Hola a todos, aquí les dejo el segundo capítulo. Es más cortito que el primero, pero espero que lo disfruten igual. Muchas gracias a RachellGranger por dejar review! Como ves no tardé mucho en actualizar. Ojalá te guste.
Como ya saben los personajes no me pertenecen, solo el argumento es mío.
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Los corredores de las mazmorras eran más fríos de lo que recordaba. No solía ir mucho por ahí. Aunque pareciera un tópico, cruzarse con alumnos de Slytherin casi nunca era agradable. Sin embargo, en ese momento, prefería toparse con Malfoy y sus amigos que tener que entrar en las habitaciones de Snape. Apretó los puños e hizo acopio de su valentía Gryffindor. Tocó la puerta tres veces; no parecía haber nadie. Hermione se relajó, ya volvería más tarde, o no... Cuando se dio la vuelta un suave "click" acompañó al pomo al tiempo que giraba y dejaba la puerta abierta para que ella pudiera pasar. Entró en la habitación cautelosamente, como si fuera territorio prohibido, o un campo de minas que estallaría ante la más leve presión.
-¿Profesor Snape?
Snape cerró los ojos por el fastidio. "Maldita sea".
-Váyase Granger-su tono frío y severo se expandió por toda la habitación.
La castaña se sintió ofendida, pero no dijo nada ni se movió del sitio. Miró el frasco que Madame Pomfrey le había dado y la dejó encima de una mesa, asegurándose de hacer ruido.
-Como usted quiera-Volvió sobre sus pasos y se marchó de esa cueva oscura.
Una vez hubo salido Granger de la sala, Snape concentró todas sus fuerzas en levantarse de la cama y caminar hasta el salón, donde Granger había estado. Una botella ancha encima de la mesa llamó su atención.
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Ya casi había salido de las mazmorras cuando un pensamiento urgente atravesó su mente: No le había dado las instrucciones a Snape. Se quedó un rato parada en medio del pasillo, sin saber muy bien qué hacer.
Dio la vuelta temerosa y estando al cien por cien segura de que se arrepentiría de su decisión.
Cuando estuvo frente a la puerta se le atragantó el arrojo y sintió ganas de salir corriendo. Snape sabría que era ella porque ni siquiera se dignaba a contestar.
-Profesor Snape, soy Hermione Granger de nuevo. Sé que no quiere verme, pero tengo algo importante que decirle-no había respuesta-, será solo un momento.
Hermione suspiró mientras retorcía las manos. Estaba a punto de llamar otra vez cuando escuchó unos pasos e instintivamente retrocedió. Snape abrió la puerta malhumorado e hizo un ademán para que la chica entrara.
-Que sea rápido Granger.-El aspecto de Snape era horrible. Sintió un pellizco de angustia en el corazón cuando pudo verlo a la luz de la chimenea. Su piel tenía un color casi grisáceo, se le marcaban más que nunca las ojeras y su voz denotaba cansancio infinito.
-Se acaba mi paciencia Granger.
-Lo siento señor-miró al suelo avergonzada-Tiene que tomarse la poción tres veces al día.
-Bien. Váyase.
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"Doble espía"
No podía pensar en otra cosa que no fuera Snape. Creyó que una vez que saliera de las mazmorras se sentiría mejor, pero ni el aire fresco de los alrededores borraba esa sensación agobiante que arrastraba desde aquella noche. Nunca había visto a Snape tan…frágil. Casi parecía un fantasma, cenizas que se desintegrarían con un viento suave. Ese hombre de hierro, tan poderoso, tan odiado, tan indescifrable, era también humano, y si ella no hubiera estado en aquel lugar en el momento justo también sería un muerto. A pesar de lo que había visto, de lo que las cosas parecían, se sentía aliviada cuando pensaba que estaba vivo.
-¿Reflexionando señorita Granger?-La chica se giró sobresaltada para ver quién le hablaba.
-Sí. Aunque no estoy segura de que me sirva de algo.
-Siento mucho que se vea involucrada en esto.
-No es culpa de nadie.
El director la miró por encima de sus gafas de media luna con una expresión amigable y asintió. –Severus tuvo suerte de que fuera usted quien lo encontrara.
-Hoy lo he visto y…
-No se preocupe, ya ha pasado por situaciones como esta varias veces. Se pondrá bien.
Hermione miró a Dumbledore con espanto, con la sangre y la máscara de mortífago bien definidas en su recuerdo.
-Me temo que lo que nos espera es incierto y oscuro, señorita Granger. Tan solo nos queda confiar los unos en los otros.
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-¿Hermione?
La castaña dejó de observar a la empalagosa pareja que tenía en frente y miró a Ginny con los ojos brillantes.
-Lo siento Ginny, no te estaba escuchando.
-Mi hermano es imbécil. No se merece a una chica como tú.
Hermione sonrió tristemente y apoyó la cara en una de sus manos –Gracias Ginny, pero estoy bien, de verdad.
-¿Qué te parece si mañana vamos a Hosmadge de compras? Así te animas un poco.
-No sé Ginny, realmente no tengo ganas.
-Por eso mismo Herms. Venga, di que sí, lo pasaremos bien, y Mcglaggen va.
-¿Macglaggen? ¿Estás loca?- soltó una risotada-Es un presumido.
-Pero es guapo, y se muere por ti. Mira- Ambas se giraron para ver a un Macglaggen que cruzaba el pasillo y le echaba una mirada insinuadora a Hermione. -¿Ves?-Ambas comenzaron a reír sin poder aguantar.
-Está bien, iré, pero ten por seguro que no es por Macglaggen.
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El camino de vuelta de Hosmadge se le hizo más largo de lo que realmente era. Desde hacía media hora sentía un cosquilleo nervioso en el estómago que le decía que algo, malo o peor, iba a pasar. Se reía sin ganas de las bromas de Seamus y no le prestaba atención a lo que Parvati le decía sobre el vestido que se pondría en el baile de Navidad. Se sentía agobiada, le dolía la cabeza y sus mejillas ardían. Abría y cerraba los puños porque tenías las manos congeladas y de vez en cuando asentía con la cabeza ante el discurso de Parvati.
Una vez dentro del castillo las hermanas Patil se marcharon a la sala común, Ron y Lavender a quién sabe dónde, y Ginny se disculpó con ella porque quería pasar un rato a solas con Harry. Comprensible, pero se quedó sola.
Aceleró el paso lo más que pudo para huir del frío de la tarde. Una vez dentro se apresuró a alejarse de la puerta principal, se frotó los brazos y pensó que quizás podría leer algo en la biblioteca.
-Ah, por fin Señorita Granger, la estaba buscando.-La enfermera le puso la mano en el hombro para detenerla.-Necesito que le lleve un par de cosas al profesor Snape. Lo hará, ¿verdad? Me temo que estoy demasiado ocupada para hacerlo yo misma.
No, por favor.
-Claro.
-Bien, venga, acompáñeme.
Madame Pomfrey la cargó con cinco botellitas y una docena de gasas nuevas ordenándole que no volviera hasta que las hubiera entregado al mago.
Y allí estaba ella, escabulléndose por los pasillos de las mazmorras con temor a que algún Slytherin la viera. Le pareció verdaderamente raro que la puerta de las habitaciones privadas de Snape estuviera entreabierta.
Entró sin pensarlo y le encontró sentido a ese hormigueo nervioso y angustioso que le subía y bajaba por el estómago. Entre una de las butacas y la mesa reposaba inerte el cuerpo de Snape, vestido en sus ropas habituales. Un escalofrío cargado de pánico subió por su espina dorsal. Sin darse cuenta corrió hasta el mago y se arrodilló.
-¡Profesor Snape! ¡Profesor Snape! ¡Señor!
Nada.
Le tomó el pulso, todo estaba bien. Lo elevó en el aire y lo recostó sobre la enorme mesa del salón. Dichosa levita. La camisa empezaba a mancharse de sangre y Hermione se temía lo peor. Sin pensar mucho le abrió la camisa, y pasa su sorpresa la herida no tenía tan mal aspecto. Simplemente el hombre había hecho un esfuerzo que no debía. Podía verse que no se habían utilizado hechizos poderosos para cerrar la apertura en la carne. ¿Por qué? Suspiró y apretó la varita con sus dedos, apuntó a la herida y cerró los ojos.
-Episkey-susurró, concentrada, intentando no perder la calma.
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Estaba harto de estar en su habitación como un inútil, débil e indefenso. Se levantó de la cama aunque la herida le dolía a horrores y se vistió. Tenía que dejarle claro a la maldita enfermera que no volviera a enviar a Granger, que era la última persona a la que quería soportar.
Estaba a tres pasos de la puerta cuando de repente la habitación comenzó a girar y girar…
¿Qué está pasando?-fue lo único que pudo pensar antes de que todo se volviera negro.
Pero ahora alguien lo llamaba, alguien decía su nombre y lo zarandeaba. Quería abrir los ojos, deshacerse de ese estado entre vigilia y pesado sueño en el que se encontraba…no tenía fuerzas ni para pensar.
Ahora lo movían. Notó como flotaba en el aire hasta que su espalda se posó en algo duro.
Y de nuevo esos ojos marrones intensos.
Pero ya no podía más, su mente quedó atrapada en un sueño negro e inconsciente una vez más.
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Cuando lo vio abrir los ojos sus músculos se relajaron, y pudo apartar el frasquito con sales que le había estado pasando por la nariz.
-¿Cómo se encuentra?
-Granger…Déjeme solo.- a pesar de tener la voz totalmente resquebrajada había conseguido rellenar cada una de las palabras con veneno. Hermione sentía asombro por aquella capacidad. ¿De verdad la odiaba tanto?
-Tenía una hemorragia… Se la he frenado. Va a estar bien.
Hermione apartó la vista de esos cansados ojos negros llenos de reproche y se marchó, sin saber cómo sentirse.
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Habían pasado dos semanas desde aquello. Dos semanas sin clases de pociones. Dos semanas evitando la enfermería. Dos semanas sin saber nada de Snape. Eso la aliviaba, es decir, sabía que estaba vivo y que se estaba recuperando, pero no quería verlo. Ella era valiente, ella afrontaba siempre lo que venía. ¿Qué otro remedio había? Pero esto… Nunca imaginó algo así.
El grupo de Gryffindors y Huflepuffs entraron en la clase de pociones animados, seguramente el profesor Snape seguiría ausente.
Harry, Ron y Hermione tomaron asiento en la tercera fila, estando Harry en medio. Ya casi no hablaba con Ron. Y Estaba enfadada, sí, se sentía traicionada... Aunque claro, por otro lado, Ron no tenía la culpa de haberse fijado en otra chica, sobre todo si esta era más guapa que ella… ¿no? Lo que realmente le molestaba era que parecía que succionarse los labios (no podía llamársele besarse a eso que hacían, pensaba Hermione) era lo único que existía. No hablaban, no conocían nada el uno del otro. Era una relación realmente tonta. ¡Ella lo quería por el amor de Merlín! ¡Incluso encontraba interesante cuando él le contaba acerca de las estrategias que seguirían en el próximo partido de Quidditch! Rodó los ojos cuando vio a su compañera de habitación correr para sentarse en las rodillas de su Wo-wo. Ron se veía triste, e intentaba contarle algo, pero ella, tal y como esperaba la castaña, se había lanzado sobre su boca cual lobo feroz.
-¿Quieres que nos sentemos en otro sitio Hermione? Esto es demasiado hasta para mí.-Sonrió complacida por no ser la única que encontraba aquel espectáculo repulsivo.
-¿Harry?-preguntó divertida, levantándose al mismo tiempo que su amigo para cambiar de fila.
Ambos se extrañaron del repentino silencio y se giraron para ver qué pasaba. Snape pasó por el pasillo ondeando su capa y agitó la varita para cerrar la puerta.
-¿Iban a algún sitio Granger y Potter?
-No, señor-contestó Harry secamente, dejando entrever la poca estima que le tenía a Snape.
El mago los miró con superioridad por un momento y luego se centró en la clase. –Las instrucciones están en la pizarra. Comiencen...ya.
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Y hasta aquí el segundo capítulo. Trabajaré rápido para tener el tercero prontito. Ahora que Snape está recuperado las cosas van a cambiar y no va a tardar en dar guerra.
Gracias por leer y dejen un review si les apetece :)
