«Literatura & Sociología»

[Capítulo 2]

Cuando llegaron a La Push, Jacob estaba de pie hablando animadamente junto a uno de los enormes guardias de seguridad en la entrada.

Bella se bajó del carro y caminó hasta él dejando atrás a Edward, Alice y Jasper.

—¿Ya no lo odias? —, cuestionó Alice al darse cuenta de la mirada de su hermano.

Edward metió las manos en los bolsillos de su cazadora y negó con la cabeza ligeramente antes de patear una piedrecilla cercana.

—Puede que el hecho de que tenga novia tenga algo que ver.

—No puedes estar celoso de cada hombre que esté a su alrededor, ¿sabes? Al final, sólo provocará el efecto contrario del que deseas. La alejarás.

—Sé eso, Allie. Es sólo que ella… ella… yo... — , suspiró—. Me aterra el hecho de que encuentre a alguien más, antes de que pueda juntar el coraje de decirle lo que siento.

—Amigo —, murmuró Jasper—, ser tú apesta.

—Y que lo digas.

Volvió su vista a Bella que, en ese momento, hablaba con la chica morena que Jacob abrazaba.

Edward cerró los ojos un momento y deseó —a ninguna estrella en particular— poder abrazar a Bella así, aunque fuera una vez en su vida. El sentimiento de posesión se sintió bien en su fantasía. Dios, estaba tan jodido

—¡Chicos!

Volteó y pudo ver a Emmett y Rosalie caminar hasta ellos con sus dedos entrelazados.

Se abstuvo de desear hacer eso con Isabella también porque ella apareció en su campo visual sonriendo alegremente.

—¿Vamos dentro? Jacob dijo que aún podríamos conseguir una mesa.

Por única contestación recibió los asentimientos generales y se adentraron en la improvisada pista de baile en la playa.

Jasper y Edward se marcharon para conseguir la ronda de pedidos, mientras Emmett y Rosalie bailaban alguna canción al azar. Alice y Bella se quedaron en la mesa que habían conseguido observando nada en particular.

—Lo siento —, soltó Alice de pronto.

—¿Por qué?

—Porque yo de verdad creía que tú y Jacob… bueno…

La castaña rió ante la mirada avergonzada de su amiga.

—Jacob tiene novia —, puntualizó jocosamente—, y yo simplemente no estoy interesada en él. Es mi mejor amigo.

—Por ahí es por donde se empieza.

Bella le regaló una mirada envenenada que, afortunadamente, la chica al otro lado de la mesa comprendió.

—Humm, sí… —, murmuró—. Lo lamento.

—No te preocupes, Allie. Pero incluso si Leah no existiera, deberías confiar en mi —le sonrió la castaña al tiempo que Jasper y Edward se acercaban a la mesa.

—No beban demasiado, no querrán ponerse parlanchinas —, sonrió el novio de Alice tendiéndole su vaso, pero observando a ambas.

—Por supuesto, Jasper. Porque que soy yo a la que se le olvida subir sus pantalones luego de ir al baño cuando está algo tomada —, argumentó Bella, sonriendo ampliamente a un muy sonrojado Jasper.

—Bueno, al menos subió su ropa interior. Deberíamos agradecer eso.

—¡Edward, por Dios! —exhaló fuertemente la castaña, inevitablemente dibujando una mueca de asco.

—¡No es para tanto! —le defendió Alice.

—A ti no te molesta porque es tu novio —, refutó Isabella lógicamente —. Él es… como mi hermano.

Jasper decidió que era demasiado y tomó el corto de tequila bebiéndolo de un trago. Ni siquiera esperó a que el trago dejase de arder abajo por su garganta cuando le tendió la mano a su novia, invitándola a bailar. Alice necesitó sólo eso para ponerse de pie de un enérgico salto con una bella sonrisa en sus labios.

Edward se sentó donde antes estaba su hermana y suspiró fuertemente sobre la música.

—Realmente no tenía demasiadas ganas de venir —, musitó en voz baja, mirando con ojos profundos a la chica sentada cerca de él. Bella tuvo que desviar la vista hacia algo que no fueran aquellos orbes esmeraldas para poder ordenar sus pensamientos.

—¿Por qué?

Él se encogió de hombros, como si realmente no supiera la razón.

—No lo sé —, dijo —, simplemente no estaba de humor. No para una fiesta al menos.

—Pensé que sería buena idea que viniéramos todos juntos —, señaló la chica, sintiéndose completamente culpable por haberle arrastrado sin su consentimiento —. Hace ya bastante tiempo que no salíamos, y…

—Es buena idea —, se apresuró a contestar, notando el camino hacia donde ella se dirigía—, sólo que hoy no estoy de humor. Pero probablemente mejorará pronto, no te preocupes.

Bella observó sus manos entrelazadas y sonrió genuinamente cuando él le tendió el vasito de tequila con una sonrisa ladina.

—Porque tu humor mejore —, dijo ella a modo de salud, chocando su vaso con el de Edward antes de beberlo completamente.

—Porque las cosas mejoren —, murmuró él, apurando el vaso antes de ponerse de pie y pedir otra ronda.


—¡No, Jacob! ¡No quiero bailar!

—Oh, vamos, Bella.

—Por favor —, rogó ella —, no quiero lastimar a nadie. ¡Devuélveme a la mesa!

—Pequeña —, pidió con ojos suplicantes y un perfecto puchero —, sólo una canción.

Isabella negó reciamente con la cabeza antes de voltear en la otra dirección he intentar echarse a correr a la protección de su mesa. Lástima para ella —y para la gente que estaría a su alrededor cuando bailase— su amigo la detuvo por la cintura y la elevó en sus brazos en dirección a la pista de baile en medio de la arena.

—Vamos, Bells. ¿Ni por tu mejor amigo?

Ella le observó con cara de pocos amigos desde su posición.

—No entiendo por qué me preguntas, cuando de todas formas me fuerzas a ir.

—Es porque soy un caballero, Bella.

—Llévame a la estúpida pista de baile antes de que te golpee —, gruñó rudamente.

—Sólo lograrías lastimarte a ti misma —, aseguró gravemente, pero la sonrisa socarrona quitó toda la seriedad de su frase cuando la jaló de la mano al centro de la marea de gente danzante.

Ambos bailaron —sin resultados positivos por parte de Bella— hasta que una suave música comenzó a salir por los altos parlantes y Bella se quedó allí, de pie frente a su mejor amigo, sin saber qué hacer.

—Ya fue suficiente. Quizá debas ir en busca de Leah para esto…

Jacob la tomó por la cintura y la obligó a poner sus pequeñas manitas alrededor de su cuello mientras los mecía a ambos al ritmo de la balada.

—No seas estúpida —, le riñó cariñosamente —. Que bailemos una canción de estas no significa nada. Y no es como si Leah fuera a aparecer de un momento a otro a reclamar por mí.

—¿Ella entiende que seamos mejores amigos?

—Por supuesto —, aseguró zarandeándola un poco —. No es una niña boba como tú.

El moreno le besó la punta de la nariz fraternalmente antes de hacerla girar sobre su propio eje varias veces y voltearla en un ángulo vertiginosamente incorrecto que, como previamente su amiga vaticinó, comprobó irrefutablemente que ella apestaba en el baile.

—Te dije que era una mala idea, pero tú jamás me escuchas.

—Por el amor de Dios, Bella. No es mi culpa que seas tan despistada para doblarte el tobillo. ¡Las luces ni siquiera estaban apagadas!

—Si no fuera porque te necesito para llegar a esa mesa —, rugió ella —, estarías muy malherido en este momento.

—Oh —, se rio él —, me gustaría verte intentándolo.

—Recuérdame cargar un bate de baseball la próxima vez que nos veamos.

—Siempre tan melodramática.

Isabella suspiró frustradamente cuando su amigo la depositó suavemente en una silla y levantó delicadamente su pie herido para ponerlo en otra. Notó cómo su tobillo se comenzaba a hinchar y adquiría una leve coloración roja y púrpura.

Jacob estaba por marcharse por hielo cuando vio a Edward y Alice acercarse curiosamente.

—¿Qué te paso?

—Me doblé el tobillo.

Su amiga rio sin sorpresa.

—Dios, Bella —, exclamó —. Te traeré algo de hielo.

La más bajita del grupo se perdió entre la multitud y Bella gimió cuando Edward se agachó a la altura de su pie y tocó una parte especialmente sensible.

—Lo siento —, se disculpó observándola, acariciando con sus dedos fríos el tobillo.

—Estoy bien —, aseguró —. De cualquier modo, fue culpa de Jake.

Edward dejó escapar un gruñido alto.

—Por supuesto que lo fue —, bufó recibiendo una no muy grata mirada del moreno.

—¿Qué se supone que significa eso? —, protestó Jacob.

—Que no me sorprende que ella saliera lastimada estando contigo. Nunca la cuidas lo suficientemente bien.

Isabella levantó la mirada al mismo tiempo que Edward se ponía de pie y encaraba reprobatoriamente al moreno.

—Edward, yo fui la torpe que se tropezó con sus propios pies —, dijo intentando llamar su atención —. El que haya dicho que Jacob…

—Ella es patosa sin importar lo que haga. Como verás, no puedo hacer demasiado —, se defendió el moreno.

—Podrías tener más cuidado —, reprochó Edward.

—Jacob no tiene la culpa, sólo fue un accidente —, aseguró la chica otra vez. Sin embargo, ninguno de ellos bajó la vista hacia ella o a su tobillo que comenzaba a ganar volumen alarmantemente.

—En ese caso, ¿por qué no bailas tú con ella? Estoy seguro de que lo harías mejor que yo —, dijo volviendo su atención al pie de Bella.

—Por supuesto que lo haría mejor —, declaró furiosamente.

Jacob rio sarcásticamente sin siquiera mirar al cobrizo.

—Que no te coman los miedos, Edward.

Isabella frunció el ceño completamente ante la sombría mirada del hermano de Alice y el aparente desinterés de Black por seguir el hilo de la conversación.

—¿Qué mierda significa eso?

—Oh, ¿te levantaste un poco despistado hoy? ¿A que sí?

Bella se puso de pie, cargando precariamente su peso en el pie bueno.

—¿Pueden dejar de discutir? Fue un tonto descuido. Estoy bien, ¡miren!

Por supuesto —y muy a su pesar— su amigo Jacob no era de los que simplemente lo dejaban. A él siempre le había gustado escarbar en la herida.

—¿Por qué te pones tan sobreprotector, Edward? ¿Por qué no simplemente dejas de ser tan marica y le dices a Bella las cosas de una vez por todas?

Para sorpresa de la chica Swan, la amedrentadora mirada de Edward se suavizó hasta llegar a una más fría y asustada.

—¿De qué estás hablando, Jacob? —, demandó ella, alzando la voz, decidiendo que ya no quería estar en segundo plano.

—¿Por qué no le preguntas a Edward? Tengo cosas mucho mejores que hacer que ver a un chico comportarse como una quinceañera llorona.

Besó sonoramente la mejilla de la chica antes de voltear y marcharse sonriendo. El cobrizo aún estaba allí luciendo como un pequeño niño inseguro.

—¿Edward?

Él pareció notar de pronto la presencia de la muchacha y, girando sobre sí mismo, caminó en dirección contraria de donde se encontraban. Ella se puso de pie y le alcanzó cojeando antes de que él consiguiera poner mucha distancia entre ambos.

—¿Puedes explicarme…? ¿Qué está ocurriendo?

— ¿Qué haces de pie? —, increpó él angustiosamente, devolviéndola a su mesa —. ¿Por qué tarda tanto Alice con ese hielo?

—¿Edward, a que se refería Jacob? Explícame —, demandó ella, olvidando por completo el dolor punzante en su tobillo.

—No hay nada que explicar, Bella —, aseguró quitando el zapato de ella delicadamente para evaluar el daño.

—¿No confías en mí?

Él cerró los ojos con fuerza.

—Déjalo, ¿quieres? —, rezongó.

—¿Por qué?

—Porque es una estupidez. Es… es… No es nada, ¿sí? Tu amiguito es un imbécil.

—Pero…

—¡Bella, no! —, dijo de pronto furiosamente.

—¡¿Por qué?!

—¡Mierda! —, escupió.

Ella observó cómo él se puso de pie, puso sus manos en la cintura, cerró los ojos, alzó su rostro al cielo y soltó el aire sonoramente por la nariz.

Pasaron un par de segundo cuando volvió la mirada hacia ella, se agachó hasta estar a su altura y suavizó su voz mientras la miraba con ternura.

—Me gustas. ¿Vale?

Bella sintió su corazón latir erráticamente en su pecho al ritmo de aquellas palabras, repitiéndose una y otra vez en su cabeza. La música era alta, sabía eso porque hasta hace algunos momentos hasta oír sus pensamientos le parecía imposible. Ahora, creía que, si el chico se acercaba sólo un poco más, podría escuchar perfectamente su corazón brincando furiosamente camino fuera de su posición. Su compañero hizo una extraña mueca con los labios, maldiciendo en voz baja, tironeando nerviosamente su mata de cabello.

—Edward… —, respiró —. Yo… yo no…

—¿No lo sabías? —, Farfulló fastidiado —¿No sabías que la mitad del pueblo está enamorado de ti, Bella?

Se puso de pie, nerviosamente, y ella le imitó.

—¿No lo sabías o no quisiste darte cuenta? — le recriminó.

Aquello era demasiado.

—No, no lo sabía —aseguró firmemente, elevando su mentón, de pronto molesta por su actitud.

—¡Eres tan ciega! —, le reprochó jalándose el cabello.

—¿Cómo se supone que iba a saber eso? ¡No tengo una bola mágica!

—¡¿Qué no vez lo que estoy intentando de decir aquí?! —, recriminó— ¡Bella, me gustas!

De pronto, Jacob afirmaba el brazo de Edward fuertemente.

—Oye, creo que deberías…

—¡Suéltame, hijo de perra! —, rugió empujándole violentamente a un lado, abriéndose camino fuera de allí.

No había mucha gente observando la escena, y las luces iluminaban tenuemente debido a la ronda de baladas. Aun así, tuvo que esconder el rostro entre sus manos para que no vieran las lágrimas caer por su rostro.

—¿Estás bien, Bella? —, sintió que su amigo le llamaba, envolviéndola en un abrazo que rechazó.

—Estoy bien —, aseguró, quitando de forma dura las lágrimas de sus ojos, mejilla y quijada.

—Pequeña, todo esto es mi culpa.

—Me tengo que ir —, murmuró agresivamente, ignorando estoicamente el dolor que sentía al pisar—. Lo lamento, Jake. Te veré luego, supongo.

—¿Quieres que te lleve a casa?

—No, no, yo… Me iré sola, gracias.

Salió de allí sin importarle demasiado las miradas curiosas. Caminó a paso rápido, dentro de lo que su tobillo le permitía, hasta la parada de buses y esperó temblando.

Su mente no dejaba de repetir las cosas, y a cada vuelta que le daba al asunto, parecía encogerse un poco más.

¿Que se suponía que tenía que hacer ella? ¡Ni siquiera comprendía del todo lo que había sucedido! ¿Había perdido a uno de sus mejores amigos por doblarse un tobillo? ¿Era eso acaso posible?

Las luces de un carro la encandilaron antes de que se detuviera a su lado.

—Sube.

—Emmett, por favor. No necesito un interrogatorio.

—No tienes que hablarme. Sólo déjame llevarte al hospital.

—¿Rosalie?

—Se irá con Jasper.

Suspiró profundamente antes de cojear lentamente hasta el automovil.

—Gracias, hermano.

Le regaló una débil sonrisa mientras se secaba lágrimas con el puño de su chaqueta.

—Sin hablar, ¿recuerdas? —, respondió él apretandole el muslo cariñosamente, antes de hacer rugir el motor.


Se decía que por tener que cuidar su tobillo no fue ese fin de semana a la residencia Cullen, sin embargo, cuando llegó el lunes por la mañana y argumentó que no se sentía del todo bien, tuvo que aceptar que estaba siendo una completa cobarde.

Sentía como si fuese a devolver lo poco y nada que había comido desde el viernes cada vez que pensaba en él.

Al menos agradecía que su camioneta por fin funcionara, no podría soportar que Emmett tuviese que traerla a clases y que comenzara a preguntar sobre ella y Edward en la cárcel sin salida que suponía la cabina del auto. Comenzaría a llorar, estaba segura.

Así que, resignada, se bajó sin delicadeza de la camioneta con el bolso al hombro y cerró con fuerza la puerta, intentando compensar con eso su creciente desgracia. Había asistido solamente porque era martes, y en parte porque Charlie —ya que Renee se reusaba a servirle de compañera en el crimen— no le había permitido faltar otro día, y allí estaba, tragando con fuerza el nudo en su garganta, espantando inútilmente las lágrimas que se agolpaban en sus ojos chocolate.

Supuso que, por encontrarse en ese intermitente estado sombrío, no le asombraba a si misma comportarse asustadiza al ver el brillante carro amarillo de su mejor amiga aparcar cerca.

—Bella —, le oyó suspirar a Jasper justo antes de envolverla en un cálido abrazo—. Está bien.

Lo único que pudo hacer fue negar con la cabeza, sintiendo la pequeña mano de Alice en su espalda baja, antes de echarse a llorar.

—Bellita —, canturreó con dulzura —, no llores.

—Alice... —sollozó.

—Yo sé, cariño —, aseguró comprensiva —. ¿Jasper, por qué no la llevas a otro lugar? Iré por agua.

Sin dejarla ir, el novio de su mejor amiga la guio hasta el vacío campo de fútbol y la sentó en las graderías, empujando un pañuelo entre sus manos.

—Gracias, Jasper —, murmuró en voz baja, sorbiendo su nariz, sintiendo las lágrimas enfriarse en sus mejillas.

—Oye, soy tu amigo, ¿recuerdas? Se supone que ese es mi trabajo.

—Alice de verdad no se equivocó contigo —, aseguró mientras nuevas lágrimas corrían por su rostro. Y es que verdaderamente parecía estar muy sensible —. Eres la mejor persona del mundo.

—Bella, tranquila.

—Lo siento, Jasper. Pero no puedo estar del todo tranquila cuando sé que uno de mis amigos está pasando un mal rato. ¡Y por mi culpa!

—Isabella, no debes sentirte culpable por lo que ocurre con Edward. No había nada que podrías haber hecho para evitar que él gustase de ti.

—Podría no haberle dado esperanzas.

—Eso es una estupidez. Darle o no esperanzas no hubiese cambiado nada.

—¿Por qué no?

—Porque yo no me enamoré de Alice porque ella me odiase. Me enamoré de ella por ser la persona que es. Ella tendría que cambiar completamente para que yo dejase de sentir algo por ella. Y todos sabemos que eso no va a ocurrir. No podrías dejar de ser tú para que Edward no sintiera nada. ¿Verdad?

Ella negó ligeramente jugueteando nerviosamente con el pañuelo húmedo.

—Así como creo que Edward no hubiese podido hacer nada para que tú no gustases de él.

—¿Qué te hace pensar que me gusta? –, articuló con la garganta seca.

—La pregunta correcta debería ser, ¿qué me hace pensar que no? ¡Vamos, Bella! He visto la forma en que ustedes se miran. Quizá no sea obvio para el resto de la población, pero ya sabes que siempre he visto cosas que los demás no.

La castaña suspiró con las mejillas arreboladas por el aire frío, y suspiró causando que una nube helada se elevara por el cielo. Decidió, observando el vaho desaparecer que mejor se rendiría de una vez. ¿De todas formas, cuál era el punto de seguir negándolo?

—Alice lo vio también.

—En realidad, yo se lo dije a ella —, comentó con una suave risa —. Y lamento haberlo hecho y que les diera malos ratos a ambos.

—No te preocupes.

Jasper le acarició la espalda en señal de apoyo mudo, y carraspeó antes de soltar con mucha delicadez lo siguiente.

—Ahora que lo has admitido, de verdad creo que deberían arreglar esto los dos.

—¿Realmente crees que debería hablar con él?

—Por supuesto. Ambos se gustan, así que… si. Si lo creo.

—Pero, ¿qué pasa si no funciona?

—No puedes evitarlo toda la vida. Además, ya sabes que él gusta de ti. ¿Haz pensado en lo bueno que se siente estar con la persona que quieres?

—No lo sé Jasper. Estoy tan asustada.

—Bella, no eres la única que se siente desdichada ahora. Piensa en él. Cree que lo ha perdido todo contigo. Y no me refiero sólo en un sentido amoroso, supone que ha perdido tu amistad también, y eso es para Edward más valioso que cualquier otra cosa.

Alice apareció entonces con dos botellas cerradas, que tendió dudosamente en dirección de su amiga.

—No sabía si querrías de manzana o uva así que traje ambos. Por cierto, la cafetería está muy llena para ser las 8 de la mañana.

Isabella sonrió. Sabía que tenía los mejores amigos del mundo, pero no era sino en momentos como estos en que notaba lo grandiosos que eran.

—Algunos alumnos no alcanzan a tomar desayuno en casa como nosotros. Así que lo hacen aquí —, murmuró recibiendo la botella de manzana —. Gracias, Allie.

—De nada. ¿Ya te sientes mejor?

—Si. No sé qué me ocurre. Creo que estoy con las hormonas alborotadas, casi no podía dejar de llorar.

—¿Quizá sea tu periodo el que se aproxima?

Jasper se removió incómodamente en su lugar, pero mantuvo su boca cerrada. Él conocía a ambas chicas, y las apreciaba, a una más que otra, por supuesto, pero nunca entendería del todo cómo es que su relación disfuncional funcionaba a la perfección con esa extraña forma de comunicarse en círculos que, sólo para ellas tenía sentido.

—Quizá. No estoy segura. No he estado muy pendiente de las fechas este mes.

—Claro, con todo el asunto de la vuelta a clases yo tampoco —, sonrió Alice —. ¿Vamos a clase? Si no nos ponemos en movimiento llegaremos tarde.

—¿Tenemos Física ahora?

—Si —, asintió Allie con una genuina sonrisa, como si comprendiera por el tono de voz de Isabella todo lo que ella no revelaba con palabras —. Con Hudson.

—Aburrido —, aseguró la castaña —. Podría faltar —, dudó —. De todas formas, no me extrañarás, ¿verdad?

—Por supuesto que no. Le haré compañía a Ángela hoy —, comentó poniéndose de pie y arrastrando a Jasper con ella —. Nos veremos para el almuerzo entonces.

—Bien. Gracias, chicos. Por todo.

—No hay de qué, Bella. Sabes que siempre puedes contar con nosotros.

Jasper dejó que ambas chicas se abrazaran y tuvieran su momento de intimidad antes de besar a Bella en la mejilla.

—Suerte.


Una muchacha lee otra vez un ejemplar roído y viejo de "Romeo y Julieta" de Shakespeare, sentada en una mesa sola a un costado de la concurrida cafetería, mientras la lluvia repiquetea contra el ventanal ubicado tras ella. Su cabello no forma una cortina castaña porque aquella mañana, ha decidido trenzarlo de forma elaborada para evitar tenerlo siempre en medio, estorbando.

Como usualmente ocurre cada vez que tiene un empastado en las manos, no nota que alguien camina en su dirección hasta que la mesa se mueve bajo el peso de su no-deseado acompañante, al tiempo que un chico se posiciona frente a ella colocando su mochila sobre la mesa con naturalidad, sonriéndole con cariño.

—Hola.

Ella levanta la vista de su lectura y sonríe ampliamente, casi de forma irónica. Cruza sus delicados dedos por sobre la mesa y ladea unos ángulos su rostro para ver mejor a su compañero.

—Lo siento —, dice amablemente en tono de disculpa—, pero no salgo con estudiantes de sociología.

Él, lejos de sentirse herido o rechazado, e incluso extrañado, le imita el gesto cruzando sus propios dedos sobre la mesa y le sonríe de medio lado sinceramente divertido por el Déjà vu.

—Bueno, suerte para ti, tomé Literatura.

La muchacha cierra definitivamente el libro apoyándolo sobre la mesa mientras una risotada se le escapa por entre los labios rosados.

—Tentador.

El muchacho acorta la distancia entre ellos por sobre la mesa y eleva sus cejas sugestivamente.

—No sabes cuánto.

—Lo lamento —, murmura guardando sus cosas —. Pero no estoy interesada.

Él arruga su frente y se cruza de brazos en un fingido gesto de dolor.

—No me digas que eres la clase de chica que algún otro suertudo bastardo ha conseguido.

—La verdad es que si —, asegura ella riendo por la selección de palabras —. Ya tengo un suertudo bastardo y, de hecho, voy tarde a mi cita con él. Adiós.

El cobrizo deja que ella se marche moviendo las caderas suavemente mientras la gente a su alrededor se arremolina conversando en voz alta. Toma su mochila, y con toda serenidad, camina fuera de allí, una sonrisa permanente dibujada en la boca.

Ya no hay nada que quiera en esa cafetería ahora. Lo que realmente quiere espera por él en el salón de Literatura inglesa.

—Hola, cariño.

Isabella lo besa sonoramente en los labios en cuanto está lo suficientemente cerca de ella. Él deja su bolso caer al suelo sin cuidado y se sienta a su lado antes de empujarla en un abrazo.

—¿Llamas a eso un beso?

La vuelve a besar, esta vez repasando cuidadosamente su exquisita boca, para dejarla respirar una vez cree que eso si ha sido un beso apropiado.

—Ya veo que me extrañaste —, bromea ella.

—Siempre —, responde él jugueteando con el elástico de la trenza, esperando el momento oportuno para quitarlo sin que ella lo note y así poder enterrar los dedos en aquel cabello sedoso.

Ambos esperan a que el profesor comience a redactar uno de los ensayos de Gustavo A. Bécquer antes de retomar la conversación.

—¿Sabes? Algo de lo más raro me ocurrió esta mañana.

—¿Qué fue?

—Un chico coqueteó conmigo.

Edward rio quedamente.

—¿Por qué te parece eso raro? Eres hermosa. A mí me sorprende que estuvieras soltera cuando te encontré.

—No es por eso —, asegura ella, besándole la mejilla en agradecimiento implícito por el cumplido —. Es por que él creía que tenía una oportunidad conmigo. Y usó una frase totalmente lamentable.

—¿Lo hizo?

Bella asintió con una sonrisa inocente.

—Primero caminó hacia mí, a pesar de que yo estaba obviamente ocupada, y se sentó en mi mesa aun cuando yo no lo invité.

Edward anotó en su cuaderno lo que el maestro dictaba fallando completamente en esconder una sonrisa brillante.

—Que descaro —, le siguió la corriente apretando los labios —. Espero que lo pusieras en su lugar.

—Lo hice, le dije que yo no salía con chicos de sociología. Ya sabes lo que dicen de ellos, cariño.

—Oh, sí. Los peores tipos en el instituto. Me alegro de no ser uno.

—Yo también —, afirmó observándolo ingenuamente —. ¡Pero no adivinas lo que él me respondió!

—¿Qué te dijo?

—Él dijo: Bueno, suerte para ti tomé literatura.

—¡No lo hizo! — dramatizó él poniendo una de sus manos en la boca como lo hacía su hermana Alice, observando ocasionalmente al Señor Hudson para asegurarse que no interrumpían la clase. Después de todo, lo último que quería era meterse en problemas, o meter a su nueva novia en uno.

—¿Puedes creer que idiota?

—Imagino que le dijiste unas cuantas cosas, ¿verdad?

—Si. Estarás orgulloso de mí porque le dije enseguida que tenía un perfecto novio que no cambiaría por todos los estudiantes de sociología del mundo.

—¿No lo harías? —, preguntó él melosamente, esta vez sin importarle si llamaba la atención del profesor. Su atención enteramente puesta en los apetitosos labios que apuntaban en su dirección en un adorable puchero.

—No —, respondió acercándole por el cuello del suéter hasta poder enredar cómodamente las manos en su rebelde cabello cobrizo —. ¿Quieres saber por qué?

—Hmmm —, confirmó cepillando lento sus bocas juntas.

—Porque he oído que los chicos de literatura inglesa son irresistibles.

—Créeme —, dijo él besando un camino por su mandíbula —, lo son.

—Lo sé. Tengo uno de ellos y demuestra que los rumores se quedan cortos.

—¿Si? —, preguntó Edward, tomando aquello como un reto, dejando que la punta de sus dedos sintiera un atisbo juguetón de la piel expuesta de su novia bajo la blusa.

—Si —, suspiró ella notando una pequeña descarga eléctrica encender sus sentidos, haciéndola olvidar por completo que estaban en un salón de clases con 30 personas más —. Los estudiantes de literatura son mucho, mucho, mucho mejores.

FIN


Update: Mis historias están siendo editadas y publicadas nuevamente después de algunos años, por lo que si les parece que ya leyeron alguna, es por que probablemente lo hayan hecho en el pasado (antes de que las borrara).

Littlest Girl