Pastel de cumpleaños

II

El doctor había prohibido terminantemente las visitas hasta que Shuichi saliera de emergencias y fuese transferido a una habitación. Por eso, Yuki tuvo que resignarse y regresar a la sala de espera seguido por Hiro. Para su sorpresa, al llegar, se encontraron con un grupito inesperado de personas. Hiro se sentó en el espacio libre que había en el sofá, sin el menor rastro de sorpresa en su cara, ya que, fue la llamada que realizó mientras Yuki casi asesinaba al doctor al no obtener respuestas coherentes sobre el estado de su amante, lo que hizo que Suguro, Mister K y Tohma aparecieran en el hospital a mitad de la noche. Hiro había querido avisar también a los padres del joven, pero estos se encontraban de viaje y era mejor no atormentarlos con ello. Esperaba que no se tratara más que de un susto. Al menos eso era lo que deseaba de corazón.

Yuki permaneció alejado de todos, apoyado contra la puerta sin quitar los ojos del corredor, esperando a que el doctor apareciera de una maldita vez para que les dijese en que condiciones se encontraba el cantante. La sala de espera estaba demasiado silenciosa, si bien al principio se escucharon algunos murmullos, ahora todos permanecían con la boca cerrada, mirándose nerviosamente entre ellos o contemplando la hora a cada instante. Eran las tres de la mañana y aún no sabían nada. Yuki empezaba a perder la poquísima paciencia que aún tenía. Y peor aun, cuando Tohma se puso de pie y anunció que se retiraba. Todo el mundo sabía que Shuichi le importaba un comino por haberse quedado con Yuki, por ello, nadie dijo o comentó nada acerca de su actitud. El escritor empezaba a sentirse mal por todo lo sucedido, el pecho le punzaba horriblemente a causa de la taquicardia que tenía en esos momentos, estaba demasiado ansioso pero no lo demostraba, su expresión era la misma de siempre, pero el temblor de sus manos empezaba a delatarlo, y ni siquiera, había recordado tomar sus medicamentos aquel día.

Justo cuando iba a salir para dirigirse a la cafetería del hospital, el doctor llegó después de una larga y atormentadora espera.

- ¿Cómo está él? ¿Qué fue lo que sucedió? – preguntó Hiro levantándose de un salto y acercándose al hombre.

- ¿Es grave? ¿Ya identificaron a quienes lo atacaron? – preguntó Suguro con voz baja.

- Señores tranquilícense – dijo el doctor con la seriedad que lo caracterizaba – El chico se encuentra estable ahora, pero hemos tenido que sedarlo para que pueda descansar mejor. El ataque le produjo hematomas en brazos y piernas, por lo que tendrá el cuerpo adolorido por varios días. Pero, temo que hay algo más aparte de eso…

- ¡Dígalo de una vez! – dijo Yuki acercándose con una mirada fría y penetrante que asustó al hombre, haciendo que la pausa se hiciera más larga y todos estuviesen a punto de sacarle la información a patadas si fuese necesario.

- Lo que sucede es que aparte de los hematomas, el paciente muestra un severo golpe en la cabeza. Quizás fue una caída, o tal vez esos delincuentes lo golpearon con algún objeto. No sabemos cuanto pudo afectarle esto, tenemos que esperar a que despierte para continuar con los análisis. Pero, descuiden, él está fuera de peligro.

- ¿Cómo puede asegurarnos eso? No tiene idea lo que pudo haber ocasionado esos golpes, tal vez, lo mejor sería que lo trasladase a una clínica – dijo Yuki sin poder esconder aquel tono nervioso en su voz.

- Eso sería muy arriesgado, el paciente no está en condiciones para un traslado. Además aquí podemos darle una buena atención. Como le dije, debemos esperar a que despierte, cualquier doctor le dirá lo mismo… es imposible saber en que estado se encuentra realmente. Por favor comprenda.

- Mmnnn…

- Solo nos queda esperar. Y, si alguno de ustedes desea puede quedarse con él, dentro de pocos minutos será llevado a una habitación. Las visitas para los demás serán de dos hasta las cinco de la tarde, así que tendré que pedirles que decidan quien se quedará. Lamento que no puedan hacerlo los tres.

Hiro iba a ofrecerse de voluntario, ya que se sentía muy culpable de todo lo sucedido, pero Yuki se le adelantó y no pudo decir nada. Además, sabía bien que el primer rostro que desearía ver Shuichi al despertar, no sería el suyo. Con estos pensamientos se marchó junto a los demás, no sin voltear antes a ver al escritor, que en esos momentos se disponía a llenar unas fichas para el hospital.

Las enfermeras lo reconocieron inmediatamente, pero Yuki usando aquel encanto demoniaco que poseía, las convenció para que no esparcieran la noticia, de lo contrario pronto estaría la prensa acosándolos y esto no ayudaría en nada para la recuperación de su amante. El escritor respiró profundamente antes de entrar al elevador para dirigirse a la habitación, odiaba con todo su ser los hospitales, pero en esta ocasión tendría que aguantarse. Felizmente el cuarto donde estaba Shuichi, quedaba un poco alejado de los demás, y al girar la manija de la puerta para entrar al lugar sintió aquel fastidioso dolor en el pecho, era como si su corazón se contrajese.

La cama estaba cerca de la ventana. Solo había una pequeña mesa, un televisor en lo alto y un baño privado, era más que suficiente. Al menos podrían estar a solas y hablar de lo sucedido cuando el chico despertase. Yuki tenía muchas cosas en mente para decirle, empezando por una disculpa, estaba preparando las palabras adecuadas, pero, apenas lo vio profundamente dormido en aquella solitaria cama, sintió como el dolor en el pecho aumentaba.

- Shuichi… - pronunció con voz baja.

Yuki se sentó cerca de él, sobre una silla que encontró. Shuichi se veía tan diferente a cómo lo recordaba. Sus mejillas estaban pálidas, sus manos frías, aquellos labios que tantas veces besó se encontraban resecos, llevaba vendas en los brazos y piernas, y una en especial que envolvía su cabeza. Al principio Yuki se alarmó al escuchar en la maquina aquellos latidos tan débiles, pero luego recordó que era por el sedante que le habían aplicado.

Si tan solo hubiese recordado su cumpleaños, esto no hubiera sucedido.

En esos momentos, se encontrarían festejando, de seguro las risas de Shuichi se escucharían hasta la calle y terminaría como de costumbre hablando incoherencias a causa del alcohol. Aunque, también estaría acosándolo, aferrándose a su brazo como goma de mascar y rogando porque le diera un beso o le hiciera una caricia. Así de simple era Shuichi, siempre se alegraba con solo recibir una pequeña muestra de afecto de su parte. En esos momentos, Yuki se inclinó hacia él y besó aquella frente húmeda, de seguro se encontraba con fiebre ya que su respiración era irregular. Tuvo la tentación de acariciar sus cabellos, pero al estirar una mano se detuvo en el camino, observándola en silencio, odiándola al no haber hecho caso a esos impulsos que tuvo para coger el celular y hacerle una llamada.

Yuki no supo en que momento se quedó dormido. Pero, al despertar se encontró apoyado contra la pared, sentado a medias sobre la silla y a punto de caerse al piso. Estaba adormilado aun, pero en eso su teléfono empezó a sonar de una manera escandalosa con aquel tono que su amante le había configurado a escondidas. Yuki arqueó las cejas al escuchar "The rage beat" a todo volumen y tuvo que salir inmediatamente de la habitación para contestar la llamada de su editora. Aquel tonito lo había despertado por completo junto a su mal humor, no pudo evitar contestarle de malas maneras a la mujer cuando ella le preguntó acerca del escrito que tenía pendiente. Yuki colgó y guardó rápidamente el teléfono, en esos momentos no tenía cabeza para nada, sabía que no estaría tranquilo hasta que Shuichi despertara y pudieran regresar a casa.

Pero, al volver a la habitación Yuki se llevó una gran sorpresa. Al parecer el ruido molesto de su celular había servido de algo, ya que Shuichi se encontraba con los ojos abiertos y una expresión extraña en su rostro. Yuki se acercó rápidamente a él y se arrodilló sobre el suelo para poder contemplarlo mejor. Sus miradas se cruzaron en esos momentos, pero la expresión del cantante no cambió, parecía preocupado y muy nervioso. Yuki intentó sujetarle las manos, pero apenas rozó las del chico, éste las retiró de una manera brusca.

- No me toques – dijo con voz débil.

- Shuichi, sé que estás molesto por lo de ayer, me confundí con las fechas… y bueno…

- ¿Fechas?

- Haré todo lo que tú quieras para compensarte.

- ¿Por qué estoy aquí?, ¿qué es este lugar?

- Ayer te trajo una ambulancia, al parecer unos delincuentes te atacaron. Sé que todo esto es mi culpa y… ¡demonios!, jamás quise que nada te sucediese – dijo Yuki alterándose un poco y llevándose una mano a los cabellos.

- Me siento extraño, el cuerpo me arde por completo y tengo un horrible dolor de cabeza.

- Llamaré al doctor para que te revise.

- Sí… - Shuichi intentó sentarse sobre la cama, pero solo ocasionó que un gemido de dolor saliera de sus labios. Yuki quiso ayudarlo pero el chico lo detuvo con una mirada penetrante y seria. – No quiero que me toque un desconocido, no sé quien eres, así que por favor limítate a llamar a ese doctor – terminó por decir con una voz fría, un tono que jamás había escuchado en él.

- ¿Qué estás diciendo? ¿Acaso es una broma? ¿Te estás vengando por haberme olvidado de tu cumpleaños?

- No tengo la menor idea de lo que estas diciendo.

- ¿Eh?

- Ya dije que no te conozco.

Yuki pensaba que Shuichi estaba vengándose de él, sabía muy bien que el cantante reaccionaba muchas veces de esa manera, por lo que se acercó e intentó besarlo. Pero, Shuichi reaccionó de una manera inesperada, usando las pocas fuerzas que tenía le dio una bofetada que dejó marcado momentáneamente el rostro de Yuki.

- ¡Pero que…!

- ¡YA TE DIJE QUE NO TE CONOZCO! ¡ALÉJATE DE MÍ PERVERTIDO! ¿¡QUIEN TE CREES QUE ERES PARA INTENTAR BESARME DE ESA MANERA!? – gritó Shuichi perdiendo el control, agitándose mucho y haciendo que las enfermeras llegasen corriendo para ver que sucedía. Yuki se quedó en silencio, aún podía sentir aquella bofetada y su mejilla ardiéndole, sin embargo, permaneció parado en medio de la habitación sin poder reaccionar ante lo sucedido. Pronto, llegó el doctor y tuvo que jalarlo del brazo para que lo acompañara a su consultorio, Yuki no comprendía que rayos había sucedido, era la primera vez que Shuichi le gritaba con ese odio y lo miraba de aquella manera. El hombre le pidió que esperara mientras iba a revisar al chico y a hacerle los análisis correspondientes ahora que había despertado.

Apenas el doctor salió, alguien entró y cerró la puerta tras de sí. Yuki pensó que el hombre habría olvidado algo, pero al sentir un abrazo por la espalda y escuchar una voz conocida, no se movió. El escritor estaba totalmente desconcertado, no tenía ánimos ni fuerza para despreciar al odioso de su cuñado.

- Eiri, ¿estás bien? – preguntó Tohma haciendo que se diera la vuelta, obligándolo a que lo viese a la cara.

- Él me pegó y dijo que no sabía quien era.

- ¿Eh? ¿Quién? ¿Shindou-san?

- Sí.

- Solo debe estar enfadado por lo de ayer, ya se le pasará.

- Jamás me había mirado de esa manera. Era como si fuera otra persona.

- Ya verás que en unos días será el mismo escandaloso de siempre y te pedirá disculpas – dijo Tohma abrazándolo y aprovechando ese momento de debilidad.

- El que debería pedir disculpas debía ser yo…

- Yo creo que solo se trata de uno de sus berrinches. Has estado trabajando hasta muy tarde y ahora tienes que cargar con esto tú solo, tal vez lo mejor sería que te mudaras conmigo hasta que Shindou-san se recupere por completo aquí.

- ¿Mudarme?

- Eiri… sabes que yo te cuidaría muy bien… - dijo Tohma sujetándolo de la barbilla y acercándose un poco.

- Quizás tengas razón, pero…

- ¡Yuki-sama! ¡Yuki-sama! – entró repentinamente al consultorio una de las enfermeras luciendo agitada, - ¡El doctor quiere que venga ahora mismo a la habitación del paciente! ¡Algo muy grave ha sucedido con Shindou-san! El escritor no esperó a que se lo dijesen dos veces, ignorando a Tohma se puso de pie y salió detrás de la enfermera. El rubio cambió su expresión amable por una furiosa, estaba a punto de conseguir lo que quería y si no hubiese sido por la inoportuna de la enfermera, hubiera hecho que Eiri le prometiera que se mudaría con él. Tohma estaba echando fuego por los ojos y decidió acercarse también a la habitación, lo que más lamentaba era no poder tocar a ese mocoso de cabello rosa, todo por no lastimar a la persona que más amaba, solo por esta razón se controlaba.

Antes de llegar a la habitación arrastrando pesadamente los pies y al borde de empezar con su propio berrinche, escuchó la voz del doctor haciéndole algunas preguntas al cantante. Luego de eso, los gritos de Yuki que por poco y se escuchan hasta la avenida principal. Tohma aceleró el paso y encontró a Eiri abrazando a Shuichi mientras este hacia todo lo posible para liberarse del agarre.

- ¡Esto tiene que ser una maldita broma! ¡Estás yendo demasiado lejos Shuichi!

- ¡No es una broma! ¿¡Que rayos crees que estás haciendo!? ¡Suéltame!

- ¡No lo haré! ¡Te he repetido hasta el cansancio que me perteneces y así será!

- ¿¡Eh!? ¿¡Estás demente!?

- ¡Eres mi amante y no voy a dejarte aquí!

- ¿¡Pero que barbaridades estás diciendo!? ¡Jamás me fijaría en un tipo tan violento y molesto como tú!

- ¡Deja de decir esas cosas! ¡Hace menos de dos días gritabas a los cuatro vientos tu amor por mí! ¿¡Y ahora me tratas así!? – gritó Yuki sujetándolo fuertemente de los hombros para verlo directamente a los ojos, pero esto solo hizo que Shuichi gimiera del dolor y se doblara en dos al no soportarlo. En eso, Yuki escuchó sus sollozos, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas y el joven se llevó las manos al rostro para evitar que lo viesen. Yuki no quería alejarse de él, pero tuvo que salir de la habitación ante una orden del doctor, él sabía muy bien que ambos eran pareja pero Shuichi no estaba en condiciones para escuchar más de lo que debía. Aunque después del escándalo ocasionado, no habría de otra que contarle la verdad.

- ¡Maldita sea! – dijo Yuki golpeando con fuerza la pared. - ¡Realmente soy un idiota!

- Eiri ya deja de lamentarte, el doctor ha dicho que todo eso se debe a una perdida temporal de memoria. No puedes hacer nada por el momento… ahora para Shindou-san no eres más que un extraño – dijo Tohma explicándole a su manera lo que el doctor le había comentado.

- Me lo llevaré de aquí, él se va conmigo lo quiera o no.

- Eso sería como un secuestro.

- ¿Y? ¿Acaso alguna vez me ha importado lo que piensen los demás?

- No estamos hablando de los demás sino de Shindou-san. Deberías dejar que el doctor se haga cargo y mudarte conmigo… sería lo más inteligente.

- Lo siento Tohma pero tu plan no funcionará, además apenas Shuichi sea dado de alta me lo llevaré al departamento.

- Sí que eres terco Eiri…

Y, con esto Tohma se retiró molesto, pero sin dejar sus planes de lado. Ahora con Shuichi fuera, era su oportunidad para actuar y destrozar de una vez por todas, esa maldita relación. Esta idea hizo que a pesar de su malestar, sonriera levemente.

Yuki por su parte, permaneció en la sala de espera por largas horas. No deseaba hablar con nadie pero para su desgracia, llegaron los amigos de Shuichi. El rubio frunció el ceño sintiéndose incómodo, y más ante la lluvia de preguntas que le hicieron. Yuki solo respondió con monosílabos, aunque esto no hizo que dejaran de hablarle. Estaba a punto de mandarlos al demonio, cuando en eso el doctor volvió a aparecer.

- Lamento informarles que la perdida de memoria del paciente Shindou puede ser tanto temporal como permanente. Vamos a hacer todo lo posible para que recupere sus recuerdos, pero va a necesitar la ayuda y apoyo de todos, en especial la de usted… Yuki-sama – dijo el doctor lanzándole una mirada molesta – Él podrá dejar el hospital en dos semanas, esperemos que para ese tiempo recuerde alguna cosa. Sé qué siendo el vocalista de una banda, esto retrasará mucho el trabajo de todos ustedes, pero sé que comprenden la situación.

- Nosotros sí… pero esperamos que nuestro adorable manager lo entienda y no intente usar medios forzosos para hacer que recupere la memoria – dijo Suguro con voz baja a Hiro.

- Shuichi… todo esto es mi culpa – dijo Hiro tristemente.

- Tranquilo Nakano-san, él es fuerte. Ya verás que pronto se recupera. Además, no eres el único que se siente así, estoy seguro que Eiri-san está con los mismos conflictos mentales.

- Espero que sean el doble que los míos – dijo Hiro lanzándole una mirada molesta al escritor.

- Y, por cierto, cuando sea dado de alta el paciente…

- Él se irá conmigo – dijo Yuki interrumpiendo al doctor.

- No creo que sea lo más adecuado Yuki-sama…

- ¡Ya he dicho que Shuichi regresará conmigo! – dijo Yuki saliendo de la sala de espera. Estaba realmente mortificado por todo aquello.

Hiro y Suguro intercambiaron miradas nerviosas. El doctor ya no sabía que más decir, en esos momentos se retiró con un suspiro de resignación.

- ¿Qué vamos a hacer ahora?

- No tengo la menor idea Nakano-san.

- Supongo que lo primero será informar a Miste Seguchi-san. Tenemos dos semanas para convencer al cabeza dura de Yuki para que deje a Shuichi mudarse conmigo.

- ¿Crees que ceda a ello?

- Mmnn… pues la verdad no.

Y, ambos volvieron a quedarse en silencio.

Continuará.