Pues volví para seguir este, al parecer no será un one-shot sino algo que, poco a poco cobra sentido. Aquí hay semi-porno, hace tiempo que no escribo escenas así y aún me cuesta, pero como veréis, queda más. Si queréis leerlo una muestra de ello no estaría mal.
Muchas gracias por leer.. y a eso, a leer!
La puerta se cerró tras de ellas dejando, también atrás, el pasado que las atormentaba desde hacía años. No pasaron del recibidor, solo ellas querían ser testigo de lo que estaba sucediendo, no querían causar revuelo alguno aunque no era en eso en lo que estaban pensando. Las manos de Regina paseaban lentamente por la espalda de Emma, no dejando espacio sin recorrer, surco por marcar ni pliegue por acariciar. Se deleitaba con cada beso y caricia que Emma le propiciaba, su cuerpo le estaba pidiendo más y no sabía si debía dar ese paso – Bastante la asusté con como se lo dije – pensó, pero con cada beso que le daba la llevaba a límites muy altos, casi inimaginables, dejándose llevar y, poco a poco, dando un paso más. La lengua de Regina pedía permiso contra los labios de la rubia, la cual no dudó un segundo en dejar que esa barrera se derribase ante la petición y los encantos de la otra mujer. Emma, en sí misma, creía morir ya que nunca la habían besado de esa forma o, más bien, nunca se había sentido así, como en ese instante, por un beso. Se sentían vivas, felices, llenas de vida y un poco... acaloradas.
- Siento haber huido así Regina – susurraba sobre sus labios – No quería hacerte daño. - la miró a los ojos viendo un brillo que antes no sabía identificar -
- Ahora estás conmigo, aquí, en este momento y es lo que importa – apoyó su frente en la de su rubia - ¿Te puedo pedir una cosa? - dijo tímida sin separarse -
- Claro que sí, - sonrió ante tal muestra de timidez – pídeme lo que quieras mi amor.
Esas dos palabras le dieron a Regina la fuerza y valentía que le faltaba. Dudó unos segundosmás, se separó un poco de ella sin quitar las manos de su cintura, la miró a los ojos y le devolvió la sonrisa.
- Verás, ya sabes en una pequeña y gran medida lo que siento por ti y, bueno, hay mil cosas que me gustaría hacer contigo, que llevo tanto tiempo imaginando pero hay una que, aunque no te la pida, sé que va a pasar en algún momento – suspira, vuelve a sonreír y le da un rápido a beso a Emma, la cual tiene una gran cara de confusión "Nunca se da cuenta de nada, ¡qué mujer!" pensaba y siguió hablando – pero algo dentro de mi me suplica y grita que te pida permiso.
- ¿Pedirme permiso? ¡Dímelo ya, por favor! - reclama con urgencia y curiosidad -
- Emma, ¿me dejarías, ahora, hacerte el amor? - ya está, lo ha dicho y por consecuencia sus mejillas se tiñen de un leve color rosáceo -
¿Me acaba de pedir lo que creo que me acaba de pedir? Regina quiere hacerme el amor, ahora... Sus pensamientos resuenan como susurros incrédulos dejándola aún más estupefacta y boqueabierta ante la mirada nerviosa de Regina. Pensaba que iban muy deprisa, que todo esto acababa de surgir y no sabía que responder aunque se moría de ganas. Se dejó llevar.
Rompió la distancia, casi efímera, que las separaba y la besó de una manera distinta, era un beso con ganas de todo, un beso con pasión y fiereza, con un sí tatuado en los labios que ya no era necesario pronunciar. Regina interpretó la reacción de la rubia como un sí lleno de miedos y decidió que llegarían hasta donde Emma quisiera. Se separó completamente de ella y le tendió la mano para que la siguiese. Emma jugó con su mirada dirigiéndola varias veces entre la mano y los ojos de la otra mujer, sonrió divertida y sujetó la mano con decisión. Regina empezó a caminar tirando suavemente de Emma por su casa, ella ya había estado allí pero ahora todo le parecía diferente, lo veía de forma más curiosa, apreciando los detalles y perdiéndose en ellos, claramente como le pasaba también con esa mujer que la estaba llevando, lentamente, a su divina perdición.
No tardaron ni dos minutos en llegar a la habitación de Regina aunque les parecieron más que dos, tenían ganas de estar allí. Mientras Emma, nuevamente, observaba curiosa la habitación como ya había hecho con el resto de la casa, Regina la soltó para cerrar la puerta y pasar una vez la llave, por si acaso. El ruido tan inaudible que debería de ser, sonó como un rayo en la cabeza de la rubia sacándola de su ensoñación particular, parpadeando un par de veces al notar como unas manos la rodeaban desde atrás y una boca dejaba suaves besos sobre su cuello.
- Cierra los ojos Emma – le susurró tan cerca de su oído haciendo que cada poro de su piel se erizase sin poder contener un leve gemido. Y así lo hizo, cerró los ojos durante dos segundos. - Ya puedes abrirlos – al abrirlos una sensación de calidez inundó su corazón ante tal pequeño, pero detallado, despliegue de magia y amor. Las cortinas estaban cerradas impidiendo que ni un halo de luz bailase en la habitación, de eso se encargaban las velas que se encontraban alrededor de la cama y depositadas sobre las mesitas de noche. Era simple pero superaba cualquiera de las expectativas que tenía, nunca nadie había hecho algo así por y para ella,
- Es precioso Regina – pudo decir mientras miraba todo desde el centro de su pequeño paraíso. La morena se limitó a sonreír en su cuello y a seguir depositando más besos en su cuello, el cual fue inclinándose poco a poco dejando más espacio para ser besado. No dudó un segundo más y, aprovechando que tenía sus manos en la cintura de la otra mujer, acercó sus manos a los botones de la camisa verde botella que adornaba su cuerpo. Cuando acabó con su pequeña misión paseó sus manos sobre el cuerpo descubierto sintiendo como este respondía con oleadas de calor. Agarró el cuello de la camisa tirando para atrás para así deshacerse de ella, dio un beso en su espalda desnuda y volteó a Emma para poder besarla, lo echaban ya de menos. Sus bocas libraban batallas por vencer y sus manos exploraban nuevas sendas, las cuales dirigieron a Emma directamente a la cremallera del traje de la alcaldesa. No fue suave ni lento, Emma bajó la cremallera y lo empujó por los hombros para que cayese al suelo. Se separó para observar a Regina y para que esta saliese del círculo que su traje había dejado. Ya desearía la tipa de Victoria Secret que la ropa interior de encaje negro le quedase tan bien a sus modelos como lo hacía con Regina y con su cuerpo. Era magnífica.
Se mordió el labio ante la mirada ansiosa de Emma y la volvió a besar rugiendo de deseo. Necesitaba contemplarla como ella había hecho ahora mismo así que sin hacer ningún movimiento, las botas y los vaqueros de la rubia desaparecieron y aparecieron en la otra puta de la habitación. No se percató de su pérdida hasta que un leve escalofrío le recorrió las piernas, llevó una de sus manos a su pierna y notó que algo faltaba. - Eso es hacer trampas – dijo en un tono infantil. Regina la miró con un deseo nunca visto – Es que tengo tantas ganas de ti.. - su voz sonó ronca y sensual a lo que la rubia se declaró débil, eternamente débil y no pudo ni responder a ello. La morena la llevó a la cama he hizo que se recostara para ella colocarse encima. Sí, estaba en el paraíso y jamás se atrevería a ponerlo en duda.
Apoyó ambas manos alrededor de la cabeza de la Sheriff y volvió a besarla solo por un instante para lentamente empezar a bajar por su cuello, mordiéndolo suavemente, disfrutando de los gemidos que producía con dichas caricias. Colocó su pierna entre las de ella y presionó haciendo que la espalda de la rubia se arquease recibiendo tal muestra de placer. Los besos combinados con los movimientos que realizaba Regina le estaban dejando sin cordura. La morena quitó su pierna y se sentó sobre las piernas de su amante, hizo que esta se incorporase tirando de su cuello hacia ella, se dejó abrazar por la cadera y se fundieron en un beso de distracción, aprovechando para desprender la prenda que impedía el roce de sus pechos y las ganas de sentirse.
La rubia se echó para atrás de nuevo para admirar tal perfecta figura. Regina no aguanta más, quería devorarla y se disponía a hacerlo de una vez por todas. Se inclinó sobre ella y besó sus pechos, pasando juguetona su lengua por los pezones ya duros por la excitación mientras que con su mano derecha trazaba un camino hasta la última barrera que cubría el cuerpo de su amante, lentamente y con la palma de la mano recorrió su sexo sin adentrarse en el, propiciando una excitación en Emma que creyó que no existía. Ahora si creía que iba a morir y no como antes, si no le hacía el amor ya. Regina pudo notar como crecía la humedad de la rubia a través de sus braguitas, levantó la vista desde su pecho y la miró con una sonrisa de satisfacción. Emma la agarró por las mejillas y chocó contra su boca, la besó ansiosa mientras que la otra mujer ya había colado su mano dentro de las bragas y dibujaba círculos en el clítoris de su Sherriff. No podía más, se acercó a su oído sin aguantar los gemidos que nacían desde lo más profundo de sí misma y que amenazaban con destruirla. - Por favor Regina – volvía a gemir he intentó hablar como pudo – Hazme el amor, hazme tuya – Le ardió el cuerpo ante tal petición, se separó para colocarse frente a frente, la miró a los ojos e introdujo dos dedos dentro de Emma, con calma, observando como esta cerraba los ojos, abría la boca y su respiración se entrecortaba. Fue aumentando el ritmo mientras que con su pulgar acariciaba, de nuevo, el clítoris propiciando así más placer al cuerpo que tenía bajo ella.
Ella sabía que pronto iba a llegar, lo notaba, no controlaba su cuerpo, ni sus gemidos, clavó sus más en la espalda de Regina y la besó mientras ahogaba en su boca el último gemido, dejando ver algo que ya era obvio. Ante los espasmos del cuerpo de Emma retiró su mano y se dejó caer sobre su pecho.
- Eres increíble Regina. – acariciaba el pelo de la morena mientras que su respiración no le permitía hablar con claridad -
- Tú si que lo eres. - se arrastró sobre su cuerpo para besarla, esto solo acababa de empezar.
De nuevo gracias. Paola, como siempre, eres la mejor. Carla gracias por los ánimos y .. 'guest' pues también.
Os adoro a todas.
