Nuevos Mundos
Cada tarde, después de las clases, una pequeña niña de corta cabellera castaña se quedaba a observar el atardecer desde la azotea del edificio de su clase.
Le fascinaba observar aquellos matices de colores que pintaban al cielo. Varios tipos de naranaja, motes amarillos y un arco dorado que bañaba con rizados haz de luz todo lo que tocaba. Era mágico y especial, le encantaba estar a esa hora en ese lugar viendo destellar la luz en las ventanas de los edificios en el horizonte.
Amante de la fotografía, siempre cargaba con ella una cámara semi-profesional que su familia le había regalado. Embonó en el tripié la cámara, enfocó el lente para tener la mejor nitidez del panorama, apuntó en un ángulo exacto la cámara para que abarcara lo que más pudiera del horizonte y ajustó el temporizador.
Se colocó en un punto donde ella sabía que la luz la abrazaría y espero a que la cámara hiciera el típico sonido.
Tres, dos, uno.
Justo en el momento en que se tomó la fotografía una parvada de palomas revoloteó en la espalda de Hikari asombrándola.
Las aves sobre volaron por su cabeza en dirección hacia el sol que se despedía por aquel día. Emocionada y abrumada por la escena corrió hacia su cámara, la quito del tripié y se dispuso a inmortalizar aquel momento en su vida.
Hizo una serie de clics para asegurarse que de aquella toma que había hecho saliera una especial. Para su asombró todas salieron espectacular, pero sobre todo una.
La primera.
Ella bañada en la luz dorada del atardecer con un fondo anaranjado y moteado en tintes ámbar sonreía mirando al cielo mientras las palomas sobrevolaban el lugar. Las aves parecían ser ángeles dorados y con alas plateadas.
Su corazón se agitó, abrazo su cámara fotográfica con la que había inmortalizado tan hermosos momentos como aquel, creando en cada imagen un mundo nuevo.
*Nuevos Mundos*
