—Sasuke, habla.

Cerca de la sala de espera, en un pasillo poco concurrido, las luces fluorescentes titilaban sutilmente sobre aquellos dos hombres, parados frente a frente. La mirada opalina del hombre mayor escrutaba al moreno que evadía cualquier contacto visual.

Por primera vez en mucho tiempo, Sasuke no tenía forma de poder hablar, se sentía horriblemente avergonzado, su inquebrantable orgullo Uchiha se desmoronaba frente al patriarca Hyuga. Tenía la garganta obstruida con las palabras pero éstas no salían. De alguna manera, sentía que le faltaría el respeto a su futuro suegro.

—Hay un problema con la memoria de Hinata. —Dijo de golpe, no podía más con la tensión—. No tiene recuerdos de lo sucedido antes del accidente.

—¿Qué? —soltó Hiashi con preocupación. Su semblante de seriedad cambió súbitamente a uno de alarma—. ¿Cómo es posible que haya ocurrido eso? ¡Me dijiste que ella había resultado ilesa! —reclamó el hombre.

—Entienda que no fue posible prever esta situación. Esto va más allá de una lesión cerebral. —impuso Sasuke, sin perder la calma.

—Cómo puedes ser capaz de decirme que no sabes cómo sucedió, ¡pensé que tenías personal competente en éste lugar! —dijo con indignación.

—Hiashi, estamos en un hospital, tiene que calmarse. —dijo Sasuke con autoridad. No podía hacer de ello un escándalo y atraer más la atención.

El hombre Hyuga miró al moreno con insubordinación, sintiendo desprecio por el hecho de tener que seguir una orden del joven, pero sabía que tenía razón, no debía perder los estribos con tanta facilidad. Aclaró su garganta y trató de contener la ansiedad que el estado de su hija le provocaba.

—Tenemos que hacer los estudios necesarios para determinar qué provoca su amnesia. —dijo Sasuke con seriedad, aunque la angustia también le recorría el cuerpo tanto como a Hiashi—. Y de ser solamente una afección psicológica, podría ser reversible.

El mayor lo meditó por unos momentos. Miró a la nada, quizás preguntándose cómo había dejado que algo así ocurriera. Le dio la espalda a Sasuke, no quería que su futuro yerno lo viera en una faceta de vulnerabilidad. Existía una posibilidad de que su hija recuperase su vida y todo volviera a la normalidad; pero por el contrario, la posibilidad de que Hinata nunca recobrase la memoria también existía y eso le escocía en el interior. Nunca fue un padre demasiado afectivo, sin embargo, siempre demostraba preocupación por sus dos hijas y las amaba más que a nada; la lágrima que derramó era la prueba de ello, de lo mucho que le dolía la condición de Hinata.

—¿Qué tanto puede recordar? —Dijo el hombre, con la mayor neutralidad en su voz que le fue posible.

—Lo recuerda a usted, y a Hanabi. Sabe quién es ella misma. Sabe que hubo un accidente —contestó Sasuke del mismo modo—. Un psicólogo evaluará su memoria más a fondo. Por el momento, pueden entrar a verla, pero no traten de hacerle recordar algo, podría ser contraproducente.

—Háganlo lo más pronto posible. Sabes que el dinero no es problema, así que trae a tus mejores médicos —dijo Hiashi en aire austero.

El moreno no se inmutó y se limitó a asentir. Se dio media vuelta pero antes de que pudiera retirarse, el Hyuga lo llamó una vez más.

—¿Te recuerda?

Estaban de espaldas el uno del otro. No se veían el rostro, ambos parecían mirar a la nada.

—No. —respondió Sasuke secamente y desapareció al doblar el pasillo.

La vida dentro la universidad Senju era bastante ajetreada, siempre había algo que hacer o algo de qué hablar. Los estudiantes siempre iban de un lugar a otro, conversando entre ellos o siendo callados en las sesiones de estudio en grupo. La mayoría de los profesores no tenían una vida más tranquila que ellos, muchos se desempeñaban la docencia y al mismo tiempo en su carrera profesional, otros impartían suficientes horas de clases como para terminar agotado al final del día o incluso a la mitad de su jornada, como sucedía con Naruto Uzumaki.

El rubio se encontraba en la terraza del área destinada al descanso y recreación o trabajo de los profesores. Había terminado de impartir una de sus clases favoritas y no faltarían menos de dos horas para la siguiente, así que aprovechó el tiempo libre para calificar los ensayos de sus alumnos.

Se balanceaba en las patas traseras de su silla mientras que con un bolígrafo rojo hacía anotaciones en el trabajo de un alumno; Naruto siempre fue conocido en la universidad como alguien con un aura eterna de juventud y jovialidad que ni el empleo más formal era capaz de disipar.

—Excelente trabajo, como siempre, Umiko. —pensó en voz alta al mismo tiempo que escribía una nota alta y dibujaba una "carita feliz" en el folio entre sus manos.

Dejó el escrito sobre la mesa y antes de que pudiera comenzar con el siguiente, Sakura apareció en el umbral de la puerta de la terraza, traía un maletín colgando del hombro y un termo con café en una mano. Instintivamente, Naruto la recibió con una amplia sonrisa.

—¡Sakura-chan! —La llamó con un ademán alegremente.

—Naruto. —saludó ella con una tenue sonrisa.

Sakura lucía realmente atareada. Tan pronto como llegó a la terraza, sacó de su maletín una computadora portátil para comenzar a trabajar con ella. Inmediatamente, una mueca de frustración apareció en el rostro de ella, y casi al mismo tiempo, Naruto expresó su preocupación.

—¿Pasa algo malo, Sakura-chan?

—Yo… pues… —titubeó, sin dejar de mirar a la pantalla.

—¡Dime que sucede! —exclamó él.

—No tengo tiempo de explicártelo, Naruto. Tengo demasiado trabajo, son asuntos del departamento de la facultad de enfermería que necesito resolver lo antes posible. —dijo ella con seriedad, concentrada en su tarea.

—¡Has estado así toda la semana! Eres la coordinadora de la licenciatura, ¿no podrías designarle eso a alguien más? Es viernes, quizás deberíamos… —dijo tratando de restarle importancia y contagiar a su amiga de despreocupación.

—En primer lugar, Tsunade-sama me designo esto a mí, y en segundo lugar deberías pensar menos en sólo divertirte en fin de semana, te comportas como un estudiante de instituto. —dijo ella al borde de perder la calma, sin dejar de teclear en su portátil.

Naruto guardó silencio, pensando por un momento que quizás Sakura tenía razón. Le había costado mucho impartir clases en una de las universidades con más renombre en el país, pero también le costaba asimilar que tenía que dejar su actitud de "chaval" como solían decirle los demás. Tenía casi veinticinco años y aún cuestionaba el rumbo que su vida tomaría en un futuro. Su mejor amigo, Sasuke Uchiha, era como un prodigio, podría ser hábil en casi todo lo que se propusiera; Sakura tenía liderazgo, era inteligente y siempre era reconocida por su trabajo. Naruto pensaba que él quizás solo había tenido suerte de estar en el lugar correcto en el momento correcto. Aunque trabajase arduamente como cualquiera de sus amigos, no era precisamente el profesionista más reconocido, sin embargo aquello no hacía ceder al intrépido Uzumaki.

—¡Eso no es problema, Sakura-chan! —Dijo él, aún más entusiasta que antes, desconcertando ligeramente a joven—. Siempre se puede ser más de dos cosas a la vez. Cuando acabe con mi trabajo, te ayudaré con lo tuyo y podremos ir a relajarnos al final de clases.

Sakura pausó su trabajo por un momento y miró a su amigo con una combinación de emociones de sorpresa y ternura. Pensó que estaba juzgando demasiado mal a su amigo, y al mismo tiempo admiró su comportamiento; él había aprendido a ser un verdadero compañero con el pasar de los años, dejando atrás al muchacho impertinente y rebelde. Ella le dedicó una sincera sonrisa.

—Tienes razón. Hay que esforzarnos más. —respondió la joven de cabello rosado.

Naruto le sonrió cómplice y se sentó junto a ella dispuesto a continuar con su trabajo cuando de pronto, los teléfonos móviles de ambos sonaron casi al unísono. Sakura recibió una llamada del hospital donde trabajaba, Naruto tenía a su mejor amigo en la línea. Ambos se miraron con desconcierto.

—¿Diga? —contestó Sakura—. ¿Una emergencia?

—Hey, Sasuke. —Atendió Naruto.

La expresión de ambos cambió repentinamente. Naruto lucía aturdido, tenía una mirada de miedo y el cuerpo inmóvil. Sakura hipó cubriéndose la boca, lucía alterada.

Naruto fue el más afectado. Sakura tuvo que conducir camino al hospital, si dejaba que su amigo lo hiciese, probablemente hubiese provocado un accidente de velocidad.


¡Lamento la espera! La universidad me quita tiempo, pero no por ello dejaré
de escribir y publicar nuevos capítulos 3. Haré que la espera valga la pena.
¡Comenten por favor! Y de paso, lxs invito a leer mi otro fanfic.