Disclaimer: Dudes, no creo que en menos de una semana haya conseguido el dinero para comprar Disney y Marvel y hacerme dueña de BH6, así que sigue sin pertenecerme.
Condena.
Abigail siempre fue una niña muy precisa, casi o más que su padre. Desde que era un niña preguntaba y preguntaba por el significado exacto de lo que decía, oía y aprendía. Por alguna razón jamás le habían gustado las ambigüedades, era todo o nada. Era tristeza o felicidad, y si había algún punto intermedio como melancolía o añoranza lo aprendería porque eso de no expresarse con propiedad le incomodaba. Daba cabida a engaños y malinterpretaciones, y una niña tan maravillosa como Abigail sólo hablaba con la verdad.
Papi…
No estoy lista para verte.
Robert Callaghan suspiró profundamente, sus facciones contraídas haciendo que las arrugas de su rostro acentuaran la desilusión y tristeza que venía de algún punto en el centro de su pecho.
Su abogado lo había visitado con una maravillosa noticia: Abigail estaba en recuperación y le había mandado una nota.
No una carta, una nota. Las notas eran de menor tamaño, con mensajes cortos y concisos que funcionan más como recordatorios que cómo un relato escrito.
Su abogado al saber que Callaghan no lo escucharía más se marchó, dejándolo sólo y la única prueba de que su hija realmente estaba viva y en el mismo plano que él: una nota escrita a mano con la delgada y caótica caligrafía que sabía le pertenecía a Abigail. Una serie de letras que parecían ser más las patas largas de una araña que el alfabeto.
Su sonrisa estuvo en su rostro sólo lo suficiente hasta que proceso el mensaje. No fue mucho tiempo.
Cerró su callosa y arrugada mano alrededor del pedacito de papel, después se la llevó a su pecho y puso su otra mano sobre su puño. Respiró hondo, sintiendo la vibración en su pecho, el aire chocando contra el nudo en su garganta y las lentas lágrimas que caían por sus ojos.
Su niña aún lo llamaba "papi" a pesar de todo lo que hizo, y después de tanto tiempo… Abigail seguía siendo su niña y él seguía siendo su padre. Y ese pedacito de papel era lo único que tenía de ella en esos momentos porque no podía verla.
Su pequeña lo necesitaba y no podía estar a su lado.
"No estoy lista."
No escribió "no puedo" o "no me dejan".
Para Abigail él seguía siendo su papi, sí, el hombre que la amo demasiado. Pero también era un criminal condenado a pasar los siguientes años de su vida tras las rejas por obra de sus propias acciones destructivas. En un acto de piedad hacia él escribió "no estoy lista".
Callaghan no contuvo el sollozó que escapó entre sus labios. Su celda y el resto de su vida provisto de su libertad no eran nada, absolutamente nada comparados con saber que por mucho que él necesitara a su pequeña, ella no quería verlo.
No la culpaba.
