Nada de esto es mío, los personajes y las cosas fantásticas (y hermosas y bellas :{3)le pertenecen a Suzanne Collins.
Tan solo por si se lo preguntan, no, no estoy loca. El titulo proviene del género de plantas con flores de la familia Asteraceae conocidas comúnmente como dientes de león, cuyo nombre es Taraxacum. Eh, sí, Wikipedia aclara mucho.
"Serie de Viñetas Post Sinsajo y Pre-Epílogo, sin orden cronológico. Porque el panadero y el Sinsajo finalmente terminaron juntos, pero nadie explicó cómo fue su diario vivir, ni como llegaron a él."
-Al fin utilizas eso que está sobre tu cuello un poco, descerebrada.-pese a sus palabras, Johanna inclina la cabeza y me sonríe.
Y con todos los nervios, lo único que logro devolverle es una mueca.
-Tranquila, ese día también estaba muy alterada, pero simplemente yo...-Annie deja de trenzarme el cabello durante unos instantes y se queda mirando hacia el infinito. Luego de lo que me parece una eternidad sacude la cabeza-, me tranquilicé.
Intento escucharlas, de veras que sí, pero frunzo el ceño sin poder evitarlo, mirando fijamente la imagen que me devuelve el espejo. No es un vestido despampanante ni mucho menos, pero me parece perfecto. La verdad es que no sé qué es lo que me mantiene tan preocupada, porque hace mucho que llevamos viviendo juntos con Peeta. Es solo... firmar un papel. Y poner a tostar un pan. Nada del otro mundo.
Pero, aunque lo repita una y otra vez en mi cabeza, las palabras no adquieren mayor sentido cada vez que lo hago.
-Deja de fruncir tanto el ceño, o el novio se echará a correr fuera del edificio de Justicia, preciosa.
En cuanto llega la voz socarrona de mi mentor llega a mis oídos, me doy vuelta con la clara intención de devolverle un comentario, lleno de sarcasmo. Sin embargo, este no llega, porque me quedo mirando fijamente a sus dos acompañantes, con la boca abierta.
Ella es rubia, tiene unos grandes ojos azules, una estatura normal y cuenta con varias arrugas que enmarcan su rostro. Él tiene el cabello oscuro, ojos grises, es alto y muy musculoso. Los miro de hito en hito para saber si son reales.
O quizá para conocer el motivo por el cuál están aquí, este día.
Ella es la primera en avanzar, con pasos poco decididos y los brazos, temblorosos, abiertos hacia mi. Rápidamente, acudo a su encuentro. Nos abrazamos mientras siento cómo se sacude su cuerpo a causa de los sollozos que la invaden.
-Perdón.-susurra contra mi oído, muy bajito-, por todo.
Sé que no se refiere al hecho de que en los últimos tres años no haya pisado el distrito. También sé que no se refiere a que luego de un par de llamadas en cuanto salí de mi estado catatónico no me haya llamado más. Y como si fuera obvio, entiendo que pide perdón por el tiempo a que nos abandonó a mi pequeña hermanita, Prim, y a mí, a nuestra merced debido a la depresión que le embargó luego de la muerte de mi padre.
Y, por primera vez en toda mi vida, le comprendo, porque sé lo que significaría perder a mi compañero. Perder a Peeta.
Asiento levemente con la cabeza, y cuando me suelta veo que sus ojos tienen un brillo muy especial. De esperanza.
Gale carraspea.
-He venido a inspeccionar si usted es feliz, señorita Everdeen.
Suelto una risita ante su elección de palabras y asiento con la cabeza. Él esboza una pequeña sonrisa, con la cual me entero que aprueba la decisión que tomo, y que no sufre por ello.
En ese momento es cuando todas las piezas calzan, finalmente. Pese a que sepa que no tengo a Prim a mi lado, y que lo más probable es que ella estaría dando vueltas por todos los rincones, burlándose de mis nervios y abrazándome a cada momento, también sé que tengo a una familia que me acompaña. Mi madre, Haymitch, Johanna, Annie, el pequeño Finnick y el más importante de todos, Peeta.
Todos ellos me acompañan el día más importante de mi vida, el día en que finalmente le doy el "sí" al chico del pan, el que me ayuda a sobrevivir y me enseña a vivir, día a día. El día en que me caso con -y como le gusta agregar a Haymitch, siempre con su infinito aire burlón, finalmente me cazó- Peeta Mellark.
