–Capítulo 2–
Drawhogs Train
–Al final, Hagrid resultó ser nuestro mejor amigo allá en Drawhogs, ¿verdad?, lástima que sospechara de él tan rápidamente –dijo la voz de Sachel. Jewel, que estaba a su lado, asintió con una sonrisa por la memoria.
–Sí…, eso pasó hace exactamente 5 años. Ya hemos cumplido los quince, y cuando lleguemos a Drawhogs iremos a quinto curso. –dijo Jewel. La verdad es que ella ya tenía ganas de empezar.
–Sí. ¡Parece mentira! Hace poco apenas éramos unas crías y vinimos aquí, y tres años más y esto se acaba…, aunque no echaré de menos este sitio tanto como me gustaría, ¿sabes? –de pronto, hizo una entonación chillona con la voz «¡Cinco puntos menos para Doringriff señorita Dunaway!, ¡lleva un botón desabrochado en el cuello de la camisa!», por favor –dijo mirando al lado.
– ¿Nunca olvidarás eso, verdad? Oh bueno, pero no todos los profesores son mala gente. La profesora Grenarg es una de las más buenas que he tenido en CTE –Sachel asintió. –Este año haremos transformaciones… parece interesante.
Estaban las dos andando hacia King Cross, Londres, con dos baúles en las manos. Aunque, claro, usaban magia para levantarlos. Aunque era una incomodidad, la gente muggles les miraban con mala cara.
Habían llegado hacía una semana a Londres desde Barcelona, y se quedaron en "El Caldero Chorreante", paseando por el "Callejón Diagon". Ahora iban juntas a coger el "Drawhogs Train", que les llevaría allá directamente junto a sus compañeros. Las dos tenían ganas de ver a sus amigos de allá, pues sólo recibían sus noticias a partir de lechuzas, y por la incomodidad de las miradas de los vecinos, sus padres les habían prohibido recibir correo ni enviarlo.
– ¡Jewel! ¡Sachel! –exclamó de pronto una voz entre la multitud. Las dos se giraron al oír esa voz tan conocida, y las recibieron con grata sorpresa– ¿Cómo habéis estado?
Las chicas estaban mirando directamente a una tercera. No era tan alta como ellas, pero tenía siempre una sonrisa en su rostro. Tenía el cabello rizado a la altura de los hombros y de un color castaño muy claro, apenas pareciendo rubio.
– ¡Elyon! ¡Que sorpresa! ¿Cómo has estado? –preguntó Jewel abrazando a su amiga después de Sachel. –Hace siglos que no sabemos nada de ti…
–Ya, pero desde que recibí vuestra lechuza con la nota: «NO me enviéis más lechuzas» lo tomé en serio… ¡me enredasteis! –exclamó sorprendida Elyon.
–No, eso iba en serio. Nuestras madres casi nos echan fuera de casa por causa de las lechuzas… ¡la de broncas que nos hemos llevado! ¿Eh, Jewel? –afirmó Sachel con una sonrisa.
–Pues cada vez hay más rumores sobre vosotras, ¿sabéis? He estado mucho en contacto con los demás, y las cosas no van fáciles para los de Doringriff. Han echado una nueva regla. «Cualquier alumno de Doringriff que use una serpiente en cambio de una lechuza quedará castigado». Los profesores no quieres que usemos serpientes.
–Nunca me ha entusiasmado liar una nota en la cola de una serpiente, ¿sabes? –dijo Jewel arqueando la ceja. Sachel rió.
–Te entiendo, pero ¿no conoces las ventajas de las serpientes? Aunque vayan un poco más lentas que las lechuzas, es imposible que intercepten las notas. Por lo tanto, nuestro correo está perdido.
–Maldita regla que pusieron en segundo… ¿Para qué querrían leer cada una de las notas que recibamos o enviemos? ¡Eso se llama violación de la intimidad! –exclamó Jewel.
–Eso lo dices porque hasta los profesores sabían que tenías novio, Jewel. Ush, que mal, que mal.
Andando un rato más, hablando sobre la escuela, llegaron a King Cross. Los muggles que había allá las miraban sin discreción. Pero ellas eran brujas, así que estaban más que acostumbradas.
–No puedo evitar pensarlo. Cada vez que venimos aquí, me siento como en la edad media ¡le gente nos teme! –susurró Sachel a sus amigas.
–Los muggles tienen miedo de nosotras. Creen que podemos echarles una maldición y condenarles a la muerte.
–Oh bueno, eso sí podemos hacerlo. Pero no lo haremos, ¿Qué se piensan?
– ¿Tú que pensarías? –replicó Jewel. Sachel pensó un momento, pero admitió que su amiga tenía razón. Aunque no era culpa suya, sus miedos eran justificados.
– Invidetro –susurró Elyon apuntándose a sí misma, a sus compañeras y a sus baúles con una fina varita de madera de sauce que contenía un pelo de la cola de un unicornio hembra. Se habían vuelto invisibles.
– ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí? –musitó Sachel agarrando su baúl y andando.
–Aunque va bien, lo peor sería que pisáramos a alguien- ¡AY! ¡Perdone! –exclamó Elyon. Jewel se golpeó la cabeza con la palma de la mano. Elyon había pisado a un hombre que tenía pinta de asustadizo y miraba a todo el mundo con miedo. Elyon dio la mano con sus otras dos amigas invisibles y entre las tres, huyeron de allá para evitar causar más alboroto.
Entre las tres (y sin pisar a nadie más) fueron corriendo hacia una puerta cerrada con llave en la que ponía «Prohibido el paso». Esa puerta llevaba al tranvía "Drawhogs Train", y solo unas pocas personas podrían entrar y cerrarla por detrás sin una llave, los magos.
–Alohomora –dijo Jewel sacando la varita de su bolsillo, de madera de pino, flexible y que contenía una pluma de la cola de un fénix. Con un movimiento suave de muñeca, la puerta de abrió automáticamente.
Al entrar en la puerta, las tres se volvieron visibles, pues no era un secreto para ellas que los profesores habían embrujado aquél raíl para que la magia no pudiera usarse y no crear problemas. Eran leyendas, tal vez, pero se decía que en ese tren había habido más de un asesinato por discusiones entre alumnos. Ya hartos, hicieron servir un conjuro de antimagia.
– ¡Mira! ¡Si son las sangre-sucias! –exclamó una voz. Era una voz femenina que procedía de una chica con el pelo muy liso y por debajo de los hombros rubio platino y de los ojos de un azul muy intenso. Tenía una mirada de disgusto en la cara –Esperaba que cambiaseis de colegio. ¿Ni un favor podéis hacerme?
–Cierra el pico, sanguijuela –dijo Sachel echándole una mirada fría. Las chica, que se llamaba Liviana Malfoy, era conocida por ser la líder del grupo de chicas de Slytherin, la más ambiciosa y favorita de la mayoría de profesores (sobretodo del director, pues ésta era su sobrina), y la más popular entre todos los chicos de la escuela. Era de la dinastía de las "Sangre Limpia".
–Si no hubiera sido por Lord Voldemort, mi tío os habría echado de la escuela en un abrir y cerrar de ojos… ¡no sois de sangre limpia!, que vergüenza…
–Me abstengo de ser una "Sangre-limpia" si no soy una… persona como tú –dijo Jewel fríamente y girándole la espalda. –No le hagas caso…, solo quiere un motivo para castigarte –le dijo a Sachel agarrándola del brazo y echándola a un lado, pues sabía que Sachel no aguantaría a Malfoy tal fácilmente.
–Esa… ¡bruja! –dijo Sachel con desgana. –Nunca le perdonaré lo que me hizo en tercero…
Tanto Elyon como Jewel sabían a qué se refería, ella había sido castigada a limpiar todos los lavabos de la escuela sin magia un domingo. Aunque no era la única que no se libró de ella: Jewel tuvo que dejar impecables las mesas de todas las aulas de todas las clases en Cuarto, y Elyon tuvo que fregar el suelo de todo el primer piso, la entrada y el soterráneo en primero.
Ellas ya lo sabían que eran las únicas de toda la escuela que tenían padres muggles, los demás eran de "sangre-limpia" o "sangre-noble". También era conocido el asco de los Malfoy (director de la escuela incluso) hacia ellas. Suponían que era decisión de su único superior: Lord Voldemort. ¿Pero por qué? ¿Porqué a ellas les eran permitidos su enseñanza y a los otros hijos de muggles no? Era un misterio que muchos ansiaban por resolver, sobretodo los alumnos de Slytherin, pues todos ellos odiaban tanto a Jewel, como a Sachel como a cualquiera que les dirigiese la palabra.
A Jewel le daba igual, sabía que habría alguna razón, e incluso había tratado de averiguarlo hasta en segundo curso. Entonces, sorprendieron a Jewel en la biblioteca buscando cosas sobre Hogwards que no eran del todo para deberes, y por algún extraño motivo, estaba prohibido investigar sobre Hogwards.
Sachel también buscaba esa información, pero sorprendentemente (teniendo en cuenta que nunca tuvo mucha suerte en ese tipo de cosas), jamás la pillaron in fraganti. A ella sí que le interesaba saberlo, pues ése era siempre el motivo de burla de su "compañera" Liviana Malfoy.
Elyon decía constantemente que era una tontería, que tal vez sería un capricho de Lord Voldemort, pero que tarde o temprano descubrirían el porqué.
Pero apenas sabían lo cierto que eran las palabras de Elyon.
Las tres subieron al "Drawhogs Train" y se sentaron en el último compartimiento de siempre. Los tres primeros años, recibían la "agradable" visita de Malfoy, pero Jewel conjuraba un hechizo que le impedía cruzar esa puerta, y si no, Sachel siempre tenía a mano su conjuro de desarme "Expelliarmus".
En cambio, se encontraron con la profesora Grenarg, cada día más simpática y agradable. Era la profesora más dulce con los de Doringriff (y no solo por el hecho de ser jefa de la casa), pero quería especialmente a Jewel y a Sachel y las ayudaba siempre que podía.
Hermonie Grenarg era una mujer de 29 años, pelo corto y ojos marrones, siempre cargada encima con libros. Sus clases eran muy interesantes, CTE. Pocos de Doringriff lo sabían, pero ella bajaba muy a menudo a ver a Hagrid, y en más de una ocasión, acompañada de Jewel o de Sachel.
Al entrar en el compartimiento, la profesora Grenarg ya les esperaba con una sonrisa ofreciéndoles pasteles en forma de caldero y todo tipo de dulces que había comprado.
– ¡Vaya profesora! No sabía que le gustaban tanto los dulces –exclamó Elyon cogiendo una cajita de Ranas de Chocolate.
– ¿Quién lo diría? Me encantan los dulces –dijo con una sonrisa–. Cuando tenía vuestra edad, tenía un amigo que los compraba a montones y siempre los compartía conmigo y otro amigo (su madre le preparaba lomo en lata, y él no lo soportaba) –dijo melancólicamente con una sonrisa –Me acuerdo, podría haber sido ayer mismo…
– ¿Qué pasó? –preguntó Sachel con curiosidad.
–Perdimos el contacto –dijo simplemente la profesora– Bueno niñas, voy a hablar con el director, tengo que asegurarme de tener su consentimiento para enseñaros Transformación Humana, después de todo –las tres saltaron de su silla con alegría.
– ¿Transformación Humana? ¡Guay! –exclamó Sachel.
–Sí, pero no te emociones, empezaremos con algo pequeño…, como una aguja o algo parecido –dijo Jewel con una sonrisa.
– ¿Nos cambiamos ya? –preguntó Elyon cerrando la puerta del compartimiento y desabrochándose la camisa. Las demás asintieron, pronto ya se habían cambiado.
Llevaban puesto una túnica negra y larga de manga larga, y una camisa especial blanca con el escudo de la descuela Drawhogs de Artes Oscuras en el bolsillo a la altura del pecho en la derecha. Las chicas llevaban un pañuelo en el cuello donde los chicos levaban una corbata, verde y plata de Slytherin, y rojo y oro del alumno era de Doringriff.
También los chicos vestían pantalones rojos o verdes oscuros. Las chicas llevaban una falda por encima de la rodilla. Para las clases era obligatoria abrocharse el primer botón de la túnica, pero no para el recreo ni nada similar.
