Capítulo II — Sasuke & Karin
─Nos vemos mañana, Sasuke ─me dice Naruto mientras da la media vuelta en dirección a su casa.
El maldito es un miserable, es algo irritante pero al final de cuentas es mi mejor amigo. "Hmp" aquel simple monisilabo siempre es mi respuesta. Meto las manos dentro de mis bolsillos y lo miro alejarse. Muchas de las veces deseo ser como él. Deseo olvidarme de los problemas, de ti y de Sakura por una sola vez en mi vida sin embargo, eso es imposible.
Inhalo profundo, otra vez tengo que llegar a casa a dormir a tu lado.
No soy un hombre al que le gusta expresar sus sentimientos, un día mi padre me dijo que, el día que llegará a hacerlo era porque dejaría de ser lo que soy y vaya que tenía razón. Pocas veces sonrio pero cuando lo hago es de verdad, eso es lo que muchas de las veces Sakura me hace sacar aun cuando no lo deseo.
Soy consiente de que ella provoca algo en mí, algo que difícilmente puedo describir, aún así, creo que es un sentimiento agradable. Cuando estoy con ella mi mundo o más bien, el resto del mundo desaparece, sólo tengo ojos para ella. Odio cuando otro hombre se le acerca, incluso si es sólo para hablarle. Mi sangre hierve cuando ella ríe y no es conmigo. Su sonrisa es la más linda, natural y espontanea que jamás eh visto y quizá, eso es lo que más me gusta de Sakura.
Su carácter es fuerte y agresivo pero también dinamico y explosivo. Sakura es hermosa cuando la veo a los ojos y le susurro al oído. Sin embargo, es una maldita.
Aprieto los dientes y mi sangre se calienta al recordar sus palabras, sus gestos. Últimamente ha sido un fastidio.
Antes de entrar a la casa suspiro porque me siento nervioso, estoy ansioso. Las manos me hormiguean. En casa hay algo que no me agrada. Me pongo tenso y miró a mi alrededor, todo esta quieto. Gimo y vuelvo al frente. Mi cabeza es un caos, el trabajo, tú y Sakura. Chasqueo los dientes y me controlo. No hay motivo alguno para que me ponga nervioso.
Giro la perilla y entro, las luces de la estancia aún estan encendidas a pesar de que ya es muy de madrugada, reviso mi reloj de muñequera y en es cierto. Ya es tarde, son las tres y media de la mañana.
Camino algo mareado hacia el vestíbulo, aun puedo mantenerme en pie a pesar del estado en el que eh llegado, aflojo mi corbata y me quito los zapatos mientras mantengo en mi estúpida memoria su recuerdo, pensando en que todavía vivimos juntos. Tomo el barandal para subir las escaleras cuando escucho un breve ruido en el comedor, doy media vuelta y ahí te veo pero, no eres ella con la que despierto estoy soñando.
Entrecierro los ojos haciendo un gran esfuerzo por aclarar mi opacada vista, te ves tan hermosa cuando dermes. Admito que una sensación extraña recorre mi cuerpo entero cuando te veo recargada en la mesa, durmiendo en una posición quizá hasta incomoda. Te remueves intranquila y me acerco, has llorado; tus ojos rojos e hincados lo demuestran pero yo sólo te miro.
Últimamente siempre terminas dormida en la sala o en el comedor y todo es por mi culpa, por que siempre te hago esperar, porque después del trabajo nunca vengo directo a casa sino que, vengo directo de algún bar o cantina.
No es tu culpa, sino la mía. Pensé que a Sakura ya no la quería, por eso le deje, por eso intento vivir contigo pero, esto es algo que no esta funcionando. Cada vez que te hago mía mi mente no deja de pensar en ella. Sé que soy rudo y hostil en la cama y que mis besos —si es que podemos llamarlos besos—, no lo compensan. Ya no te toco con la misma clase de ternura que cuando nos veíamos a escondidas y, maldición, esto es frustrante porque se que te quiero pero, tú no eres eres ella.
Ya no hay salidas a escondidas, ya no es diverido. Ya… no me excitas como antes.
La emoción se acabo, se esfumo.
Es cierto que tu comida no sabe igual, que tus caricias no se comparan con las de ella, que tus besos no la superan, que tus palabras no suenan como a las de ella y, que la vida que ahora comparto contigo es muy distinta a la que compartía con ella.
Tú eres en todas las formas y maneras distinta, eres todo lo contrario a Sakura. Hay tantas cosas que las hacen diferente una de la otra aunque, lo más significativo es que tú eres mi amante pero ella es y será para siempre mi esposa.
Me acerco a ti e intento acariciarte sin embargo, me contengo. No estoy seguro de tocarte.
─Karin, despierta ─te hablo al oído mientras escucho tu suave respiración, sientiendo en la punta de mi nariz tu delicada fragancia que, revuelve mi estomago.
Si estuviera sobrio quizá tu aroma me encantaría pero, no puedo decir eso en estos momentos. Frunzo la nariz y me alejo. Tú te incorporas y me miras. Parpadeas varias veces e intentas aclarar tu visión con el dorso de tu mano derecha. Al darte cuenta de que soy yo te levantas y me sories.
Tu sonrisa es única pero fría.
─Sasuke ─dices aunque mi nombre no suena igual a que cuando ella lo musita.
Se que debo responder con un: "Ven, vamos a la cama. Pareces cansada" o con al menos una sonrisa que te haga saber que el verte ahí recostada me ha preocupado pero, nada de eso sale o se forma de mi boca sino que, es al contrario, mis labios se fruncen y mi rabia aumenta. Por ti, por tu culpa eh dejado a Sakura, a la única mujer que en verdad eh amado y… engañado. Maldición. Tengo sentimientos encontrados porque sé que a pesar de que la amo, esa maldita también me ha engañado.
Mi estomago se comprime, estoy furioso pero intento reprimirme.
─¿Qué hay de cenar? ─te pregunto intentando recrear mis memorias desde nuestra última cena para calmarme sin embargo, no es como si estuviera funcionando.
─Otra vez vienes ebrio, Sasuke ─dices pero tu comentario sólo consigue irritarme.
─¿Y qué con eso? ─digo enfadado.
Te veo suspirar y es entonces que lo sé, no hay nada.
─Pero pedí pizza ─te apresuras a contestar.
Sí, tú eres completamente diferente a ella. Nunca debí dejarla. Nunca debí cambiarla por ti y no es que me arrepienta pero lo hago.
Tsk, mi monótona reacción y el saber que hay pizza me hacen perder el apetito.
─Aunque si quieres podemos salir a cenar ─dices al ver mis gestos cargados de fastidio.
─No, déjalo ─digo buscando otra forma de calmarme.
El sexo contigo siempre a funcioado.
Te tomo por la cintura y te apego a mi cuerpo mientras devoro tus labios. No tengo piedad de ellos, los necesito, los deseo. Sé que últimamente no soy el mismo, mis besos carecen de esa cosa que tú llamas: "dulzura", pero no es como si me importara, jamás lo ha hecho. Yo no soy de esa clase de hombres y no pienso serlo. Al tenerte soy más frenético con mis besos, con mis movimientos. Continuó besandote hasta que siento un sabor amargo o quizá salado en mi boca. Abro los ojos y me doy cuenta de que otra vez te eh lastimado. Tus lágrimas corren velozmente por tus mejillas, acumulandose en la comisura de tus labios─. Vaya, con que eso era ─pienso mientras te observo. Son tus lágrimas las que hacen que tus besos sepan extraños y, es entonces que no puedo evitar comparar tus besos con los de ella.
─¿Qué es lo que pasa? ─te pregunto al retirarme aunque no es necesario que me contestes─. ¿Acaso no estás contenta? ─murmuro limpiando con mi pulgar algunas de tus lágrimas.
Te miro asentir aunque tus ojos me dan la respuesta. Inevitablemente suspiro. Tuerzo una mueca y te abrazo mientras pienso en lo que me esta pasando. Tú y yo no somos así. Jamás lo hemos sido pero, sé que algo ha pasado. Estoy seguro.
Te vuelvo a besar. Mis besos te estremecen. Te suelto y te miro, no estoy dispuesto a esperar. Te cargo entre mis brazos y te llevo hacia mi alcoba.
Ahí, en ese pequeño espacio hago un gran esfuerzo por ser como quieres que sea; intento recordar el pasado, trato de ser suave y cariñoso contigo, cierro los ojos y dejo que seas tú la que tome el control de la situación, eso, hacer eso es lo mejor que puedo hacer por ahora.
No puedo quejarme, siempre has sido una buena amante pero, en algún momento, en algún punto dejo de pensar que estoy contigo y, es entonces que no quiero parar, no deseo hacerlo. Te llevo a mi boca y te giro. Estoy a punto de correrme, no quiero hacerlo sin embargo, lo hago.
─Oh, Sakura ─musito extasiado mientras me dejo caer sobre tu pecho.
Estoy sofocado.
Tengo los ojos cerrados pero algo extraño me hace querer abrirlos. Son tus sollozos que me obligan a retirame. Me empujas con fuerza y me maldices mientras te veo correr hacia el baño en donde te encierras por varios minutos. Escucho tu llanto, tu ira, tu coraje y, maldición, detesto verte llorar.
¿Qué esta pasando contigo? ¿Qué pasa conmigo?
─Karin, lo siento ─murmuro a través de la puerta.
Que estúpido soy. Como fue posible que te confundiera con ella.
─Vete Sasuke, ¡vete! ─gritas pero yo no me muevo─. Quiero estar sola.
─Karin. Lo lamento, no quise decir eso. No se en que estaba pensan… ─digo pero me veo interrumpido cuando abres la puerta.
Tus ojos furiosos me miran y yo, no puedo creer lo que has hecho.
─Estabas pensando en ella ─dices mientras me arrojas varios mechones de tu cabello─. Siempre es ella, Sasuke. Siempre es Sakura.
Es increíble hasta donde has llegado.
─Karin… ─murmuro lento y pausado─. ¿Tanto deseas ser ella que, has cortado tu propio cabello?
Niegas por unos momentos luego, ries con locura e ironía.
─Fue un gran error venirme a vivir contigo, Sasuke. Necesitaste perderla para darte cuenta de cuanto es que la amas ─tus palabras son frías, duras y directas─, pero esto se acabó. ¡Se acabó! ─gritas aun ahogada en medio de tu llanto.
Golpeas mi rostro y, te marchas dejándome solo.
(******)
—Entonces esto es todo, ¿eh? —digo apenado mientras te observo meter tus cosas en tus maletas pero tú no respondes.
Caminas de un lado para otro sin siquiera mirarme, pasas por mi lado una y otra vez ignorándome. Me pregunto si es que soy invisible porque precisamente es así como me siento en estos momentos, invisible.
—Karin… —intento una vez más llamarte pero no es como si me estuvieras escuchando.
Sé que estas enojada conmigo y que tienes derecho de estarlo, te eh confundido y lo siento, en verdad lo siento aunque no debería.
Intento que las cosas sean como lo habíamos planeado pero, por alguna extraña razón no están funcionando y, eso es estupido. ¡Maldición! ¿En verdad extraño tanto a Sakura que estoy dispuesto a dejarte ir por ella?
Sacudo la cabeza y vuelvo a mirarte, has terminado de coger tus cosas; tomas tu maleta y me miras pero es tan sólo por unos momentos, no dices nada aunque no es necesario, tu silencio habla por si solo.
—Por favor Karin, reconsidéralo. No te vayas —digo como último intento.
¡Maldición! Odio ser yo el que esta suplicando pero odio más el quedarme solo.
—Por favor, quédate conmigo —digo—. Prometo que las cosas cambiaran. Todo será distinto —murmuro tomandote por la cintura, impidiendo que sigas pero es inútil.
Das la media vuelta y me sueltas. Tomas la puerta y te detienes para mirarme por sobre tu hombro.
No digo nada pero se que lo estas pensando.
(******)
Han pasado varios días y otra vez Sakura no ha venido a la oficina. Hace meses que no lo hace y no es que me importe pero ya ha sido un largo tiempo. Aún recuerdo muy bien que a la mañana siguiente después de pelear Karin y antes salir de casa casi la confundí con ella al notarla de espaldas y, en verdad pensé que era ella.
Maldición. Sakura siempre esta en mi cabeza.
Yo era feliz, en verdad que lo era. Por Karin la deje, porque según yo la amaba.
Los primeros días después de nuestra separación a ella y a mí el mundo entero nos miraba distinto y es que era obvio. Mi boda con Sakura había sido la sensación en la ciudad, la noticia fue publicada en todos los medios masivos de comunicación y claro estaba, los Hutcheson y los Lombardi, los rivales de toda la vida comprometían a sus hijos en matrimonio. Así mismo nuestro rompimiento se volvió viral a darse en todos los medios pero, por alguna extraña razón ese es un tema del que no me gusta hablar aunque… mi divorcio es un tema que aún esta en progreso.
—Entonces… ¿Los esperamos a cenar esta noche? ─escucho a mi padre decir en un tono ronco y serio, quitándome aquellos pensamientos de la cabeza—. Mi hijo Itachi tiene algo muy importante que decirles —comenta dando pequeños golpes en forma de palmadas en la espalda de mi hermano.
No es raro que mi padre este orgulloso. Para él… Itachi, su primogénito, mi hermano, mi sangre, él siempre ha sido su favorito.
—¿Cena? —pregunto confundido porque durante toda la junta no eh puesto ni la más mínima atención.
—Hay hermanito, si hubieras dejado de mirar toda la junta esa silla vacía y puesto más atención sabrías que esta noche hay una pequeña reunión en la casa —dice Itachi entre divertido y sarcastico mientras se levantaba de la silla y se dirige quizá a su oficina.
Tsk, me quejo por lo alto. ¿Cuándo es que él se ha vuelto más arrogante? ¿Después de su viaje? No lo creo. Maldición. Me voy por unos días y a mí regreso en esta maldita empresa me doy cuenta de que muchas cosas han cambiado.
Salgo de ahí a toda prisa y respiro profundo al encontrarme en mi oficina, me acerco a mi escritorio y me siento. Recargándome en el respaldo de mi silla me cruzo de brazos y espero a que le tiempo avance hasta que tengo que tomar el teléfono para llamarla.
Es posible que ella no quiera contestarme pero, lo hace.
—Karin —murmuro—. Compra algo lindo y prepárame un traje. Esta noche saldremos a casa de mi padre.
Ni siquiera espero a que me conteste, se que la noticia la ha puesto feliz.
Exhalo cansado mientras bajo la bocina, tengo demasiado trabajo y si es que quiero llegar temprano tengo que apurarme porque se que ella odia cuando la hago esperar. Emocionado por esta noche abro el cajón derecho de mi escritorio con la intensión de apresurarme pero, al hacerlo mi corazón se quiebra y, mi rostro se descompone.
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Continuará…
