Disclaimer: League of Legends y sus personajes no me pertenecen
Capitulo 2
El templo de la Luna de Kanay
Diana se dejaba andar por el pasillo. Aunque era aún temprano en la mañana la luz de sol brillaban de una forma molesta para ella.
Los Solari habían dejado el reino hace unos cuantos días atrás y las cosas habían vuelto a la "normalidad" por el templo el lugar.
"Excepto, claro, por ese detalle de allá"
Leona estaba apoyada en una de las paredes laterales del lugar, la cabeza perfilada hacia arriba con los ojos cerrados, disfrutando de los rayos del sol.
Cerca de ella, en el césped, unos niños parecían tratar de levantar el pesado escudo de la guerrera, que había dejado descansar a la par de su espada, clavada en el suelo.
Lejos de parecer molesta, Leona los miraba entretenida. Entre tres estaban logrando levantar el escudo, aunque luego de unos segundos uno de ellos aflojó y el metal cayó en el suelo clavándose más y haciendo desistir a los otros dos.
Solo entonces la elegida del sol se acercó a ellos, y con una sola mano paró su escudo, acomodándoselo en su brazo, y levantándolo sin problemas para el asombro de los chicos.
-Parece una chica de sonrisa fácil. Le toman confianza muy rápido también.
Diana miró a un costado a quien la estaba acompañando, la reina miraba la misma escena aunque no de tan mala gana como la más alta.
-¿Sonríe como idiota querrá decir? Y por eso los niños lo ven como su payaso… ¿Sera?
-Es otro punto de vista supongo…- comentó riendo por el malhumor de Diana, el cual la había estado acompañando desde la llegada de los Solari.
Ambas podían ver ahora como uno de los niños se colgaba de su brazo y Leona, nuevamente, sin ningún problema lo levantaba, cargándolo, haciendo que sus pies se despegaran del suelo por mucho.
-Es muy fuerte- se sorprendió la reina viendo como ahora levantaba dos y estos reían.
-Los entrenan desde niño- explicó con cierto desdén- para ser ciegos ignorante me refiero.
-Entendí desde el primer momento que no te cae bien, no tienes por qué seguir siendo tan obvia.
-¿Por qué se está quedando en el templo de todas formas?
-Ella lo pidió así.
-Sí, pero sabe que son momentos muy importantes como para que venga a interrumpir aquí…
-Me pregunto- la interrumpió sin ganas de ser sermoneada- ¿Debo preocuparme de que la mates estando aquí?- preguntó sonriéndole pero no se le contesto- ¿Sabes? Este es un templo, no puedes asesinar aquí adentro.
-... ¿Y afuera?
-Preferiría que no desde que es obvio que se está quedando para vigilarte e informar a los suyos de lo que pase- explicó con simpleza- sería un poco tedioso para mi tener que lidiar con irascibles Rakkorianos a quien se les mato tan gran… ¿Cómo le dicen ellos?
-¿Ídolo?
-Supongo que encajaría… Aun no contestas mi pregunta ¿Debo preocuparme?
Diana la miró de costado y luego a Leona quien seguía entretenida con los niños. Terminó por suspirar y encogerse de hombros.
-Bien
-¿Y si es ella la que planea matarme?
-No lo creo.
-¿Por qué no?
-Corazonada.
Ante esa vaga respuesta Diana la miró con cansancio y volvió a resignarse.
-Mientras se mantenga lejos de mis asuntos…- comentó con fastidio antes de retirarse.
La reina la vio desaparecer entre las sombras de los pasillos y fue cuando decidió acercarse a la castaña.
-Buenos días.
Ante las palabras los niños dejaron de jugar y respondieron de la misma forma.
-Buenos días- agregó Leona repitiendo luego de los chicos.
-¿Sabes? No tenemos nada por aquí que requiera que sigas utilizando tu armadura y armas- comentó señalando que la chica vestía aun sus atuendos de guerra.
-Oh… es verdad- contestó no muy convencida, mirando por encima del hombro de la reina, donde antes la había visto hablar con Diana, quien ya no estaba.
-Si no tienes otras prendas puedo mandar a que te traigan más.
-No es necesario, si tengo otras… prendas.
La Solari seguía sintiéndose rara al trato con la reina. A veces parecía que se tratara de cualquier ciudadano normal del lugar, como la forma tan familiar y amigable con la que la saludaron los niños, y otras veces parecía alguien con una autoridad temible.
-Entonces, por favor, considera relajarte más.
-Lo hare- contestó obedientemente, y comenzó a ver como la reina se disponía a retirarse- Oh, espere… yo, me preguntaba… quería saber más sobre este lugar.
-¿Sobre este lugar?
-El templo- explicó con rapidez- he estado dando vueltas por aquí estos días y note que es algo… curioso.
-Curioso ¿Eh?- preguntó con gracia- ¿O peculiarmente desagradable para ti?
-No, no he dicho desagradable- se apresuró a contestar aunque sabía porque el comentario- solo… me parece extraño.
-Ya veo… camina conmigo- ofreció y Leona se apresuró a seguirla.
Caminaron por los pasillos internos con tranquilidad. La reina era saludada por algunas personas y por consiguiente también la Solari. No hablaron entre ellas hasta llegar a la entrada.
La rubia la cruzó, quedando afuera e invitó a la otra chica a salir. Cuando estuvo nuevamente a su lado, la reina pronuncio una palabra, algo que Leona no pudo entender, y la enorme puerta se cerró con lentitud.
La guerrera ya lo había visto en las noches anteriores, cuando el templo cerraba sus puertas a los visitantes. En el medio de la enorme puerta había un símbolo, el mismo que llevaba Diana en su frente, la marca. Ese círculo claro con la medialuna, marca inequívoca de los Lunari.
-¿Es sobre esto de lo que sientes curiosidad?- preguntó la reina y la castaña asintió un par de veces.
-¿Qué hace un templo de Luna en la mitad de un valle en un reino prácticamente desconocido para todos?- preguntó despreocupadamente- es decir. Ustedes no son Lunaris… ¿No es así?
-No, no lo somos- contestó con gracia viendo la preocupación que se apodero de repente chica.
-He visto el mismo símbolo en varias partes del templo, arriba de las gárgolas que nos atacaron también.
-No los atacaron, estaban defendiendo.
-¿A Diana?
-Al templo- aclaró de nuevo con paciencia- te puedo asegurar que hubieran aparecido aun si veían al niño más pequeño en problemas.
-¿Entonces fue una casualidad que defendieran a Diana?
-Una casualidad no, ustedes ingresaron con armas en mano dispuestos a matarla. Pero si a lo que te refieres es si Diana manipula a las gárgolas o tiene alguna especie de poder sobre el templo que pueda usar a su favor, pues no es así.
-¿Y hay otro Lunari al que el templo le obedezca?
La reina se tomó su tiempo para observar a Leona, aun le sonreía pero había algo de escepticismo en su mirada.
-¿Por qué crees tan obstinadamente que alguien manipulo el templo para atacarles?
-… perdón.
-Y no, tengo entendido que los Lunari esta extintos, aparte de Diana no hay alguien similar. En este reino tampoco… y en toda Runaterra me temo.
-¿Y quién levantó este templo entonces? Es demasiado antiguo.
-Así es, tiene unos cuantos siglos aquí. De la época cuando los Lunari todavía existían.
-¿Un grupo de Lunari lo edifico?
-No, uno solo.
-¿Un solo hombre?
La reina volvió a pronunciar otra palabra y las puertas se abrieron. Camino hacia adentro siendo seguida nuevamente.
Llegaron hasta un salón que Leona reconoció como al biblioteca del templo. Ya había estado allí antes, Diana pasaba la mayor parte del tiempo en ese lugar, ahora se encontraba vacío.
Otra de las cosas que había notado al tratar de justificar su presencia allí, haba sido tratar de leer algún libro, pero estos, todos estos de hecho, estaban escrito en un idioma que la joven no entendía.
-Este hombre- indicó la reina, señalando la escultura en mármol de una cabeza. Un hombre que no debía superar los 40 años, de cabello largo, recogido en una cola, de facciones alargas y rostro tranquilo.
Leona trato de leer lo que decía la reseña abajo, pero nuevamente aparecían esos símbolos, iguales a los libros.
-"Al fundador del templo de la luna en Kanay, Erios"- tradujo la reina para ella.
-¿Erios?- preguntó extrañada- ¿Y qué paso con él?
-Murió… naturalmente. Nadie vive tantos años.
-¿Y qué tiene que ver él con Diana?
-No mucho…- contestó con simpleza la Reina mientras tomaba un libro de un estante cercano- o quizás todo ¿Quién sabe?
"…entonces lo que pude averiguar en estos días aquí se resume sencillamente en que el templo, donde Diana reside dentro del reino, es un templo Lunari, el cual fue fundado hace siglos por un sacerdote desconocido de nombre Erios. Hay otros sacerdotes dentro del templo, pero son amigables conmigo y no son Lunaris, solo se encargan del mantenimiento y de educar a los que se acercan. Diana no habla realmente con la gente del reino, pero estos parecen respetarla. No podría decir que le tiene cariño, pero definitivamente están lejos de detestarla o temerle."
Leona ya había terminado de hacer un respetable informe y ahora solo lo releía aun no convencida de enviarlo.
"No es la gran cosa…" se lamentaba.
Al levantar su vista notó la presencia de algunos sacerdotes, Diana caminaba entre ellos. La campeona pareció notar que se la observaba y, como ya había pasado antes desde que se encontraron en el templo, intercambiaron una pesada mirada. La rubia sonrió con soberbia antes de seguir su camino, lo que molestó a la Solari, que enojada volvió a sus cosas.
"No tengo idea de lo que trama, pero se ha estado movimiento como si realmente estuviera ocupada haciendo algo. Inclusive se queda hasta altas horas de la noche, sino es que amanece así. Da la impresión que algo se acerca y no esta lista. Se la ve preocupada… bueno… cuando no está mandándome miradas de odio y sarcasmo… se la ve preocupada… ¿Pero de qué?"
No fue hasta la cuarta noche que Leona descubrió como la habían estado engañando.
Como venía observando, Diana entró a la biblioteca al anochecer, cerrando las puertas de la misma y haciendo imposible la tarea de ingresar sin que lo notara, pero esa noche la puerta no había sido cerrada correctamente y la Solari aprovechó para indagar.
Trató de entrar con cautela pero a medida que lograba hacerse con la sala, se dio cuenta que no necesitaba tantas molestias. La biblioteca estaba vacía.
El lugar no era muy grande, creía que se debía a que el reino tenía una biblioteca principal aparte de la del palacio real, según tenía entendido. Contaba aun así con varios estantes y mesas, aparte del monumento al fundador en uno de los lados.
Fue fácil cerciorarse que en efecto, esa noche, era la única que se encontraba allí.
No tardó en dar con una de las ventanas del lugar, la única que permanecía abierta. Se podía ver un camino que se perdía por el bosque desde allí. Quizás muy alto para saltar para una persona normal, pero ningún tipo de desafío para un campeón.
Intentó ver través de la oscuridad del bosque, pero era caso perdido, por lo menos esa noche.
Diana detestaba tener que escabullirse del templo como si estuviera haciendo algo malo, no lo estaba, pero tener a alguien tan entrometida como Leona, quien no le quitaba los ojos de encima con sus suposiciones "pre-apocalípticas" de lo que sea que pensaba, la obligaba a andarse con cierta cautela.
Como venía haciendo en las anteriores noches, entro a la biblioteca y cerró las puertas de la misma, espero un tiempo prudente y luego tomó la ventana, encaminándose por el recorrido que ya bien conocía.
No contando con que esta vez, en las afueras del templo, ya alguien esperaba sus movimientos, siguiéndola.
Diana se dio cuenta de la presencia de la otra campeona muy tarde.
Se detuvo en el camino y miró hacia atrás. No dijo nada y a simple vista parecía que estaba sola. Unos segundos después Leona terminó por salir de entre las sombras.
-Que molesto- comentó sin ánimos de tratar con la Solari- Se lo primito que son ustedes pero sabes, son de malos modales seguir a las personas a escondidas.
-No tendría que serlo sino porque esa persona también se escapa a escondidas.
-Lo que yo haga no te incumbe.
-Pues lo que yo haga tampoco.
-¿Eres idiota? Me estas siguiendo.
-No es así- comento restándole importancia- solo pasaba por aquí.
La de la luna le dio una mirada dura a la respuesta. Pensó en contestar de mala gana, pero se distrajo por el sonido del viento entre los árboles, recordándole que se le hacía tarde.
-No tengo tiempo para esto- dijo para ella misma y le dio la espalda, empezando a caminar de nuevo.
Se dispuso a seguirla, pero solo dio unos pasos antes de verse obligada a esquivar un ataque, un rayo blanco que la hizo caer a un lado.
-No me sigas- le advirtió Diana, y aprovechando la desventaja de la castaña, de un salto desapareció del camino.
Leona llevaba ya una hora caminando sin encontrar nada. Le parecía increíble la velocidad con la que había perdido el rastro de la otra chica.
Era evidente que el camino marcado por el tiempo no era el único, y más obvio aun, no era el que Diana había seguido.
"Debe conocer el bosque muy bien para desaparecer de esa manera"
Dio un último vistazo antes de suspirar con pesadez. La había perdido por segunda noche consecutiva, y lo que era peor, a partir de ahora estaría más atenta.
Volvió sobre sus pasos, encontrando el camino al templo, aun caminando por el bosque.
-¿Qué es?- preguntó divisando algo a lo lejos, sea lo que sea se acercaba a gran velocidad, no tomándole nada para llegar a donde estaba ella.
Un par de luces blanca pasaron rozándole el rostro, a gran velocidad, haciendo que el viento de su movimiento la golpeara luego. Mirando a su alrededor vio que el bosque era iluminado por las mismas cosas, iluminando las sombras y desapareciendo, dejando un pesado silencio detrás de ella.
Se dejó confundir por unos segundos pero, apenas pudo relacionarlo con Diana, empezó a correr en el mismo sentido.
La dirección que había tomado hace rato que se desviaba del camino principal, teniendo que atravesar por un sendero bloqueado en varias ocasiones.
No hacía falta seguir ya las luces, podía adivinar el lugar al que iba, pues el templo abandonado se podía ver ya a la distancia en la que estaba.
Se detuvo en la entrada del mismo, jadeando, creyendo en un primer momento que el cansancio se debía al esfuerzo, pero solo adentrarse comenzó a sentirse peor.
No solo era cansancio, sino también mareo y mucho pesar en su cuerpo. El lugar la drenaba de energía y la hacía sentir descompuesta.
Siguió avanzando solo impulsada por el sentimiento de deber que sentía. Sus sentidos le decía que algo terriblemente malo iba a pasar y que Diana estaba detrás de eso.
Los Solari tenían razón, el mensaje era correcto. Debió hacerle más caso a las advertencias de la amenaza.
Pese a que el lugar estaba en tinieblas, una enorme puesta dejaba ver que del otro lado algo destellaba de luz.
Se dirigió hacia allí sin dudarlo, empujando para abrir la pesada entrada, desvelando a Diana en el medio de la sala, la cual parecía un santuario de sacrificios, con símbolos que desconocía.
La de la luna parecía concentrada recibiendo la luz, que seguía llegando de todos lados, haciendo que su cuerpo pareciera menos corpóreo y más un destello.
Debía interrumpirlo, tenía que. Se lo decía todos sus instintos.
Le echó una nueva mirada al santuario y contemplo las enormes y arruinadas estatuas que lo adornaban.
No tuvo que pensarlo más. Aun sintiéndose descompuesta, se acomodó el escudo y corrió con determinación hacia una de ellas, golpeándola con fuerza.
El impulso y el mal estado de la piedra hicieron que la base se quebrara, inclinándose hacia el centro de la sala, donde Diana aún se concentraba.
La chica ni siquiera reaccionó. Leona vio como la piedra caía pesadamente sobre el cuerpo en posición de reverencia y todo se llenó de polvo.
La castaña jadeaba y tuvo que apoyar su espalda contra la pared para no caer. Luego de que el polvo bajara todo se envolvió en quietud y silencio.
Se las ingenió para reincorporarse y acercarse al centro.
Los restos de la estatua, hechas añicos ahora, sepultaban casi la totalidad de la elegida de la luna. Solo podía ver una pálida mano y su rostro, con un enorme tajo en la frente donde la sangra salía. No se movía y llevaba los ojos cerrados, relajada.
-¿…Diana?- preguntó y por alguna razón la preocupación la invadió de repente- ¡¿Diana?!
Ante las palabras un rostro oscuro se levantó de la cara de la rubia, no era el de ella, parecía humo, un hombre, un espectro siniestro que hizo que la del sol retrocediera varios pasos.
La sombra del ser se levantó en contra de ella y la envolvió, sintió como se asfixiaba y las fuerzas la dejaban. Luego todo se volvió negro.
