Serie: One life, one story.
Rating: T {lenguaje soez}.
Disclaimer: Fujimaki Tadatoshi es el amo y señor de todos estos músculos.
Kuroko: ¿Con cuántas máscaras te tapas?
Hay cosas que no cambian.
El profesor se ha olvidado de recoger mi ensayo. Es la tercera vez en lo que va de semana, y me hace pensar que si el paso del tiempo no ha conseguido hacerme destacar aunque fuese sólo un poco. Al parecer no es el caso, pues han sido tres de tres las veces que casi le ha dado un infarto al acercarme personalmente a su mesa para entregar mi trabajo.
El tiempo había pasado, y lo que fuimos ha evolucionado. Recuerdo graduaciones llenas de lágrimas y sonrisas, abrazos entre amigos que prometerían seguir siéndolo y una sensación de comodidad perpetua que sólo llegué a sentir plenamente con ellos. Los días como equipo quedaban ya muy atrás, pero no siento que el vínculo se haya desvanecido en absoluto. Muy al contrario, estoy verdaderamente agradecido de haber podido recuperar los que ya se rompiesen en un pasado aún más lejano, y el haber podido conseguir mis metas antes de empezar a esforzarme por mis sueños.
Si tuviera que elegir algo que me perturbase ahora, eso sería…
—¡Kurokocchi!
Kise-kun. Se ha dado prisa en alcanzarme por los pasillos que llevaban al jardín del campus y no tarda en invadir mi espacio personal. Podría decir que él es una de esas cosas que no han cambiado nada, pero mentiría. No es el mismo. En absoluto. No por el hecho de que se haya dejado crecer el pelo demasiado para mi gusto o ya no se junte con los demás cuando se le invita a jugar algún partido antes de la merienda: son sus ojos. Sus gestos y su manera de esquivar las conversaciones.
Hablando con la verdad, Kise-kun es arrogante. Lo era ya en Teiko y continuó siéndolo hasta que tengo memoria. Es uno de esos chicos que da una imagen tras la que esconde un ego inmenso y una repelente antipatía que muy pocos han visto. Pero hay una parte de él que se deteriora. Poco a poco al principio, pero formando un cambio gradual y espantoso que no puede dejar de preocuparme.
—No sabía que tenías clases por la mañana —me venía diciendo, caminando justo al lado mío.
—En realidad sólo he venido para darle el visto bueno al ensayo antes de entregarlo. Kagami-kun y Aomine-kun están durmiendo en mi casa después de haberse pasado bebiendo anoche y me molestaban sus ronquidos —la próxima vez no les abriré la puerta.
—Vaya, vaya, ¡parece divertido! Yo también quiero dormir en casa de Kurokocchi algún día.
—Ni hablar —corté inmediatamente. Aquellos dos ya eran lo suficientemente pesados…—. Además, ya casi no atiendes a nuestras llamadas. Y nunca apareces cuando quedamos.
—Ya, bueno… —apartó la vista, y la sonrisa que esbozó entonces no me convenció ni de lejos. Estoy un poco cansado de intentar leer dentro de él, e irritante o no, es un amigo. Me detuve, casi saliendo de las dependencias de la universidad.
—¿Qué está pasando, Kise-kun? —busqué entonces las respuestas directamente—. Hace mucho que no siento estar hablando contigo; con el tú que solías ser. Y no soy sólo yo, muchos han notado que estás cada vez más distante.
Él caminó un par de pasos más y se detuvo, sin girarse, antes de encoger los hombros y hacer un amago de girar la cabeza.
—¿Distante? Quizás —que me mirase con una sonrisa desoladoramente fingida me impactó—. Pero creo que estoy en el lugar que me corresponde.
No lo entiendo. ¿Qué ha podido pasar? Su espalda parece más pequeña. Se ha vuelto más delgado, más frágil. Y este sentimiento… ¿Con cuántas máscaras te tapas ahora, Kise-kun?
