cual se teñía la piel debajo de la cual corría el líquido vital. El Shion revivido por el emperador del Inframundo era como un guerrero de mármol blanco, fuerte, sí, apuesto, sí. Pero con la piel apagada por la palidez de un cuerpo sin sangre. Además, ya no producía el escalofrío que causaba el ver su alma torturada y llorando sangre.

En cambio el Shion que había sido revivido por el Sanador, ostentaba un hermoso brillo carmesí en su rostro, que recordaba que estaba vivo.

Reprimió las ganas imperiosas de reírse a mandíbula batiente y salió por la ventana, pasándole al lado al ariano, que volvió la cabeza, todavía confuso por lo que había sucedido.

El dios ascendió hasta la cumbre del Cilene, pero esta vez no lo impulsaba la desazón, sino que el icor bullía en sus venas impulsado por una alegría salvaje.

La Pléyade bordaba tranquilamente cuando se vio sobresaltada por las fuertes carcajadas del Argifontes, que retumbaban en las paredes del templo vacío. Sintiendo curiosidad por el súbito cambio de ánimo de su hijo, apartó la labor y se decidió a preguntarle cuál era el motivo de tal alegría.

Flashback

Los ojos azules de Mu brillaban, llenos de preguntas.

-Maestro...,-se atrevió a preguntar.- ¿Qué es lo que hace?

Ocupado en colocar estratégicamente la red cerca de la cama, Shion lo ignoró. Si Dohko tenía razón aquello debería de funcionar. Aunque aún tenía sus dudas. Como no le contestaba, el santo de Aries se encogió de hombros y se fue de la habitación. Camino a las escaleras se encontró con el chino, que iba en el sentido opuesto. Lo detuvo con un ademán.

-¿Se puede saber qué le dijiste a mi maestro, Dohko?

-Tú mismo sabes cómo son las mañas de los inmortales,-le contestó. Mu se sonrojó, recordando a Febo, el cual también había recurrido a ciertas estratagemas para lograr que cayera en sus redes.-Pero éste es escurridizo, no es como Apolo, quién no pareció molestarse en ocultar sus travesuras. ¿No crees que Shion tiene derecho a saber quién lo está molestando?

-¿Y si no es...?,-dejó la oración sin terminar.

El santo de Libra soltó una risita.

-No veo porqué alguien se tomaría tantas molestias si se tratara solo de una broma. Para mí que es algo serio. Y conociendo a tu maestro, será mejor que esto termine antes de que le dé un síncope,-concluyó, quitándole importancia mientras proseguía su camino hacia los aposentos del Sumo Sacerdote.

-¿Y bien?,-le preguntó a Shion, viendo que miraba su obra con los labios fruncidos y una mano en la cintura.

-Espero que funcione,-murmuró más para sí mismo que para Dohko.-Solo resta esperar.

Nyx dejó caer su oscuro velo sobre el Santuario abriéndole paso a Selene para que iluminara todo con su luz plateada. Cuando la Luna ya iniciaba el descenso y le abría camino a la Aurora, su luz cayó sobre una sombra que se desplazaba sobre los dominios de Athena veloz y sigilosa como un ladrón rumbo a los templos encallados en la cordillera, más concretamente el último.

Entró en la habitación de Shion, dispuesto a jugarle una broma más, aunque ya se estaba desesperando al ver que el ariano no parecía estar cerca de descubrir quién era el que le prodigaba las atenciones. Cuando se acercó a la cama, sin darse cuenta, jaló la red, que cayó sobre él aprisionándolo.

La furia que estalló como primera reacción se palió y fue reemplazada con la alarma, al constatar que sus miembros flaqueaban y el sueño se apoderaba de él. Aquella red...no era una normal. El caduceo resbaló de la mano de su dueño y cayó al suelo con un suave tintineo. Con sus últimas fuerzas, intentó una metamorfosis destinada a ocultar su identidad al menos el máximo tiempo posible.

La luz del astro rey atravesó las cortinas del lecho e hirió el rostro de Shion, que inconscientemente se volvió hacia el lado contrario y abrió los ojos perezosamente. De repente, se acordó de la red y se levantó apresuradamente. Levantó la vista hasta el dosel. Al no ver la red, caminó hacia el borde de la cama, empujando el caduceo con el pie que produjo un estruendo metálico. Bajó la vista para ver de qué se trataba y abrió los ojos desmesuradamente al reconocer la famosa varita del mensajero divino.

-Conque era Hermes...debí imaginarlo,-suspiró.

Miró la red, esperando ver al dios, pero lo que encontró bajo ella fue a un ave de considerable tamaño.

-Un ibis...,-murmuró por lo bajo, sintiéndose enternecido de repente. Sin recordar que el dios se había transformado antes en esa misma ave, quitó la red y empezó a acariciarle las plumas para despertarlo.

El hijo de Zeus despertó al sentir las caricias. Abrió y cerró los ojos un par de veces, intentando aclarar su visión. Al reconocer a Shion agradeció que éste no pudiera ver el rubor que le había provocado, y aprovechó para observar descaradamente el cuerpo del tibetano sin que éste lo notara. Dejó que le quitara la red de encima y se quedó muy quieto mientras sentía las manos de Shion palpar su cuerpo en busca de heridas.

Pero como después de todo era hombre y no pájaro, las caricias del maestro de Mu empezaron a hacer estragos en su propio cuerpo. Sintió como su temperatura corporal subía vertiginosamente y los latidos de su corazón le resonaban frenéticamente en los oídos. Levantó la cabeza hacia los labios de Shion sintiendo de repente unas imperiosas ganas de besarlos.

Su orgullo tomó las riendas, haciéndolo recuperar su forma habitual y antes de que Shion pudiera reaccionar, lo estampó contra la cama y lo besó con ferocidad, casi violándolo con la lengua, dando rienda suelta a su ansia.

Poco acostumbrado a estar en una situación tal de vulnerabilidad el ex santo de Aries abrió los ojos desmesuradamente e intentó empujarlo lejos de sí, mientras sentía la lengua del dios buscar la suya casi con impudicia. Pero como de todas maneras se trataba de una deidad, sintió que lo mantenía quieto con la fuerza de una cariátide de piedra, mientras el beso bajaba de intensidad y la mano de Hermes buscaba el caduceo mientras lo distraía, bajando por el cuello y dando pequeños besos.

Ya cuando creía que tenía al dios distraído, y podría sujetarlo, se le escapó casi como aire entre los dedos, mientras se reía, esta vez abiertamente, sin importarle ya si alguien lo escuchaba.

El Sumo Sacerdote se quedó quieto un momento, intentando asimilar lo que había sucedido, con el corazón trabajándole a mil por hora debido al sobresalto. A continuación, inhaló para después exhalar el aire despacio y se levantó definitivamente mientras iba a cumplir con sus deberes diarios.

Hermes traviesín :3

Cuando Typhon alcanzó el Olimpo, se veía tan amenazador que los dioses huyeron hacia Egipto. Tan solo Zeus y Athena permanecieron firmes. El animal elegido por Hermes fue un ibis. La misma ave es el símbolo de Ptah, el equivalente egipcio de Hermes.

Existe una red muy famosa en la mitología griega y hace un cameo aquí. Más adelante se dice su nombre, pero al menos deberían hacerse una idea de cual es ^^

" Ludus Amoris" es decir "Juego Amoroso"

Como dios del ingenio, ( y probablemente por ser el último de los hijos divinos de Zeus ) Hermes siempre ha sido descrito con una personalidad juguetona y traviesa, propenso a jugar bromas para llamar la atención o simplemente molestar a los demás.

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