Disclamer: Los personajes de yu gi oh no me pertenecen en lo absoluto, yo solo los tome prestados para poder hacer esta historia.
Fussili: Muchas gracias por tu comentario, espero te siga gustando la historia, aquí te traigo el otro capítulo espero sea de tu agrado, cualquier pregunta duda o sugerencia puedes hacérmela saber.
Espero les guste este capitulo.
Capítulo 1: Al pasar el tiempo
Isis abrió los ojos y los clavó en la alta figura de Seth, meneó la cabeza en señal de negación.
-Ya veo – el sacerdote se recargo en el borde de la ventana – Nada todavía, nunca pensé que esto nos tomaría tanto tiempo… ¿Cuántos años han pasado ya?
-Siete años… - la mujer se puso de pie y se encaminó a la ventana donde estaba el otro – Mucho o poco tiempo de acuerdo a como lo veas – la sonrisa burlona en los labios del otro le indicó que Seth había captado su mensaje.
-Creo que para él ha sido mucho…
-Pero para nosotros a si poco tiempo – completo Isis mientras se giraba para ver el panorama que se presentaba a través de la enorme ventana - ¿Ya has hablado con Akunadim? – Seth negó con la cabeza.
-No he tenido la oportunidad de hacerlo, después de todo recuerda que esta cumpliendo con su papel de tío – se alejó de la ventana y se encaminó a la puerta – Avísame cuando hallas logrado encontrar algo- y sin decir nada más abandonó la estancia dejando a la sacerdotisa sumida en sus pensamientos.
"Siete años… para mí si ha sido mucho tiempo" pensó sin apartar su mirada del panorama.
Giró levemente sobre la cama para quedar acostado boca arriba, se sentía un poco cansado, había estado fuera del palacio toda la mañana tratando de buscar un regalo para ella pero no había sido capaz de encontrar nada, a veces se pregunta si algún día encontraría un bonito regalo digno de ella, a su parecer no había nada en el mundo que pareciera ser lo suficientemente bueno para esa mujer.
Aún recordaba perfectamente la primera vez que la había visto, había sido hacia unos tres años en una de aquellas aburridas celebraciones de su pueblo, ama a su pueblo pero eso no dejaba de hacer aburridas sus fiestas, ella había estado bailando con todas las demás mujeres, su gracia y su belleza junto con su sonrisa había sido lo que había llamado su atención.
Era en verdad toda una flor en el desierto.
Pero en ninguno de esos tres años había podido darle un bonito obsequio en sus cumpleaños, ella le decía que no importaba que eso era lo menos pero él quería hacerlo, tenía que encontrar aquello que fuera digno de ella.
Unos suaves golpes en la puerta hicieron que saliera de sus pensamientos, tras lanzar un leve suspiro en señal de protesta se puso de pie.
-Adelante – no tenía ganas de ir hasta la puerta y abrir.
Una pequeña y esbelta figura se asomó por la puerta levemente entreabierta.
-¿Estas despierto Atem? – el aludido sonrió que otra persona aparte de ella haría semejante pregunta.
-¿Qué ocurre Mana? – la chica se frotó las manos de forma nerviosa mientras clavaba su mirada en el suelo – Mana…
-Atem… ¿Qué piensa hacer con Mahado? – al final las palabras habían salido de su boca sin que pudiera pensar, tragando saliva levanto la mirada y enfocó su atención en su faraón, los ojos de esté brillaban llenos de furia.
-Nunca vuelvas a mencionar a ese traidor en frente de mí – Mana tembló ante el tono colérico de Atem.
-Si mi señor…
No es necesario mencionar que después de aquello la diversión se evaporó como por arte de magia y Mana decidió irse, no tenía caso continuar en aquél lugar, Atem ya no estaba de humor para soportar sus bromas.
A veces se pregunta si algún día volvería a ver a su maestro, algo le decía que no lo volvería a ver, sabía que el crimen del que se le acusaba era demasiado grande y era en verdad una suerte que continuará con vida… aún.
En completo silencio regresó a su estudio, lo mejor sería que continuará practicando sus hechizos, así cuando volviera a ver a Mahado podría mostrarle lo mucho que había mejorado en todo ese tiempo.
"Maldito traidor" su puño se estrecho contra la pared, durante siete años había tratado de no recordar a la persona que le había arrebatado a su padre y casi lo había conseguido, ¿Por qué Mana siempre tenía que estar preguntando por él?
¿Acaso no sabía que su maestro, la persona a la que parecía idolatrar había asesinado al faraón?
"Para estos momentos debe estar muerto" se dijo en un intento por recobrar algo de ánimo, hacia siete años lo había mandado encerrar en la celda más alejada que se poseía en la prisión, y lo había hecho encerrar por que en ese tiempo él tan solo era un pequeño niño que no pensaba con la mente completamente despejada como en esos momentos.
Aún era fecha que no lograba entender por que Mahado, su amigo de la infancia, su maestro, el hombre de mayor confianza de su padre, había sido capaz de traicionarlo, había sido capaz de asesinarlo.
"¿Cuántos años tendría si continuará con vida?" Atem estaba firmemente convencido de que el mago hacía mucho tiempo que había muerto, pero todos los años no podía evitar preguntarse cuantos años tendría "Era mayor que yo por 6 años, no es mucho ahora que lo pienso" se recargó en el borde de la ventana y dejo que su vista vagará extraviada por todo el pueblo, recordar ese tipo de cosas solo hacía que se deprimiera.
"Será mejor que continué buscando el regalo para Tea" y una sonrisa apareció en su rostro al recordar a la chica.
Seguir contemplando aquellos pergaminos no le darían la respuesta, debía comenzar a actuar si realmente quería llegar a hacer algo, volvió a enrollar los pergaminos y se los llevo e brazos, conocía a la persona perfecta para entenderlos.
Los guardias se apartaron de sus lugares al reconocer a la persona que se dirigía a ellos, bajaron la mirada cuando el sumo sacerdote pasaba a su lado.
-No quiero que se me moleste, ¿entendido? – los guardias asintieron en silencio.
Las escasas antorchas que estaban encendidas en los pasillos eran apenas suficientes para iluminar la superficie que estaba pisando, pero no le dio mucha importancia y continuó avanzando, hacia demasiado tiempo que no veía a esa persona, comenzaba a preguntarse como se vería después de estar 7 años encerrando en aquél lugar.
De una cosa estaba completamente seguro…
Mahado no había muerto, el hechicero era demasiado poderoso para morir por algo así.
Una sonrisa apareció en su rostro, ¿Qué pensaría el hechicero al verlo? Ansiaba poder contemplar su rostro al verlo, después de todo el mago nunca fue bueno para ocultar sus turbaciones, era como un libro abierto.
Isis contempló con una sonrisa a la chica que danzaba feliz frente a ella, Tea parecía irradiar felicidad por todas las partes de su cuerpo, la sacerdotisa sabía que clase de relación tenía la chica con el faraón, le agradaba Tea y se sentía feliz de que se faraón tuviera la suerte de haberse encontrado con una chica como ella.
-¿Crees que pueda ir a pasear conmigo esta noche? – la pregunta de la chica la tomó desprevenida, había estado pensando en otras cosas.
-¿Por qué lo preguntas? – Tea se encogió de hombros.
-Es que no deseo molestarlo mucho, y solo me preguntaba si no sabrías si tenía tiempo libre esta noche.
-Sabes que el faraón siempre tiene tiempo para ti, ¿Por qué no le preguntas tú misma? – Isis se pusó de pie y se encaminó a la puerta de la habitación – A estas horas casi siempre esta en los jardines puedes ir y preguntarle – y sin más abandonó el cuarto, tenía un presentimiento y deseaba verificar que no se tratará de nada grave.
Apretó con mayor fuerza los bordes de la puerta de piedra y tras un último esfuerzo logró abrirla por completo, el interior estaba completamente a oscuras por lo que no notó las siluetas de algunos escorpiones e insectos que trataban de ocultarse de los mortecinos rayos de luz que centraron.
Tomó una de las antorchas que había colocadas en el pasillo y se internó, los insectos continuaron apartándose de la luz mientras él avanzaba finalmente se detuvo al quedar frente a frente con la persona a la que había ido a buscar.
Una sonrisa apareció en su rostro.
El hechicero estaba de rodillas, de sus muñecas y su cuello prendían pesadas cadenas que se le habían clavado a la piel de forma dolorosa debido a la sangre seca provenientes de los cortes que estás le había producido, estaba seguro de que si intentaba quitárselas se traería algunos pedazos de piel del hechicero.
Las escasas ropas que muy apenas le cubrían el cuerpo estaban completamente manchadas y hechas jirones, el cabello que antiguamente le llegaba a los hombros ahora le caía por toda la cara y la espalda también estaban sucios e incluso pegados por la mugre a algunas partes de su cuerpo y entre ellos mismos.
La piel pálida, si de por si la piel del hechicero siempre había sido clara ahora lo era más, resultado de haber pasado tanto tiempo encerrado en la oscuridad, no podía verle la cara pero estaba seguro de que también tendría consecuencias por la oscuridad en la que había vivido.
A su lado había una bandeja con algo de pan y una extraña sopa que no invitaba a ser probada y un vaso de agua, las cadenas que retenía al hechicero eran mágicas se estiraban levemente para permitirle algo de movilidad y que pudiera comer pero una vez que terminaba volvían a su posición original forzándolo a cada momento lo brazos de su prisionero.
Akunadim se acercó un poco más hasta quedar a pocos centímetros de distancia de la derrotada figura.
-¡Tanto tiempo sin vernos Mahado!
