Disclaimer: Rozen Maiden, así como los personajes de esta historia, no me pertenecen.
Nota de Autor: Lamento tardar en actualizar, he estado atareado con cosas del colegio. Este Two-Shots se convirtió en Three-Shots; Publicaré la última parte (Que servirá de epílogo) en cuanto la realice. Pido disculpas por las fallas ortográficas o de redacción... ¡Espero que mi obra sea de su gusto!
PARTE II
Una ventisca trajo consigo plumas negras, lo cual sólo indicaba una cosa: La presencia de la primera Rozen Maiden. Una muñeca de vestimentas negras y alas del mismo color, ojos rojos y cabello plateado hizo su aparición posándose sobre uno de los cristales más altos de las cercanías, mirando por encima del hombro al resto de sus hermanas y a LaPlace quienes se encontraban abajo mientras mordía una pluma negra con picardía.
—¡Suigintou está allá arriba! —Exclamó Hinaichigo al notar su presencia.
Suigintou bajó de donde estaba y se mostró ante sus hermanas, riéndose:
—Al parecer estamos todas.
—Suigintou… —Dijo Shinku para sí misma.
—No podemos evadir el destino por siempre, ¿O sí? —Añadió sonriente, al tiempo que dejó caer la pluma que sostenía en su mano.
—¿Qué haces aquí? —Preguntó Suiseiseki, con el ceño fruncido.
—Lo mismo que ustedes, esperar.
—¿Esperar? ¿Qué esperas? —Preguntó Hinaichigo, confundida.
—A que la séptima Rozen Maiden aparezca para luchar.
—¿Séptima? ¿Acaso tú también la has visto? —Dijo Souseiseki, sorprendida.
—Así es —Rio Suigintou— Y la he seguido hasta aquí.
—Souseiseki y Suigintou vieron al fantasma, Shinku… —Dijo una asustada Hinaichigo a su hermana mayor, quien la abrazó.
—Todo estará bien, te lo prometo… —Le susurró Shinku para calmarla.
Un enorme botón brotó de la nieve, y pocos segundos luego se abrió dejando ver una gran rosa blanca sobre la que Kirakishou se encontraba sentada.
—Hermanas mías… —Dijo, con semblante sonriente— Estoy muy contenta de poder estar con todas al mismo tiempo…
—Meimei… —Susurró Suigintou, invocando su espíritu artificial de color púrpura.
Suiseiseki gruñó al ver el gesto de Suigintou y estuvo a punto de invocar a Sui Dream, pero su hermana menor la tomó de la mano en señal de que contuviera el impulso y conservara la calma. Mientras, frente a la rosa blanca sobre la que estaba Kirakishou brotaron seis botones, que luego se abrieron dando paso a seis rosas de colores distintos (Negra, Verde, Azul, Roja, Rosada, Amarilla, en ese orden), lo cual hizo que las Maiden se sorprendieran. Kirakishou continuó:
—Nuestro padre me ha confiado los más profundos secretos del Juego de Alice, yo soy la Rosa que resguarda los misterios y ahora es el momento de darlos a conocer. ¿Algo en particular que deseen saber?
—¿Quién es la favorita de Padre? —Se apresuró a decir Suigintou, mirando a Shinku con odio.
—Padre no tiene favorita. —Contestó Souseiseki con un tono de voz bajo.
—¿Cómo puedes saberlo tú? —Replicó la muñeca negra, con soberbia.
—Tal como lo dijo mi hermana de la rosa azul, Padre no tiene favorita, nos ama a todas por igual. —Intervino Kirakishou, tratando de armonizar el ambiente.
—¿Cuáles son las otras formas… de ser Alice? —Preguntó Shinku.
—Hay múltiples. Una de ellas es el Juego de Alice, es la más fácil y la manera de que haya una sola Alice. Otra es sintiendo amor por sí mismas y todas sus hermanas sin excepción, mostrando dulzura y compasión a todas por igual, tal como Padre lo hace; Esa es la única forma de ser Alice sin necesidad de obtener otras Rosas Místicas y la única manera en que todas podemos ser Alice a la vez. Otra es convertirse en el Ángel Violinista, la Muñeca Jardinera, o la Rosa Silvestre.
»Para ser el Ángel Violinista, se necesitan las rosas negra y amarilla. Para ser la Muñeca Jardinera, se necesitan las rosas azul y verde. Para ser la Rosa Silvestre se necesitan las últimas tres: roja, rosada y blanca. Esta es la única manera en que tres de nosotras puedan ser Alice a la vez. Finalmente, que dos de nosotras recolecten las rosas naturales y las rosas artificiales, respectivamente. Las rosas naturales son la roja, la rosada, la blanca y la amarilla; Las rosas artificiales son el resto. De esa forma puede haber dos Alice. Padre me dijo que existen muchas otras más, pero esas son todas las que sé. ¿Cuál escogen ustedes?
Hubo un silencio luego de la pregunta. Todas estaban en Shock e intercambiaban miradas entre sí. Nadie sabía qué hacer. Entonces una ráfaga de plumas negras se dirigió hacia Kirakishou:
—Lo lamento pero no creo ni en una sola de tus palabras, muñeca mentirosa. Una ilusión como tú apenas puede parecerse a nosotras que sí tenemos cuerpo y fuimos creadas por Padre. Tu sarta de mentiras no me convence, y para mí la única forma de ser perfecta siempre será el Juego de Alice. —Dijo Suigintou con una sonrisa cruel en su rostro.
Shinku y Kanaria gruñeron ante la actitud decidida de Suigintou a luchar y se prepararon para defenderse. Hinaichigo se aferró a Souseiseki quien a su vez aún estaba agarrando de la mano a su hermana mayor.
—Es lamentable que muchas de ustedes no crean en mí, pues sólo digo la verdad, es por esta misma razón que no somos capaces de convertirnos en Alice todas a la vez… Si el Juego de Alice es su voluntad, hermanas mías, ¡Que así sea! —Dijo Kirakishou con una risa tétricamente dulce.
Una serie de zarzas blancas se dirigieron a Kanaria a una velocidad incalculable y atravesaron su pecho antes que esta siquiera pudiera darse cuenta. Kirakishou retiró las zarzas del cuerpo de su hermana amarilla, haciendo que esta última dejara escapar un pequeño gemido antes de que su cuerpo comenzara a irradiar una luz amarilla y su rosa mística saliera por el agujero que las zarzas habían creado en su pecho. La Rosa Mística de Kanaria flotaba libremente siendo el foco de atención de los ojos de todas las Maiden presentes quienes apenas podían darse cuenta de lo que sucedía debido a la rapidez con la que acontecía todo. Suigintou se apresuró a volar hacia la gema antes de que alguien pudiera hacerse con ella, pero unas zarzas blancas brotaron del suelo y la atraparon por los pies, impidiendo que pudiera continuar con su cometido. Kirakishou se comió la rosa de Kanaria y sonrió mientras sentía cómo su poder se enriquecía a medida que su cuerpo irradiaba una luz blanca.
—El Juego de Alice se ha reanudado —Dijo LaPlace, soplando un polvo dorado que se encontraba en la palma de su mano. El polvo flotó hacia Hinaichigo y Souseiseki, quienes cayeron dormidas al instante. Sus rosas místicas salieron de sus cuerpos y flotaron hacia Shinku y Suigintou, respectivamente.
—¡Souseiseki! —Gritó Suiseiseki, arrodillándose junto al cuerpo de su hermana.
—¡No deberías descuidarte, después de todo, estoy a un paso de tomar tu rosa! —Exclamó Suigintou, liberándose de las zarzas y volando hacia Suiseiseki.
—¡Sui Dream! —La castaña invocó a su espíritu artificial el cual le otorgó la Regadera del Jardinero.
Suigintou lanzó una ráfaga de plumas negras que se dirigió hacia Suiseiseki, pero esta última fue capaz de protegerse al regar el suelo haciendo que brotara una planta de tallo alto y grueso, sobre el cual se clavaron las plumas. Posteriormente, regó el suelo alrededor del cuerpo de su hermana y crecieron varias plantas de tallo grueso las cuales manipuló hasta obtener una especie de domo que resguardaba a Souseiseki. Mientras tanto, Shinku peleaba con Kirakishou; La muñeca carmesí lanzaba ráfagas de pétalos de rosa del mismo color, que no eran capaces de hacer daño a su contrincante ya que esta invocaba el violín de Kanaria y se protegía creando ciclones con el sonido del instrumento que impedían el paso de los pétalos.
—¡Hollie! —Clamó Shinku, invocando al espíritu artificial el cual le otorgó su bastón.
—¡Rosary! —Llamó Kirakishou, por su parte, y un lucero blanco apareció junto a ella.
—¿Por qué haces esto? —Preguntó Shinku, poniéndose en guardia.
—Padre desea que Alice nazca, su alma lo necesita. Yo quise hacer realidad su deseo, por eso las traje hasta aquí y les conté los secretos que guarda mi rosa mística. Ustedes decidirían cómo Alice nacería, y escogieron el Juego. Yo estoy, entonces, haciendo que el juego siga su curso. —Sonrió dulcemente, haciendo que unas zarzas atacaran a Shinku, quien bloqueó el movimiento con varias enredaderas de pequeñas fresas.
Suigintou había invocado las Tijeras del Jardinero de Souseiseki para atormentar a Suiseiseki, pero esta última estaba decidida a no mostrar el dolor que sentía en su interior y luchar.
—¿Entonces, Hermanita? ¡Dame tu mejor golpe! —Le retó Suigintou.
Suiseiseki respondió haciendo que del tallo principal de la planta sobre la que se encontraba brotara otro y se dirigiera a Suigintou, quien sin mucho esfuerzo logró evadir el ataque.
—¡Muy lento! ¿Es todo lo que tienes? —Preguntó Suigintou, sonriendo al tiempo que arqueaba una ceja— Es una lástima. —Cortó de un sablazo la parte final del tallo— Supongo que es mi turno… —Sonrió, y voló apresurada hacia Suiseiseki apuntándola con el filo de las tijeras.
Suiseiseki se cubrió usando su regadera a modo de escudo y cayó al suelo mientras Suigintou se mantenía en el aire gracias a que estaba volando.
—Luchar contra ti es muy aburrido. Te dejaré para el final. —Se burló Suigintou, y voló hacia donde estaban Kirakishou y Shinku.
Las zarzas blancas atravesaron el cuerpo de Suigintou antes de que esta pudiera lanzar su primer ataque contra Kirakishou. La primera Rozen Maiden miró con odio y envidia a la que acababa de llamar ilusión y de igual manera a aquella que alguna vez la llamó e hizo sentir basura. Posteriormente quedó inconsciente y su cuerpo comenzó a irradiar una luz púrpura; Dos rosas místicas flotaron y revolotearon en direcciones distintas, una se dirigía hacia Suiseiseki, pero ambas fueron devoradas por Kirakishou.
—Cuido de tres de mis hermanas en mi interior. Me siento tan contenta de tenerlas a todas ellas… —Dijo Kirakishou, y su cuerpo emitía una enceguecedora luz blanca que indicaba que cada vez se hacía más poderosa.
Shinku gruñó al ver tanto poder. No sabía cómo sería capaz de derrotar a alguien tan fuerte, que fue capaz de acabar con Suigintou y Kanaria en un abrir y cerrar de ojos. Al mismo tiempo, estaba preocupada por Suiseiseki, así que mientras Kirakishou estaba distraída decidió ir hacia donde estaba su hermana.
Ofreciéndole su mano, Shinku le preguntó:
—¿Estás bien…?
—Eso…creo… —Dijo Suiseiseki, en un susurro.
—Es muy fuerte, no es fácil luchar contra ella…
—T-Tengo m-miedo Sh-Shinku… —Dijo, temblando y con los ojos cristalizados— No hay que temer, sólo debemos luchar hasta el final y dar todo lo que tenemos hasta el último momento… —Desvió la mirada— No me habría gustado que las cosas acabaran así… —Volvió a mirar a Suiseiseki— Pero no hay más opción. Alice debe nacer aquí y ahora… —Colocó su mano en la mejilla de su hermana para secar una lágrima— Suiseiseki…
—Shinku… —Dijo, llorando.
Zarzas blancas tomaron el cuerpo de Hinaichigo que se encontraba cerca de las muñecas verde y carmesí, y con furia, Kirakishou lo hizo trizas.
—Padre siempre te trató mejor… —Dijo Kirakishou para sí misma, pensando en su hermana mayor, cuyo cuerpo acababa de destrozar.
Al ver eso, Shinku sintió las flamas de la furia arder en su interior. Se apresuró a lanzar una ráfaga de pétalos los cuales tomaron forma de púas y se dirigieron hacia la séptima Rozen Maiden, quien se escudó con las alas negras de Suigintou, que brotaron de su espalda tan pronto como la primera púa se acercó. La rosa blanca del ojo de Kirakishou se salió de su órbita mientras esta sonreía sádicamente, lanzando una ráfaga de plumas negras. Shinku se escudó con ayuda de una serie de pétalos acomodados a modo de barrera. Kirakishou invocó el violín de Kanaria y creó varias ondas cortantes de viento que desgarraron una parte de los vestidos de sus hermanas; Shinku atacó a Kirakishou con enredaderas de pequeñas fresas, pero la muñeca blanca logró bloquear el movimiento con zarzas del mismo color.
—Adorada hermana de la rosa roja, únete a mí, permíteme protegerte —Colocó sus manos en su pecho mientras sonreía con dulzura.
—¡Eres un monstruo! —Le gritó, con ira— ¡Eres un monstruo por hacerle esto a nuestras hermanas! ¡Eres un monstruo por dejar marcas imborrables en sus cuerpos y cruelmente arrebatarles sus rosas místicas! Eres un monstruo… ¡Por lo que le hiciste a Hinaichigo! —Gritó, y miles de pétalos rojos volaron en dirección a Kirakishou quien fue impactada por muchos.
—¿Cómo puedes…? —Comenzó a llorar inconsolablemente— ¿Cómo puedes… llamarme monstruo? —Gritó, y cantidades incalculables de zarzas blancas se dirigieron hacia Shinku y atravesaron su cuerpo antes que esta pudiera evadir eficazmente el ataque.
Suiseiseki miró aterrada aquella escena mientras lágrimas corrían por sus mejillas. Dos rosas místicas volaron en dirección a ella y se apresuró a acogerlas en su pecho; Las absorbió, y su cuerpo desprendió una luz verde intensa. Observó a su hermana menor, quien le devolvió la mirada y lanzó los restos del cuerpo de Shinku lejos, los cuales cayeron junto a los de Suigintou.
—Hermana de la rosa verde… Eres tú quien me separa de convertirme en Alice. —Dijo Kirakishou, dando tímidos pasos hacia Suiseiseki sin apartar la mirada de sus ojos.
—K-Kiraki…shou… —Dijo la muñeca verde, temblando.
—Entrégame las rosas místicas, por favor.
—¡J-Jamás!
La muñeca rubia de vestimentas blancas se colocó sobre el montón de tallos apilados que protegían el cuerpo de Souseiseki. Se colocó de rodillas, apoyándose en sus manos, miró a Suiseiseki y sonrió:
—¿Prefieres dármelas voluntariamente, o… —Acerca algunas zarzas a la superficie de la barrera protectora— ...que despedace el cuerpo de mi hermana de la rosa azul y luego te las arrebate?
—Está bien… —Suspiró y bajó la cabeza— Yo… Yo te daré las rosas místicas…
Pasaron unos segundos en silencio en los que ninguna de las dos movió si quiera un músculo. Repentinamente, del montón de plantas sobre el que se encontraba Kirakishou brotó un enorme tallo grueso que atravesó el pecho de la séptima Rozen Maiden, quien se quedó paralizada y al cabo de unos segundos desapareció. Un botón de flor brotó en la parte superior final del tallo, y segundos más tarde se abrió dando lugar a una gigantesca rosa blanca, de la que salieron cuatro rosas místicas...
