Belgrano Academy, una de las más codiciadas y caras universidades de todo el país, al cual había mandado Saori junto a Sasha a sus santos dorados. Era una gran universidad la cual se dividía en la universidad, en la entrada las residencias; tanto femeninas como masculinas. La biblioteca, donde siempre había ciertos jóvenes que los estudiantes llamaban "nerds" y se burlaban de ellos casi todo el tiempo. Todo lo contrario a eso: el gimnasio, donde se encontraban los ciertos "Musculitos" que siempre dejaban en aprietos a los nerds, claro que ellos eran los más fuertes de todo el campus, aunque su cerebro tenia la misma capacidad a la de un mosquito. Dentro de todo, eran los más "populares" de la escuela, al igual que las animadoras del equipo.
Seguido de ellos, los multi, "un grupo de la alta sociedad los cuales tienen un tanto de respeto por todas las riquezas de sus antepasados", claro que si lo lees con un tono de "burla" podrías imaginártelos un poco... en pocas palabras, gente que desprecia a sus inferiores.

Hoy sería el primer día de clases, el típico nerviosismo antes de llegar a la escuela era inevitable. Así nuestros caballeros, de las dos épocas claro, estaban en la entrada de dicho instituto, mirando el lugar detenidamente. Hasta que a uno de ellos se le ocurre hablar:

- ¡Vamos muchachos!- Animaba Aioros de Sagitario- Debemos hacerlo, todo para la señorita Saori, al igual que la señorita Sasha.

- Estoy de acuerdo en eso, hay que entrar y terminar esto de una vez.- Decía Deuteros con algo de fastidio.

- Pero no lo terminaremos en un rato, claro que te llevará todo el año estudiar, y más si te llevas materias que no te resultan sencillas.- Explicaba Shaka.

- ¿Cómo es que sabes tanto de eso?- Preguntaba Regulus.

- Cuestiones personales joven.- Respondía. Mientras el leonino quedaba con la duda.

- ¿Entraremos o no?- Preguntaba Degel.

- ¡No lo sé!- Gritaba Kardia ya aturdido.

- ¡Tú nunca sabes nada!- Le gritaban todos los dorados antiguos, a lo que los caballeros de Saori los quedan mirando sorprendidos.

- Emm bueno, yo entraré, no se ustedes.- Decía Milo a lo que se adentraba a la universidad. Pronto a eso los demás dorados los siguen, el lugar estaba con mucha gente ya. El director les da la bienvenida y les indica el camino para llegar a la residencia masculina, a donde se dirigen y les indican las habitaciones.

Mientras esto sucedía, dos jóvenes ingresaban al lugar, éste sería su primer año en la universidad. La primera era castaña, ojos de color chocolate y su larga cabellera le llegaba hasta la cintura, su estatura era mediana y de personalidad un tanto reservada.
La segunda era peliceleste, y ojos de igual color, su lacio cabello pasaba sus hombros y era un tanto alta. Las dos muy lindas a simple vista.

- Oye Ariadna, estoy un tanto nerviosa jeje, ¿y tú?- Preguntaba la peliceleste.

- No tienes porqué tener miedo, es solo la universidad.- Respondía la joven.- Anda Épsilon, entremos.

- Mmm... bueno, ya qué.- Dijo adentrándose con la castaña.

Ya dentro, el director del colegio les da la bienvenida y les indica el camino a las residencias femeninas, que se encontraban justo enfrente de la de los chicos.
Al entrar a sus cuartos asignados, de suerte era para ellas dos solas, ya que por lo menos Épsilon usaba bastante espacio para ella sola.

- Vaya, está muy decorado.- Decía Ariadna mirando detenidamente el lugar.

- Sí, lo sé.- Respondía Épsilon- Dime, ¿vas a unirte al club de animadoras?

- Tengo que hacerlo.- Dijo con un tono me molestia- Mi madre me está obligando.- Gruñe.

- ¿Y eso por qué?

- Mi madre quiere que siga sus pasos.- Un tanto desanimada.

- Jajajaja, yo quiero unirme a ver que onda, si no me gusta me salgo de ahí.

Al terminar de desempacar sus cosas, se dirigen a la entrada donde encuentran a varias jóvenes charlando de lo más tranquilamente. Esta sería una nueva etapa, ahora tendrían que ir a sus clases, ya que eran recién las 10:30 de la mañana. Épsilon estudiaría nutrición, mientras que Ariadna comenzaría poesía.

- Bueno, debo ir a mi clase. Creo que comienza en unos minutos.- Mirando su reloj- Tras el almuerzo.

- Bien. Nos vemos al rato.- Decía la peliceleste, mientras se marchaba hacia la escuela, donde ahora sería una nueva etapa.