-¡Haaaaay es muy tarde!- Penso la chica mientras corria por las calles de su ciudad. Su nombre era Tsuki no Megami y era medianamente alta, delgada y con cabellos color miel, al igual que sus ojos. No tenia un gran fisico, pero no era carente de las curvas necesarias para llamar la atencion de algun que otro muchacho. Solia usar ropas olgadas y comodas, nada que marcara su cuerpo, sin embargo ahora traia puesto el uniforme de su escuela.

Era una persona muy inquieta... por lo que habia adquirido diversas habilidades. Entre sus talentos se encontraba la arqueria , habia insitido muchos años para que la dejaran practicar aquel deporte y desde entonces se habia convertido en alguien muy habilidosa con el arco. Podia pasar horas practicando, o cantando, sumamente distraida, lo que hacia que llegara siempre tarde a cualquier lugar.

Ella vivia en una enorme ciudad, y se todos los dias hacia un templo en el que meditaba y pasaba largas horas.

Estaba preocupada, ya que su obligacion alli consistia en ayudar a poner el sitio en orden y luego concentrarse en mediar... el problema era que el templo un sitio grande, y ponerlo en orden no era un trabajo sencillo.

El monje que residia ahi se llamaba Hayate, era un hombre de unos 60 años, muy bondadoso y paciente. El habia sido quien la habia acogido en el templo y le dio lugar para que ella pudiera sentirse como en su casa. Pero el se habia marchado hacia el templo Higurashi en Tokio como hacia todos los años dejando a cargo al joven monje Yamato, un exorcista. El joven yamato era un hombre con poderes espirituales muy poderosos, y lo habian entrenado desde muy joven para expulsar a los espiritus malignos y a los yokais. El era un chico de unos 25 años alto y de cabellos negros hasta los hombros, que llevaba recojido. El joven Yamato era muy estricto a pesar de su corta edad pero secretamente estimaba mucho a la joven.

-Tsuki- exclamo el monje algo indignado

-Si Yamato... digame que es lo que pasa?

-Tienes 1 hora entera de retraso... se suponia que debias estar aqui a las 6:00- La rubia no sabia que decirle, asi que solo se limito a asintir con la cabeza -Si no llegas temprano me tengo que ocupar yo solo de este lugar, ya sabes que el monje Hayato se marcho y no vuelve hasta dentro de unos dias-

-Si... ya lo se, el templo Higurashi- En el templo Higurashi se encontraba una gran amiga de Tsuki, Kagome Higurashi, que era 4 años menor. Ambas se cominicaban escribiendose cartas en ingles contando las cosas que le susedian.

-Ahora ve a la bodega a dejar tus cosas- Todavia hay que ordenar este lugar- La joven se dirigio a la bodega que se encontraba en el patio exterior del templo, luego de eso estaba a punto de entrar nuevamente con Yamato pero algo llamo su atencion. el el fondo del patio trasero se encontraba un pequeño templo en el que se encontraba un pozo, un pozo que ella conocia como el pozo de las almas. Realmente nunca habia sentido interez por aquel lugar, pero en ese momento habia algo que la llamaba, una extraña sensacion que la obligaba a acercarse. Una vez dentro apollo las manos en el borde y se asomo levemente para ver que habia dentro. Tsuki sentia que algo la llamaba pero no podia ni siquiera distinguir que era lo que habia alli abajo.

La voz de Yamato comenzo a resonar -¡Señorita no! Salga de ahi- Pero la joven no tubo tiempo de contestar, ya que el borde del pozo se rompio callendo irremediablemente en su interior. El joven monje miro hacia el interior para buscarla, pero el interior estaba completamente vacio.

La joven abrio los ojos, sorprendida por no haber sentido el golpe con el fondo. -Debo haberme desmayado- Penso ilusa. Inmediatamente despues comenzo a trepar para salir y volver al templo nuevamente pero lo que encontro le quito el aliento.

-Definitivamente me golpee la cabeza- dijo al notar que se encontraba en medio de un soleado bosque. La chica aun tenia su mochila colgada en su espalda, entonces la dejo a un lado y subio a un arbol para asegurarse de que no se encontraba en el templo. Pero no, al bajar del arbol se encontro con una criatura espantosa con aspecto de gato con cuerpo y tamaño de humano. Aquel adefecio se abalanzo sobre ella y comenzo a lamer su cuello descendiendo de manera enfermiza hacia su cuello, pero la joven lo empujo fuertemente hacia logrando liberarse, aunque el felino logro dañar su pierna. -No puede ser...- Penso -No es un sueño... ¿Como es posible?- ¡Ayudenme!

-¡Agachate niña!- exclamo una voz. La joven obedecio y se tiro al suelo, cuando una jauria de lobos atacaron a aquel gato.

-Maldicion- exclamo la rubia corriendo desesperada, pero se choco con el dueño de aquela voz salvadora, Royacan y su ejercito de monstruos. La joven abrio enormemente los ojos y ahogo un grito

-Quedate tranquila niñita- mustio dulcemente el lobo- Mi nombre es Royacan y soy el guardian del bosque.- La joven no emitio palabra... solo se limito a mirarlo con pavor -Que expresion que tiene señorita. No la culpo, los Gatos leopardo han atacado muchas aldeas ultimamente.-

-Que... que... ¿quien es usted?. ¿Por que me salvaron? y ¿Que demonios son ustedes? ¿Que hago aqui?

-JAJAJAJA- Rio la criatura- veo que no es de por aqui entonces la ilustrare. Mi nombre es Royacan y ellos son monstruos que lucharon en nombre del gran perro comantante, y te encuentras en las tierras del Oeste en plena zona de guerra contra los gatos leopardos.- La chica abrio enormemente los ojos, se habia metido en un terrible aprieto, ya que se encontraba en el lugar mas retorcido que jamas se habría imaginado.