1º Consecuencias
-¡Avisen al médico! ¡Rápido!- Gritó Darcy mientras corría al interior de la casa con Elizabeth en volandas.
Subió escaleras arriba, olvidando todos los buenos modales y las normas de cortesía. En esos momentos solo tenía una cosa en mente, el bienestar de su adorada esposa. Entró en la habitación de inmediato, depositándola en la cama, con el máximo cuidado posible.
-¿Señor Darcy?- Se escuchó la voz de Kitty desde la puerta- ¿Ocurre algo?- Su voz sonaba preocupada- Mi madre me ha mandado por si necesita... ¡Oh, Dios mío!- Exclamó asustada cuando vio a su hermana- ¡Padre! ¡Sube, rápido!
Kitty se adentró en la habitación, guiada por la preocupación por su hermana. Jamás había visto a nadie en aquel estado, y que fuera Elizabeth, la más enérgica y vital de las cinco hermanas, hizo que sintiera pánico.
El señor Bennet subió rápidamente, preocupado por el grito anterior del señor Darcy, y también por el de Kitty. La señora Bennet y Mary subieron tras él. Al entrar en la habitación, notó como si el aire le faltase al ver a su querida hija llena de marcas y con sangre en el rostro. La señora Bennet, por primera vez en su vida, se había quedado sin habla de la impresión. Mary corrió junto a Kitty y ambas se abrazaron, totalmente aterradas.
-¿Qué ha ocurrido?- Consiguió decir, sentándose en el borde de la cama.
-La he encontrado corriendo en este estado- Decía Darcy, atolondradamente- Se ha desplomado a pocos pasos de mí. Huía de unos hombres- De inmediato se puso en pie- Cuiden de ella.
Caminó con decisión hacia la puerta de la casa, cuando la mano del señor Bennet se posó en su hombro, haciéndolo parar justo en el umbral.
-¿A dónde va, señor Darcy?
-Voy en busca de los desgraciados que se han atrevido a dañarla- Dijo conteniendo la furia que sentía- No se lo hice pagar cuando la encontré porque ella necesitaba ayuda. Pero ahora que está aquí, y que están ustedes cuidándola, nada me impedirá vengar su honor.
-Mandaré a buscar al magistrado del condado. Creo que debería esperar a que él llegara.
-¡No pienso quedarme aquí de brazos cruzados cuando han atacado a mi esposa!- Gritó perdiendo los nervios.
-Señor Darcy, escúcheme bien. Sé exactamente cómo se siente, y le doy mi palabra de que antes de que acabe la noche partiremos en busca de esos hombres- Le aseguró el señor Bennet- Pero antes de que salgamos, deberíamos llamar al señor Ferguson, y esperar a que el doctor nos comunique el estado de Elizabeth.
-¿Me promete que en cuanto llegue el magistrado saldremos en busca de esos hombres?
-Tiene mi palabra- Le tendió la mano. Darcy lo pensó unos segundos, y después se la estrechó- Ahora vayamos dentro. La señora Bennet no ha dicho una sola palabra desde que ha entrado en la habitación con Lizzy, y eso no es nada bueno, me temo.
De nuevo, subieron y se adentraron en la habitación. Darcy tomó asiento en el borde de la cama, cogiendo la mano de Elizabeth. Notar el contacto de su piel, le permitía estar un poco más sosegado mientras esperaban.
El primero en llegar fue el doctor McFee, que de inmediato, hizo que todos salieran de la habitación, a excepción de la señora Bennet. Los dos caballeros bajaron al salón junto a Mary y Kitty, que no terminaban de asimilar lo que había sucedido.
Aún estaba el doctor revisando a Elizabeth, cuando entró por la puerta el matrimonio Bingley. Jane se apresuró en abrazar a su padre, con el rostro lloroso y desencajado, mientras que Bingley se colocaba junto a su amigo y cuñado.
-El señor Bennet mandó un sirviente a buscarnos y contarnos lo sucedido- Le comentó, explicando su aparición- Jane no quería estar ni un segundo apartada de Elizabeth, y yo pretendo ayudarte a buscar a los culpables.
-Gracias por venir- Los miró a los dos con agradecimiento.
Ya había oscurecido cuando llegó el magistrado Ferguson, que escuchó con atención toda la explicación que Darcy le hacía de cómo había encontrado a su esposa, y del aspecto que tenían los dos hombres que había visto en la distancia.
-Es muy probable que sean bandidos.
-¿Bandidos? ¿En Hertfordshire?- Jane estaba totalmente impactada- Nunca ha habido bandidos en esta zona.
-Desde que la milicia abandonó Meryton, se han avistado varios grupos de malhechores- Les informó de inmediato- Hasta ahora habían sido pequeños robos, pero esto es muy serio- Se puso en pie- De inmediato, reuniré un grupo de hombres para ir en su busca.
-Yo iré con usted- Dijo Darcy con rotundidad. Viendo en el rostro del magistrado desacuerdo, añadió- Señor Ferguson, mi esposa ha sido atacada y herida. No hay nada que me impida ir para vengar su honor. Si no voy con usted, iré por mi cuenta.
-Y yo iré también- Añadió Bingley- Elizabeth es mi hermana, y por nada del mundo permitiré que el culpable salga impune.
-Está bien, prefiero que formen parte del grupo de búsqueda a que vayan por su cuenta y puedan tener algún contratiempo- Miró al señor Bennet, que tenía la intención de hablar- Señor, creo que usted debería quedarse en la casa y hacer compañía a las mujeres- Se apresuró a explicarse- Nunca han asaltado ningún hogar en la zona, pero tampoco habían hecho nunca nada parecido a esto, y es mejor que haya alguien que pueda defenderlas en caso de que se atrevieran a entrar.
-El magistrado tiene razón, señor Bennet- Le dijo Darcy, colocándose ante su suegro- Me sentiría mucho más tranquilo si se quedara cuidándolas, con usted en la casa sé que no tengo nada que temer.
-Está bien- Accedió, viendo la cara de desesperación de su yerno- Me quedaré cuidando de ellas.
Jane se abrazó a su padre mientras veía como los hombres salían por la puerta en busca de los bandidos que campaban a sus anchas por todo Hertfordshire. Una vez estuvieron a solas, los dos subieron a esperar ante la puerta de la habitación de Elizabeth.
-Mary, Kitty, deberíais acostaros y descansar- Les pidió Jane.
-Está bien- Las dos asintieron, pero Kitty estaba muy asustada- Padre, ¿puedo compartir habitación con Mary esta noche?
-Claro, creo que hoy será mejor que ninguna de las dos esté sola.
Las dos fueron directas a la habitación de Mary. Tras cambiarse, se tumbaron en la cama, pero dejando la puerta entreabierta, de forma que pudieran escuchar todo lo que ocurriera fuera.
-Están muy asustadas.
-No es para menos- El señor Bennet suspiró nervioso- Nunca antes había ocurrido nada parecido por aquí, y justo le ha tenido que pasar a Lizzy- Se le escapó una pequeña lágrima- Mi Lizzy, mi pobre niña.
-Cuéntame cómo está. ¿Tan mal aspecto tenía?
-Estaba llena de sangre, Jane. Tenía cardenales por todas las partes visibles, no vimos nada más, pero estoy seguro que bajo el vestido estaría igual, y eso sin contar que quizá hayan...- El señor Bennet rompió en llanto solo de pensar que podían haber deshonrado a su hija de la peor forma.
-No nos pongamos en lo peor, el doctor aún no ha dicho nada, así que esperemos a que él salga a informarnos- Le pidió Jane, intentando mantener la compostura.
Nunca antes había visto a su padre tan hundido como en ese momento, ni tan siquiera con la fuga de Lydia, estando en juego el honor de toda la familia. Jane siempre había sabido la predilección que su padre tenía por Lizzy, pero nunca se había dado cuenta de la profundidad de aquel sentimiento hasta esa misma noche. No por ello sentía celos, más bien todo lo contrario. Podía entenderlo, pues entre ellas siempre había existido ese mismo cariño y amor.
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No tardaron mucho en reunir un grupo bastante numeroso de personas que les ayudaran en la batida, emprendiendo así la búsqueda de los bandidos.
Darcy los condujo hasta el área donde había encontrado a Elizabeth Les explicó donde había visto a los hombres y la dirección de la que venían. El magistrado abría la comitiva con él, inspeccionando el camino con lentitud, intentando ver alguna pista que les condujera a aquellos forajidos.
Comprobando la zona, vieron el carruaje que horas antes Elizabeth había inspeccionado, y ahí encontraron a los señores Possy, inconscientes y mal heridos. El magistrado se apresuró en hacer que unos hombres los llevaran a su hogar y en que avisaran al doctor para que fuera a visitarlos una vez hubiera acabado con la señora Darcy.
Miraron alrededor, buscando alguna señal de los agresores, y ahí fue cuando Darcy vio en el suelo algo que conocía a la perfección. A unos pocos metros de la calesa, se encontraba la pulsera que Elizabeth llevaba puesta siempre, la pulsera que le había regalado Georgiana como regalo de bodas.
-Aquí fue donde agredieron a Elizabeth- Dijo en un susurro, más para sí mismo que para los demás.
Lentamente, levantó la pulsera, mostrándosela a los demás. Bingley reconoció el objeto, y comentó con el comisario la posibilidad de que la agresión pudiera haberse efectuado en aquel lugar. El comisario también lo creyó posible.
De inmediato, se reagruparon todos para organizar partidas de búsqueda. El señor Ferguson se acercó a los dos caballeros, esperando que esta vez lo escucharan.
-Señor Darcy, señor Bingley, su presencia ha sido de gran ayuda para poder ubicar el lugar del ataque a la señora Darcy, pero me veo en la obligación de pedirles que vuelvan a Longbourn y esperen a que haya novedades.
-No pienso quedarme sin hacer nada.
-Le comprendo, señor Darcy, pero es lo mejor- Volvió a insistir el magistrado- Aunque encontráramos a esos rufianes, ustedes no podrían hacer nada al respecto- Darcy procesó lentamente lo que decía, intentando encontrar una forma de quedarse. Tenía la enorme necesidad de vengar a Elizabeth.
-Darcy, creo que el señor Ferguson tiene razón- Señaló Bingley- Poco más podemos hacer, y tu esposa agradecerá que estés en casa cuando despierte.
-Supongo que tienen razón- Señaló, soltando un gran suspiro- Aun así, quiero que me informe de todo lo que averigüe.
-No se preocupe, lo mantendré informado.
Bingley consiguió arrastrar a su amigo de nuevo hacia Longbourn, Ninguno de los dos estaba tranquilo, y el camino fue largo y tenso. No intercambiaron palabra alguna, ni siquiera algo que pudiera apaciguar la ansiedad surgida ante la situación.
Una vez en la casa, al ver que no había nadie en el piso inferior, subieron de inmediato, queriendo tener noticias sobre Elizabeth. La puerta permanecía cerrada, y en la habitación de al lado, la que era la habitación de costura, permanecían Jane junto al señor Bennet.
-¡Por fin habéis vuelto!- Exclamó Jane, mostrando una sonrisa al ver a su esposo.
-¿Han encontrado algo?- Preguntó ansioso el señor Bennet.
-Ubicamos el lugar donde Elizabeth fue atacada, y también a dos víctimas más- Jane no pudo ocultar el horror que sentía al escucharlo- Los Possy estaban mal heridos dentro de su calesa. Pero no había ni rastro de los bandidos.
-¿Ha dicho algo el doctor?- Preguntó Darcy, realmente preocupado.
-Aún no ha salido de la habitación- Le indicó Jane- Tampoco me han permitido entrar con ella.
Darcy se sentó en uno de los sillones. Miró fijamente la chimenea encendida, intentando pensar en cosas que pudieran distraerlo, pero todo lo que cruzaba su mente, era la imagen de su Lizzy, herida y ensangrentada.
A punto de llegar la medianoche, la puerta de la habitación de Elizabeth se abrió, dando paso al doctor y a la señora Bennet. Ambos tenían el rostro cansado, y la señora de la casa parecía haber envejecido varios años.
-¿Cómo está?- Se apresuró a preguntar el señor Darcy, levantándose del asiento que ocupada y acercándose a gran velocidad.
-La señora Darcy muestra heridas bastante serias. Hay signos de haber sido golpeada con fuerza en todo el cuerpo. He curado todas las heridas y vendado las zonas necesarias. Ha tenido suerte de que no le rompieran ningún hueso- La señora Bennet suspiraba a cada palabra que decía el doctor, mostrando lo mal que lo había pasado durante el examen médico- Fuera de eso, no parece haber sido agredida de ninguna otra forma- Darcy suspiró aliviado al entender con ello que la honra de su adorada esposa seguía intacta.
-Entonces, ¿se pondrá bien?
-Físicamente si, señora Bingley- Le aseguró el doctor- Pero hay algo más que deberían saber.
-¿Qué sucede?
-Señor Darcy, su esposa no ha estado consciente durante demasiado tiempo, pero el tiempo que ha conseguido salir del letargo en el que se encontraba, al intentar comunicarse con nosotros hemos descubierto algo perturbador y que nunca antes había visto en todos mis años como médico- El doctor tomó aire antes de hablar- La señora Darcy ha perdido la capacidad de hablar.
-¿Cómo es eso posible?
-No sabría decirle el por qué. Puede ser debido a que los golpes le hayan afectado de alguna forma, o por algún trauma causado por el ataque. No lo sé, solo puedo hacer conjeturas- El doctor parecía tan consternado como ellos.
-¿No hay forma de que recupere el habla?
-Me temo que no tengo respuesta para ello, señor Darcy- El doctor le tendió la mano- Si hay algún cambio, no duden en avisarme. Saben que aprecio mucho a la señora Darcy.
Darcy apretó la mano, en señal de agradecimiento y despedida. El señor Bennet se asomó a mirar a su hija dormir tranquilamente, envuelta en vendajes y paños. La señora Bennet lloró en silencio, colocándose junto a su esposo. Jane se abrazó a Bingley en el salón de costura, incapaz de asomarse a mirar a suquerida hermana, por miedo a que la imagen le afectara a los nervios, y estos, al bebé.
El señor Bennet decidió que era el momento de dejar al señor Darcy a solas con su esposa. Así que le indicó a Jane que fueran a descansar a su antiguo dormitorio, cerró la puerta de la habitación donde descansaban sus hijas pequeñas y llevó a la señora Bennet hasta sus aposentos.
El señor Darcy esperó a estar totalmente a solas antes de entrar, y cuando por fin lo hizo, sintió como si todo su mundo se hubiera llenado de una niebla gris, oscureciendo la felicidad que los embargaba. Su Lizzy, su encantadora Lizzy había sido cruelmente agredida, y había perdido el habla, una de las cualidades que más la destacaban. ¿Qué iba a ser de ella a partir de ese momento?
Hola a todos,
como dije, el fin de semana traigo capítulo nuevo, espero que os guste.
Quiero agradecer a quienes han tenido la cortesía de dejarme su opinión, a los que he podido les he respondido, a los que entran como invitados y no he podido responder, deciros que estoy muy contenta de que os haya gustado el capítulo anterior, y espero que disfrutéis este también.
Además quiero darle las gracias especialmente a imaginandohistorias, que me está ayudando a corregir fallos y a que tenga coherencia alguna idea que se me va demasiado de las manos.
No me voy a alargar, espero que os guste y si sois tan amables de dejarme vuestra opinión, responderé encantada. Muchas gracias por dedicarle un poco de vuestro tiempo a esta historia, y cualquier crítica, buena o mala, será tenida en cuenta, siempre que se diga con respeto y de manera constructiva.
Nos leemos pronto.
