Los sueños como aquellos comenzaban a hacerse más frecuentes, no sólo en el varón, sino que también en la chica, cuyas fantasías no tardaron en hacerse presentes. La adolescencia comenzaba a aparecer, junto con el deseo sexual. Sus primeras experiencias sexuales se llevaron a cabo en el baño, el único lugar donde se encontraban separados y con privacidad... con una sola persona en mente. Cada risa se volvía una mirada profunda, las espiadas de reojo entre la habitación y el baño comenzaban a hacerse frecuentes, los roces de manos venían acompañados con un fuerte latido... acciones que venían enlazadas siempre con un sonrojo en sus rostros.
Sólo que algo andaba mal, realmente mal, y era la persona que poseían al lado, aquella persona que había sido su compañera de vida, con la que compartía un profundo e inexplicable lazo, aquella persona que no podía traspasar los límites del amor fraternal, donde el pecado se hacía presente. HERMANOS. Palabra que retumbaba en las cabezas de los jóvenes y que ponían fin a cada fantasía que se asomaba, al igual que la vieja fotografía familiar que se encontraba enmarcada en su habitación.
Los silencios comenzaban a hacerse más largos, las miradas no podían ser sino incómodas, casi no se tocaban cuando entraban temblando en su cama. Pesadillas con pasillos oscuros sin salida, donde la única luz alumbraba una manzana, una roja manzana que era recogida por un par de manos similares, una lágrima silenciosa...
Fue en una mañana de primavera, cuando los gemelos ya poseían catorce años de edad, en la cual su tutor se les acercó para discutir un tema de suma importancia. Con sus catorce años ya no correspondía seguir compartiendo habitación, por lo que se decidió hacer una re acomodación en la mansión para darle a Len una habitación propia. La tensión era tanta entre ambos por lo que ninguno protestó, pero Len fue el primero que accedió y se retiró, dejando a Rin con una mirada triste y un inevitable nudo en la garganta.
"La hora de jugar al papá y a la mamá se acabó..."
¿Qué les había sucedido? ¿Se supone que eso era lo normal? ¿Toda esa indiferencia estaba vinculada con el crecer? Y ahora, lo único que les quedaba del hermoso vinculo que compartían, la hora de dormir, ¿También iba a desaparecer?
Puede que durante el día los gemelos parecían incómodos, pero durante la noche pareciese que nada había cambiado, seguían siendo sus fieles compañeros de vida, a excepción en el momento que entraban entre las sábanas. Rin simplemente no podía aceptar que le quitasen lo último que les quedaba, y le dolía que su gemelo lo hubiese aceptado tan rápido. Pero lo que Len realmente pensaba era que era mejor para los dos, de esa forma el riesgo era menor... porque de lo contrario, si todo seguía como estaba, a ese paso... no sabría lo que podría llegar a pasar. HERMANOS, retumbó nuevamente la palabra en la mente del joven, esa palabra que se había vuelto dolorosa, comprimiendo lentamente el corazón de ambos.
Ese mismo día Len obtuvo habitación separada, a la cual no veía la hora de llegar, ya que paso horas charlando con su hermana, evitando el momento de la despedida, mientras que en el gran salón se llevaba a cabo un majestuoso baile.
Cepillaron el rubio cabello del otro, como era de costumbre antes de dormir, con un pequeño rastro de tristeza, conscientes de que aquella era la última vez. Por la misma razón, fue la vez que más tardaron en dicha tarea, lo hicieron de manera suave y delicada.
Luego ambos se sentaron sobre su cama, sin ninguna disposición de separarse. Realmente parecía como si nada hubiese cambiado cuando estaban juntos... pero ambos sabían que nada era ni volvería a ser como era antes. La conversación llegaba a su fin. En el momento que Rin posó suavemente su mano sobre la de Len, las carcajadas de ambos volvieron a disolverse en una profunda y seria mirada, sus idénticos ojos turquesa se fundían en un océano de sentimientos que sólo se pueden transmitir a través de la mirada, volviéndose uno sólo, como solía ser desde un comienzo. Parecía como si el tiempo avanzara más lento, sus ojos brillaban a la luz de la luna, sus respiraciones se acortaban, sus latidos aumentaban.
—Creo que es hora de que me vaya —rompió el trance en joven con una voz más grave de lo usual.
La muchacha quedó en shock por unos segundos, el cual acabó cuando reaccionó con el beso de su hermano sobre su frente.
—Buenas noches, mi princesa... —concluyó, levantándose suavemente para dirigirse a la puerta a paso lento.
"¿Aahh? ¿Qué?... ¿Qué pasó? ¿Len?... Ya se va... Len... No... ¿Eso fue? ¿Ya nunca más volverás? ¡Len! ¡No! ¡Por favor no te vayas! ¡No me dejes sola! ¡No, por favor! ¡LEN!"
La mano de Len estaba a pocos centímetros del interruptor de la luz, mientras que su otra mano ya estaba sobre la manilla de la puerta, cuando su brazo es detenido por una pequeña mano. Len volteó sorprendido al encontrarse con una jadeante Rin con cabeza gacha.
—R-Rin...
—¡No apagues la luz! —exclamó Rin. Los ojos del muchacho se abrieron más por la sorpresa— Yo... yo no quiero dormir sola... aún —su mano apretó el brazo de su hermano con más fuerza al pronunciar aquellas palabras.
Len sonrió mientras se daba vuelta por completo para encontrarse frente a su hermana.
—¿Todavía te dan miedo los monstruos? ¿No crees que eso en un poco infantil, mi princesa?
Rin, que continuaba con la cabeza gacha levanto su mirada para encontrarse con la de su hermano. Len se dio cuenta que estaba completamente equivocado al ver los brillantes ojos de Rin, que suplicantemente amenazaban con lágrimas. Fijaron su mirada en el otro, escrutando hasta lo más profundo de sus iris turquesa. Lo que en un principio fue confusión se convirtió en un entendimiento absoluto, que se logró mediante el lenguaje de las miradas. Ambos sentían lo mismo y ambos sabían qué hacer.
