La brisa golpeaba su rostro, el viento alborotaba su cabello y a cada paso que daba la arena mojada se pegaba a sus pies.

No había muerto.

Despertó a la orilla del mar con el agua chocando contra su rostro y una herida en la frente.

¿En que se equivocó? Todo era a prueba de errores. Cualquier persona hubiera muerto con esa caída. Cualquiera menos ella.

Patético.

Miró hacia los lados al sentir como sus pies tocaban el asfalto. El lugar estaba completamente vacío.

Se acercó al lugar en el que debería estar su coche pero en su lugar encontró solo una bicicleta.

Estupendo, caminaría hasta su casa que si bien no estaba muy lejos, no le apetecía mucho ir andando empapada y con una herida. Lastima, pensó, la vida es así.

Sonrió al visualizar el edificio, esperando que Henry, el portero, no preguntara el porque de su aspecto pero se sorprendió al ver que el anciano no se encontraba ahí lo que era muy raro ya que las siempre estaba ahí.

No le tomó importancia. Caminó por el vestíbulo hasta el ascensor en donde pudo ver a una muchacha rubia con el cabello alborotado que, sentada en el suelo, abrazaba sus rodillas pegándolas al pecho, con la mirada fija en una pared.

La morocha trató de no hacer ruido al acercarse pero su objetivo no se vio cumplido ya que la muchacha clavó su vista en ella. Su rostro se iluminó con una gran sonrisa y levantándose como un resorte esperó a que la morena llegara a su lado.

-¡Que bien! Al fin llega alguien.-Exclamó.- He estado horas aquí esperando que alguien sepa como usar esta cosa, hace años que no utilizo uno.-Dijo señalando las puertas del ascensor.-Suelo usar las escaleras pero al parecer están averiadas.

La chica la miró como si de un alien se tratase, pero prefirió guardarse todas las preguntas que venían a su mente, así que optó por presionar el botón que abría las puertas del elevador.

-¡Oh! ¿Solo tenía que hacer eso?.-Dijo entrando al ascensor seguida por la morena.

-¿A que piso vas?.-Preguntó tratando de ser cortés.

-Seis.-Respondió aun sin perder su sonrisa.

Y de nuevo guardó las preguntas que quería formular solo para asentir y presionar el botón con el numero 6.

La rubia comenzó a silbar una melodía alegre para después silenciarse mirando la pared a su lado y volverse rápidamente para extender una mano a la otra chica.

-Soy Quinn.-Dijo esperando que la otra chica tomara su mano.

-Rachel.-Respondió tocando suavemente la mano de la otra.

Q: Rachel, lindo nombre.-Dijo con una sonrisa.

R: Gracias.

El ascensor se detuvo abriendo sus puertas dejando que la rubia saliera silbando. Rachel la siguio.

Quinn se detuvo en la puerta numero 57 ubicada justo al frente de la suya.

¿Y el señor Carton? Se supone que el vivía ahí.

R: Eh, disculpa.-Interrumpió a la rubia que buscaba sus llaves en una pequeña bolsa.-¿Eres nueva?

Q: ¿Vives ahí?.-preguntó señalando la puerta detrás de Rachel.

R: Si, desde hace dos años.

Q: Pues no, al parecer tu eres la nueva.-Respondió al sacar sus llaves del bolso.-Vas a necesitar ayuda, supongo. Bueno, para lo que se te ofrezca estoy aquí enfrente. Solo un consejo.-Dijo adentrándose en su apartamento.-Trata de no escuchar, los primeros días no es muy agradable.-

Y la puerta se cerró dejando a Rachel con una mirada interrogante. Al parecer el señor Cartón ya no vivía ahí pero, de todas formas, había sido remplazado por alguien igual de cuerdo que el.

Prendió las luces de la sala al entrar en el apartamento, odiaba la oscuridad. Al parecer su novio aun no llegaba de su trabajo pues todo seguía completamente igual a como lo había dejado antes de salir.

La bañera era su próximo destino, estaba llena de arena y sangre.


Se tiró en la cama desnuda, nadie la vería, ni siquiera las personas que estaban en el edificio continuo y que en cualquier momento podían espiar por su ventana que permanecía descubierta. Realmente no le importaba mucho esa situación.

No le importaba nada.

En su mente comenzaban a aparecer miles de preguntas. ¿Por qué no pude? ¿Qué hice mal? ¿Nunca podré ser feliz? ¿Nunca podré descansar?.

Basta. Sacudió su cabeza para dejar de pensar, lo único que necesitaba era dormir.

Dormir y volver a intentarlo al día siguiente.