Disclaimer: como sabéis nada de esto me pertenece y solo saco de aquí entretenimiento y diversión.
2.- UN DÍA MUY MOVIDO
Hermione se despertó fatigada, más cansada que cuando se había ido a dormir, si es que era posible, despertó a Ron que estaba tendido a su lado, se habían pasado horas andando por el inframundo, en un intento de encontrar a alguien para poder salir de allí, pero parecía que el lugar estaba abandonado, no habían encontrado un solo demonio en todo el día, finalmente se habían dormido sobre la fría piedra, desesperados, sedientos y agotados.
— ¿Crees que encontraremos agua? — preguntó Ron. Hermione no quiso decepcionarle, porque dudaba que hubiese algo más que piedras y polvo allí. Además no tenían siquiera sus varitas, habían desaparecido en algún momento de su viaje al inframundo.
— No me puedo creer que no nos hayamos encontrado con nadie. — dijo Hermione dejándose caer de nuevo sobre la piedra que constituía el suelo.
— Yo tampoco, bueno si he de ser sincero no es que tenga muchas ganas de correr al acecho de esos demonios, pero mejor que…
— ¿Qué has dicho? — le cortó Hermione.
— Que es mejor que…
— No, no. — le volvió a cortar Hermione. — Dijiste que no tenías ganas de encontrarte con ellos.
— Bueno Hermione, es que no soy suicida, estamos en su territorio, sin armas, sin varita, y tenemos que encontrar a uno de esos seres, que tienen más poder que nosotros…
— Eso es Ron, eres un genio.
— Lo sé… — dijo Ron con orgullo. — ¿Pero por qué exactamente?
— Y si no estamos atrapados en el inframundo, si no en la grieta de tiempo, quiero decir, no tendría lógica que hubiésemos caído en el inframundo, pero si tiene lógica que hayamos caído en la grieta y que veamos el inframundo porque esta acorde con nuestro pensamientos y sentimientos.
— No te entiendo Hermione.
— Es muy simple Ron. — dijo Hermione, aunque se dio cuenta de que no era para nada simple cuando trató de volver a explicárselo. — Ya dije que no había que jugar con el tiempo. Cuando Harry y Bronwyn viajaron, rompieron el espacio tiempo y crearon una especie de grieta, imagínalo como una línea, en nuestro tiempo se ha partido porque ellos se han ido y hasta que no vuelvan no volverá a unirse, nosotros ahora estamos perdidos en algún punto de esa grieta en la línea, sin poder salir de ella. Pero técnicamente ahora somos parte de la grieta, por tanto debemos ser capaces de ir a un lado y a otro de esa grieta, tal vez si podemos ir a donde están Harry y Bronwyn y advertirles puedan ayudarnos o si podemos llegar hasta Shido el sepa como sacarnos de la grieta.
— ¿Estás segura de eso, Hermione? Yo no creo que esto sea cosa de nuestras mentes, este sitio da asco.
— Solo hay una forma de saberlo.
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Harry miraba fijamente la chimenea que estaba apagada porque aún hacia calor, faltaban un par de horas para que los alumnos empezaran a levantarse, pero es que él no había sido capaz de dormir, y aunque pareciera mentira su insomnio no había sido causado por los fuertes ronquidos de Peter, ni porque Remus no dejase de dar vueltas ni dos segundos en la cama, ni porque James y Sirius habían decidido que la primera noche en Hogwarts era un desperdicio pasarla durmiendo y se habían pasado todo el tiempo ideando bromas contra su blanco favorito Snape, o al menos estaba seguro de que era contra Snape, por lo menos su nombre había salido a relucir un par de veces.
Todo eso no le había impedido dormir, ninguno de sus compañeros habían sido los causantes de que no pudieran dormir y a la vez el motivo estaba estrechamente relacionado con ellos, el motivo por el que Harry Potter no pudo dormir su primera noche, por segunda vez, en el séptimo curso del colegio Hogwarts de magia y hechicería había sido que deseaba levantarse y decirle a su padre y su padrino que Peter los iba a traicionar y a condenar a una vida en Azkaban en el caso de Sirius o muertos en el caso de James, su padre. Pero había prometido no revelar más de lo necesario, no podría salvar a su familia ni aunque quisiera, y tenía la oportunidad a alcance de la mano.
Todo eso había provocado que se pasase la noche en vela y que ahora tuviese los ojos rojos y grandes ojeras bajo estos, se pasó una mano por el cuello y el hombro, tratando de aliviar la tensión que había en estos, cerró los ojos y hundió la cara entre sus manos, había sido muy valiente antes de ir allí, había hablado con Bronwyn sobre tratar bien a Peter, él aún era inocente, pero Harry sabía que Peter había sido el principal causante de dolor en su familia, por muy inocente que fuera, no podía contener sus instintos homicidas.
— ¿Qué te pasa? — preguntó una voz femenina sentándose junto a él. Harry sonrió a Selene restándole importancia.
— No es nada.
La mujer, mejor dicho, la chica, era tan parecida a como era en el futuro, no solo porque su aspecto allí era el de una chica de veinte años, un vampiro la había mordido con esa edad, cuando Voldemort atacaba la casa de los Potter, pero no solo se parecía en el aspecto a ella misma de mayor, seguía llevando esa ropa escotada y provocativa, incluso había modificado el uniforme, seguía con esa sonrisa dulce en los labios, y cuando hablaba con un chico ponía un tono de voz que Ron había descrito como "ronroneante". Si definitivamente Selene siempre sería Selene.
— Por nada no se tienen ojeras ni esa cara de pena.
— Supongo que es difícil hacerse al cambio. — sonrió Harry, tratando de sonar amigable, pero no tenía ninguna gana de hablar de aquello con la mujer.
— Estuve hablando con Sirius y James, no se fían de vosotros.
— ¿Y por qué me cuentas eso? — preguntó Harry, sin entender porque Selene traicionaba a sus amigos por un desconocido.
— Porque Sirius y James no se fían de nadie, James te oyó defender a Lily de Snape y piensa que le quieres robar protagonismo frente a Lily, y Sirius… Bueno siempre piensa mal de la gente atractiva. — dijo Selene apoyándose en el respaldo del sofá y cruzando las piernas. — Yo no creo que seáis malas personas. Y no me gusta que haya más rivalidad en Griffindor, suficiente hay con la que les tienen Lily y Susan. Procura no ligar más que Sirius y no defiendas a Lily de Snape y seréis sus amigos.
— Gracias, supongo. — dijo Harry sonriendo a la mujer.
— De nada, cariño. — dijo Selene sonriendo. — Eso no significa que no sepamos todos que escondéis un secreto, te pareces demasiado a James, pero tus ojos… Son como los de Lily y está claro que nada normal puede salir de esa mezcla. — Selene dejó escapar una risa antes de subir hacia la habitación de los merodeadores.
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— Tranquilízate Shido. — pidió Elektra poniéndole las manos sobre las mejillas, los ojos del chico estaban más rojos de los normales y Elektra sabía lo que pasaría si perdía el control.
— No me voy a tranquilizar, de alguna manera mi mujer esta perdida en el tiempo, eso si es que sigue viva…
La honda expansiva había creado una especia de mini explosión cuando Harry y Bronwyn habían desaparecido, llenándolo todo de humo, cuando el humo se había disipado de habían dado cuenta de que Hermione y Ron también habían desaparecido, pero ninguno pensaba que estuviesen en el pasado, al menos no en el mismo pasado que los otros dos.
Dumbledore había mandado a Lily y Susan a casa de la segunda a buscar en los libros que allí había haber si averiguaba algo, Remus hacía lo mismo con Selene en la zona prohibida de la biblioteca de Hogwarts y James y Sirius habían ido alguna de las propiedades de los Black haber si encontraban algo de utilidad.
Por supuesto Shido se había negado a sentarse en una silla y leer mientras su mujer estaba perdida a saber donde, así que había bajado al inframundo con Elektra en busca de algo más útil, sabía que ya era persona non grata en el infierno, desde que Ginny y Conner mandaban allí, pero tenía pensado que no le descubrieran, estaba reunido con alguno de los demonios que le habían sido fieles, que le seguían siendo fieles pese al reinado de la "reina de corazones".
— Hacía mucho que no pasabas por aquí. — dijo uno de los demonios, aunque no dejaba de mirar a Elektra mientras hablaba. — Espero que vengas a mejorar nuestra situación.
— En realidad aún no, me temo que debéis mejorar vuestra situación vosotros, no puedo hacer nada, ya no cuento con la simpatía de los jefes, pero vosotros… Sois libres maldita sea, no podéis dejar que os pisoteen y os maten.
— Eso es muy fácil de decir Shido, pero nuestra única opción es huir de aquí y esta es nuestra casa.
— Lo sé, pero debéis aguantar un poco más, ahora mismo hay problemas que requieren mi atención y en cuanto acabe con esto os prometo que me encargaré de que la paz vuelva al inframundo, pero para ello necesito vuestra ayuda.
— ¿Qué necesitas? — Shido sonrió ligeramente, sabía que todos ellos confiaban en él, y tenía pensado ayudarlos, pero cuando encontrase a Hermione, su mujer estaba por delante de esa panda de demonios demasiado inútiles para empezar una guerra solos.
— Necesito a alguien que tenga el poder de viajar en el tiempo y entre dimensiones.
Dos demonios se ofrecieron voluntarios para ayudarle, Shido sonrió y despidió a los demás, mientras pedía a los demonios que les explicase como usar su poder, mientras escuchaba atentamente, memorizando cada detalle. No tenía pensado colaborar con ellos, llevaba la daga de las almas escondida bajo su ropa, solo quería sus poderes, por eso quería saber todo sobre ellos.
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Bronwyn y Harry iban camino del despacho de Dumbledore, mientras Harry le contaba entre susurros la conversación con Selene, habían decidido tratar esos temas en privado, si era verdad que no se fiaban de ellos podían espiarlos.
Se pararon frente a la puerta del despacho de Dumbledore, dándose cuenta de que no conocían la contraseña, por lo visto había cosas que nunca iban a cambiar, ni en el pasado, ni en el futuro.
— ¿Contraseña? — preguntó Bronwyn.
— ¿Cómo quieres que la sepa? Empieza a probar con cosas dulces. — dijo Harry riendo con suavidad.
— No entiendo porque el despacho del director tiene que tener contraseña, ¿qué haces si tienes una emergencia?
— Ir a ver a la jefa de la casa, me imagino, siempre podemos aparecer dentro.
— No puedes usar tus poderes demoniacos, Harry. Esperaremos hasta que salga.
— Queda al menos una hora hasta que empiece el desayuno, no creo que salga pronto. — trató de convencerla Harry, la verdad es que llevaba tanto tiempo sin usar sus poderes demoniacos que los echaba de menos.
— Entonces busquemos a McGonagall y pidámosla la contraseña.
— Seguro que nos la da encantada. — susurró Harry.
Cuando se dieron la vuelta para irse la gárgola se abrió sola, y Snape salió de allí, Harry y Bronwyn aprovecharon para entrar, mientras se preguntaban entre susurros lo que habría ido a hacer Snape allí el primer día de clases.
— Nosotros también estamos aquí el primer día, Harry y no es por nada malo. — trató de razonar Bronwyn.
— No, es porque hemos viajado en el tiempo, él no tiene esa excusa.
— Tú dijiste que había que tratar bien a Peter porque aún no había hecho nada, creo que hay que aplicar la misma ley a Snape.
Por suerte para Harry llegaron arriba, a la puerta del despacho de Dumbledore y se libró de tener que responder a Bronwyn, porque él no quería tratar bien a Snape, le había amargado sus siete años en Hogwarts y era algo que no perdonaría ni a Snape de adulto ni al joven, por mucho bien que hubiera hecho en la guerra.
Llamaron un par de veces a la puerta antes de entrar, Dumbledore estaba sentado tras su escritorio, escribiendo en un pergamino, fijó la mirada en ellos en cuento entraron y señaló unas sillas para invitarles a que se sentaran.
— Queríamos hablar con usted, profesor Dumbledore, ya que ayer con las prisas quedaron muchos temas por finiquitar.
— Ustedes dirán.
— Bueno queríamos hacerle un breve resumen de lo que nos trajo aquí, evitando ciertos detalles que como comprenderá aún no podemos revelar.
Le contaron a Dumbledore sobre los collares y los fundadores, evitando decir quienes eran los herederos o como estaban ellos relacionados con el tema, solo dijeron que le tenían que contar algo a los merodeadores para que estos pudiesen contárselo a ellos en su época y pese a los pocos detalles que habían dado estaban convencidos de que Dumbledore sabía mucho de todo aquello, sin duda ya se había imaginado de quien eran hijos. Pero no comentó nada.
— ¿Y saben donde están esos collares? — preguntó Dumbledore.
— En realidad no, pero supongo que se nos ocurrirá algo. Tal vez estén en la sala de los fundadores aún.
— Está bien, con el estómago vacío no podremos hacer nada, así que les aconsejo que vayan a desayunar y sigan fingido ser alumnos de intercambio.
— Pero no tenemos libros, ni túnicas, ni nada.
— Anoche llevaban una túnica. — dijo Dumbledore.
— Hechizamos nuestra ropa en el tren, pero no podemos llevar la ropa hechizada todo el tiempo, es agotador.
— Está bien, yo me encargo de eso, les dejaré lo necesario en sus respectivas habitaciones, ahora bajen a desayunar.
Harry y Bronwyn siguieron el consejo del profesor y bajaron a desayunar, salieron del despacho de hablando de nuevo de cómo conseguiría Dumbledore todo aquello tan rápido. En el rellano fuera del despacho oyeron un ruido, que no habrían percibido de no ser por que estaban atentos a cualquier cosa fuera de lo común.
— Es Peter. — susurró Harry señalando el que había producido el ruido, una rata corría en dirección contraria a donde estaban ellos.
— Mierda. — susurró Bronwyn, levantó la mano sin molestarse en sacar la varita y murmuró. — Obliviate.
— ¿Qué haces? — preguntó Harry boquiabierto.
— No sabemos cuanto ha oído, tranquilo era un obliviate flojo, solo borrará la última hora, de hecho es algo que debes aprender a hacer, así será más fácil guardar el secreto.
— Vamos, anda. — susurró Harry tirando nuevamente de Bronwyn hacia el gran comedor, no estaba muy de acuerdo con la táctica de Bronwyn, pero debía reconocer que era buena idea. — Debemos tener cuidado a partir de ahora.
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— Creo que pensar en Harry y Bronwyn sería más impreciso que pensar en Shido. — Hermione y Ron llevaban un rato discutiendo, habían llegado a la conclusión que un pensamiento positivo.
— Solo quieres pensar en Shido porque es tu novio.
— No Ron, quiero pensar en Shido porque es mi marido y porque si le contamos lo que pasa nos podrá ayudar en cualquier momento de su vida. Si pensamos en Harry y Bronwyn imagínate que aparecemos cuando Harry tiene seis años y no tiene ni idea de que es mago, ¿qué puede hacer?
— ¿Y si aparecemos cuando Shido tiene seis años que va a hacer? — preguntó Ron molesto, el hombre seguía sin caerle del todo bien.
— Pues si aparecemos cuando Shido tiene seis años nos podrá ayudar Alex. — se defendió Hermione. Alex era el padre de Shido y aunque padre e hijo no tenían buena relación Alex era un buen mago, había sido su profesor en Hogwarts y sin duda sabía mucho de magia.
— Está bien. — dijo Ron sabiendo que tenía la batalla perdida con Hermione.
Se dieron la mano, cerraron los ojos y pensaron en Shido, cuando volvieron a abrirlo la escena de su alrededor había cambiado, por desgracia seguían estando en el inframundo o eso parecía.
— Tal vez no haya salido bien. — susurró Hermione.
— Yo creo que sí. Se oyen pasos. — dijo Ron, Hermione y él se escondieron parcialmente tras una pared, para ver a quien pertenecían los pasos sin que les viesen a ellos.
Los pasos cruzaron por delante de la pared donde estaban escondidos, los chicos se asomaron con cautela, seguían sin tener sus varitas y el inframundo no era un lugar muy seguro.
— Es Shido. — susurró Ron aliviado tras mirar.
— No lo es. — susurró Hermione tirando de su amigo para volver a esconderse mientras el supuesto "Shido" se giraba, para ver quien le había llamado.
— ¿De qué hablas? Claro que lo es. — susurró Ron.
— No. Shido no lleva así de corto el pelo desde que le conocimos en sexto, le dije que no me gustaba y se lo dejó más largo. — Hermione se sonrojó tras esa declaración.
— Tal vez se haya cortado el pelo.
— Claro ¿yo desaparezco y él se dedica a cortarse el pelo?
— A lo mejor hemos aparecido cuando estábamos en sexto. — sugirió Ron.
— No lo sé. — susurró Hermione saliendo poco a poco del escondite, para buscar a Shido, si podía verle sabría si era él o no.
Siguieron las huellas que Shido había dejado en el fino polvo del suelo hasta una sala circular, se asomaron con cuidado, desde la puerta, Shido estaba sentado en un trono con una chica sentada sobre sus rodillas, la mujer le besaba el cuello, Hermione dejó de mirar, si no era Shido era su gemelo idéntico, de eso no había duda, pero no entendía que hacia él allí con una mujer, nunca le había gustado estar mucho tiempo en el inframundo, decía que sacaba lo peor de él.
— ¿Por qué espiáis al rey? — dijo una voz potente desde atrás.
Hermione y Ron se dieron la vuelta despacio, deseando poder salir de allí de nuevo, el hombre que había hablado medía más de dos metros y además parecía culturista. Hermione trató de hablar, pero se sentía demasiado intimidada para hacerlo.
El hombre los sujetó a cada uno de un brazo y los arrastró dentro de la sala circular donde estaba Shido, el hombre los miró un rato con una rubia ceja alzada en un perfecto arco, antes de volver a concentrarse en la chica que estaba sentada sobre él.
— Puedes matarlos o mejor… Mátale a él, a los chicos les gustará la diversión que ella puede darles.
— Espera Shido, yo… yo… — a Hermione no la salían las palabras por primera vez, no podía decirle que estaban casados porque él tal vez no la creyese. — Soy amiga de Bronwyn.
Shido se puso de pie, parecía haberse olvidado de que allí tenía a una mujer porque la tiró al suelo sin miramientos y se acercó a Hermione, que la cogió por el cuello, la chica trató de luchar, sin apenas fuerzas para enfrentarse a él.
— Bronwyn está muerta y te aconsejo que no vuelvas a pronunciar su nombre. — susurró el demonio mientras lanzaba a Hermione contra el suelo.
— ¿Muerta? No puede ser. — Hermione se acarició el cuello donde Shido le había apretado. — Ella no está muerta.
— Salid de aquí. — ordenó Shido al demonio culturista y a la chica que le besaba momentos atrás. — ¿Qué sabes tú de Bronwyn?
— Vale sé que esto te va a sonar muy raro, nosotros no somos de aquí, venimos de otra dimensión, donde Bronwyn está viva y tú eres bueno. — explicó Hermione, tratando de dar a su voz un tinte tierno pese al miedo que sentía. Aquel hombre parecía tener el aspecto de Shido, pero estaba segura de que dentro no quedaría mucho de él.
— Poder viajar entre planos. — susurró Shido interesado mientras dirigía su mano hacia una daga que colgaba de su cinturón y que Hermione reconoció sin problemas.
— No somos demonios, no tenemos ese poder, tuvimos un accidente mágico y quedamos atrapados aquí. Así que guarda eso.
— ¿Cómo sabes…? — pero Hermione le cortó.
— ¿Qué tratas de robarnos poderes que no tenemos? — preguntó Hermione con una pequeña sonrisa, al fin podía responder a algo que sabía. — Porque Bronwyn y tú me dejasteis ese arma para que lo protegiera de Tate, sabes que no miento Shido, puedes notar mi aura oscurecida por la daga, tú me explicaste que una vez que tocas la daga tú aura queda marcada para siempre.
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— Come algo, Harry. — le dijo Bronwyn empujando unas tostadas hacia él.
— No tengo hambre, Bronwyn. — respondió Harry con una pequeña sonrisa, pero le dio un mordisco a la tostada para que Bronwyn no se enfadase.
— ¿Es por lo del hechizo? Ya te he dicho que lo siento. — dijo Bronwyn bajando el tono, después del obliviate que había echado a Peter el chico había estado muy pálido y callado todo el desayuno, causando gestos de preocupación en sus amigos y miradas de desconfianza hacia ellos. — Tal vez me pasase de intensidad, pero se pondrá bien en un par de horas.
— No estoy enfadado, Bronwyn. — dijo Harry cansado de que le preguntase lo mismo. — Voy hacia clase ¿vale?
Bronwyn hundió la cabeza entre las manos cuando Harry se fue, sabía que le estaba agobiando, igual que sabía que al chico la pasaba algo que no quería contarla y temía que estuviese dudando sobre que podía o no contarle a sus padres, ella le entendía, si estuviera en su mano salvaría a Lily y a James y evitaría doce años de Azkaban para su padre, pero si hacía eso se arriesgaba a que nadie pudiese matar a Voldemort.
— ¿Estás bien? — preguntó Lily sentándose junto a Bronwyn.
— Eso creo, hombres… — murmuró Bronwyn intentando sonreír, y hacer pasar el enfado por una riña de novios.
— Y que lo digas. — dijo Susan sentándose al otro lado de Bronwyn. — Cuando piensas que hay alguno en condiciones, descubres que solo es otro gilipollas más.
— ¿Qué te ha pasado? — preguntó Bronwyn ligeramente divertida.
— Nada. — dijo de malhumor.
— Había quedado con un Ravenclaw para dar una vuelta antes de desayunar y no ha aparecido.
— Vaya… Lo siento. — dijo Bronwyn mirando a Sirius y James que se reían y tosían tratando de disimularlo, la chica estaba segura de que ellos habían tenido algo que ver. Susan siguió la mirada de Bronwyn y vio a los merodeadores reírse.
— ¿Crees que han tenido algo que ver? — preguntó Susan frunciendo el ceño, lo que al parecer causó la risa de James y Sirius de nuevo. — Voy a matarlos. — susurró Susan con los dientes apretados.
— Deberíamos vengarnos de ellos. — susurró Lily. — Se divierten amargándonos, pues en un juego al que podemos jugar todos.
— Genial, en que estás pensando. — preguntó Susan mientras dedicaba una sonrisa radiante a los merodeadores, para molestarlos.
— ¿Te apuntas Bronwyn? — preguntó Lily.
— Depende de lo que planeéis, luego me lo contáis, yo voy a ver a Harry.
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— No creo que eso sea buena idea Shido. — susurró Elektra, llevaba un rato tratando de convencer al hombre de que no se apuñalara. — Podrías coger sida o cualquier otra enfermedad.
— No seas ridícula, lo único que voy a coger va a ser los poderes de ese demonio al que he matado, para poder salvar a mi mujer, y solo será un cortecito.
Shido no le dio más vueltas y se cortó en el estómago, sabía que cuanto más profunda fuese la herida más probabilidades habría de que los poderes fueran más poderosos, dejó que la magia le recorriese, sintiendo el dolor, pero evitó hacer ningún ruido, para que Elektra no se asustara, o mejor aún para que no le regañase, sabía que lo que estaba haciendo era una locura, pero no podía quedarse sin hacer nada, si el moría estaba bien siempre y cuando Hermione estuviese a salvo.
— Vamos, te llevaré a Hogwarts con los demás, para que les ayudes a buscar algo.
— ¿Para que vamos a buscar nada? Si ya puedes viajar entre dimensiones y en el tiempo, puedes buscarla tú.
— Sí pero no es tan fácil, cualquier cosa me puede servir de ayuda.
— Está bien. — susurró Elektra. — Pero yo quiero ir contigo a buscarlos, también tengo ganas de encontrar a Ron.
— Ya veremos. — susurró Shido, no quería arriesgar a más gente, podía perderse entre dimensiones, y no quería perder también a Elektra.
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Hermione paseaba encerrada en la jaula a la que Shido les había mandado, Ron permanecía sentado con la espalda contra la pared. Shido finalmente había decidido ayudarles, pero como no se fiaba de ellos los había encerrado en esa celda donde no se podía usar magia, aunque no tenían demasiada magia que usar.
— Te dije que debíamos haber pensado en Harry.
— Venga ya, está averiguando en que dimensión estamos ¿no?
— No sé de que nos servirá saber que pasó hace dieciocho años. — dijo Ron molesto.
— Pues de mucho Ronald, si sabemos que le pasó a Harry de niño sabremos como es la dimensión en la que estamos. Y no sé por qué pero no me gusta nada como pinta la cosa.
— Solo porque tu novio es el rey de los demonios.
— No es mi novio Ronald, es mi marido, te lo he dicho mil veces, de hecho creo recordar que te invité a la boda, aunque no aparecieras.
— Estaba ocupado. — dijo Ron, aunque se le pusieron las orejas muy rojas.
Hermione puso los ojos en blanco molesta, se podía imaginar porque el chico no había ido a su boda, se había casado nada más acabar séptimo, curso durante el cual el chico había insistido en el error que cometía, sostenía que Shido era un asalta cunas además de un demonio peligroso, consideraba que Hermione se estaba equivocando y que no debería casarse con él, así que cuando se casaron seguramente Ron había considerado menos hipócrita no ir a la boda, aunque la había mandado una carta con una perfecta excusa y un justificante de San Mungo que Hermione había roto y tirado, molesta por la traición de su amigo.
Desde entonces Hermione y Ron no se habían visto, hasta que Harry los había llamado para comentarles lo de su viaje, los chicos habían hecho como que no había pasado nada, no había vuelto a sacar el tema a relucir hasta que Hermione había dicho aquello segundos antes y ante el enrojecimiento de Ron consideró que era mala idea seguir hablando de aquello.
Hermione volvió a pasear molesta, de cierta forma sabía que Ron llevaba razón Shido ahora era el rey del inframundo, no estaba muy segura de si estaba en algún tipo de dimensión paralela o es que Harry y Bronwyn habían cambiado de alguna forma el tiempo.
Shido volvió una hora después más o menos, y les explicó que había tardado tanto porque había estado hablando con Voldemort, Hermione no pudo evitar estremecerse al oír aquello, no porque hubiese dicho el nombre de Voldemort, como le había pasado a Harry, si no por pensar que tenía tanta familiaridad con el mago oscuro como para ir a hablar con él, como el que visita a un amigo.
— Comentó que uno de sus hombres más fieles, un tal… colagusano o algo así, le había comentado que si mataba a Lily Potter su sacrificio protegería al bebé Potter así que no la mató, solo la dejó inconsciente y mató al bebé.
— Scabbers rata traidora. — murmuró Ron molesto.
Entonces el suelo comenzó a temblar, Ron se acercó a Hermione y la sujetó de la mano, de alguna forma los dos sabían lo que significaba ese temblor, Shido les miró con el ceño fruncido, seguramente preguntándose que pasaba entre ellos, pero con un último temblor todo desapareció de nuevo, incluido Shido.
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— Sabes Harry. — la voz de Sirius sobresaltó al chico que estaba sentado en el suelo frente al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, que era la clase que le tocaba después del desayuno. — Nosotros el primer año que estuvimos aquí nos perdíamos continuamente, sin embargo vosotros no parecéis tener ningún problema para encontrar los sitios.
— Tenemos buena memoria. — Harry resopló, sin duda habían descuidado muchos detalles, con los que debían haber tenido más cuidado.
— Yo no lo creo, ¿y tú Sirius? — preguntó James.
— Entonces ¿para que me preguntáis? Si no me vais a creer. — dijo Harry molesto, después de tantos años queriendo conocer a sus padres, estaba claro que no iba a ser una visita tan agradable como había supuesto.
— Verás Harry… — Sirius se sentó al lado de Harry y le pasó un brazo por los hombros, mientras James se sentaba al otro lado de Harry. — Queremos confiar en vosotros de verdad, pero nos lo ponéis muy difícil.
Harry dejó escapar una carcajada, si de verdad supieran de donde venía y porque si que tendrían motivos para desconfiar, sin embargo solo desconfiaban porque tenían una absurda rivalidad adolescente.
— Mirad chicos, sé que no me conocéis, pero yo sé como sois, os creéis los reyes del colegio, y tal vez lo seáis, realmente no me interesa vuestra corona… — pasó el brazo por los hombros de Sirius. — Ni vuestras chicas. — pasó el otro brazo por encima de los hombros de James. — Realmente solo quiero ser vuestro compañero, tal vez amigo con el tiempo, no tenéis motivos para desconfiar.
— Tampoco tenemos motivos para confiar.
— Bueno pues ni confiéis ni desconfiéis hasta que encontréis motivos. — dijo Harry poniendo los ojos en blanco y levantándose del suelo.
Bronwyn apareció en ese momento, miró la estampa durante un segundo, antes de apoyarse contra la pared, parecía algo ofendida por el trato que la había dado Harry, así que no comento nada, no era un tema que quisiera tratar delante de su padre y de James.
— No miraste lo que te había dado tu padre. — le recordó Harry a Bronwyn, sentía curiosidad.
— Cierto, lo olvidé. Luego lo vemos.
— ¡Harry! — Bronwyn y el nombrado se giraron al oír la voz de Ron, mirándole boquiabiertos durante el rato que él y Hermione tardaron en llegar hasta ellos.
— ¡Qué alegría veros! — Hermione se abrazó a Harry, que la devolvió el abrazo torpemente.
— ¿Qué hacéis aquí? — preguntó Bronwyn. Los merodeadores miraban atentamente la escena.
— Bueno… Eh… esto… — dijo Hermione, mirando a los merodeadores. — Dumbledore nos dio permiso para venir a saludaros, pasábamos por aquí.
— ¿Podemos hablar en privado? — preguntó Ron.
— Yo creo que no. — dijo Sirius con una gran sonrisa.
— No importa, no podemos quedarnos muchos, de alguna forma vuestro viaje a desencadenado una reacción en cadena… Y ahora no podemos dejar de viajar… — dijo Hermione abriendo mucho los ojos para que entendieran el significado oculto.
— ¿Y qué podemos hacer nosotros? — preguntó Harry.
— Solo tener cuidado con lo que habláis delante de… Scabbers. — dijo Ron.
— Sí, él se lo cuenta todo a Voldemort y eso puede mataros. — dijo Hermione, y de pronto todo empezó a temblar de nuevo, Ron y ella salieron corriendo para que los merodeadores no les vieran desapararecer.
Harry y Bronwyn no volvieron a hablar, ambos trataban de aceptar las palabras de Ron y Hermione, de entender lo que les estaba pasando a sus amigos, pero era demasiado duro para poder digerirlo tan rápido, Harry se dejó caer contra la pared de piedra, mientras el resto de alumnos empezaban a llegar.
Extrañamente James y Sirius no comentaron nada, parecían haber entendido la preocupación de Bronwyn y Harry o tal vez solo estaban tratando de entender todo lo que habían dicho los otros chicos, de cualquier forma Harry agradeció su silencio, porque se sentía demasiado culpable sin necesidad de sus comentarios.
Por suerte para Harry la clase se abrió en ese momento, que pudo dejar de torturarse, entró y se sentó en primera fila, en parte por una costumbre adquirida de Hermione y en parte porque en la última se sentaron los merodeadores y no quería, ni podía, estar cerca de ellos en ese instante.
— Estarán bien, Harry, me apuesto lo que quieras a que Shido está removiendo cielo e infierno, literalmente, buscándolos, y los encontrará.
— Lo sé, pero eso no hace que me sienta mejor en estos momentos, están así por nuestra culpa.
— No fue idea nuestra venir aquí Harry, y no estuvimos de acuerdo en ningún momento.
— Eso no cambia que finalmente vinimos y que eso ha traído consecuencias, tenía que haber escuchado a Hermione.
— Harry… Tu magia. — los ojos del chico empezaban a oscurecerse y Bronwyn sabía que eso solo podía significar una cosa, que su magia se descontrolaba.
— Tranquila, es solo que aquí me cuesta más dominarlo.
El profesor entró en ese momento, un hombre de unos veinticinco, tal vez algo más, con el pelo rapado y los ojos de color negro. Dijo que su nombre era Conner, nombre que les resultó muy familiar a Harry y Bronwyn pero no estaban seguros de por qué.
Les dio una clase sobre las maldiciones imperdonables, por suerte para Harry no fue tan práctica como la que les había dado Moody en cuarto curso, no estaba seguro de poder ver de nuevo como torturaban a unos animales indefensos.
Harry pensó que solo unos días atrás él era el profesor, le gustaba aquel puesto, los alumnos le respetaban, igual que pasaba con Mcgonagall y con Snape, guardaban silencio cuando el entraba a clase y no hablaban entre ellos hasta que finalizaba, procuraba enseñar todo lo que él no había aprendido.
Siempre había pensado que sería auror, desde que supo lo que era un auror había soñado con serlo, pero desde que mató a Voldemort, había dejado de querer aquello, sentía que ya había luchado con magos oscuros demasiado tiempo, lo cual no quería decir que no fuese a prestar su ayuda si volvía a aparecer un mago oscuro, solo significaba que quería enseñarle a los demás lo que él había tenido que aprender por su cuenta, no quería que más niños murieran como habían muerto sus compañeros de Hogwarts por culpa de un mago oscuro.
Ni Bronwyn ni él prestaron demasiada atención a la clase, porque ya sabían todo lo que ese hombre podía contarles, Harry recorrió la sala con la mirada, los merodeadores charlaban entre susurros, Harry supuso que ponían al día a Remus y Peter de lo sucedido con Hermione y Ron.
Cuando acabaron las clases de ese día fueron a la sala de los menesteres, seguramente en un intento por estar solos, ya que en la sala común estaban James y Sirius, en la biblioteca Lily y Remus y los demás seguramente estaban por los terrenos.
— He traído el saquito que me dio Sirius. — dijo Bronwyn poniéndolo entre ellos.
— ¿Todavía te da miedo que explote? — dijo Harry riéndose.
— Un poco sí. — reconoció la chica avergonzada.
Harry tomó el saquito y lo abrió, había un montón de galeones dentro, abrieron mucho los ojos, sorprendidos cruzaron una mirada antes de sacar un sobre que había también dentro del saquito.
— Creo que Sirius consideró que necesitaríamos dinero. — dijo Bronwyn con una sonrisa.
— ¿De dónde ha sacado tanto dinero Sirius? — preguntó Harry.
— De lo que le dio el ministerio, para según ellos reparar: "un pequeño error que no se les debe tener en cuenta"
— Menos mal que Fudge ya no es ministro.
Harry abrió el sobre, que era muy pasado, una moneda, algo más grande que un galeón estaba dentro, también era de oro, Harry la sacó y la observó, tenía una S grabada en un lado y una B en el otro, Harry pasó el dedo por el borde de la S antes de darle la moneda a Harry.
— Lee la carta en voz alta por favor. — pidió Bronwyn mientras miraba la moneda.
Queridos Harry y Bronwyn:
Soy consciente de que os hemos mandado a un lugar que no pertenecéis, del que no conocéis nada y que sin duda no os gustará, en esa época éramos descuidados, desconfiados e idiotas, aparte de muchas otras cosas, que no vienen al caso.
Pero confío que entendáis que nuestras motivaciones no son las mismas que las vuestras, mientras que vosotros habéis sido maduros desde que aprendisteis a andar prácticamente, nosotros no nos tuvimos que preocupar de esas cosas hasta séptimo, aquel año fue el de los grandes cambios, murieron los padres de James y eso nos sentó un poco la cabeza, y nos hizo unirnos cuando también murieron los de Susan.
En parte por eso queríamos que vierais lo que vivimos allí, no solo os hemos mandado por lo de los fundadores, que también, queremos que aprendáis lo que vivimos y nos comprendáis, seguro que lo entenderéis cuando volváis.
A parte de esto también quería deciros que tengáis cuidado con lo que nos contéis, no podéis evitar ciertos acontecimientos. Espero que aprendáis a ser pacientes y disfrutéis del "viaje"
Firmado:
Sirius Black.
PDT: La moneda os servirá para demostrar que venís del futuro, guardarla hasta que llegue el momento adecuado.
— Bueno aparte de lo de la moneda no hay nada nuevo. — dijo Bronwyn. — Sirius tiene esa costumbre de escribir mucho y no decir nada.
Ambos rieron, aliviados por el mensaje de Sirius, tal vez el hombre llevaba razón y debían disfrutar y relajarse un poco, por primera vez en su vida podían darse a la buena vida.
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— Creo que el Ravenclaw había quedado con Susan no con Lily. — dijo Sirius divertido.
— ¿Y yo que sabía? — se quejó James y se hecho a reír.
— Ha merecido la pena por ver la cara de fastidio de las dos. — dijo James y los dos rieron. — ¿Pero no ibas a dejar en paz a Lily? — preguntó Sirius mientras guiñaba el ojo a una chica de quinto que le miraba desde el otro lado de la sala común.
— Sí, la he dejado de pedir salir, pero eso no significa que pueda salir con otro. Cuando se descuide volveré a por ella. Me echará tanto de menos que aceptará salir conmigo.
— Deberías hacer como yo, disfruta la vida James.
— Ni siquiera sabes como se llama. — dijo James mirando a la chica de quinto que tonteaba con su amigo.
— ¿Qué importa? No me voy a casar con ella, solo a pasar un rato divertido, luego nos vemos Cornamenta.
Sirius se levantó y se dirigió a la chica, la pasó un brazo por los hombros y la dijo algo al oído, la chica rió tontamente, mientras James ponía los ojos en blanco, quería a Sirius como un hermano, pero no estaba totalmente de acuerdo en la forma de ligar del chico, las chicas se enamoraban de él y cuando obtenía lo que quería pasaba de ellas, aunque James no era el más indicado para hablar de eso, ya que él también había hecho aquello varias veces.
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— ¿Por qué estás tan seria Lily? — preguntó Remus, habían ido juntos a la biblioteca a hacer los deberes, pero la chica no mostraba su acostumbrado buen humor.
— Por nada. — dijo la chica, aunque se sonrojó ligeramente.
— Puedes contármelo si quieres, no se lo contaré a James.
Lily se preguntó como sabría Remus que aquello tenía que ver con James, sabía que podía confiar en él, ya le había contado cosas antes y él no la había delatado, pero aquello no significaba que tuviese que ser su confesor. Aunque quería hablar con alguien y sabía que Susan la mandaría a la enfermería por tener delirios y que Selene se emocionaría pensando cosas que no eran.
— Es que normalmente Ja… Potter se pasa todo el verano mandándome cartas y regalos, pero este año no me ha mandado ni una, y en el tren me dijo que no me pediría salir más, me preguntaba… bueno… — Lily se sonrojó un poco más y Remus se echó a reír, lo que causó malas miradas de unos Ravenclaw que había cerca.
— ¿Quieres saber si está con otra? — preguntó cuando pudo dejar de reír. Lily asintió, tratando de parecer desinteresada, pero fracasando frente a los ojos de un experto mentiroso.
— Pues no, no es así, él te quiere Lily, te quiere de verdad, no es un capricho ni nada parecido, no creo que sea capaz de estar con otra, o al menos no más haya de la… satisfacción momentánea. Si no te ha mandado cartas, ni te acosa, es por la influencia positiva de Selene, ella le pidió que te dejase respirar un poco.
— ¿Y por qué iba a hacerle caso a Selene? Yo llevo pidiéndole eso años…
— Porque Selene le dijo que era lo mejor para ti y él te quiere. — dijo Remus sonriendo. Se daba cuenta de que algo había cambiado en la pelirroja.
— Deja de repetir que me quiere, Potter solo se quiere a si mismo, a su pelo desordenado y a su escoba de carreras. No es capaz de querer a nadie más, si sintiera amor, no sería tan cruel con los demás.
Remus se encogió de hombros, sabía que lo mejor era no llevarle la contraria a la chica, ya se daría cuenta con el tiempo de que James no era malo, solo infantil, igual que Sirius, Peter y el mismo, pero eso no tenía porque ser algo malo, no siempre al menos.
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— Sabes que deberíamos estar haciendo los deberes con Lily y Remus, luego no nos dejaran copiarnos. — dijo Selene, pero siguió tumbada sobre la hierba, con Susan a un lado y Peter al otro.
— Venga ya, pronto empezará el frío, no quiero perder el poco sol que queda. — dijo Susan.
— Yo no quiero empezar tan pronto los deberes, si no el curso se me hará muy largo.
— Sí, Peter lleva razón. — dijo Selene sonriendo. — Me encanta el sol.
— Por cierto ¿habéis visto a Brianne?
— No, Peter. Deberías decirla que te gusta, seguro que la gustas. — dijo Selene.
Brianne era una chica de Hufflepuff que solo soportaban porque se llevaba bien con Lily y Peter. Era una chica rubia, delgada, con ojos azules, algo bajita y muy tímida. Se había empezado a juntar con ellos en un intento de liarse con Sirius, más tarde había dejado pasar al moreno al ver que no podía tener nada con él y se había centrado en Peter. El cual se mostraba más que satisfecho con las atenciones de la chica.
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— ¿Dónde estamos? — preguntó Hermione mientras miraba por encima de una pared derrumbada, podía ver un césped abrasado y lleno de escombros.
— Creo que seguimos en Hogwarts.
Ron miraba al lado contrario que Hermione, esta se dio la vuelta y pudo ver la chimenea de la sala común de Griffindor, pero estaba medio derruida al igual que el resto de la sala común y el retrato parecía haber desaparecido, los chicos se acercaron con miedo al hueco, temiendo lo que pudiesen encontrarse fuera.
Como dije aquí está el segundo capítulo, espero sinceramente que os guste, y me gustaría que me dejarais reviews para saber que pensáis de la historia y saber si queréis que la siga o no, gracias!
