Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto.

Advertencias: BL, AU.

Este fic lo hice para los desafíos de los jueves en el grupo de facebook Sol y Luna (NaruSasuNaru), esta vez el desafío consistía en un baile bajo la lluvia.


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Ahora dirás que se me ha hecho tarde,

que fuimos demasiado cobardes,

que yo te esperé y tú desesperaste

entre tardes fugaces.

...

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La tarde iba dejando migajas de anochecer cuando salieron al callejón. La casa de Naruto olía a cerveza y a doritos, y la música era silenciada por los gritos —bramidos, según Sasuke— que pegaba Rock Lee en el karaoke. No era fanático de las fiestas, pero había ido, y le gustaría que Naruto notara eso, a pesar de que se quejara por otras mil cosas que Sasuke había hecho mal; tener una cara de mil demonios, no beber, no bailar, no cantar y no hacer el ridículo. Le miró de reojo, intentando encender un cigarrillo y con las mejillas arreboladas por el licor, el corazón se le disparó como si estuviera en una carrera de caballos o como si se hubiera metido un montón de cocaína por la nariz.

—No sabía que fumabas.

—No lo hago —dijo después de toser y hacer mala cara, hecho que hizo que el otro muchacho levantara una ceja y sonriera un poco.

—¿Qué te ha picado hoy?

—¿No podemos celebrar un día? ¡Vamos, bastardo! ¡Acabamos el proyecto de fin de año! Y ya hemos cumplido la mayoría de edad, no estoy rompiendo ninguna promesa a Jiraiya.

Se recargó en la pared y metió las manos en los bolsillos, la música comenzaba a volverse más melancólica, quizás porque la chica rara que siempre perseguía a Naruto había tomado posesión del Spotify. El cielo nocturno cargado de nubes y el viento frío no hacían demasiado ameno el quedarse en ese lugar, pero al menos estaban a solas, aunque eso no significara nada. No para el rubio.

—Hey, Sasuke.

El tono calmado de la voz de Naruto lo hizo volver a interesarse por posar sus ojos de pozo negro sobre él. El otro se había sentado en la banqueta y miraba el cielo, con los ojos azules llenos de lo que parecían ser estrellas, aunque probablemente —posiblemente— fueran lágrimas.

—¿Qué piensas de la universidad? ¿Realmente es cierto lo que dicen? ¿Que te irás a otro estado? No es que me importe —añadió volteando la cara y limpiándose los ojos, como si de verdad se pudiera disfrazar esa verdad absoluta de mentira.

—¿Por qué?

—¿Por qué qué?

—¿Por qué preguntas?

—Eres mi amigo, ¿no? ¿No somos amigos? Siento que hemos discutido esto ya muchas veces.

Sasuke no respondió, quitó la mirada de Naruto y largó un suspiro al aire para evitar ponerse en la misma situación patética de Uzumaki. Sí, se iba a ir, y sí, eran amigos, aunque ambas cosas le dolieran a Sasuke, una por inevitable, y la otra por absurda, y quién sabe cuál correspondía a cada una. ¿Era por eso que actuaba tan raro? ¿Porque creía que era su última vez juntos en mucho tiempo y quería echar la casa por la ventana? ¿O acaso se distraería entre fiestas y tabaco mal fumado para olvidarse de Sasuke, y de que le quería —como amigo—, y que se iría otra vez?

—Deberíamos volver adentro.

Naruto se levantó y se sacudió el trasero, sin mirar dos veces a Sasuke.

—¿Verdad o reto?

—¿Qué?

Naruto lo tomó del brazo con fuerza, y Sasuke sintió una gota de lluvia golpear su nariz, luego su mejilla, y así hasta que no supo dónde había caído una cuando ya la otra se resbalaba por otro lado. El cabello se le pegó a la nuca y a la frente, y Naruto sonreía todavía, como si no pensara en enfermarse o en los gritos que daban todos en la fiesta mientras corrían a refugiarse de la lluvia. La tonada de la canción con la que Naruto se había obsesionado las últimas semanas resonó por el callejón, apenas silenciada por el aguacero.

—Dime si te vas a ir y me vas a abandonar otra vez. O cumple un reto.

¿Para qué iba a decir Sasuke lo que ya sabía Naruto? Que no podía quedarse, que se lo iba a reprochar toda la vida, que no era su culpa, que no podía ser distinto, aunque Sasuke lo quisiera así.

—Elijo el reto —dijo, ya sabiendo que Naruto no se lo iba a dejar fácil y decidido a cumplirlo sólo para evitar envolverse en otra de sus discusiones que acababan con Naruto hecho una furia y Sasuke desesperado por respirar aire que no estuviera contaminado de destino.

—Baila conmigo.

Se quedó estático por un momento y después roló los ojos, suspirando sin entender. Naruto no se emocionaba por esa clase de cosas, gestos que para Sasuke significaban la vida y para Naruto era otra de las tantas cosas que significaban que eran sólo amigos. Recargó su mano sobre el hombro de Uzumaki y depositó la otra sobre su cadera. Lo jaló, inmune ante el pisotón que le soltó el otro —sin saber si era la torpeza o la ebriedad—, y sin mirarse a los ojos comenzaron a bailar.

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