Por fin pude volver conchalevalechicomiamoh! La tesis es un hoyo negro del que casi no se puede salir ni a respirar un instante 8'D pero no podía seguir posponiendo esto, así que para todo aquel que quiera leer cosas zukulentas sin sentido y claro, para la linda de Pashi que ha sido muy paciente, aquí está por fin el segundo capítulo 8D (espero no demorar tanto para la siguiente entrega, oshhh)

Capítulo 2

Normalmente no se hubiese acostado tan temprano, pero el ejercicio de la tarde seguía haciendo estragos en su cuerpo. En medio de la noche, Gokudera Hayato vio interrumpido su sueño, pero no le molestó, de hecho era una sensación bastante agradable y conocida por él. Su intimidad estaba toda dentro de una boca pequeña y caliente, dueña de una lengua traviesa que estaba por llevarlo al final.

-¡Nhhh…Juudaime!-Exclamó, incluso antes de terminar de despertar podría reconocerlo, sea como sea. Se corrió en su boca con toda calma, disfrutando plenamente el orgasmo.-Oohh…Juudaime…

-Hay algo que necesito que me expliques.-Abrió los ojos y pudo ver que Tsuna ya estaba desnudo, montándolo para dar rápido inicio a la penetración.- ¡Nhhg…d-dime qué tiene Primo que no puedes negarte a tener sexo con él!

Si la pregunta de por sí era extremadamente incómoda, el que lo hiciera en esas circunstancias aumentaba el nivel. Su cuerpo contrastaba con sus duras palabras, ya que no parecía molesto, es más, estaba disfrutando de sus acciones.

-Juudaime…yo…-Era complejo ordenar las ideas, más si se trataba de algo que ni él mismo tenía claro. Desde el primer al último encuentro con Giotto, todos habían sido con la mente apagada, su sentido común volaba lejos y el cuerpo se encargaba de sus necesidades más animales, sin importarle nada. Su amante le hacía sentir deseado, era amable y cariñoso, no es que no amara a su pareja pero Primo tenía un extraño poder al que no podía negarse.

-Me atrae muchísimo G… ¡ahh! No es fácil decirlo frente a ti p-pero si quiero que seas sincero… ¡nhmmh!-Dando pequeños y rápidos saltos, el castaño no dejó en ningún momento de lado lo que hacían.-…c-corresponde que yo lo sea también.

-Juudaime, realmente… ¡Nhm! Ni yo mismo puedo entender que sucede… ¡Aahh! Mi mente queda en blanco cuando estoy con Giotto.-Usando una mano para masturbar a su pareja y la otra para pellizcarle un pezón, intentó explicarse de la mejor manera que pudo.-Y he intentado frenarlo pero cuando me doy cuenta, ya lo estamos haciendo… ¡Aah!

Dominado por el deseo, dejó acostado al más bajo para ponerse encima y embestirlo con todas sus fuerzas, mordiéndole la oreja y el hombro sólo para sacarle más desgarradores gritos. Sus cuerpos no mentían, ni cuando estaban con otros ni entre ellos.

-¡Te…nhm…te amo Gokudera-kun! ¡Te amo Hayato!-Subió el volumen incluso sabiendo que la mansión, por más grande que fuese, estaba llena de gente, nada le importaba en ese instante.

-¡Y-yo también te amo, Tsuna! Sólo…a ti… ¡Mnhm! ¡Te amo y te voy a amar siempre!-Sonaba extraño al venir de personas que acababan de "ser infieles", pero esa era la realidad, así se sentían, cada día más enamorados el uno del otro, sus corazones no cedieron. Minutos después acabaron, sus respiraciones agitadas se convirtieron en risas y un fuerte abrazo selló el compromiso.

-Sé que no podemos controlarnos cuando G y Primo están con nosotros, pero no te olvides de mí, Hayato.-Fue su única petición, se enredó contra el cuerpo de su guardián, quien le juraba amor eterno con su sonrisa.

-Nunca podría, Tsuna, jamás nos vamos a separar.-Sintieron el cuerpo más ligero con sólo decirlo, pegándose uno al otro para continuar haciendo el amor hasta caer dormidos.

El sol se pegó a las desnudas pieles de los amantes, quienes ya despiertos no quisieron mover ni un dedo fuera de la cama, estar abrazados les parecía todavía más tentador que el saciar su creciente hambre. Parado cerca de la mesa de la cocina y con café en mano, un pelirrojo hombre de la mafia observaba a su rubio amante fingir muy mal su calma.

-Giotto, es la segunda taza que enfrías ¿por qué no paras con esto? Por lo menos frente a mí, sabes que no podrás engañarme.-Desde que el décimo Vongola se había atrevido a desafiarlo, Primo no pudo quitarse la sensación de miedo.

-¡Déjame en paz, te he dicho mil veces que estoy perfectamente!-El que levantara la voz era muy mala señal, pero incluso sin eso G lo conocía lo suficiente como para adivinar su estado de ánimo en segundos.

Si bien se emocionó bastante luego del reto que Tsuna le hizo, pasadas las horas un extraño temor se apoderó de su cuerpo, dificultándole el poder dormir o probar bocado ¿qué era aquello? Su guardián lo sabía, era simplemente el saber que existía la posibilidad de que Gokudera, su querido Gokudera fuese convencido de que la fidelidad absoluta era el mejor camino. Y claro, si era el castaño su pareja de años, y eso por raro que le pareciera, era doloroso.

-Hey.-Como de costumbre, Giotto ni se daba cuenta y ya estaba entre los brazos de G, quien sólo dejaba su cigarro para unir su boca con la suya, alejando así todos los pensamientos dolorosos de su mente y cuerpo.-Eres muy bueno para perder el norte cuando se trata de sentimientos.

Los reproches del más bajo no tuvieron lugar, es más, se deshicieron cuando los dientes de la tormenta mayor le dejaron una certera mordida en el cuello, haciéndolo sangrar levemente. El siguiente paso lo dieron sobre la mesa, desparramando el desayuno por todos lados para darle cabida a aquello que llevaban literalmente siglos haciendo.

-¡G…! Sabes que soy capaz de llegar hasta el final aquí mismo si t-tú… ¡Ahhh!-Siendo siempre el pelirrojo quien se preocupa del recato y la decencia, es decir, de llevar a su fogosa pareja a un sitio privado antes de que terminaran desnudos, por esta vez decidió que no estaría mal dar rienda suelta a sus necesidades en plena cocina.

Ser atravesado por la enorme fuerza de un seme violento era el paraíso de Primo, pero eso se disfrutaba plenamente sólo después de una buena previa, como dicen por ahí: Planear la fiesta es más divertido que la misma fiesta. G lo sabe de sobra, por lo que no se apresura y dedica largos minutos a la adoración de su uke, manoseándolo, venerándolo con su lengua en las zonas que lo hacen temblar.

-¿No te cansas de esto?-Bromea, pensando por unos momentos que ese debe ser el polvo número un millón que tienen y la excitación no ha bajado ni de chiste. Recibe una sonrisa lasciva como respuesta y ello es suficiente para no poder evitar el morderle un pezón con deseo, enrojeciéndolo todavía más de lo común.

-¡Ooh, G! ¡Mi querido G!-Sin cuidar ni siquiera el sonido de sus gritos y quejidos, el rubio se entrega al placer sin quejas, ya ni recuerda porqué es que se sentía tan mal. Abriendo la camisa de su pareja de un solo golpe, se divierte admirando su marcado cuerpo, el cual aún luce algunas pequeñas cicatrices de las que él mismo es culpable, lo que le hace hervir la sangre.

Con la mayoría de sus ropas regadas por el suelo, G se entretiene los siguientes minutos saboreando la entrada de su presa, lamiendo insistentemente mientras el coro de los gemidos ajenos hace que el apretado bulto en sus pantalones enloquezca.

Es difícil para Giotto resistirse a la lengua de su guardián, más cuando la desliza hacia sus testículos cada vez que se le da la gana, sin atender a su necesitado miembro que ya luce empapado de su propio preseminal. El más alto nota su urgencia y en vez de ayudarle, insiste en pasear su lengua alrededor, incluso por sus muslos y ombligo, pero no allí. Esto lejos de enfurecerlo, le excita más, él lo sabe y lo hace caer en desesperación a propósito, lo tiene a su merced y eso lo hace gozar desde el fondo de su alma.

-Primo, eres tan encantador que no puedo resistirme.-Admite, sudando tanto que tiene que quitarse los restos de ropa, y por qué no, aprovecha de desnudar al otro, quien tembloroso y con los ojos brillantes, espera con las caderas en alto la invasión.-No, cariño, eso no.

Inclina su cabeza lo suficiente como para quedar a milímetros del glande ajeno, y soltando su fresco aliento contra él, comienza a pasear la punta de su lengua rápidamente, de arriba abajo, tocando esa pequeña parte que actúa como un botón que al ser presionado, expulsa todo lo que lleva dentro. Así fue, entre desgarradores gritos, el rubio encontró su ansiado orgasmo entre olas y olas de infinito placer, el cual se intensificó al sentir los dedos de su amante hundirse en él, prolongando sus sensaciones por unos momentos más.

-¡Dios, G! ¡Eres lo máximo!-Babeando y jadeando, recibió de una vez por todas lo que tanto ansiaba, a su seme enterrándose con furia en su dilatado sitio preferido. La mesa completa casi sucumbe ante las brutales embestidas de la tormenta, quien hacía honor a dicho elemento con sus intentos por destruir el cuerpo ajeno, lo cual sabía de antemano que no le molestaría en caso de que ocurriera.

Puede que la intuición Vongola sea prácticamente infalible, al parecer no es que Giotto no lo notara, es realmente que no quiso hacer caso, pero hace unos pocos minutos que ya tenían público. Su pelirrojo novio también se dio cuenta, como buen hitman que era. De pie frente a la puerta entreabierta, Gokudera y Tsuna no daban crédito a lo que veían, es decir, la última vez compartieron la cama con ellos, pero ese espectáculo de brutal sensualidad era todavía más impresionante que lo de aquella ocasión.

No es que quisiera presumir, realmente estaba excitado hasta el punto de querer darlo todo, así que sin medir sus acciones, el más alto tomó a su rubio preferido por las caderas y lo alzó para continuar follando de pie, dejando que la gravedad se encargara de ayudarle a llegar más lejos. El otro poco y nada tenía de pasivo, puesto que se movía frenéticamente para hacer llegar ese miembro enorme a su próstata, recibiendo más y más descargas eléctricas de pura satisfacción.

-Esto es…-Susurró Tsuna, más para sí mismo que para recibir alguna respuesta de su novio ¿Era morbo lo que sentían? No podían parar de mirar, estaban algo excitados pero también incómodos, y no sólo por presenciar algo que debiera ser privado, sino que otra cosa más les resultaba sumamente desagradable en la escena. Ninguno de los dos lo descifraba.

El sonoro y potentísimo orgasmo de ambos explotó y parecía que podía llenar toda la amplia habitación, sin olvidarse ni un solo rincón. Salpicados de su semilla, los apasionados amantes seguían meneándose en un intento por alargar su placer, recuperando el aire con gran dificultad.

-Asombroso…-Soltó el rubio, viendo como sus cuerpos brillaban por el sudor, al igual que sus pupilas llorosas.-No hay nada mejor que esto.

No quiso quedarse a escuchar ni una palabra más, la tormenta menor se alejó rápidamente del lugar echando un chasquido. Tsuna quiso seguirlo, mas el aura tenebrosa que lo rodeaba se lo impidió, y en realidad, él también tenía deseos de estar solo.

Habían llegado a un acuerdo sin celos de por medio, lo cual debía incluir al otro par también, los cuales por obviedad tienen relaciones entre ellos, si son amantes hace miles de décadas ¿qué estaba mal entonces? Una semilla no muy buena comenzó a germinar en los más jóvenes, dictaminando desde ya que las cosas muy probablemente iban a tomar un mal camino.

Continuará…