16
Primera Parte
1. Nubes de Tormenta 嵐の雲
"¡Fuerza a Japón¡ abajo el N2¡Fuerza a Japón¡ abajo el N2!... ¡Griten conmigo!, no permitamos que la amenaza comunista corrompa nuestra bella nación¡ fuerza a Japón! Luchemos por nuestros derechos civiles. Hoy en día mareas occidentales y movimientos izquierdistas invaden nuestro país y tratan de destruir la cultura de nuestros antepasados. Aboguemos por los niños y por nuestras familias, abajo las industrias y la tiranía tecnológica ¡abajo el N2! Expulsemos a los invasores, conservemos la pureza de nuestro pueblo, no dejen que la hoz les corte la lengua, ni que el martillo les rompa las rodillas. ¡Fuerza Japón¡ abajo el N2¡Fuerza Japón!..."
Estaba la base del destino ya instalada, doce años después del nacimiento del nuevo milenio. Puramente deplorable, el fin de las palabras ordinarias, el comienzo de la emancipación del individuo. Aquel sometimiento incomprensible sin rostro ni memoria confirmaba la creación de un estado de alta tensión. La tentativa de una época de cambios y sin una solución visible.
Sinceramente no había nada más que hacer. El "Nicolae II" ya estaba en funcionamiento desde hace tres días y, no sería detenido por las simples demandas de minorías separatistas que empezaban a brotar y a multiplicarse rápidamente. De ánimo jurado a hacer caer de manera unánime las condiciones de occidente. "¡Esto nos llevará a la guerra!" decían. Lo calificaron como la primera gran estupidez del siglo, la decadencia última de la razón humana. Yo mismo apoyo aquella descripción, y a mi juicio se trata solamente del comienzo. Una impresión extrema que me hace resistir los efectos de un duro e indefinido propósito y, que sin embargo termina por sepultar cualquier incentivo a continuar mi vida pacíficamente.
Todo sentimiento nacional se consideraría un infame desacierto aunque sólo fuera por comprobar que el mundo pasaba por signo innominado. Minuto a minuto la cólera manejaba lentamente nuestros corazones para ir en contra de los que alguna vez creímos amigos o, acaso semejantes en una continuidad en apariencia excesiva. Solo al fin caracterizar aquellos meses de curso rápido y peligroso.
¿Qué lección podríamos sacar de todo esto?, a tientas sabríamos estas respuestas durante la última semana. Palabra por palabra podría inscribir predicciones aterradoras, pero a pesar de haber pormenores fantásticos y hasta míticos no serán precipitados.
Los elementos asignados a la humanidad son en buena parte fantasías y especulaciones impulsadas por el odio y la ignorancia. El prodigioso espíritu resonante que bajo todas las síntesis no podría soslayar su propio peso primitivo y autodestructivo.
La realidad de Tokio era de inspiración eufórica, iluminada por la luz del relámpago. Al mismo tiempo impenetrable, por la construcción de grupos idealmente negativos. Sin porvenires cercanos a justificar tales visiones. La ciudad estaba en alerta.
Las calles se valían nada más que de extraños en otra época. Empeñados a la desintegración de toda hermandad. Opuestos a veces, los manifestantes se reunían bajo un cielo gris y silencioso. Sobre los charcos cruzaban sus piernas cansadas, entre las azoteas se escuchaba el eco de sus gargantas desgastadas por la inconformidad. Como el aullido de lobos lánguidos y solitarios. Absortos en su derecho divino de perpetuar los deberes del hombre libre.
Podía oírse el curso de esas discusiones invocando a la fuerza por medio de la colectividad. Pero debíamos afirmar a qué constituía cualquier adhesión de no ser ciega a alguno de estos grupos.
Paralelamente veíamos como los medios se encargaban de amedrentarnos con comentarios cínicos; desnaturalizados. Y lo hacían tan bien que las razones no eran necesarias. Contemplábamos fascinados las antiguas cicatrices de nuestra historia, el heroísmo, el valor. Así como la transformación de un pueblo en una grotesca copia de lo que la fuerza ofrecía, expuesta por la supresión de las ideologías.
Pude apreciar de cerca el nivel de fanatismo, de consumismo impulsivo e inconsciente por el que atravesaba la nación. Los diferentes grupos separatistas y, lo digo sólo por el nombre que portaban. Ya que, indiferentes unos con otros, poseían como base el mismo ideal: "liberar" a Japón de la dominación occidental y de las ideologías vecinas. Reclamando esto se autodenominaban como el nuevo orden y defensa del bien común.
"¡Vaya grupo de idiotas!" solía pensar. Con sus movimientos publicitarios incentivando, de algún modo, al primer hipócrita y falto de carácter que atisbara a su falsa elocuencia. Por lo demás el estéril y a menudo retardado concepto de pensamiento libre. No era de extrañarse que se desviara en toda medida hacia la violencia y a la reacción de la autoridad.
Claro que es sólo un pensamiento propio, puesto que el conteo de individuos unidos a grupos radicales llegaba a los ochenta mil y seguía aumentando. Insinuando ya el futuro al cual éramos arrastrados, mientras se quejaban y provocaban enfrentamientos usando pretextos audaces y sin embargo injustificados.
Los atropellos a las autoridades se clamaban con alegría y, estas habían demostrado tanta mansedumbre que los propios oficiales parecían partidarios de la sublevación.
Los bandos estaban ya establecidos y, paulatinamente se tuvo que recurrir a poderes superiores del Gobierno cuando las fuerzas policiales no fueron suficientes. Tal fue la apreciación de lo que sucedía que ya se podían ver unidades militares diseminadas en toda la zona. Súper vigilando a los alborotadores con una determinación incorruptible. Seguros, sin embargo, de que con su presencia las cosas no pasarían a mayores.
De anticipo se hubiera pensado que debido a esto los ciudadanos optarían por no salir a la calle para su seguridad, pero extrañamente ya un par de días antes de la llegada del ejército habían empezado a quedarse en casa como que hubiera sido dictaminado un toque de queda. Cosa que nunca ocurrió y seguramente nunca pasó por la cabeza del Gobierno. No se consideraría tal vez en estos tiempos a los japoneses como potenciales destructores internos. Sin negar la maldad que existe en mi país debo decir que en aquella ocasión jamás se vio la posibilidad de perder el control de los ciudadanos y menos un enfrentamiento civil.
La minoría que aún continuaba en las calles, se movilizaba en grandes grupos. Permanecían generalmente en un mismo sitio. Estáticos y silenciosos se sentaban a escasos metros de los oficiales. Yo los veía a través de las persianas por varios minutos; estudiándolos en cierta forma. Llevaban una vestimenta característica para ser identificados, algo así como un buzo blanco y rojo con una cinta en la cabeza, la mayoría eran pacíficos, pero existían los grupos más radicales que ya habían actuado con violencia en las primeras manifestaciones que comenzaron este año. Cuando se acusó a agentes norcoreanos de sabotear varias líneas de comunicación cerca de Vladivostock para luego ingresar al Japón aunque se desmintiera luego por las autoridades. Se deterioraban así también las relaciones con Rusia que supuestamente había permitido esto y que acaba de lanzar un satélite que se dice funciona como arma y apunta justo sobre nosotros. El Nicolae II en honor al último Zar de la historia, aunque no hubiera pruebas de que fuera cierto. La Nación estaba en caos, varias instituciones habían dejado de funcionar cada vez se veía menos gente en las calles por miedo a que estallara la guerra. Muchos vieron esto como inminente y consideraron las resoluciones de nuestros líderes insuficientes tras las amenazas directas de Corea del Norte. El fin de la paz era cuestión de tiempo.
Encontrábame en mi claustro en esos tiempos sólo para desentenderme de lo que sucedía afuera. Evitando el inmenso malestar que todo esto me producía.
Rodeado de cajas, periódicos viejos y las computadoras de mi compañero. Pasaba casi todo el día leyendo los mismos anuncios en la oscuridad con el zumbido infernal de los armatostes perforándome el cerebro.
Koushirou llegaba todos los días a las 7 de la tarde sin falta ni retraso para revisar los equipos y continuar trabajando durante toda la noche rastreando información de la que continuamente me privaba, se iba luego cada mañana exactamente a las 7 de la mañana; "Espera y verás" decía mientras tecleaba sin voltear a verme. Hasta que eventualmente me cansé de esperar y perdí el interés en lo que él hacía. Aún así pertenecía al selecto grupo de una nueva empresa de tres integrantes… el otro es Kido Shuu, a quién Koushirou encontró hace un mes vagando por la universidad y le ofreció ser parte del proyecto (por cierto, los dos asistimos al la universidad de Tokio mientras que Shuu ya se graduó). Koushirou y yo nos reencontramos un año antes cuando recién dejaba Odaiba al ser aceptado. Con los demás ya no tenía contacto; ni siquiera con mi hermano. Mi vida se había tornado insípida y poco saludable, una rutina sin salida que me parecía más deprimente cada vez que me miraba al espejo.
Llevaba ya un mes en el apartamento desde que suspendieron las clases indefinidamente, sin recordar la luz del sol ni los rostros de la gente. Shuu traía la comida todos los días, ya que también pasaba bastante tiempo con nosotros y era el único que no se había autoexiliado del mundo y no pasaba las 24 horas del día mirando un monitor.
-Udon, Soba y… ¡Sumashijiru! Para mí. Vamos, no sean flojos y vengan a buscar su porción -.
- Déjala sobre la mesa- se oyó al mismo tiempo. -¿En dónde, en esa mesa con diez mil hojas encima, restos de basura y… esa son uñas?-, -¡semillas!- respondí.
– Y no, quise decir aquella mesa-. Mi dedo apuntaba por supuesto hacia un grupo de cajas desparramadas cubiertas de polvo, que junto con la oscuridad podrían haber ocultado cualquier cosa. – Espera un segundo – dije y me dirigí de mala gana a desenterrar una pequeña mesa plegable del único lugar donde cabía a la perfección.
– Listo- dije mientras me acomodaba a comer.
– ¿Vienes Koushirou?-. - ¿Por qué el retraso?- preguntó de improvisto sin voltear.
-¿Qué?-. – Llegaste quince minutos tarde, sólo quería saber qué pasó-, dijo siempre mirando la pantalla.
– Tienes razón, es que afuera me pidieron mi identificación; los soldados, ya sabes como es-. Quedamos en silencio por un momento mientras servíamos la mesa.
-Espero que esa excusa haya servido para justificarme ¿o no, jefe?-, bromeó luego cuando comíamos.
- Sé que los dos no toman muy enserio lo que hago aquí, pero cuando vean los descubrimientos que he hecho cambiarán de opinión-.
– Es eso, tú has hecho todo. No puedes darnos crédito a nosotros-.
-¡Vamos!, ustedes son parte de esto también, además no podría hacerlo sin su ayuda… digo ¿cómo comería sin Shuu o de qué manera hubiera logrado mi actual estado de concentración sin tener que evitar oír tus aburridos comentarios?-, expresó de una forma tan amable qué causaba gracia; algo poco común en él.
-¡ah!, les tengo una sorpresa-. Sacó un papel de su bolsillo que remarcaba con letras grandes su nombre.
– Podremos exponer nuestros descubrimientos ante un público de verdad ¿no es grandioso?-, dijo alegremente.
–Ya te dije que no traeríamos gente aquí de nuevo, ya la última vez tuvimos que quitar todas las paredes para que cupieran todos. Sin mencionar que fue un fracaso-.
–Bueno, no por algo se llaman apartamentos tipo estudio, y no es cualquier presentación, nos concedieron el Salón del Centenario del Instituto Tecnológico ¿qué les parece?- Al decir esto lo miramos fijamente sin entender sus palabras.
-Déjame ver eso-, dije quitándole tranquilamente el papel de las manos.
–"El Alumno de Ciencias de la Información Izumi Koushirou…etc. El 17 de diciembre de 2012 bla, bla, bla… 10:30 de la mañana en la sala de conferencias… Kido Shuu… Interpretación del Lenguaje Informático…" ¿qué es esto?, pensé que hablarías sobre el digimundo-.
–Si bueno, es que pensé que no tendría credibilidad si mencionaba lo que todos se han encargado de negar durante los últimos años-, dijo con la voz cada vez más velada.
–Aún no entiendo ¿por qué ahora si lo llevas pidiendo por meses?... y ¿por qué no aparece mi nombre aquí?-.
– Ah eso, es que no recordaba que estudiabas y bueno… perdóname por eso-.
–No importa; es literatura por cierto-.
–Para ser sincero-, dijo ahora más serio, - me dieron ésta oportunidad para desacreditarme y poner en ridículo cualquier intento por esclarecer o siquiera probar que todo fue real-, concluyó con toda naturalidad mientras comía otro bocado.
- Así que, en conclusión, nos dieron la oportunidad de hacerles saber que se equivocan y promover la creencia de que existe otro mundo además de este a pesar de las continuos intentos de de borrar todo rastro de lo que ocurrió hace años- dijo Shuu.
–Sí- respondió Koushirou a secas.
–Genial-.
El nombre era algo así como "Centro de Investigación para la Interpretación Estadística del Mundo Digital". Un proyecto que floreció en los primeros años de preparatoria de Koushirou después de un desafortunado evento:
-¿Cuándo tiempo ha pasado?-, pregunté después de un rato.
-¿Cómo dices?-. – Desde que se cerró; tú sabes-.
- Seis años-, respondió sin que terminara de hablar.
-Pero decir que se cerró es algo brusco, puede haberse cerrado una puerta y que sólo debamos buscar otra, que es una de las respuestas que he buscado durante todo este tiempo sin éxito-.
-Seis años-, pensé. –Aún así, todo se ha vuelto bastante deprimente desde entonces. El pensar que dependíamos tanto del digimundo como para sentir este vacío-.
-No lo hemos perdido-, me respondió. –Sigue estando donde siempre sólo que ya no podemos verlo-.
-¿Y qué ves tú exactamente en esas pantallas todo el día?, lo único que distingo son números y dígitos que no entiendo-.
-Espera y verás, te enterarás de todo el día de la conferencia, ahora no hay tiempo-.
-¿Tiempo?, pero si pasas ahí todo el día; ¿no podrías al menos darnos un adelanto?-.
-Paciencia mi amigo, todo a su tiempo. Lo único que diré es que el Digimundo ha cambiado desde la última vez que lo vimos-.
-Como sea; no tengo que ir a la conferencia ¿cierto?-.
-Pues claro, eres parte del grupo y además de mí fuiste niño elegido también. Eso sirve como atracción para los que aún creen. Últimamente he hablado con muchas personas que están muy emocionadas por conocer la información que he reunido…-.
-Esta bien, esta bien… iré. Pero no voy a decir nada.-
-No te preocupes, yo me encargaré de eso. Uds. me ayudarán en otros ámbitos que les explicaré luego-.
-Supongo que no cobramos por esto-. Pregunté.
-Por supuesto que no, aquí no se persiguen más que fines científicos. Deberíamos estar agradecidos por esta oportunidad-.
-Como sea...-.
Nadie sabe realmente porqué el Digimundo cerró sus puertas, aunque lo verdaderamente terrible fue como en varias partes del mundo se empezó a rebatir la idea de que los incidentes en Odaiba y otros lugares en verdad ocurrieron, que todo fue un invento o una alucinación masiva producto de un ataque terrorista similar al de 19951, por lo que la falta de evidencia hizo que la gente empezara a dudar si realmente fueron criaturas desconocidas las que aparecieron hace 10 años o sólo fue un espejismo efecto de la histeria colectiva. Gran parte de la culpa fue de las autoridades por empezar a negar inmediatamente los sucesos principalmente por no tener una explicación lógica de qué había pasado, aunque los más osados dicen que el gobierno ya poseía información acerca de estos monstruos y que querían mantenerlo en secreto para luego usarlo a su beneficio. Me culpo también a mí y a los demás elegidos por no hacer nada mientras esto pasaba, es decir, muchos nos mantuvimos en el anonimato y fuimos reacios a la hora de mencionar aquellos hechos, por temor a perder nuestra privacidad o a nuestros digimon. Poco a poco todo se fue olvidando y en un par de años ya ni se hablaba del tema. Posteriormente lo ya dicho, en septiembre de 2006 no fue posible para ninguno de nosotros regresar a aquel mundo y menos reunirnos con nuestros compañeros. De ahí en adelante todos tomamos caminos distintos sin saber de nadie y dejando atrás una época de grandes aventuras; dejando atrás la infancia. Ahora en el presente veo una realidad penosa y lúgubre. Estamos al borde de la guerra y no parece haber forma de evitarlo, las calles no son seguras, la gente tiene miedo y yo estoy aquí encerrado como un cobarde resentido de la sociedad esperando nada menos que un milagro que me dé una razón para salir. La dichosa conferencia no era una de esas razones ni mucho menos; esperaba en realidad poder convencer a Koushirou de no asistir en el último momento ya que el sólo hecho de tener que darle la cara a la vida se me hacía insoportable.
-¿Qué buscas exactamente?- se acercó Shuu a los monitores.
-No lo sé- dijo Koushirou suspirando y recostándose hacia atrás.
-Estoy seguro de que puedo decodificar estructuras más simples sin tan sólo hallara una ubicación específica-.
-¿Qué quieres decir?-.
-Hace mucho tiempo descubrí que el digimundo continua los patrones de nuestro mundo; como copiándolo. Y si compruebo que la relatividad sigue alterada podría predecir cosas que aún no pasan en este mundo-.
-¿Relatividad?-.
-Verás, antes el digimundo avanzaba mucho más rápido en relación a nosotros, en un solo día pasaban años allá. Luego pasó que esta anomalía se compensó y ambos mundos avanzaban a la misma velocidad. Pero recientemente me di cuenta que por la forma en que pasaban las cosas esa continuidad se había vuelto a quebrar, así que en teoría podría funcionar-.
-Eso suena complicado. Te das cuenta que eso podría terminar de comprobar lo que dijo Einstein-. Seguía yo esta conversación algo perplejo.
-No necesariamente, porque no podríamos afirmar que compartimos una relatividad mayor con aquel mundo, principalmente porque no podemos decir que ocupamos el mismo espacio o en qué dimensión se encuentra-.
-Ahora lo que hago es dar propuestas codificadas y dirigirlas a ciegas esperando que algo de información se suelte; algo así como un rebote-.
-¿Y por qué a él si le dices lo que haces?-, dije ingenuamente.
-Porque él si muestra verdadero interés, que es lo que deberías probar-. Terminando de decir esto miró su reloj y dispuso irse.
-Dejé una de esas propuestas trabajando ahora y espero que me avises de cualquier evento. Estaré donde siempre-.
Sin darme cuenta era ya de mañana y mi compañero iba camino a la universidad para continuar trabajando.
-Sabrían que ha amanecido si sólo abrieran las persianas…- dijo Shuu acercándose a la ventana.
-No lo hagas-, Exclamamos al mismo tiempo.
-¿Cómo?-
-Esas persianas no se han abierto en seis meses y si la luz llega a entrar podría ser problemático-.
-Bromeas ¿cierto?
-Aquí Takeru no ha visto la luz del sol en más de treinta días, a eso me refiero ahora aléjate de ahí por favor-.
-Esta bien, pero es poco saludable-.
En eso Shuu tenía razón. La realidad era que en algún momento tendría que salir aunque no quisiera. Sin reprocharles que ambos supieran porque había renunciado al exterior de estas cuatro paredes no podía evitar pensar que había corrompido a través de mis acciones un hecho que me afectó profundamente.
Pronto Shuu se iría también, pues tiene otras cosas que hacer. A ambos se les recibía en la universidad a pesar de estar cerrada por ser alumnos destacados y no por la investigación, que no había querido ser financiada. Yo, por mi parte tendría que esperar solo todo el fin de semana para la resolución de qué haría si en verdad tenía que asistir o no a la conferencia.
Mi intención no es narrarles mis días de soledad. Pues aquí en la oscuridad no pasa mucho más que oír el tono siniestro de los equipos. Más bien quisiera hacer mención de aquel otro individuo al que a veces cuesta mucho trabajo atribuirle alguna función que por esencia no sea productiva.
Izumi Koushirou. Cuesta encontrar palabras para una persona tan complicada. Lo reconocí de inmediato cuando paseaba por el Campus en una época en la que era menos miserable. Extrañamente dudé si hablarle o no ya que nunca lo conocí muy bien, sin embargo apenas me vio me invitó a acercarme. Con la intención de formar parte de su grupo por supuesto, cosa a la que aún no logro comprometerme. Destacando su hermetismo diría que al paso de un año nos hemos hecho amigos; creo yo. Aunque a veces es difícil no sentirse sólo con la personificación misma del pragmatismo. De hecho me acostumbré más rápido a Shuu, quien era mucho más sociable. Muchas veces nos quedábamos charlando durante horas sobre anécdotas para burlarnos de Jyo o de cómo él había dado un paso al costado para que su hermano continuara la tradición médica familiar. Pero no sé si podría decir que esta compañía se me hacía suficiente, después de todo seguía deprimido y encerrado. Sintiendo a veces que nuestra convivencia era una farsa, daba la impresión que mi soledad dependía de la aceptación necesaria de algún defecto o abyección artificial.
Con la creencia de que mi predilección por la miseria se debía a otra cosa, de por sí, ajena a la simpatía de mis semejantes, no podía descubrir exactamente el motivo de lo que me aquejaba. Finalmente optaba por desentenderme de la realidad y quedarme postrado como un bulto.
Muchas veces perdía la noción del tiempo y me quedaba recostado boca arriba buscando el momento exacto en el que mi vida parecía haber perdido su significado. Durante horas me quedaba mirando fijamente a la pared. Un viejo aro de baloncesto cubierto de ropa era mi único recuerdo más o menos agradable.
Flashback:
-"¡Switch!", encesta otra vez-.
-¡Hey Takeru!, para un momento-.
-Dime-.
-Voy a instalar unos equipos por aquí, así que ten cuidado cuando juegues por favor-.
-No te preocupes, hay mucho espacio por acá-.
- Sólo avisaba, probablemente traiga más dentro de un tiempo, así que no te acostumbres-.
-Esta bien-, dije y seguí jugando. Koushirou me había dejando poner un aro para aprovechar el piso de madera, después de todo yo había encontrado el lugar, cerca de Shinbashi que resultó ser lo más apropiado.
-Ya me voy, necesito hablar con el profesor Takenoushi en la Universidad-.
-¿En serio, para que?-.
-Ahora no hay tiempo de explicar, sólo no rompas nada… adiós-.
Eso era lo más cercano que teníamos a una conversación. Le tomaba 30 minutos en bicicleta llegar a la universidad. Se había negado a usar otro tipo de transporte, "me ayuda a pensar", decía. La verdad es que era muy tacaño y no lo admitía. Aunque esa actitud cambiaba cuando quería algo. Y toda esa fachada de etiqueta podía sumirse en el campo de las fanfarronadas si quisiera con la finalidad de abrirse paso a algún área reservada.
Dio la casualidad de que el padre de Sora terminó dándole clases, aunque según él no existían las casualidades y que todo estaba predestinado. Mi amigo tenía la idea de que si un miembro respetado de la institución respaldaba su empresa ésta tendría mayor aceptación. Sin embargo no era la primera vez que tenía que salir a buscar ayuda sin obtener nada a cambio y el señor Takenoushi era la última oportunidad para sustentar cualquier intento de promover sus investigaciones.
Ya desde principios de año existía la insistencia a dar la luz sobre la verdad. Soportando burlas y prejuicios hasta el borde de la impotencia. Sin embargo la labor estoica de mi compañero era sólo el comienzo de muchos intentos. En distintos lugares y con distintas personas sin forzar nunca, no recibió más que negativas imperiosas y hasta benévolas señalando que no había público capaz de mostrarse interesado en su fantaseo.
El sol estaba más presente por aquellos tiempos, sin sospechar siquiera de fatalidades inminentes o manifestaciones programadas. Allá en la universidad podría figurarse demasiado otro tipo de ambiente, sin estar equivocado. El movimiento incesante de textos y artículos que descansaban sobre sus dueños. El eco ciertamente frío matizaba apenas con el escaso calor humano del establecimiento. Ya sin recordar tampoco qué podía esperar o sentir de ese a lugar, no había ninguna conexión o prueba de que fuera a permitírsenos a Koushirou o a mí algún tipo de favor.
Conciente de esto, Koushirou ya había localizado al profesor, borrando cualquier otra imagen o sonido que le rodeaba. En la profundidad del corredor se encontraba tal vez la única persona capaz de realizar alguna contribución concreta a nuestras intenciones. Ambos parecían ajenos al ajetreo de los pasillos, pues buscaban respuestas a preguntas olvidadas. Uno con tal vez más arriesgado que el otro, sin pensar en las consecuencias de perseguir sus metas.
Al primer movimiento lo que dije antes, esa actitud de verdaderamente atípica y reprochable de mi amigo por disimular algo parecido a la intimidad.
-Buenos días profesor-.
-Koushirou, hola. Hoy no te toca conmigo ¿no?-.
-Eh, lo sé. Lo buscaba por otra razón. ¿Recuerda mi mensaje?¿los datos?-.
-Oh, si. La verdad no leí todo pero escucha, no sé si te di la idea equivocada pero mi autoridad no llega tan lejos como para promover un proyecto así-.
-Si revisara otra vez se dará cuenta de que hablo; para mí está claro que hay suficiente como para comenzar-.
-No me estás poniendo atención-.
-Entiendo, pero si tan solo viera mis avances…-
-No dudo que hayas hecho un buen trabajo pero esto está fuera de mi alcance. Si pudieras al menos convencer a gente más importante-.
-Escuche, el interés en esto es grande. Usted debe saberlo, si no consigo promover esta información la verdad podría perderse para siempre-.
-¿Y no crees que ya se ha perdido? Mira a tu alrededor, los digimons no son más que un vago recuerdo para el mundo. Aunque me duela debo marginarme también. Les debo mucho pero a veces siento que la vida debe continuar tal como está-.
-No entiendo, creí que quería que la gente supiera, que recordara-.
-En serio quiero que el mundo vuelva a creer en los digimons tanto como tú, pero estoy de manos atadas, lo siento-.
-No importa-, dijo decepcionado.
-Creo que fui demasiado ingenuo al pensar que sería tan simple-.
-No seas tan duro contigo, no me necesitas para lo que sea que estés persiguiendo y si haz logrado tanto como dices algo se dará-.
-Gracias de todos modos, en ese caso sólo me queda seguir trabajando, supongo-. Dispuso irse.
-Koushirou espera-.
-Dígame-.
-¿Estás bien?-
-Sí, no se preocupe-.
-¿Te sobra algo de tiempo?, te invito a tomar algo ¿qué dices?-.
-Yo no bebo y además es de mañana así que…-, balbuceó algo extrañado.
-¿Y quién dijo que se trataba de alcohol?-, río el profesor.
-Bueno, en ese caso creo que me sobra algo de tiempo-, mintió.
(Ya en un pequeño local cerca de ahí)
-¿Algo en especial?-.
-Sólo té verde por favor-.
-Pues que sean dos-.
-¿Es de verdad esto necesario?, realmente tengo que volver a casa-.
-No digas eso, te tomas las cosas demasiado es serio-, exclamó mientras bebía.
-Es que dejé los equipos andando y no confío en el juicio de mi compañero-.
-Eres uno de los mejores de la clase y aún te queda tiempo para… este pasatiempo tuyo-.
-No es ningún pasatiempo, es algo que tengo que hacer, mi responsabilidad-.
-Eres idéntico a él-, suspiró Takenoushi seriamente.
-Profesor…-.
-Discúlpame pero tenía que decirlo. Aún no entiendo porqué antes me confesaste que eras hijo de Tetsuya-.
-Lo dije únicamente porque supe que usted lo conocía-, murmuró bajando la vista como queriendo evitar el tema.
-Solía trabajar y trabajar, no le dedicaba tiempo a otra cosa. Fue tanto lo que logró sin embargo… era tan joven-.
-Es sólo que nunca supe mucho de él-.
-Escucha, no creo que sea el más indicado para hablar de tu padre. Sé que es incómodo para ti...-.
-No, está bien. Fue hace mucho tiempo, apenas y había nacido-.
-Él nunca me hubiera aceptado una invitación a beber como tú, de ninguna manera, él era… pues indescifrable, como si no conociera más que estudios y experimentos. Encontré extraño que de hecho se casara ya que no tenía capacidad social alguna. Sin embargo logró llevar una vida normal aún cuando pasaba días enteros encerrado con alguna ecuación o dirigiendo investigaciones-.
Para adivinarlo correctamente el surgimiento de estás raras individualidades habían sido por sobre todo instintivas. Como si las circunstancias pidieran por seres especiales para momentos especiales. Así pasa en las épocas de cambio, las transformaciones en la dirección hacia un futuro desconocido impulsan la naturaleza fantástica de la mente y el espíritu humano. Las maquinaciones que nos hacen excepcionales o nos destruyen sólo significan la eterna constante de este y todos los mundos existentes: el cambio.
-Recuerdo una vez… /rió cambiando el tono/
Él se sentaba junto a mí en las reuniones del consejo (los dos profesores eran reconocidos masones) y no dijo nada durante… no sé, un año. Hasta que un día de la nada se puso de píe y pidió la palabra. Todos nos quedamos atónitos, expectantes /riendo/ y preguntó si podían cerrar las ventanas porque se estaba metiendo una corriente de aire. Y lo más gracioso fue le hicieron caso y continuamos la reunión como si nada. Después de eso se sentó y no volvió a hablar-.
Curiosamente esto le produjo algo de gracia a Koushirou, pero con una extraña nostalgia. Esa historia sonó como algo que él hubiera hecho, sin embargo la figura del hombre que solía ser su padre se le hacía borrosa y distante. Continuamente se había rehusado a la idea de saber quién fue realmente Izumi Tetsuya por temor a que esto le obsesionara. Desafortunadamente cada vez que oía algo acerca de él se le hacía más difícil reprimir esa necesidad.
-Es increíble que hayas resultado ser su hijo, el mundo es cada vez más pequeño-.
-No, no el mundo, sino la ignorancia del ser humano… discúlpeme profesor pero es necesario que me vaya ahora. Le agradezco su tiempo y la invitación-.
-Como quieras-, dijo tranquilamente sabiendo que ya no podía detenerlo.
-Ah…idéntico-. Pensó tomando otro sorbo sin ver como su alumno desaparecía tras la puerta.
Fin del Flashback
Un silencio inquietante rondaba a la ciudad a esas horas de la mañana. A diferencia de a comienzos de año el trayecto de Koushirou se hacía más rápido sin tantas personas en la calle. Pero no compensaba a los hombres de verde que vigilaban cada movimiento de la gente. Con tono cauteloso se debía buscar a entre un Tokio más rígido de lo normal alguna esquina que apaciguara un escozor que ya se había prolongado demasiado. Resaltaba muchas veces el sonido austero de la bicicleta, entre pasajes de tensión y murmullos temerosos. Pasando frente a callejones que escondían multitudes de manifestantes que se quedaban en silencio al ver pasar a cualquier extraño que les produjera la mínima sospecha y, al siguiente, regimientos enteros con facciones engañosas, adolescentes y ancianos corroídos bajo la insostenible bandera, custodiando sin tregua hacia un hecho consumado e inevitable.
A través de charcos que reflejaban nubes negras, que cubrían los rostros de los hombres representantes de las masas niveladas, lanzando proclamaciones acerca de una nueva era; una ola de temor y espanto de la cual lo más que podía esperarse era la propia y definitiva fe.
Su mirada tosca, medio severa. Se esforzaba por no dejarse llamar la atención, el delicado y penoso viaje sumergía con insistencia hacia una sorda estación de fatiga. Su costumbre de no unirse a otros ciclistas mientras durase el viaje parecía querer decir que entre escuchar o no escuchar, o no saber de confianza por parte de él no era algo restrictivo sino auto impuesto. Su Cruz a cargar si se quiere. Obraba igualmente para todo como si lo familiar le fuese doloroso. Mucho tiempo me tomó darme cuenta que en su forma de ser había algo convulsivo, en vías de ceder ante el error más adecuado. Así, el verdadero Izumi podría no sentirse tan extraño a manifestar el mínimo de afinidad posible.
Por un momento volvió de sus pensamientos y notó que el único lugar que resultaba tranquilizante era el cementerio de Okayama. Allá a lo lejos sucedía un entierro, haciéndole recordada un hecho similar que había presenciado tiempo atrás.
Flashback:
Algo nervioso esperaba poder acercarse al grupo de gente que permanecía en un profundo letargo.
Entre el sonido de las sutras de los monjes; los emisarios del suplicio. Encallado ya en el carácter funcional de la ceremonia buscó entre los asistentes al persona que lo había contactado. Distinguiéndose en el fondo una figura joven; la más pequeña. Con la vista fija en el sepelio dio de pronto con la mirada sobria de un viejo amigo que caminaba vacilante hacia el. Koushirou no atinó a decir palabra alguna pues un mutuo gesto de empatía destruyó cualquier comentario.
-Me alegra verte de nuevo, lástima que tenga que ser de esta manera-, dijo finalmente arrodillándose junto al joven.
-No te preocupes, agradezco que hayas venido-, dijo Iori con ineludible cortesía.
-Lamento no haber podido avisar a los demás, la verdad es que ya no se de nadie-.
-No tiene importancia, no hubiera querido hacer pasar a nadie más un mal rato-. Estas palabras se cernieron crudamente sobre Izumi. Experimentó esa rara expresión algo acerada. Injustificadamente Iori tenía una manera aplastante de compartir sus sentimientos, sentimientos que bordeaban lo incipiente. No debería soportar tantos infortunios y a tan corta edad. Aunque era bueno disimulando su dolor, parecía harto y deslucido, extendiéndose por toda la exequia como el olor del incienso un patetismo latente de su parte.
Koushirou se resistió por moral discernir sobre el sentimiento religioso que todo esto le provocaba. Sin embargo se trataba de un funeral, que por comparación, superaba cualquier diferencia personal.
En todo caso, ese momento era capaz de contraer el corazón. Iori sufría la muerte de otro ser querido. El más anciano, que no impedía su partida, sino más bien fue su espíritu noble el que lo mantuvo hasta los ochenta y nueve años. Chikara Hida yacía entre adornos y regalos. Un manto le cubría el rostro, de lo contrario hubiera sido imposible quitarle los ojos de encima. Su imagen provocaba un sentimiento de intranquilidad que socavaba cualquier intento de eludir el hecho de su pérdida. Los pocos presentes podían no valerse de su cercanía pero sí de su gracia, ya que fue uno de los miembros más honorables de esa familia. El pariente más directo era Iori, quien se encargaba de orar ahora y durante los 49 días de clausura2.
-Él no volvió a hablar ¿sabes?, desde la muerte de mi madre. Se construyó una cabaña fuera de la casa y se quedaba ahí todo el día sentado, sin hacer nada…-.
-Sé que significaba mucho para ti; supongo que fue como un padre-. Este comentario provocó una pequeña reacción en Iori que Izumi notó inmediatamente.
-No, no, eso no es cierto. Hasta él me lo dijo, no hay forma de remplazar a un padre, por favor no digas esas cosas-, dijo esforzado.
-No me malinterpretes, por supuesto que yo no podría entender por lo que estás pasando, pero él hizo todo lo posible por criarte así que le debes mucho-, dijo Koushirou inmutable.
-No, claro que no podrías entenderlo, porque no sabes lo que se siente… perder a ambos padres-.
Koushirou sintió que se le secaba la garganta, un frío terrible se esparció sobre sus sienes. Las palabras de su amigo lo habían destrozado. Aquel recuerdo, de hecho, no se aproximaba ciertamente a la experiencia del joven Hida. A exigencia de su voluntad evitó decir cualquier cosa, absolutamente convencido de que se había equivocado.
-¿Sabes que fue lo último que me dijo? Aguantando las lágrimas que lo perdonara. Que lo de mi padre fue su culpa, que… uno no puede ver crecer a los hijos pero si a los nietos, que estaba agradecido por mi, por ser un buen muchacho-.
Pronto otras personas llegaron a consolar al joven ante la inmovilidad de Koushirou. Alejándose de esa escena sintió pena como no la había sentido en años. No pudo seguir en ese lugar un segundo más y se marchó sin que nadie lo notara. Silenciosamente caminó fuera del salón con las manos en los bolsillos, huyendo de una despedida fría y mesurada, tomando aquella expresión en el rostro de Iori y reproduciéndola una y otra vez en su mente. Sin querer cambiar nada en ella, entrenándose para reconocer su propia amargura.
Notando la diferencia entre ambas experiencias dispuso de pronto visitar a sus padres ese mismo día, encontrando su conducta como netamente sentimental. ¿Pero qué importa?, son mis padres.
Confundido por lo que había pasado procuró superar pronto su exaltación. Antes debía informar a sus amigos de esta tragedia, aunque a su pesar no quisiese compartir desgracias a sus distantes compañeros. Lo cierto era que Chikara Hida había muerto en un día de septiembre, justo en el día nacional del respeto por el adulto mayor.
Fin del Flashback
Ahora bien, lo anterior me es de un valor bastante ambiguo. Pues sería imposible para mí enterarme de estos sucesos en especial por mi cuenta. Todo gira en torno a unas notas que encontré en el apartamento en mis días de ocio y que seguramente Koushirou nunca me hubiera dejado incluir en este libro. Contando con que a él no le interese leerlo, sin embargo sabiendo que he traicionado el respeto de muchos para escribirlo. No sé exactamente en qué momento escribió dichas notas o porqué las dejó descuidadamente a mi alcance pero me han sido de gran ayuda para poder descifrarlo a él e incluso a mí mismo. Significaban tal vez un escape o alguna clase de paliativo. Mórbidas a veces, no podría darme el lujo de juzgarlas ya que además de no estar en mi derecho han llegado a ser mesuradamente agradables. Sin ánimo de proteger mi objetividad ni mucho menos los llevaderos pensamientos de mi amigo debo decir que al encontrar afortunadamente muestras de humanidad en la mayoría de los relatos puedo decir que esta lectura apela tal vez a todos dolores y preocupaciones de una persona normal. Aunque puestos inexplicablemente en un frenético estado de observación y análisis que hacían parecer que aquellas experiencias pertenecieron a otro individuo que, a sus expensas, servía como un experimento andante.
Leyendo pude recién imaginarme la discordia interna y el mal haber en grosera apariencia que él tenía. Siempre sospeché que era infeliz; y que lo era… ¡muy infeliz! Recordándole esto una vez o mejor dicho "revelándoselo" en un día como cualquiera:
-¿Qué hay contigo?-, dije.-¿Disculpa?-.
¿Qué razón tienes permitirte ser un desgraciado?-. Hizo una mueca un poco apática. Mi soberbia de algún modo le causó gracia.
-Es verdad, ¿soy un desgraciado no?, o querrás decir un pobre diablo quizá. No tengo razón alguna y tampoco debería. A mi juicio no hay excusa posible para privarse de de la felicidad. ¿A eso te refieres?-.
-No, si eres tan miserable como creo deberías haber dicho algo como: "El concepto de felicidad es una ilusión previsible ante la ingenuidad del ser humano y su tendencia simplificar o tratar de explicar un estado por sobre todo impropio y poco sincero de su genio y circunstancia en la realidad"-. Me miró sin hacer ningún gesto.
-Takeru, eso parece una definición textual- , dijo irónicamente.
-Responde ¿es algo como eso lo que sientes, cierto?-.
-Sí, probablemente esa sea mi posición pero dime ¿esperabas que yo te diera esa respuesta o simplemente estás adivinando algo que a tu imagen merece la misma respuesta?-.
-No digo que yo no sea infeliz, sólo digo que en fondo tú y yo no somos tan distintos-, respondí. Sonrió otra vez y miró al piso un momento.
-Creo que la diferencia está en que uno de nosotros puede decidir ser un desgraciado y no así el otro-.
-Ya veo, así que soy un farsante-, dije ofuscado.
-No, creo que tu infelicidad es real pero no sirve para justificar que te agrade sentirte infeliz-.
-No me agrada… - ¡escúchate!- interrumpió.
-¿Acaso espera pasar el resto de tu vida maldiciendo todo gesto o pensamiento ajeno a esta coraza tuya?, como si tu sufrimiento fuera el más grande del mundo. Lo único que yo veo es un joven talentoso y prometedor que prefiere sentirse desdichado antes de aceptar que no tiene el valor suficiente como para querer empezar de nuevo. ¿Tanto te han lastimado? No lo sé.
¿Acaso importa? Claro que no. ¿Y piensas decirme a mí que me permito ser un desgraciado cuando lo único que haces es lloriquear cada vez que alguien dice o hace algo que te parece poco honesto?, pues si es así puedes irte al infierno-.
Dicho esto se puso de pie y salió bruscamente del apartamento dejándome sólo con mi evidente flaqueza...
Probablemente la discusión más intensa que había tenido con él. Sin embargo cuanta razón tenía y, al fin y al cabo logré que expresara alguna emoción; en este caso enfado. Vale en todo caso volver a esos momentos, pues significan mucho aunque no sea esta la última incursión que tendré a estos recuerdos será bueno hablar de ellos más detalladamente.
Cuando mi amigo deliberadamente se rehusaba a hablar de sus problemas podía recurrir al papel, a diferencia mía, lo hacía por una causa mucho más compleja. Con una caligrafía envidiable daba saltos esporádicos a ciertas etapas de su vida y a situaciones contradictorias que nunca pude interpretar. Por las tardes devoraba los párrafos y leía una y otra vez los intrincados dilemas de una mente ciertamente brillante. Sin confesarle nunca mi hallazgo me encontré con una imagen más familiar: Para él yo era un talento desperdiciado y sin carácter como dije antes. Calificaciones que no vi como injustas sino un poco apresuradas, después de todo el estaba acostumbrado al éxito y a actuar rápidamente. Yo simplemente iba donde las circunstancias me llevasen. Esto no significaba que no pudiera hallar una salida a escribir en el futuro, sólo que en mi forma de hacer las cosas no siempre contaba con un plan o siquiera con un propósito.
En efecto, si él tiene razón, en mis raras horas de placer podría recurrir a la defensa engañosa del desdén. Dicho así, mi traición había sido tan brutal que le temía a la posibilidad de un encuentro conmigo mismo, olvidando todas las leyes que rigen a los miembros normales de la sociedad. Prefería borrar toda vitalidad dejándola sometida y obligada a la depravación y finalmente a la extinción.
Como autor honesto no puedo intentar defenderme de esta posición. Me había convertido en un ser despreciable, burdo y trillado.
-¡Oh, todo esto lo has hecho tú mismo!- Debería poder desprenderme de esta actitud de decepción y pena cuyo efecto importaba poco. ¿Pero porqué me era tan difícil ¿Había algún bien preciso, algo que estuviera ignorando y que me hiciera tanta falta que no me permitiera imaginar mi vida como hombre libre?
No lo veo. No sé por dónde empezar. Ya llegué a este extremo de paralización, a la cerrazón de mis sentimientos. Si es que fuera irreversible los pronósticos no serían buenos. No sabría para dónde ir, no tendría ni objetivos ni aspiraciones. Pronto ya no sería necesario para nadie y por más que enviase mis pensamientos a otra parte en busca de sosiego no conseguiría nada. Todo estaba viejo y marchito, sin una sola luz de esperanza.
-¡Dios! ¿me habré puesto a divagar? Por favor perdónenme, esto no debería tratar sólo sobre mí. No requiero de estos detalles por el momento y sé que ustedes tampoco.
Pero bien, basta de estas explicaciones que poco tienen que ver con lo que les contaba, su verdadera relevancia necesita de hecho ser contada a través de la historia así que es mejor continuar ahora como es debido.
Cierto, debían pasar dos días para el lunes. La conferencia. Desperté esa mañana sin recordarlo. Aparentemente mi nivel de aislamiento borraba cualquier pensamiento que llevara mucho tiempo sin ser revisado. Probablemente realicé una rutina sin mucho estimulo. Duchándome supongo y, desayunando alguna porquería. No fue hasta que puse la vista en la computadora que Koushirou dejó haciendo "no se qué" que mi memoria volvió estrepitosamente para hacerme reaccionar.
Tal vez se lo debía… ¿Qué asunto me podría esperar en esta… exposición? Una suerte de caso perdido que nunca me atreví a mencionar. El Digimundo no estaba cerca, de ninguna manera. De poder admitirlo me sentiría quizá menos culpable de no asistir pero no de complacer a Koushirou. Siendo tan paciente conmigo es lo menos que podría hacer, sin embargo… ¡qué problemático!
Tuve la impresión de que mi conciencia se nublaba a ratos; si eso es posible. Probablemente había llegado al límite al pasar demasiado tiempo encerrado. Ni siquiera podía pensar correctamente.
Si perdía la cordura no habría mucho que hacer, por ello una pequeña parte de mí deseó salir otra vez. Pero esta vez debía resistir, si me contenía tenía la oportunidad de salir otro día, desafortunadamente aún quedaba enfrentarlo a él. Sería entonces: o aventurarme hacia una ocasión impredecible o soportar el bien merecido rencor de mi compañero por algún tiempo.
-Está decidido, no iré-
Busqué sobre el escritorio el papel que mi compañero me había mostrado. El evento estaba programado para las diez y media de la mañana. –Cierto, lo había olvidado-. El reloj marcaba poco más de las nueve y media. –Koushirou ya debe estar aya-. Lo único que me quedaba era llamarlo para tratar de convencerlo.
No recordaba la última vez que usé un teléfono y como el nuestro había sido cancelado tenía que bajar a recepción por uno. Presionado por el hecho de tener que salir aunque fuera sólo del apartamento sentí por primera vez un signo de auto desprecio. ¡No es para tanto!
Tomé un respiro y abrí rápidamente la puerta. Estaba tan oscuro como adentro, aunque mucho más fresco. Al fondo siguiendo un pasaje estaban las escaleras. Observé la puerta tras de mí, dudaba si continuar o no. Al percatarme de lo ridículo que esto se estaba tornando me concentré y avancé decididamente.
El camino me pareció eterno, aún la tenue luz de los pasillos lograba cegarme. En mi solitario andar distinguía voces a lo lejos que sólo prometían nuevas manifestaciones y precipitaciones durante toda la semana. Cuidando cada paso bajé con ambas manos en la baranda como si fuera un discapacitado.
Al llegar abajo mi visión ya era bastante limitada. Aún no logré ver a nadie mientras bajaba ni cuando llegué a final. Como si el resto de las personas hubieran dejado de existir y todos los sonidos fueran producto de mi imaginación.
Finalmente llegué al primer piso, la entrada era un estrecho corredor que daba a una pequeña puerta. Rodeado por un pálido y debilitado rojo que teñía la sala. En el centro una ventana amarillenta que iluminaba todo y que posaba las siluetas de la gente como un gran manto que lo cubría todo. Unos metros antes de la salida estaba colgado en la pared un viejo teléfono. A pesar de lo difuso de los números pude marcar sin mayores problemas. Al esperar traté de pensar en las palabras exactas que diría, sin hallar ningún argumento convincente e aquellos efímeros segundos. De repente tuve una sensación inexplicable, un escalofrío en todo el cuerpo que me hizo perder toda estabilidad, mientras flotaba aturdido una sombra se detuvo fuera de la puerta por un instante. Una majestuosa figura que llenó toda la sala me hizo volver a la realidad. Sentí que me observaba, quise huir pero un indescriptible olor me atrajo. Me sentí atormentado, insignificante. Aquella imagen sin embargo parecía estar ahí para mí, se me había reservado un último consuelo antes de desintegrar mi voluntad por completo.
En ese mismo momento atendieron mi llamada y sentí que despertaba, al mismo tiempo la figura se alejó de la ventana dejándome sin respuesta. –Hola, ¿hola?-, se oyó desde el auricular. Me quedé mirando el artefacto y sin pensarlo dos veces colgué y corrí tras la figura desesperadamente.
Cuando llegué afuera me ardieron los ojos, no podía ver nada. Cubriéndome con el antebrazo lo único que notaba era la acera interminable, totalmente desierta. Había perdido a la silueta misteriosa, sin embargo el olor no se había ido; era aún más fuerte. El escalofrío volvió pero de una forma más leve. Abajo a mi derecha, a un par de metros una joven se abrochaba las agujetas sin siquiera notarme. Confundido la observé ponerse de pie y quedárseme viendo fijamente. Mi visión se había despejando un poco, pero ella resaltaba nítida por sobre todo lo demás. Su mirada era clara y profunda, su rostro parecía dibujarse a medida que iba encontrando fragmentos de una belleza que pensé había olvidado. Cuando finalmente terminé de reconocerla escuché sorprendido el sonido de mi propia voz como un golpe.
-Hola-.
Ella no respondió y sólo me miró. Cuando su boca emuló una sonrisa contenida que produjo en mí una sensación tan confortable que apenas en ese momento me di cuenta de que había salido del edificio.
1 Línea de tiempo original.
2 Un funeral budista puede durar más de 49 días, con oraciones cada 7
