Hola a todos otra vez:
Sé que tengo a la mayoría perpleja ya que en la categoría dice que esto es un Ronmione y el primer capítulo es un legítimo Dramione. Bueno, la idea era que leyeran y descubran como se dan las cosas. Es por eso que no he dejado muchas pistas.
Bueno, ahora que lean el siguiente capítulo podrán comprender la temática de la historia.
Un saludo grande.
Yaem Gy
P.E. Les dejo el link de la canción principal del fic y que se me olvidó dejarlo en el anterior.
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Capítulo 2: Las Puertas Abren
Eran las tres de la tarde en la cosmopolita Londres. Este había sido un día muy agotador para la bella castaña que ahora acababa de salir de su trabajo en la recóndita librería en la que trabaja. El trato era malo y la paga peor, pero Hermione amaba los libros y le encantaba estar rodeada por ellos.
Había habido una serie de ataques terroristas a causa de los fuertes acontecimientos internacionales provocados por la agresión a las torres gemelas de 2001, y como el gobierno de Inglaterra había estado aliado con EEUU para combatir a Al Qaeda, ahora los británicos recibían las represalias.
Esa tarde había surgido el rumor del siguiente atentado.
Hermione se asustó.
A duras penas consiguió el permiso para irse a casa más temprano y tomando sus cosas se apresuró para llegar al Tren subterráneo y así poder llegar a casa con más rapidez y seguridad.
No había sido la única en tener esa idea.
La estación estaba repleta y muchos se acercaban a las ventanillas para comprar su boleto. Hermione no tuvo más remedio que esperar en una larga fila hasta que al fin consiguió su cometido. El boleto se escondía ahora en su mano.
Impacientó a sus pies para pasar por el torniquete y una vez al otro lado vio desde arriba que el tren se detenía en la estación. Se empujó con la gente que también luchaba por tomarlo y sintió que en ese momento las escaleras eran eternas y que jamás llegaría.
-tengo que llegar, tengo que llegar- se decía a si misma pisando los escalones en arriesgada maniobra. Lo único que quería era llegar a su hogar para aprovechar la tarde junto a su novio.
De improviso su corazón se arremolinó dentro y una sensación extraña le invadió. Sentía que tenía que estar en el andén en ese momento, que tenía que estar frente a ese tren. Justamente ese tren.
Corrió por el andén y quedó frente a las puertas…
Y no supo porque vaciló.
Un hombre gordo la empujó para abrirse paso y ella quedó casi pegada a la ventana que le permitió por un momento ver a los que adentro se encontraban. Y allí vio un hombre que sin proponérselo le llamó la atención.
Sus cabellos rojos resaltaban de entre la marea humana y por un breve, muy breve instante las miradas de ambos se cruzaron. Los ojos de color cielo le contemplaron y el timbre del tren sonó.
Las puertas se cerraron.
Pero ese no era un día normal y sin explicación alguna las puertas se abrieron… otra vez.
Una fuerza avasalladora tomó presa de ella y Hermione se lanzó dentro del vagón. Era como si esa fuerza le tirara de las manos.
Las puertas volvieron a cerrar, con ella dentro.
Una sensación de vacío la abrumó por un momento, como si dejara atrás una oportunidad invaluable, pero también una emoción de algo nuevo le palpitó en el pecho. Era extraño… muy extraño.
Quedó atrapada contra las puertas y estaba incómoda. Para su mala suerte había quedado justo detrás del gordo impertinente y este cargaba su gruesa espalda contra ella, aplastándola, pero lo peor era el olor. El tipo olía a rayos.
Trató de distraerse de su precaria situación y empezó a mirar los rostros que, como entes fantasmales, reinaban en el sector. Todos miraban a la nada, muchos de ellos silenciosos. Otros conversando en parejas. La mayoría perdidos en sus propios pensamientos.
Para Hermione siempre había sido un interesante analizar la gente a su alrededor. Tantos pensamientos, tantas personalidades habían detrás de esos rostros y miradas. Pero todos ajenos al universo paralelo que vivía el ser que a su lado se encontraba. Y que nadie quería averiguar.
Siguió recorriendo los rostros diversos de la apretada multitud con la vista y de pronto esa mirada azul se topó otra vez con la suya. El hombre pelirrojo le sonrió entonces y ella retiró su vista para clavarla de nuevo en la nuca grasosa del tipo enfrente a ella.
Las estaciones se fueron sucediendo y el atestado vagón fue perdiendo concurrencia para ir otorgando espacio a los ocupantes que aun no llegaban a su parada. Hermione al fin pudo librarse de su aprisionamiento y se fue moviendo por el vagón hasta quedar cerca de la siguiente puerta junto a un par de ancianitas que cuchicheaban animadamente muy cómodas en sus asientos. Llegados a la siguiente estación ambas mujeres se bajaron y al fin la chica pudo tomar uno de aquellos asientos.
Se dedicó a mirar por la ventana por un momento aunque no podía ver otra cosa que el oscuro túnel iluminado por pequeñas luces cada cierto tramo.
-¿Te has fijado que toda las personas que se suben al tren subterráneo parecen zombis?- escuchó a su lado de improviso-No hablan y miran a un punto inexistente con mucha insistencia- se giró y esos mismos ojos azules la miraban hora de muy cerca acompañados por la bonita sonrisa- y cuando les buscas conversación te miran como si fueras un bicho raro… o un psicópata-
-¿Disculpe?- Dijo la chica que se había sobresaltado ante la arremetida del pelirrojo, especialmente porque esa sensación extraña que vibrara en ella en el andén había retornado.
-Eso, que acabo de comprobar que tú también eres una zombi-
-Le agradecería me dejara tranquila- le dijo con nervios- no acostumbro hablar con desconocidos en el metro-
-¿Y que has pensado de mí?- le pregunto el muchacho acomodándose en el asiento
-No le entiendo-
-¿Qué soy un bicho raro o un psicópata?- Le volvió a inquirir divertido- Prefiero que pienses que soy un psicópata, lo hallo más interesante-
-No le conozco, le pido me deje tranquila-
-Mira- dijo el joven haciendo caso omiso a la petición de la chica- Ese tipo tiene un aspecto asustado. De seguro piensa… "¿Cerré las ventanas antes de salir? ¿Lo hice? Ay no… parece que no….¡no me acuerdo!"- sonrió
Hermione dirigió la mirada al hombre que el pelirrojo señalaba con la cabeza y vio en él a un sujeto de aspecto nervioso que miraba al suelo con susto.
-Ese otro,- continuó el hombre- el que está sentado en el suelo, de seguro escucha alabanzas por su MP4. Hay que ver su expresión de "Aleluya Hermanos, está llegando el salvador y si no nos arrepentimos de nuestros pecados, herviremos en el fuego del infierno"-
La chica miró al otro sujeto y éste estaba muy concentrado en lo que escuchaba por sus audífonos con clara expresión de éxtasis.
-Esa de allí está recordando la tremenda cogida de la que fue objeto no hace mucho rato tratando de disimular ante todos nosotros. Y además está pensando en como hacer que el marido no lo note-Rió el pelirrojo por lo bajo indicando a una voluptuosa mujer que sonreía con malicia hacia el túnel y que se notaba tenía problemas para sentarse.
Y así, sin que ella se lo pidiera, el hombre le fue contando historias diferentes de varios de los pasajeros que estaban en el vagón. Algunos comentarios eran muy jocosos pero otros algo mordaces. Hermione apretaba los labios para no reírse, admirando la forma extraña que había utilizado el pelirrojo para abordarla.
-¿Se divierte ridiculizando a lo desconocidos?- le preguntó de pronto.
-Me divierto tratando de adivinar que piensa la gente. Adivinar como es su mundo personal. Cada cual distinto al del que está a su lado.-Le contestó- Así el viaje de vuelta a casa no se hace tedioso-agregó- Por ejemplo, esa mujer que está allá. Cuenta y cuenta el dinero de su monedero. Su semblante está preocupado. No le fue bien vendiendo sus mercancías y no ha conseguido suficiente para poder alimentar a su familia y eso la aflige. Piensa "No me alcanza para comprar suficiente pan y leche. Está noche no podré comer nada para que mis hijos no se acuesten con el estómago vacío"- Y el rostro del joven ya no parecía divertido. Estaba serio, muy serio.
-¿Y que a adivinado de mí durante el rato que me observó?- inquirió la chica al cabo de un rato.
El joven dejó de mirar con preocupación a la mujer del asiento más lejano del vagón y posó su mirada en la muchacha. Por un momento no dijo nada y solo le miraba con intensidad. Hermione casi podría decir que él le estaba leyendo la mente como si fuera un libro abierto y se abrumó por ello.
-Que eres una chica muy bonita que no merecía ser estrujada en la puerta del vagón por el tipo bruto que te empujó. Que observas a las personas como yo lo hago y te preguntas las mismas cosas y tratas de conocer sus pensamientos solo con mirarlos. Solo que no compartes tus análisis, te los guardas para ti. Que lo único que quieres es llegar pronto a casa para recibir un poco de cariño, pero que no siempre lo encuentras al llegar-
Hermione se alteró con esas palabras y su primer impulso fue de repelencia
-Perdón, no quise ser tan indiscreto- le dijo el hombre intentando reparar el error.
-Pues lo ha sido desde que me abordó- le dijo ella un poco herida.
-No quise molestarte. Solo te vi mirar a todos y me pregunté si teníamos el mismo pasatiempo-
Hermione no contestó. Sin querer el desconocido había leído mucho en ella. Había adivinado su interés en conocer a las personas ocultas detrás de los rostros. Pero sobre todo había acertado en su análisis sobre su plana vida. Hermione era una chica muy sensible que siempre era empujada por el destino a hacer las cosas sin preguntarle si quería hacerlas y que muchas veces era tratada con displicencia e indiferencia. Se refugiaba con desesperación en el amor de su novio, el cual parecía muchas veces ignorarla por completo y ella se preguntaba si allí, entre todos esos seres que pasaban a su alrededor, pudiera estar caminando ese amor que el destino no quería regalarle. Alguien que le mirara con ternura, la entendiera, o simplemente la amara.
-¿No vas a tutearme, ¿verdad?- irrumpió la voz de ese joven que estaba encaramado en su barrera invisible y que pugnaba por cruzar al otro lado.
-Ya le dije que no lo conozco-
El joven sonrió. Se levantó del asiento y con aire solemne le extendió la mano.
-Me llamo Ronald… Ronald Weasley, pero todos me llaman Ron. ¿Y tú eres?-
En ese momento una voz salió de los parlantes interrumpiéndolos. Ambos pusieron atención al aviso y luego mostraron su desaprobación a lo que escuchaban.
-Señores pasajeros. Dado el ambiente surgido a causa de los recientes avisos de bomba y ante los rumores de que el siguiente ataque sea en las líneas del tren subterráneo, nos hemos visto en la obligación de suspender el servicio. Por lo cual este tren terminará su recorrido en la siguiente estación. A todos los pasajeros se les reembolsará su dinero en las boleterías. Lamentamos sinceramente las molestias causadas a ustedes por esta situación ajena a nuestros propósitos-
Hermione, Ron y el resto de la población flotante del vagón prorrumpieron en gestos y quejas por la reciente noticia. Eso era muy malo.
-Pero si solo me quedaban tres estaciones- susurró la chica desilusionada- -Este no es mi día-
-Por lo menos no son tantas estaciones. Me imagino a todos los que ni siquiera alcanzaron tomar el tren- Dijo el muchacho. Luego miró otra vez al lejano asiento y vio la palidez en el rostro de la ya observada mujer del monedero- Tal vez ella ni siquiera está lo suficientemente cerca de su casa-
Uno a uno, los pasajeros bajaron de los vagones y se dirigieron a las cajas. la chica otra vez tuvo que hacer una fila, pero esta ya no era interminable. Además, el pelirrojo estaba junto a ella.
-Esto es lo que me molesta de nuestra política internacional- le comentaba el joven- Que estemos metiendo nuestras narices en asuntos ajenos y que nos perjudique en los nuestros-
Hermione al fin pudo hacer efectivo el reembolso de su ticket y vio que Ron, después de hacer lo propio, se alejó de ella para alcanzar a la mujer del vagón. Los vio hablar un rato y pudo ver la tribulación y la vergüenza en el rostro de la señora. Entonces el pelirrojo sacó su billetera y después de un tira y afloja le puso en las manos algún dinero. La mujer, emocionada, le abrazó fuertemente y luego de agradecerle se alejó entre la marea humana.
La chica quedó bastante sorprendida y se sobresaltó cuando Ron al darse la vuelta la encontró observándolo.
-Solo puedo decir que sé lo que es no tener que comer en la noche. No me gusta pensar que muchos otros han vivido lo mismo. No es justo que algunos tengan que partirse el lomo para conseguir un pedazo de pan, mientras otros se pasean en sus autitos de lujo y buscan chicas lindas para divertirse-
-Si ha dispensado de su dinero, quiere decir que usted tampoco es un obrero sacrificado – le respondió la joven
-No soy un muerto de hambre. Pero tampoco un ricachón. Pero ya no quiero hablar más de ello. La verdad hubiera preferido que no te hubieras dado cuenta; Bueno, Aun no me tuteas y yo ya te dije mi nombre- Cambió de tema al tiempo que acomodaba su bufanda roja y oro.
-Granger- dijo ella sin saber porque había terminado accediendo a los avances del pelirrojo- Hermione Granger-
-Un placer de conocerte, Hermione- Dijo el joven tomando la mano de la muchacha y estrechándola con suavidad- Me costó seis estaciones poder conseguir tu nombre.
-¿Acaso con las otras demora menos estaciones?- Dijo la chica para tratar de no prestar la atención a la fuerte corriente eléctrica que recorrió su cuerpo al sentir el tacto de Ron.
-A las otras ni siquiera me les acerco para preguntarles el nombre-
Subieron los escalones y a poco de alcanzar las puertas de salida se dieron cuenta de una nueva catástrofe. Había comenzado a llover.
-Definitivamente este no es mi día- susurró la chica mirándose a sí misma. Llevaba un vestido a la rodilla y una chaqueta corta y tacos. Perfecto para coger una pulmonía.
Ron sonreía. Él había sido más precavido y llevaba una chaqueta gruesa y pantalones tibios, aunque llevara unos zapatos que no tolerarían demasiada agua. Al final su atuendo era coronado por la mencionada bufanda, dándole un aire irreverente.
Hermione aspiró el aire para alcanzar la resignación y continuó su faena de subir los ya mojados escalones. La lluvia fue cayendo por su cuerpo poco a poco y las gotitas empezaron a adornar sus cabellos enmarañados como pequeños diamantes. Ron le seguía de cerca pero pronto la sobrepasó subiendo los escalones de dos en dos.
La chica tomó su bolso y se lo puso en la cabeza, pero el hombre se sacó la chaqueta y trató de cubrir su cabeza y la de ella. llegaron a la calle para coger el primer taxi o bus que pudieran encontrar. Hermione tenía que llegar ya a casa. De seguro él ya le esperaba.
-Veamos si podemos conseguir un taxi pronto. En todo caso te paso mi chaqueta para que te cubras. Tu vestimenta es un poco delgada-
La chica se negó rotundamente a despojar al pelirrojo de su abrigador atuendo. Si lo hacía, él quedaría solo con un suéter de lana y quedaría empapado hasta el pensamiento.
-Entonces tendrás que abrazarme para que ambos podamos caber debajo de la chaqueta- le sonrió- Hazlo pronto, tu vestido empieza a mojarse y estoy empezando a distinguir tu bonita figura- dijo travieso.
A la chica no le quedó más remedio. Rodeó al joven por la cintura y se vio arrollada por el masculino aroma que de él emanaba. La sencilla loción se mezclaba con su olor corporal y eso la había aturdido. Además, Ron expelía un calor que atraía como un imán dadas las condiciones climáticas que ambos vivían en ese instante. La lluvia era fría, Ron era tibio.
Ambos fueron caminando por las calles mojadas entre la gente que pasaba rauda a su lado. Hermione intentó apresurar el paso, pero Ron lo demoraba. Su excusa era aceptable. Si se movían muy rápido la precaria protección de la chaqueta no surtiría efecto y terminarían ambos empapados por completo. Era mejor ir con calma… y sentirse mutuamente.
A pesar de la protección improvisada, Hermione tenía la falda del vestido ya pegada al cuerpo y las piernas totalmente mojadas. Los pies comenzaban a chapotear en los zapatos de tacón.
No habían podido conseguir el taxi y los buses iban todos llenos al tope. Ron, de vez en cuando, bajaba un poco los brazos a causa de la incómoda posición en la que los llevaba extendiendo la chaqueta sobre los dos, y solo se preocupaba de cubrir a la chica todo lo que podía. A causa de eso a veces olvidaba cubrir su propia cabeza y ya tenía el cabello en un rojo profundo a causa de la humedad.
-Sería más fácil si apoyas tu cabeza en mi hombro- Le dijo de pronto- Así podré cubrirnos mejor-
Hermione no sabía si obedecer. Bastante aturdida estaba ya como para ahora refugiarse en el hombro y el cuello de ese hombre.
En un momento determinado Ron la condujo hasta la puerta de un edificio que tenía una pequeña terraza. Allí se separaron y el joven sacudió un poco la chaqueta, Luego , tomó su bufanda y a pesar de las protestas de la chica le envolvió el cuello con ella.
-Estás muy desabrigada. Tienes que cubrir tu cuello sino te matará una pulmonía-
Volvieron a caminar. Pero ahora era más difícil para Hermione. Estaba completamente rodeada del aroma del pelirrojo y su cercanía al cuello desnudo del joven la puso muy nerviosa. Pero para su fortuna al fin habían podido coger un taxi.
Las calles se fueron sucediendo hasta que el vehículo se detuvo frente al edificio de la muchacha. Hermione quiso impedir que Ron se bajara con ella, pues era más lógico que él aprovechara el resto del servicio, pero no pudo contra su terquedad. Él no aceptó que en el breve tramo que se extendía entre el coche y la puerta, Hermione terminara por mojarse el pecho y la espalda que él había tratado de proteger con esmero.
Entró con ella a la recepción del edificio y no quiso de vuelta su bufanda.
-No importa. No me queda mucho trayecto ya para llegar a casa. Solo unas pocas calles y listo. Además en ti mi bufanda luce mucho mejor-
La acompañó hasta el elevador y se cruzaron con una chica que salía abruptamente de él, quien se quedó mirando al pelirrojo con descaro. Hermione siguió la vista de la muchacha y vio lo que a ella la había extasiado. Una par de traviesas gotas de lluvia recorrían desde el mojado cabello del pelirrojo para ir bailando por el cuello níveo del hombre y se escondían bajo la camisa.
-Bueno. Ya es hora de irse. Espero que puedas disfrutar del resto de la tarde. Fue un placer conocerte, Hermione-
-Espero puedas coger pronto un nuevo taxi- le contestó la joven
-¡Bien! Me costó varias cuadras y un chapuzón que me tutearas. Me doy por pagado-
Hermione sonrió. Ron Weasley la divertía con su travieso coqueteo.
El muchacho se despidió y caminó hasta la salida para perderse hacia la izquierda. Fue entonces que la chica con la que habían chocado y que se había mantenido a prudente distancia se acercó a la castaña.
-¿Es su novio?-
-¿Eh? Ah, no, no. Solo un tipo muy simpático que me regaló un viaje muy ameno. Pero que no creo que vuelva a ver- dijo con un dejo de tristeza.
-¿Un Tipo? Disculpa pero yo pienso que ese es un tipazo. Está para comérselo-
Hermione no quiso responder al atrevido comentario de la chica y decidió tomar el elevador. Ya eran casi las cinco y deseaba quitarse la ropa y darse un baño tibio. Aunque en el fondo aun deseaba llevar el aroma de Ron.
Al dar la espalda no vio como Ron volvía a pasar por la puerta de entrada y la miraba por un momento más para después ponerse a caminar, hacia el lado contrario del trayecto que ambos habían llevado, deshaciendo los pasos.
Caminó hasta la puerta de su departamento y antes de girar la llave recordó las palabras del pelirrojo.
-… lo único que quieres es llegar pronto a casa para recibir un poco de cariño, pero que no siempre lo encuentras al llegar-
Pensó en Cormac y en su relación. Ella lo amaba, pero él había desde hace mucho dejado de poner su atención en ella. Era frío y solo pensaba en la bendita novela que estaba escribiendo.
Así se habían conocido. En medio de libros y café. Cormac era un incipiente escritor y dedicaba todo su tiempo a ello, obligando tácitamente a Hermione a trabajar para mantenerlos a ambos. Ella siempre llegaba a casa muy cansada alrededor de las siete y lo único que quería era un abrazo, una caricia, un te amo. Pero su novio estaba cada día más lejos de darle todo eso.
Giró la llave y entró a su hogar. Y lo primero que percibió fueron los gemidos.
Un remolino se produjo en su estómago y un temblor rabioso la tomó de los cabellos. Sus pies no le respondían.
Por varios minutos solo se quedó allí, pegada al piso. Y el ruido de gemidos y grititos aumentaban de volumen.
Fue entonces que una ira creciente obligó a su pies a moverse. Llegó a la puerta de su habitación y se asomó con cuidado y su sangre hirvió cuando les vio.
Cormac cabalgaba ferozmente a una desconocida y ella no paraba de gritar y gemir. Luego el hombre se había acostado de espaldas y ella se subió a horcajadas sobre él para moverse sin tregua.
-Pansy, así, así- jadeaba el desgraciado azotando a ratos las nalgas de la hembra.
Y Hermione ya no pudo soportar más.
Vio un par de copas abandonadas en la cómoda próxima a la puerta y tomando una de ellas la lanzó contra la pared más cercana a la pareja.
-Mierda- Fue lo único que pudo decir el castaño del susto.
-¡Maldito infeliz!- grito su novia abalanzándose sobre él luego que la otra mujer se levantara y saltara de la cama para ponerse algo con que cubrirse.
-¡Hermione! Este… Yo… -
-¡¿Cómo pudiste? ¡¿Cómo pudiste?- gritaba la castaña golpeando el pecho de su infiel pareja.
-Ya era hora que supieras lo que aquí pasa, querida- Le escuchó a la otra.
-Pansy- trataba Cormac de callarla.
-Hemos hecho el amor en tu cama desde hace más de un año-
-¡Pansy!-
-¡Es verdad! ¡ya estoy cansada de ser una sombra mientras ella te tiene por completo, Cormac! ¡Ya no quiero ser tu amante! ¡Quiero ser tu mujer y que todos lo sepan!-
Hermione no podía creer lo que escuchaba. Sintió nausea y asco. Se alejó de su novio y vio como la otra mujer se vestía con rapidez para luego encararla.
-Nunca quise que las cosas llegaran a ese punto. Le pedí a este imbécil que te contara de lo nuestro desde hace mucho. Adiós-
La morena tomó su bolso y salió del cuarto para azotar la puerta de entrada. Cormac no la siguió sino que trató de calmar a Hermione que lloraba y le lanzaba sus cremas y todo lo que encontraba a su alrededor.
-Hermione, entiéndeme. Pansy es la secretaria de una gran editorial y tuve que hacer lo que hice para convencerla que me ayudara con su jefe y así publicar mi libro. Lo hice por ambos amor, por ambos-
Eso superó todo lo que la castaña podría escuchar. Perdió el control y abrió la ventana por donde la lluvia se metió sin permiso. Entonces tomó las colonias de su novio y las lanzó al vacío y corrió por la habitación con Cormac detrás que intentaba calmarla. Y Hermione tomó la caja. La caja que Cormac más amaba en el mundo.
-¿Lo hiciste por mí? ¡Pues no quiero que hagas nada más por mí!-
-Hermione, Dame la caja. Cálmate por favor y dame mi caja-
-¡No tienes idea de lo que odio esta caja! ¡Es lo único que verdaderamente amas, Cormac! ¡Lo único!-
-¡Hermione! ¡Dame mi caja!-
Pero Hermione no obedeció. Se abalanzó hasta la ventana y la bendita caja salió disparada por el aire. La tapa se abrió de pronto y miles de papeles salieron desperdigados acompañando a la lluvia en su caída.
-¡NO! ¡Mi libro! ¡Mi Libro!-
Cormac empezó a vestirse como pudo y sin zapatos salió disparado para ir a la calle por las ya arruinadas páginas de su libro. Hermione contempló como cada una de ellas iba posándose en la acera, en techos, arriba de árboles , en los techos de algunos vehículos.
Luego tomó las ropas de su novio, sus zapatos, sus objetos. Los amontonó junto a la ventana y al mirar por ella vio como el castaño trataba de rescatar todas las hojas que podía.
-¡Recoge esto también, mal nacido!-
Y una lluvia de ropa y cosas salieron por la ventana.
-¡Maldita mojigata! ¡No volveré contigo!- le gritaba Cormac desde el primer piso- ¡Nunca me calentaste! ¡No tienes idea de cómo darle placer a un hombre! ¡En cambio Pansy me hacía gritar! ¡Ya vendrás a rogarme que regrese! ¡Sin mi no eres nadie, Hermione! NADIE-
La chica ya no pudo seguir escuchando. Cerró la ventana y después de arrancar las sábanas de su cama y lanzarlas a la basura se derrumbó en el sillón y se abrazó a si misma.
Lloró por horas. Las palabras de Cormac y su infidelidad la habían herido profundamente. Y lo peor era que ella creía que era verdad. Pues nunca había podido acceder a todos los deseos sexuales de su pareja. Solo era sexo, sexo y más sexo… y ella necesitaba amor, lo necesitaba desesperadamente.
Cansada ya de llorar se quedó rendida en el sillón y un aroma la distrajo de su dolor. La bufanda de Ron Weasley había quedado sobre el respaldo del sillón cuando ella llegara y ahora permanecía como único vestigio de lo que ella creyó una tarde que no había sido tan mala.
La tomó en sus manos y hundió el rostro en ella y ya no quiso pensar más.
