Inuyasha y sus personajes son propiedad de la talentosa Rumiko Takashashi Sensei.
Yo solo los uso para cumplir mis mas alocadas fantasías
Capitulo 2:
El Gran Robo -parte 1-
—¿Quién diría que la vieja Samy tendría un nieto tan apuesto? ¡Casi no te pareces nada a ella!
—¿Cómo se encuentra ella, Baron Hoshi? guardo mis mejores recuerdos a su lado. Fuimos amigas muy cercanas en nuestra juventud
El Barón no pudo mas que admitir que la mujer debía gozar de una excelente memoria, ya que su juventud debió acabar hace mucho, mucho, mucho tiempo atrás.
—Mejor que nunca, Madame. Tan lozana y distinguida como siempre. — Respondió el joven al tiempo que bebia de su copa.
—¿En serio? —una de las mujeres pareció sorprendida— Creí que Samy había muerto.
El distinguido Barón tuvo que resistir el impulso de escupir su bebida.
—Oh, lo hizo. —aclaro con una agradable sonrisa. — Pero nos gusta pensar que ella se encuentra bien, donde sea que este. Y estoy seguro que ella desearía que la recordáramos con su vigorosidad y belleza.
—Pero que encantador eres, querido. ¿Cómo es que la vieja Samy te mantuvo en secreto tanto tiempo? —comento una mujer con intensos ojos celestes. A pesar de su edad conservaba el porte de una noble.
—La abuela Samy era la matriarca de la familia Weilburg. De aseguro tenia asuntos mas importantes que comentar que las travesuras de un muchachito inquieto como yo.
—Estoy segura, que de haber sido la vieja Samy, habría pasado tardes enteras pellizcando tus lindas mejillas. —dijo la otra anciana en tono jocoso.
El Barón Hoshi de Weilburg aprovecho la oportuna aparición de un joven mesero de vibrantes ojos dorados para cambiar su copa vacía por una nueva. No le paso desapercibida la leve sonrisa en la boca del chico. Bien, ajustarían cuentas mas tarde…
—Barón, ¿Cómo es que el resto de su familia no esta aquí esta noche? —inquirió la vieja amiga de su "abuela".
Diligentemente el mesero se alejo cargando la bandeja con las copas vacías del grupo liderado por el joven Barón de ojos azules.
—Bueno, vera, la familia Weilburg se vio obligada a atender unos negocios en Austria…
Mientras se alejaba, el ojidorado dejo de escuchar la voz del Barón, mejor conocido como el embustero Miroku, esquivando ágilmente a los grupos de personas a su paso.
Habían mucha mas personas de las que imagino.
El Jardin del Castillo estaba casi lleno de gente vestida con sus mas finas ropas y costosas joyas. Había oscurecido, aun así todo parecía perfectamente iluminado con unas bellas luces que colgaban de los arboles igual que pequeñas luciérnagas. Incluso la enorme fuente de agua con forma circular estaba iluminada por cortinas de agua de colores. Todos conversaban, comían y bebían en calma, disfrutando como si estuvieran en el patios de su propia casa. Para ellos, esta clase de fiestas era pan de cada día, pero no para él.
Le costaba entender que Miroku se desenvolviera con tanta soltura entre estas personas.
Era la primera vez que asistía a una fiesta tan elegante y se sentía sumamente incomodo. El traje de mesero era demasiado estrecho y el corbatín le apretaba el cuello. Ni que decir lo desagradable que encontraba servirle a estas estiradas personas. La música era casi tan aburrida como las charlas que alcanzaba a escuchar y no había podido comer nada. Pero lo que mas le desagradaba era la molesta peluca que le obligaron a usar.
—Mierda, esta cosa esta picándome — refunfuño bajito el chico.
—Lo has repetido toda la noche, Inuyasha— escucho la voz de Sango a través del pequeño auricular en su oído. —Ni se te ocurra quitártela.
—Es fácil para ti decirlo, no tienes un rata roñosa asfixiando tu cabeza—reclamo nuevamente. La peluca cubría eficientemente su cabello, cambiándolo por uno corto y negro—¿Por qué rayos debo usarla?
—Por enésima vez; debemos ser discretos, ¡Y tu cabello es demasiado llamativo! ¿Has visto a alguien mas con el pelo largo y plateado?
—Sesshomaru —dijo el automáticamente.
—¡Él no cuenta!
—¿Por qué no? ¿Y que hay del chico con un mohicano verde que esta sirviendo los aperitivos?
—Ellos no están planeando un robo a gran escala, Inuyasha. — hablo ella lentamente con toda la paciencia del mundo.
—No que tu sepas.
La muchacha estuvo a punto de debatir ese punto alegando que de ser así, ellos también estarían usando una peluca, pero justo en ese momento la interrumpió la voz de un hombre a través del micrófono, solicitando la atención de todos.
Estaba parado en el piso superior de la escalinata que daba acceso al salón de baile del castillo. Era amplio como un gran balcón y al igual que las escaleras, tenia el piso de piedra. Desde esa altura era perfectamente apreciable por todo los invitados del jardín.
El hombre de mediana, vestido con un impecable traje negro, era la mano derecha de la reina. Todos guardaron silencio poco a poco y miraron en dirección a él. Miroku y su grupo de ancianas detuvieron su conversación, ansioso por la llegada de este momento. Sango estuvo atenta a las cámaras de seguridad que intercepto y podía ver comodamente en su furgoneta, estacionada junto a los autos del resto de los invitados. Inuyasha se paseo disimuladamente, sosteniendo su bandeja, mirando de reojo al hombre del micrófono.
—Señoras y Señores, la Reina Hitomi, se complace de su presencia en su hogar. Esperamos con total sinceridad que la velada sea de su gusto. Con mis mayores respetos los dejo en la honorable compañía de Sus Excelencias; La Familia Real.
La reacción no se hizo esperar y los aplausos resonaron en el jardín.
La Reina realizo su aparición ataviada con un hermoso vestido azul que caía con elegancia hasta el piso. Su corona brillaba con esplendor y majestuosidad en su cabeza.
Debía rondar los cuarenta y tantos años, y se conservaba como una bella mujer con un porte real.
Sin embargo la que se llevo todas las miradas, tanto de admiración como de envidia, fue su hija. Podía cortar la respiración de quien la mirara y exigir la devoción del mas rebelde. El vestido negro se apegaba a su cuerpo, destacando su grácil figura, sin ser revelador. Era recatado, pero no menos sensual, dejando al descubierto sus níveos hombros. El largo cabello negro caía lacio sobre uno de sus hombros. A pesar de su juventud, su expresión seria imponía respeto.
Los azules ojos de Miroku brillaron de la misma forma que los de un cazador al ver su presa. Sango sintió una ligera mezcla de intimidación y desconfianza hacia la mujer, quizás incluso un poco de envidia. Era sin duda la princesa mas hermosa en generaciones en la familia real. Incluso Inuyasha no pudo evitar quedar embobado un par de segundos.
La Reina rodeo a su hija por los hombros, y la acerco a la orilla del escalón. Con el rostro rebosante de orgullo, anuncio;
—Mi hija, la princesa Kikyo.
Ya, si, esta un poco cortito o no?
Puede ser. Pero me pareció dejarlo ahí. Imagino que se estarán preguntando ¿Y kagome? bueno, juro que ya viene. Esto es un inukag jiji
Quiero tratar de trabajar en caps mas cortitos. Me demoro una eternidad en hacer capis tan largos u.u (trabajo harto con mis otros fics pendientes) así que puede que este sea de capis cortos.
Estoy terminando el cap dos de la Princesa y la Pebleya, solo quedan dos reviews para que lo actualice!
Como siempre, muchos tankius por leer.
Si les gusto o no, dejen su comentario.
Cariños!
