Rurouni kenshin no me pertenece, solo utilizo sus personajes para divertirme

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El lobo y la doncella.

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ACTO 2

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Aoshi no tuvo más remedio que aceptar lo que su intrépida hermana había fraguado. Después de todo no podía escapar a un destino milenario, y por las sangre de Misao siempre había corrido sangre deseosa de hacer algo que no estuviera al alcance de cualquiera.

Sus padres habían sido agentes del servicio secreto también, muertos mientras cumplían su deber, así que menos, que sus hijos con ganas de seguir sus pasos. Aoshi hubiese deseado que Misao tuviera una vida distinta y normal, pero también se dio cuenta que esa, no hubiese sido vida para ella.

A la par que seguía en la preparatoria, por el resto que sobraba de día, entrenaba en la Academia, lista para convertirse en una soldado al servicio de la Agencia, aunque con un aliciente específico: Su entrenamiento era supervisado por Cho, el agente que se dedicaba a trabajar en exclusiva para Saito.

Aoshi se dio cuenta de esto, pero decidió no intervenir, en parte porque creía que estando cerca del director, más posibilidades tenían que saliera bien de los trabajos de campo, además estaría bajo la protección del Director, ante cualquier eventual problema.

Sabía que Saito era ser un extraño, lleno de secretos y un sádico, pero no dejaba de ser justo. Claro a su manera tan particular.

Eso tranquilizaba su conciencia.

Aunque muy por el fondo, él ya sospechaba que su hermana empezaba a albergar, unos sentimientos que iban más allá de aquel que debía existir entre un jefe y una subordinada.

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Misao tenía 18 años cuando emprendió su primera misión.

El trabajo era simple.

Infiltración. Robo de datos. Llevar a los malos a prisión.

Pan comido para la joven prodigio.

Su agilidad y rapidez eran de gran ayuda. Quizá no era muy fuerte, pero estaba entrenada bajo un régimen de temibles técnicas de combate que suplían esa falta.

Para ese tiempo, Aoshi, había dejado de tener esa preocupación en sí, al verla tan resuelta y lista.

Misao trabajaba ya sea con los Onnibawanshuu en sigilo e infiltración, o con Cho, quien era su compañero y agente superior.

Pero respondía directamente ante Hajime Saito; incluso en las misiones que comandaba su hermano, Misao daba sus reportes a este, pero también pasaba informes directos al Director.

En específico, se había vuelto una espía del Lobo de Mibu.

A veces, este solioa observarla, y recordaba a Kaoru Kamiya cuando la veía trabajando.

—Si Kamiya se hubiese deshecho de sus sentimientos en el trabajo, hubiese podido ser como ella— pensaba Saito al recordar los tristes sucesos, que acabaron con Kaoru, fuera de las fuerzas, en medio de un trabajo de espionaje, y además…con algo muy turbio con uno de los sospechosos que había ido a investigar, aunque al final había resultado que Battousai era inocente. (*)

¡Que enredo había sido aquello!

Afortunadamente Misao no parecía de esas.

Aunque fue por esa época, que había creído descubrir un brillo distinto en los ojos de Makimashi, al momento de pasarle sus reportes.

Saito meneó la cabeza.

Lo menos posible del mundo es que una muchachita como Misao haya fijado sus ojos en él.

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Por esa época, se había suscitado uno de los sucesos más graves que levantaron polvareda en el servicio secreto.

Un atentado contra el director.

Bueno, no era de extrañarse. Saito tenía muchos enemigos y era natural que algo así pasase, pero él era un hombre demasiado astuto para dejarse emboscar, sin contar que era un sujeto que podía defenderse solo, pero sin embargo esta vez lo cogieron con la guardia baja, o mejor dicho, alguien casi tan bueno como él, le tendió una trampa.

¿El resultado?

Pudo escapar a duras penas, pero recibió un balazo en un brazo y fue allí, que el mismísimo Consejo de Seguridad ordenó se creara un grupo de protección al Director al tiempo que se buscaba al causante de todo esto.

Extrañamente Saito en su convalecencia de brazo lastimado, porque lo tenía vendado, decidió que quería hacerlo en su casa.

No le gustaba que hubiera agentes rondando un lugar tan íntimo y privado para él, pero la verdad que tenía deseos de estar en su casa, solo y en paz.

Bueno, tampoco tanta paz, porque a decir verdad solo quería la quietud de su casa, porque el atentado que había sufrido, el casi éxito del mismo solo podía ser atribuible a alguien casi tan bueno como él,asi como las viejas épocas del Shinsengumi, quizá.

Todavía recordaba que la pelea de puños con el atacante realmente había sido muy pareja y en eso Saito no conocía rival en la actualidad. En verdad necesitaba reflexionar sobre aquello. La manera de moverse el asesino había sido muy específica, como si le recordara a algo.

Y hablando de soledad, tampoco sería tanto así, ya que si bien se suponía que él no sabía, estaba seguro que el Consejo habría encargado al agente Aoshi y su brigada de Onniwabanshuu a realizar la investigación. Cho le había mandado un mensaje ese dia avisándole que incluso él y Misao habían sido llamados para colaborar en la investigación, siguiendo las órdenes del Consejo.

Asi que tuvo que fingir como que no habían agentes, de incognitos, ocultos en su alrededor.

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Misao estaba de guardia esa mañana, de incognito, por supuesto, observando en las cercanías del departamento de Saito. Estaba todo muy callado y tranquilo, y evidentemente, Saito no había salido.

—Esto está muy calmado…no me gusta— se decía Misao para sí misma

Todavía podía recordar el profundo temor que se apoderó de ella, cuando se enteró del atentado a Saito.

Solo Buda sabía que incluso hasta había llorado en secreto, de alegría, cuando se enteró que el Director había salido con vida.

Y más aún se alegró que el mismísimo Consejo haya ordenado su reclutamiento entre el grupo de agentes que tendría que proteger a Saito, ínterin este se recuperaba.

Estaba muy ocupada en esos pensamientos tan dispares que le inspiraba aquel hombre, que tuvieron que pasar unos segundos, cuando al fin pudo percibir que una mujer que había bajado de un taxi, entraba al edificio de Saito.

Misao no la tenía identificada como una habitante del edificio, ni tampoco como posible visita de los otros inquilinos.

Así que eso la activó y salió de su escondite, para intentar seguir el rastro de la mujer que había ingresado al edificio.

Misao no podía verle el rostro, solo su larga cabellera negra, y el vestido blanco que portaba encima de una figura bonita y elegante.

Y en efecto, así como ella pensaba, la mujer se había quedado en el piso del Director, y lo terminó de confirmar cuando vió a la mujer tocar el timbre del apartamento que ella vigilaba.

¿Quién podría ser esta mujer? ¿Sería una mercenaria que había venido a terminar el trabajo no terminado y asesinar al director?

La mujer no tenía un aura peligrosa, pero Misao había aprendido que aun, aquellas que parecían inofensivas podrían ser las más peligrosas asesinas, así que instintivamente preparó un par de kunais, para lanzarlos al menor paso en falso.

Pero se detuvo por completo, cuando la puerta se abrió como si nada, y pudo oír claramente la voz del director.

— ¿Tokio?

— ¿Puedo pasar?—inquirió la mujer sacándose los anteojos oscuros.

El hombre no había respondido, y solo atinó a hacerle un gesto a la mujer que pasara.

Misao observaba todo esto bajo las sombras, pero no tuvo más remedio que alejarse cuando oyó que se cerraron la puerta.

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Se escondió en uno de las puertas de servicio.

Misao estaba muy confundida.

¿Quién podría ser esta mujer a quien el director había llamado Tokio con tanta confianza y además metido en su apartamento sin más?

Además habían pasado casi dos horas desde que se había metido y no había vuelto a salir.

¿Acaso podría ser alguna mujer del Director?

Viendo la dedicación continua al trabajo que este profesaba, nunca le había pasado por la mente que este podría tener algún tipo de relación en su vida privada, pero también recordaba que ella no sabía nada de la intimidad del Director.

Escondida entre los cubos de limpieza, su mente divagó en que en verdad a ella si le hubiese gustado conocer un poco más de la vida de aquel hombre.

En eso se le ocurrió mirar su reloj. La mujer había pasado casi tres horas dentro.

¿Qué podrían estar haciendo?

— ¡Que tonta eres Misao! es lógico, si es una mujer suya….lo único que podría estar haciendo con un hombre solo en una cuarto…—pensaba la jovencita

Tuvo el primer impulso de llamar a Cho, quien sería el agente que la suplantaría, pero sus sentidos propios de una agente entrenada, parecieron sacudirse la modorra y regresaron a ella.

Tenía que admitir que esos molestos sentimientos o sensaciones que provocaba en ella el director, le había nublado el juicio.

Se acercó a la puerta.

Cualquier otro agente se hubiere cerciorado ya hace un rato, pero en cambio ella, había preferido encerrarse en la habitación de servicio, para auto compadecerse en algo parecido a los ¿celos?

Ningún ruido podía percibirse.

Mala señal.

No tuvo más que remedio que tomar su Smartphone y ponerle una clave que salía de ella a la puerta y abrirla, a la par que con la otra, tomaba el arma que tenía en el bolsillo, ante cualquier eventualidad.

Recorrió la mirada por toda la estancia, con todo el sigilo que pudo. El apartamento solo tenía dos habitaciones con un baño, más del balcón, así que pudo hacerlo en unos minutos, intentando poner todos sus reflejos alertas.

Primera habitación.

Una cocina con sala.

Nada...

Segunda habitación.

Que era el cuarto de Saito.

Nada...

Por último el baño.

Nada...

Un vacío y un silencio se impregnaban por todo el lugar.

— ¡Maldición!—masculló Misao al tiempo que guardaba su arma.

Se había distraído y el director junto con la misteriosa mujer se habían escabullido del sitio.

Definitivamente el ponerse a conjeturar de quien podría ser aquella mujer a quien él había llamado Tokio, la había desconcentrado.

Respiró profundo.

Tenía que encontrarlo, así que tenía que hacer uso de toda la inteligencia posible y habilidad para poder encontrarlo.

Ya se estaba volteando para salir, cuando sus ojos se perdieron un instante en la cama del cuarto.

Enorme, espacioso y ligeramente deshecho.

No pudo reprimir el deseo de acercarse y posar una mano sobre aquellas sabanas, acariciándolas suavemente, y en una arrebato, las tomó para aspirar el suave perfume a bergamota y té verde que emanaba de ella, con un ligero toque a tabaco.

Si, sin duda ese era al aroma de Saito.

Ella podía distinguirlo donde fuera.

Sus ojos verdes adquirieron un ligero tono vidrioso, pero luego espabiló, soltando la sabana y saliendo raudamente de allí.

Tenía que encontrar al Director.

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Misao tuvo que hacer uso de toda la tecnología satelital que tenía al alcance más sus propias habilidades, forjadas desde que tenía memoria viendo a su hermano, y a sus compañeros Onni, así como sus conocimientos de la Academia.

Si…todo eso, para encontrar a un solo hombre.

Pero no cualquiera, estábamos hablando de uno que forjaba los cimientos del servicio secreto en Japón, y a quien se suponía ella tenía que vigilar.

Pero no, en cambio se había dejado influenciar por sentimientos que hicieron que perdiera el rumbo y he aquí el resultado.

No sabía si el Director había salido por sus medios, escabulléndose, o so la mujer que había entrado tenía algo que ver en alguna desaparición forzosa.

¡Tenía que encontrarlo!

Pero al parecer todos sus esfuerzos parecieron dar un fruto.

Y fue allí que los vió.

Asomados a los barandales que daban al puerto, al parecer mirando en dirección al rio.

Saito y la mujer, muy bonita por cierto, sin ese aura de misterio que le confería los anteojos oscuros.

Parecían estar en alguna charla.

Misao se dio cuenta que no podía acercarse a ellos. Pero no podía estar tranquila porque quizá el director podría estar en peligro, así que tomó uno de los artefactos especiales y ligeros que tenía en su bolsillo, gentileza de la agencia, y que tenían la facultad de un audífono muy especial, para intentar oír la charla.

Lo arrojó a ellos por lo bajo, fuerte pero despacio, para que no se sintiese el tintineo.

Y cuando lo vió en una posición que la ayudaría a oír la charla, lo activó, y se puso el auricular en un oído y se dispuso a escuchar.

Silencio sepulcral al inicio, hasta que oyó la voz clara de la mujer. Una voz muy suave y femenina por cierto, que hasta a Misao le dio cierto escozor.

Supongo que esto es el fin—se oyó que decía la mujer

Es lo mejor…Tokio…— escuchó por fin que decía Saito, luego de unos segundos

Misao parpadeó confusa.

No era nada de lo que ella hubiera pensado. Esa mujer no era una espía o alguna asesina.

No volvió a oír sonido alguno, aunque la curiosidad la carcomía más que nunca, así que volvió a ajustar los auriculares y se dispuso a seguir escuchando.

Pero alguien le sostuvo el brazo fuertemente. Misao se volvió asustada, porque no lo había visto venir.

Se volteó y vió a Hannya, el agente Onni más importante del grupo, luego de su propio hermano.

—Misao ¿Por qué no avisaste que el director se habia escabullido?—le increpó el hombre

La joven no tuvo más remedio que quitarse el auricular.

—Es…que…yo…—tartamudeó Misao, con desconcierto. A decir verdad no sentía que tuviese una respuesta coherente para eso.

No importaban los motivos, ella tenía la obligación de avisarles si había movimientos en el apartamento del director.

Al ver el rostro sonrojado de la joven, y que incluso temblaba ligeramente, Hannya creyó entenderlo. Después de todo, había visto crecer a Misao, y la conocía. Y él era experto en leer almas y más una, tan transparente como la de esta muchachita.

La soltó, e hizo ademan de marcharse, y viéndola, aun, con rostro desencajado, se volteó un poco para decirle.

—Cuidado, Misao. Si sigues por este camino acabaras sin trabajo…y con el corazón roto—con un matiz de advertencia

Luego de que Hannya se marchara del lugar, Misao quedó mucho tiempo recostada sobre la pared, oculta bajo las sombras.

Solo unos minutos después, vino apareciendo Cho, que venía a suplantarla, y que había llegado hasta ahí, gracias a que Hannya se lo había dicho.

Iba a saludar a su compañera, pero esta apenas lo vió, más bien, se largó corriendo del sitio.

— ¿Y a esta que mosca le habrá picado?—mencionó Cho al verla irse de esa forma

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Lo que Cho no sabía es que Misao se estaba dando cuenta que cuando se trataba de Saito, ella perdía casi todas sus facultades, obnubiladas por las emociones que él había hecho nacer en ella.

Todo lo lógico se volvía emocional.

Y eso…estaba mal….pero muy mal...

¿Pero que podía hacer contra estos sentimientos que no podía evitar?

Lo que Misao nunca supo, es que unos ojos ámbares la habían visto cuando corría de su escondite.

De hecho, todo el tiempo se había dado cuenta que Misao lo había seguido.

Aunque también pudo percatarse que ella no se había ido muy bien.

Él como Hannya, también era capaz de leer las almas de las personas y algo le decía que la de Misao estaba seriamente perturbada.

¿Acaso sus sospechas de que la Agente Makimashi albergase sentimientos hacia él, más allá de lo profesional , pudieren ser ciertos?

CONTINUARÁ

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(*) Hace alusión a Kaoru Kamiya, la protagonista del fic La Mentira, que había trabajado con Saito, con terribles consecuencias para ella.

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COMENTARIO

Amigos, aquí les traigo otro chapter de esta locura, que como vieron es el último pre-La Mentira, ya después, todos lo que vengan estarán situados post La Mentira.

Si se fijan, este capítulo estaba situado más o menos dos años antes del capítulo que sigue, y que quise incluir, porque este atentado a Saito, así como quien podría el diestro sujeto que lo atacó es algo todavía a resolver, asi como seguro quien es o era Tokio en la vida de Saito.

Muchas gracias a Daniela y Kamisumi por sus amables comentarios y su súper apoyo.

Significa mucho para mí.

Les envío un beso y gracias por la lectura.

Paola.