Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia sí que es mía.


ENCUENTRO FAMILIAR

Sasuke, desde el primer momento había entendido que salir con la primogénita de los Hyuga no iba a ser fácil, y no solo porque era la heredera de un poderoso y tradicional clan, no; no era solo eso. Parecía que, con el paso de los años, después de la cuarta guerra ninja, las palabras de aliento que la peliazul le dijo al Uzumaki todavía resonaban en los corazones de muchos ninjas masculinos, por lo que la popularidad de la chica había aumentado.

Y, aun así, aquello no le había importado, sabía que era mejor que cualquier mindundi que se quisiera aproximar a su princesa, no era algo que realmente le preocupase, después de todo él era Uchiha Sasuke. Pero, el verdadero problema radicaba en el padre y hermana de su novia, parecía que ambos habían decidido hacerle la vida imposible, convencidos de que no era el adecuado para la ojiluna, cosa que él discrepaba totalmente.

Él había curado su corazón cuando el idiota de su mejor amigo la había herido, claro que ella había sanado su alma con su presencia y sonrisa, pero aún así…Bueno, posiblemente la Hyuga había hecho más por él que al revés, posiblemente era un novio muy celoso y muchas veces eso conllevaba a discusiones con su hime, pero aún así, a pesar de todos esos problemas sabía que él era perfecto para ella. Él era la persona que más la amaba en el mucho entero, de eso estaba totalmente convencido.

Por ello es que no aceptó cuando su disque "suegro" y "cuñada" habían declarado que le había conseguido un prometido a la peliazul. No soportó ver como el hermoso angelical rostro de su princesa se empañaba de lágrimas llenas de amargura y dolor, mientras lo abrazaba con fuerza, diciéndole las malas noticias, logrando que todo su ser se estremeciera al verla de aquella manera.

La ira había corrido en él, estaba bien que no lo soportaran ni aceptaran, no le importaba nada de eso. Pero la cosa era muy diferente si su princesa se encontraba involucrada, porque a quien estaban hiriendo era a ella, por lo tanto, las cosas sencillamente no se iban a quedar de esa manera.

Así que decidido se encaminó hacia la mansión Hyuga, a pesar de las negativas de su novia. Por fin iba a visitar a su "querido suegro", cosa que había evitado de todas las maneras durante ese año que llevaban saliendo, a pesar de que Hinata se lo había pedido muchas veces. Pero es que él prefería no ir porque seguramente sabía lo que aquel estoico hombre le diría, algo que en el fondo él también temía.

No ser merecedor de su amor.

Él había sido un hombre que se había dejado llevar por la venganza, para que al final todo lo que creyó cierto, fuera una horrible mentira y pagara las consecuencias de sus actos. Mientras que ella era el ser más puro y dulce del mundo, sabía, muy en el fondo que había tenido mucha suerte de que ella se interpusiera en su camino aquel día en el que había salido a comprar, porque si no hubiese sido por ese encuentro seguiría mentido en su mansión, como un viejo ermitaño, distanciado del mundo y de sus amigos.

Cuando llegó a la residencia Hyuga entró sin dudar, a pesar de que varios guardias intentaron detenerlo, para luego irrumpir en la gran sala donde se encontraba sentado Hiashi, tomando un té junto a su hija menor. Tan tranquilos, como si no hubieran herido a la peliazul.

—Así que al fin te dignas a visitarme—escupió el patriarca de los Uchiha con un tono ácido y lleno de rencor.

—Supongo que su vistita es porque Nee-chan le habrá dicho sobre su matrimonio—comentó Hanabi al mayor.

El exvengador sencillamente no podía creer como ellos se eran tan insensibles con ese tema, como podían hacer que Hinata sufriera de esa manera, sencillamente no lo podía permitir.

—Hinata no se va a casar—soltó serio el morocho, mirando directamente a los ojos del Hyuga, que arqueó una ceja y rio burlescamente.

—No eres tú el que decide eso—dijo en tono serio y firme.

—¡Ni tú! —gritó indignado. —Esa decisión solo le corresponde a Hinata, así que no tienes ningún derecho de obligarla a que se case. Y si en algún momento ella decide hacerlo será conmigo—respondió, como si fuera lo más común del mundo, haciendo que una ligera sonrisa se asomara en el rostro de la castaña y por un segundo la seria mirada del Hyuga se suavizara.

—Te lo dije padre, no tenías porqué preocuparte—dijo Hanabi en un tono más cordial que extrañó al Uchiha.

—Supongo que tenías razón—dijo mucho más calmado el mayor desconcertando todavía más al azabache, que no entendía nada de lo que ocurría.

—Así se hace Uchiha, pasaste la prueba—decía divertida la ojiperla. —Me alegra que Nee-chan esté como alguien como tú—comentaba feliz. —Por tu cara supongo que no entiendes nada, así que te lo explicaré—dijo. —Bueno, como ya llevabas saliendo un año con Nee-chan y todavía no venías a presentarte formalmente Otto-san creyó que solo estabas jugando con Nee-chan, por eso se me ocurrió hacer este pequeño truco, para así probarle que tú de verdad quieres a mi hermana—finalizó, haciendo que una ligera vena de rabia saliera en la frente del pelinegro.

—¡Pero tenía que ser así! Hinata estaba llorando—decía molesto, haciendo que otra vez el castaño se pusiera serio.

—Sé que he herido a mi hija, pero prefería que sufriera un rato que si al final tú solo estabas jugando con ella—contestó. —Por ello te pido que a partir de ahora la cuides, Uchiha—dijo haciendo una reverencia al chico, dejando sorprendido tanto a él como a su hija, ya que nunca había visto a su padre inclinarse frente a alguien.

De repente la puerta se volvió a abrirse, para encontrarse la figura de una cansada peliazul. Ella se había quedado pensado que era lo que debía hacer, pero sencillamente sentía que no podía dejar solo a su novio frente a esta situación, era algo que ambos debían resolver.

—Padre, yo realmente no me puedo casar con alguien que no sea Sasuke-kun—dijo la chica nerviosa. —Por favor, no me alejes de él—pidió.

El morocho se encontraba sorprendido frente a las palabras de su novia, pero no dudo ni un momento en ir a su lado. Con firmeza tomó su mano y se acercó junto a ella hacia el hombre.

—Permítame casarme con Hinata—dijo el azabache, sonrojando por completo a la peliazul, que se le comenzaban a formar lágrimas de felicidad.

—Cuídala—dijo Hiashi, para que luego su primogénita saltara a sus brazos, agradeciéndole.

—¡Yo quiero ser la dama de honor! —decía muy animada la menor, haciendo que todos rieran.

Sasuke miró a su futura esposa, las lágrimas que ahora empañaban su rostro eran de felicidad, tal ve si él hubiese ido antes a visitarlos ella no hubiera llorado, pero al menos se alegraba de que ahora la peliazul sería suya por siempre. No volvería a dejar que la tristeza volviera a ella.


Notas de la autora: Holis, no sé muy bien de donde salió esto, pero hubo un comentario de Mangetsu Hyuga que me dijo que hiciera una historia conociendo al suegro y a la cuñadita y esto fue lo que me quedó. No sé si tenías esto en mente.

Bueno, espero que os gustase.

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Gracias por leer.