Un océano de distancia
Capítulo 2: La carta
¿Alguna vez has sentido que caes a un profundo vacío lentamente sin saber si algo amortiguara tu caída o te estamparas con el concreto? Así me siento yo, diariamente, peleando solo contra la soledad que he sentido desde que tengo memoria. Me siento muerto en vida, sin una luz de esperanza que me saque de mi trance.
A lo lejos puedo escuchar aún las detonaciones, en mis brazos yace la única persona con la que he tenido una relación, no de amistad más bien de cordialidad, pero me duele su muerte. Con su último respiro me dice dos oraciones.
- Espero que encuentres a alguien que te robe el aliento algún día – y tomando mi mano pone en ella su anillo de compromiso y su argolla – Frank falleció la semana pasada, esto es lo único que me queda de él, cuando puedas, arrójalos al mar, que es el lugar donde nos conocimos – me mira y lentamente cerró sus ojos.
- Descansa en paz, Amanda.
La trinchera sucumbió ante la explosión, no entiendo y nunca lo haré, sabían que había médicos y heridos y aun así se atrevieron a lanzar una granada. Definitivamente la batalla de Somme ha sido larga y sangrienta.
Como sargento de la cuarta división, mi vida estaba segura dentro del campamento, pero eso no impedía que de vez en cuando me ordenaran salir al campo de batalla, ese 5 de noviembre quedaría grabado en mi memoria para siempre.
Han pasado 3 semanas desde la muerte de Amanda, no podría decir que los aliados obtuvimos una victoria en Somme, después de todo solo logramos un avance de 8 kilómetros y los alemanes conservaron Múnich y Grandcourt. Hoy es mi día libre y me han permitido usar un vehículo militar para llegar a Le Crotoy y así cumplir la última promesa a Amanda, antes de partir de nuevo a Bélgica.
Mientras conduzco no puedo evitar pensar qué me trajo a este punto de mi vida.
Mi padre es un duque inglés y mi madre es una afamada actriz americana. Se conocieron, se enamoraron fugazmente y de esa relación, nací yo. Mi padre, por mandato de mi abuelo, me llevo con él de regreso a Londres, dejando atrás a mi madre, a quien vi por última vez hace 3 años, cuando viaje a Nueva York para quedarme a su lado, pero me rechazó y volví con el corazón más roto y herido de lo que ya lo tenía. En ese entonces mi educación estaba a cargo del Real Colegio San Pablo, nunca nada ahí me motivo, nunca conocí personas interesantes y lentamente vi pasar los años hasta mi graduación. ¡Aquel fatídico día!
Había leído que mi primo segundo, Edward Albert Chrstian George Andrew Patrick David, quiso hacerse voluntario para el ejército británico, sin embargo el gobierno se opuso porque él era el heredero del trono, a pesar de ello, él fue testigo de la guerra de trincheras y trataba de visitar la línea del frente cuando podía, debido a eso fue galardonado con la cruz militar este año. Yo acaba de cumplir 18 años y mi celebración no fue con una gala en el San Pablo, sino en los arrables de los puertos, entre litros y litros de alcohol y cigarrillos son fin, sí lo sé, el hijo de un duque no se comporta de esa manera, pero yo no era el sucesor al título, sino mi medio hermano James, qué más daba lo que yo hiciera, siempre fui un lastre que mi padre tenía que cargar.
Llegue a la mansión Granchester a media madrugada tocando la bocina de mi auto. Abrí la puerta y le mostré a mi padre la copia de mi hoja de reclutamiento en el ejército británico.
Mis órdenes eran partir en dos semanas. Mi padre, explotó de ira, pero no hizo nada para cambiar el destino que yo había elegido y me dijo por qué tres días antes de partir, cuando en un ataque de pánico y dándome cuenta de mi estupidez le rogué que abogara por mí.
- ¿Por qué no quieres ayudarme? – grité encolerizado.
- Tú te ofreciste, hijo, no puedes retractarte. ¡Es un deber con tu país!
- ¡Pero tú puedes hacer que no tenga que ir!
- Tienes 18 años, he pasado toda tu vida arreglando tus problemas, no iré contra el gobierno y la corona porque eres un idiota que no piensa en las consecuencias de sus actos, faltar a tu deber como soldado es antipatriótico.
- ¡Eres un desgraciado! – contuve las lágrimas que pugnaban por salir por mis ojos - ¡Tú nunca me quisiste y ahora que puedes salvarme me mandas a morir! – me fui dando un portazo, jurando que nunca más volvería a esa casa. Si sobrevivía, él nunca más volvería a verme.
Aunque estoy seguro que no se desligó de mi tan fácilmente, pues en poco tiempo y con cero méritos, me convertí en sargento, lo que me mantuvo seguro, dentro de lo que cabe.
Llegué a la Le Crontoy en poco más de una hora, el poblado se ve desalojado, definitivamente la guerra ha destrozado muchas vidas. Desde la carretera puedo oír las olas chocar y de pronto me invade el olor a mar, estacionó el vehículo en la ladera y me quito las botas militares para sentir la arena debajo de mis pies, hace frío, el invierno está a la vuelta de la esquina. A mi derecha, a unos 100 metros veo a una pareja de enamorados. Algo que puedo definir como envidia me recorre la espalda, en mis 18 años nunca me he enamorado, claro, tuve buenas noches en los puertos e incluso con algunas señoritas casaderas en las reuniones en las que mi padre me permitía asistir, pero ninguna que valiera la pena siquiera. Y la ausencia de ese alguien especial se vuelve asfixiante cuando descubres que solo te tienes a ti. ¿Mi soledad tendrá fin algún día? He pasado noches enteras desfalleciendo ante la idea de permanecer así toda mi vida. Pero no me atrevo siquiera a correr el riesgo de entregarle a alguien mi corazón, aunque tal vez eso se deba a que no ha aparecido la persona adecuada. Y he tenido que aceptar que mi corazón es un oscuro hueco en mi pecho. Supongo que mis malas experiencias y el hecho de que mis padres se entregaran a la pasión y no al amor, me han obligado a arrastrar una maldición convenciéndome de que no estoy hecho para amar.
Quizá mis pensamientos no son adecuados para la encomienda que me trajo a este lugar, después de todo, Amanda era una fiel creyente de que todos estamos destinados a amar a alguien y tarde o temprano el universo conspira para encontrarnos con esa persona. Sonrío de medio lado, quizá yo sea la excepción a la regla. Me acercó al mar y arrojo con todas mis fuerzas los anillos de mi ex compañera de noches solitarias y platicas interminables. Una vez cumplida mi misión, me dispongo a regresar al campamento, pero algo llama mi atención, es un destello en la arena a unos dos metros de mí, con cuatro pasos, acortó la distancia y ahí a medio enterrar hay una botella, la recojo sin saber por qué y de inmediato llama mi atención el hecho de que hay un pedazo de papel dentro ella. ¿Un tesoro pirata? Río ante lo absurdo de mi comentario. Dispuesto a arrojar la botella, una idea cruza mi cabeza y regreso sobre mis pasos al vehículo, lanzando la botella al asiento del copiloto.
En mi pequeño reservado, beneficio de mi cargo, me recuesto en el camastro y pienso en lo que ha sido mi vida. Impulsado por una fuerza que desconozco como mía, voy de nuevo al auto y tomó la botella, me recuesto de nuevo y la descorchó. La carta tiene partes húmedas, sin duda ha sido víctima del océano, pero aún es legible.
Mayo 7, 1916
Reza al inicio de la carta y pienso que quien la haya mandado ha esperado más de medio año por una respuesta.
Alguien:
No sé qué destino le depara a esta botella y también desconozco si podrás entender lo que aquí he escrito e incluso si es algo de esto será de tú interés y si llegarás al final de la carta. De cualquier manera, te contaré un secreto.
Mi nombre es Candys White, pero todos me dicen Candy. Hoy es mi cumpleaños número 17. Soy enfermera y no creo en el amor.
De verdad fue al grano pensando que no llegaría al final, sonrió divertido.
Crecí en un lugar llamado en Hogar de Pony, sí, así es, soy huérfana. Si eres un estirado, ahora puedes mirar la carta como si de un bicho se tratará. Pero ¿sabes? Afortunadamente nunca me he cruzado con personas de clase alta, de esas que te miran por encima del hombro y creo que debido a eso, he llevado una vida feliz.
Mi mejor amiga fue adoptada a los 6 años, en realidad, sus padres me querían a mí, pero decline para quedarme con ella, no así ella que a la menor oportunidad, aceptó ser la hija adoptiva de una familia adinerada. Pero no la culpo, todos esperamos ser adoptados y gozar del cariño de una familia y aun así, la segunda vez que trataron de adoptarme actué de la misma manera. Quizá fue egoísta, era la mayor de todos los chicos huérfanos, pero amaba ese lugar. Al fin y al cabo era el único hogar que había conocido. Lo deje cuando cumplí 15 años para hacerme de una carrera sabiendo que no podría quedarme ahí para siempre. Decidí ser enfermera, siempre he tenido cierto gusto por ayudar a los demás. En cuanto conseguí mi título rente un departamento, es pequeño, tiene una cocina-comedor, una pequeña estancia y una recamara con un mini baño que por suerte tiene una tina y es todo a lo que puedo aspirar con mi salario.
Trabajo en el hospital Santa Juana como enfermera de cuidados, es decir, yo me encargo de los pacientes en recuperación, hago algunas suturas y en su mayoría, atiendo niños que es en lo que tengo experiencia.
Te escribo esta carta desde Florida, pero yo vivo en Chicago, traje de vacaciones a las mujeres que me criaron y que considero mis madres y a los niños que actualmente viven en el Hogar, me tomo 3 años ahorrar para ese sencillo viaje, pero ha valido cada centavo.
Nunca he estado enamorada. Espero que tú tengas la dicha de estarlo. Creo que lo que me ha marcado es que no creo en el amor, ¿y cómo hacerlo si las dos personas que se supone debían amarme me abandonaron a mi suerte? Así que he perdido toda esperanza de algún día experimentar ese sentimiento. He escuchado muchos te amo, pero ninguno ha tenido sentido para mí. Y no creas que soy fea, aunque eso te lleve a pensar que soy vanidosa, pero en realidad no lo soy. Simplemente creo que mi aspecto físico no es la causa de mi desgracia. He sido cortejada, pero nunca he sentido la chispa del amor encenderse en mi corazón. Siento que estoy destinada a vivir sola y eso, de alguna manera, me aterra. Y es lo que me ha llevado a escribir esta carta, porque con nadie había compartido ese secreto, mi profundo sentimiento de soledad que se ha arraigado en mí desde que tengo memoria. Tengo muchos amigos y dos madres que me aman, pero amor pasional por el que una mujer puede sentir por un hombre es algo inimaginable para mí.
Ahora puedo respirar de nuevo y seguir con mi vida, he vaciado lo que me atormenta en esta carta y ahora no sé qué más decirte.
Por supuesto que creo en Dios, incluso a mi edad, aún me arrodillo frente a mi cama, uno mis palmas y rezo, pido por la paz del mundo, por los que no tiene para comer, por los que no tienen un techo sobre sus cabezas, porque la vida sea piadosa con mis madres y puedan seguir haciendo su desinteresada labor, ¿qué si pido algo para mí? ¡Qué va! Además de la falta de amor, todo lo demás está cubierto en mi vida y únicamente puedo agradecer por ello.
Es bueno que reces, sin embargo, estoy seguro que aunque Dios existe, hay momentos en que prefiere olvidarse de nosotros y dirigir su mirada a otra parte. Pienso, un poco contrariado ante la religión. Pues en el frente he visto lo que el hombre es capaz de hacer y sé que Dios nada ha tenido que ver en ello, ni lo tendrá nunca.
Bien, eso es todo… por ahora, si es que decides responder a mi carta. Te anexo la dirección, esperando que algún día llegue una respuesta para dejar de hablar conmigo misma y empezar a hacerlo con alguien que ha llegado al final de esta carta sin tener por qué hacerlo.
Sinceramente.
Candy.
No sé decir qué me asombro de esa carta, qué chica, vaya que fue un acto espontaneo el que la obligo a hacer tal cosa. No tengo por qué responderle, pero algo me dice que el que encontrará la botella debido a la última petición de Amanda, no es una coincidencia.
Empiezo a escribir una respuesta, cautivado por algún tipo de magia. En cuanto vuelva a Bélgica enviaré la carta. ¿Qué podía perder? A mí también me hace falta alguien para desahogar mis penas y no atentar contra mi cordura.
Continuará…
Espacio para charlar
Creo que hay dos películas que en México se llaman Un amor inesperado, pero de la que me estoy basando es de la de Jackie Chan, me parece que la chica fue impulsiva al ir a buscarlo tan de pronto, así que antes de que se reúnan trataré de plasmar el inicio de su amistad que poco a poco se convertirá en amor, por medio de éstas cartas. Como les dije, es una historia rosa que no tendrá antagonistas, y solo nos la contarán Candy y quien encontró la carta, jajaja.
Gracias por los comentarios a este sencillo fic, después de mis otras historias que llevan mucha narrativa, es liberador solo contar lo que estos personajes perciben.
Aneilorena, Eli, Kamance, Phambe, Dianley, Patty Quintanilla, Nally Graham, Darling Eveling, Guest, Yoliki.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
14 – agos – 2017
Ceshire…
