Loki giró los ojos al escuchar a su hermano fanfarronear con sus amigos sobre la batalla venidera. Lady Sif estaba sentada junto a él, lucía un hermoso vestido azul con detalles en plateado. Sus ojos estaban puestos en Thor al igual que su corazón, pero su mente parecía estar muy lejos de la fiesta en la que se encontraban.

–¿En que piensas? –preguntó el príncipe con curiosidad.

Ella suspiró sin mirarlo – Déjame en paz Loki.

Cuando muy jóvenes, Loki guardaba una gran atracción por la muchacha, pero ella solo tenía ojos para su hermano. Así que cuando ella rechazó sus avances, el joven le regaló una pequeña muestra de lo que en realidad era bueno: travesuras. Desde aquella mañana en que se despertó completamente calva, nunca más se dirigió a él como su príncipe. Y aunque le regresó el cabello, ella nunca le perdonó, tal vez eso se deba a que en vez de sus risos dorados le dio una cabellera tan negra como la noche... Demasiado parecida a la de él.

– Sin ofensas lady Sif, solo preguntaba –le dijo en tono serio, volteándose como para dar terminada la conversación.

Ella volvió a suspirar. – ¿Nunca has sentido que toda tu vida ha sido una farsa? –le preguntó después de unos segundos.

Él se asombró ante la honestidad de la mujer. – Convivo con la corte, Sif, respiro falsedad a cada minuto...

–No es eso. –bufó la muchacha – Siento como que he gastado años y años buscando una meta que... Ya no estoy segura valga la pena.

– ¿Te refieres a casarte con Thor? –dijo con un tono inocente pero lleno de maldad. Estaba esperando la ira de la mujer para retirarse, pero nunca llegó. Sif miraba el suelo con tristeza en su semblante y un extraño sentimiento de remordimiento invadió el pecho de Loki. Tragó saliva y trató de levantar los ánimos – Sif, lo siento, solo fue una broma...

–No. –se levantó ella dándole la espalda –No lo fue. –dijo en un tono frio. Se volteó para verlo a los ojos y había cierta determinación en ellos – Pero me cansé de esperar imposibles.
Su rostro duro se suavizó un poco, formando una leve sonrisa y le dijo – Gracias Loki. –antes de hacer un gesto con su cabeza y retirarse de la fiesta.

La cara del príncipe era de pura incredibilidad. Por más veces que reconstruyera la escena en su cabeza, no le encontraba sentido alguno. Nunca entendería a las mujeres.

La voz de trueno de su hermano lo sacó de sus pensamientos. El rubio reía con fuerza, mientras intentaba balancear la jarra de hidromiel que tenía en su mano. La mitad de la bebida, sin embargo, caía al piso.

Se levantó despacio y se escabulló hacia la salida. Si quería estar en forma para la guerra de mañana debería aprovechar dormir.

Su alcoba estaba en penumbras cuando llegó, no perdió tiempo en encender ninguna luz, se despojó de sus ropas con un mero movimiento de su mano, y se deslizó por las sabanas de seda negra. Acarició su almohada pensando que pasarían muchas noches antes de volver a dormir allí, le esperaban semanas difíciles, meses tal vez... ¡Como odiaba las malditas guerras!

X

Su caballo, STYRKUR, estaba pronto con su equipaje cuando llegó a los establos. Montó hacia el bifrost, los soldados abriéndole paso. No había rastros de su hermano, pero no era nada de qué preocuparse, Thor se caracterizaba por su impuntualidad.

–Loki. –le saludó su padre con un gesto de su cabeza. – Espero que hayas empacado más que dagas, las guerras solo se ganan cuerpo a cuerpo.

Tampoco era para nada extraño recibir lecturas de parte del Padre De Todos tan temprano en la mañana. – Si, padre. –comentó neutralmente, mordiéndose la lengua para controlarse, pero su hermano lo liberó de la tensión cuando llegó al observatorio bajando de su caballo y caminando con paso tranquilo, robándose la atención completa del rey.

Palmeando su hombro le dijo –Hijo. Será tu primera batalla con Mjolnir, espero que te ayude a marcar una diferencia que nos favorezca. –le sonrió.

Thor solo rio a carcajadas –He entrenado mucho, padre. Será pan comido, ya verás. –le aseguró. El ojo de Odín brilló con orgullo.

El pelinegro se sintió levemente incómodo con la cálida escena frente suyo, pero siempre había sido así. No importa cuánto se esforzara en complacer al anciano, Thor siempre seria su favorito, su heredero. Su madre, Frigga, siempre le decía que no congeniaba con su padre porque eran demasiado parecidos. Tal vez tenga razón, tal vez no.

X

En su llegada a Vanaheim, el pueblo los acogió con calidez de inmediato. Se encontraban en Velggus, la ciudad que era casa del rey Njorn, quien los recibió con amabilidad y diplomacia, aunque a los ojos esmeraldas de Loki no se le escapaba ver cierta incomodidad en el anciano cada vez que hablaba con el Padre De Todos. Parece que aunque fuesen aliados, al rey de Vanaheim le costaba tener que pedir la ayuda del reino eterno, o tal vez sea el hecho de que verse rodeado de guerreros asgardianos le traía malos recuerdos...

Loki era un niño pequeño cuando ambos reinos se enfrentaron, la confrontación duró menos de 10 días. El resultado era el esperado, Vanaheim era un reino de agricultores y pescadores, mientras que Asgard estaba fundada por guerreros. No había discusión sobre quien ganaría. Parece que los años no habían ayudado a olvidar esos tiempos después de todo.

El hall donde se encontraban no era tan alto como las construcciones asgardianas, pero su belleza no tenía comparación. La mezcla de piedras preciosas permitía que el sol iluminara todo el lugar. Las paredes eran de un granito tan blanco como la nieve, y las puertas eran de una madera preciosamente labrada. Era bueno el cambio de aires, el oro que predominaba en todo Asgard a veces se tornaba agobiador.

Njorn les presentó distintas familias pertenecientes a la corte, Loki hizo uso de sus sonrisas mas falsas y evitó todo tipo de conversaciones. Debía lidiar con la corte de Asgard todo el tiempo, lo menos que deseaba era gastar su tiempo con esa gente aquí también.

–Lady Laenna. Hoy Vanaheim y Asgard ha tenido una gran pérdida, lo siento mucho. –oyó la voz de su padre. Recordó las noticias sobre la muerte del comandante Zeth, un asgardiano con el corazón en el reino de Vanaheim que murió honradamente como el guerrero que fue. Loki puso su cara más compasiva y se giró para darle sus condolencias a la familia, pero en vez de encontrar una viuda con su hija, se encontró con la doncella más bella que haya conocido. Su cabello era tan rojo como el fuego, sus ojos en cambio lucían tan grises como el hielo, mientras tanto sus labios color rosa resaltaban sobre aquella piel de porcelana.

El príncipe quedó sin palabras por unos segundos, pero se recuperó con rapidez, tomando la mano de la muchacha le dijo – Mi lady, lamento mucho su perdida. –para luego colocar sus labios fríos sobre la piel caliente de su mano.

Para su desilusión ella solo sonrió con cordialidad, y volvió su mirada a la viuda.

– Lady Laenna, mis condolencias. –le dijo mientras que tomaba la mano de la mujer para saludarla de igual forma. – Zeth fue un gran guerrero, Asgard está en deuda con él y su familia. Cualquier cosa que necesiten, si está dentro de nuestras posibilidades, se lo brindaremos con gusto –dijo mirando a ambas mujeres, usando su lengua de plata.

– Mi príncipe, es muy amable. –le contestó la viuda con una reverencia. La muchacha, de igual forma hizo una reverencia antes de pegar media vuelta y perderse entre la multitud.

Loki quedó mirando el lugar por donde se habían ido, su mente sumergida en un mar de emociones encontradas. Sin embargo volvió a la realidad cuando una mano pesada se apoyó en su hombro. – ¿Que sucede? –le dijo, sin voltearse a mirar el rostro de su hermano, quien sonreía con picardía.

– ¿Que pasa enano? ¿Hay algo que te guste? Siento decirte que yo la vi primero...

– ¡Por las barbas de Odín! Esta de duelo por su padre, ten un poco de consideración. –gruñó Loki entre dientes.

– ¡Exactamente! ¿Qué mejor que unos buenos bíceps masculinos para llorar? –rió el rubio.

El joven entornó los ojos con irritabilidad y se fue, dejando a su hermano riéndose solo.