Aquí os dejo la parte corta.
UN REGALO ESPECIAL
Era una tarde de enero, solitaria y fría. Una joven morena y con unos preciosos ojos azules entró en el parque, se sentó en el banco, sacó su libro "Canciones Para Paula" y empezó a leer mientras que no paraba de llorar. Su abuelo había muerto y ella estaba desconsolada.
Dio la casualidad de que un joven que pasaba por allí la vio y lentamente se fue acercando a ella, hipnotizado por sus hermosos ojos y por las lágrimas que le caían sin cesar de las mejillas.
Se sentó a su lado pero no pudo hablar con ella, las palabras no salían de sus labios…
Y así fue, un día tras otro hasta que el chico no pudo aguantar más, se armó de valor y como tantos otros días, se sentó en el mismo banco de la joven que ya había conquistado su corazón…
- Hola, me llamo Arturo, ¿y tú? – Dijo con mucha timidez.
- Hola, me llamo Aurora y ahora vete por favor. No estoy de humor para hablar…
Pero Arturo no se iba a rendir después de tantas esperas y sufrimientos, al intentar hablar con ella…
- Pues no me voy a ir, lo siento. ¿Qué te pasa?
- Mi abuelo se ha muerto… - Dijo sin poder parar de llorar.
Y Aurora sin pensarlo se refugió en él, en sus ojos negros hipnotizantes y apasionados, en su mueca de tristeza y en su pecho musculoso…
Y así se quedaron durante largo rato, porque no hay mayor consuelo que ser consolado por la persona amada y eso era justamente lo que le pasaba a Aurora aunque no quisiera reconocerlo…
Al día siguiente, se volvieron a ver. Arturo traía consigo un maravilloso collar de perlas, una joya que su abuela le regaló para que pasara a su enamorada.
Cuando ella lo vio no pudo hacer otra cosa que agradecérselo con una gran sonrisa de felicidad y un susurro en el que decía:
- Gracias… Por acordarte de mí y por ser como eres…
Así ella alzó la vista y sus ojos se encontraron y conectaron. Poco a poco se fueron acercando, silenciando sus labios con un hermoso beso lleno de pasión y ternura.
- Yo… Yo lo siento, no debí hacerlo…
- Claro que podías Arturo, te amo… - Dijo mirándole con timidez.
- Yo también te amo…
Y sus labios volvieron a acariciarse, en una tarde de enero, en la que sus corazones latieron a la vez bajo una misma música, el amor.
