Capítulo 1: El despertar
Seguía corriendo, pero esta vez no notaba el cansancio, aunque tampoco paraba, notaba los pies como si estuviesen flotando. Me extrañé, yo pensé que estaba sobre la nieve, pero ahora ya no había nieve, y lo veía todo como si yo fuese una tercera persona, como sucede en las películas, de pronto miraba para atrás y ahí estaban ellos, mirándome fijamente mientras se reían. Tropecé, caí sin remedio, pero no cesaba de caer. No veía nada más a mi alrededor, todo era oscuridad, hasta que noté como mi espalda golpeaba una superficie.
Y abrí los ojos. Estaba en una sala con las paredes en color crema. Toqué lo que ocultaba mi desnudez, era una suave sábana dorada. Sentí una molestia en el brazo y al mirar, tenía algo clavado en el brazo izquierdo. Estaba totalmente desorientada, ¿qué hacía yo en esa casa? ¿y por qué tenía una aguja clavada en el brazo?¿dónde estaba?
En ese momento la puerta se abrió y me sobresalté, entró un hombre joven con la piel muy pálida, deduje en ese momento que era un vampiro por el olor. Intenté levantarme y huir de ahí, ¿y si finalmente me habían capturado? Mi cuerpo se había tensado, alarmado ante un posible ataque
-No te asustes, por favor. Sólo intento ayudarte, soy el doctor Cullen.- ¡Cullen! ¡Ese es el apellido que estaba buscando! ¡Sorprendentemente lo había encontrado! - ¿Cómo te encuentras?
Me aclaré la garganta, dispuesta a hablar- Bien- mi voz sonó muy ronca, tenía la garganta seca, me costaba tragar. En ese momento entró una mujer con un vaso de lo que supuse que era agua, y me lo tendió. Con cierta desconfianza lo cogí. Aún sentía que estaba en peligro, bebí con dificultad, notaba todos mis músculos agarrotados.
-¿Cómo está, Carlisle? –Preguntó la mujer.
- Está relativamente bien, sus constantes son buenas y su temperatura vuelve a ser normal.- Le respondió el hombre, así que se llamaba Carlisle. – Has estado a punto de sufrir una hipotermia- Dijo ahora mirando hacia mí. – Te encontramos tirada en el bosque.
- Gracias- Respondí, aún me costaba hablar pero ya mi mente se iba aclarando, ya me estaba acordando de todo lo que había pasado, y volví a palidecer. Intenté volver a levantarme y esta vez la mujer me lo impidió, colocándome bien la sábana y sonriéndome de una forma muy maternal.
- Tienes que descansar un poco más, has perdido mucha energía.-
-No quiero descansar más. ¿Cuánto tiempo he estado…así?
-Has estado durmiendo durante 4 días.- Miré al doctor sorprendida.- ¿Estarías dispuesta a responder unas preguntas? Ahora mismo no, claro está- Asentí.-necesito saber lo que pasó. ¿Te duele algo? Externamente no estás lastimada y no parece que tengas algún hueso roto, pero no he podido realizarte ninguna radiografía porque no tengo aquí los aparatos necesarios.
- Sólo me duele un poco el cuerpo, necesito estirarme.- Miré lo que tenía en el brazo izquierdo.- ¿Qué es eso? ¿Puedo quitármelo ya?
El doctor sonrió, me sentí un tanto avergonzada al mostrarme expuesta ante cosas que no había conocido nunca. Yo estaba acostumbrada a vivir en la selva, con mi padre y mi tía, sin modernidades y aunque hablaba inglés mi principal idioma era el español.- Es un gotero, te hemos estado alimentando por ahí porque no despertabas. Voy a volver a examinarte ahora que estás despierta y si veo que todo va bien, te lo quitaré.- Asentí, Carlisle se acercó y me tomó la temperatura entre otras cosas.- Parece que todo va bien, te traeré un poco de ropa para que te puedas vestir y podremos charlar tranquilamente.
Esperé, ansiosa y nerviosa, a los pocos minutos el doctor entró con la mujer de antes, que traía ropa en su brazo y me quitaron el gotero. La mujer me tendió la ropa y yo la observé curiosa, era una especie de ropaje diferente a la que yo solía usar, no era de piel, sino más bien parecía de algodón blanco, y para la parte exterior una prenda de color azul oscuro de una tela resistente. La mujer me miró y comprendió mi cara de extrañeza.
-Si deseas, puedo ayudarte a vestirte.- Agradecí con la mirada y el doctor salió de la habitación. Me incorporé lentamente hasta sentarme en la cama, al principio sentí un poco de vergüenza, pero la mujer me transmitía paz y seguridad.- Por cierto, yo soy Esme, siéntete como en tu casa.- Mientras me ayudaba a colocarme lo que había dicho que se llamaba "camiseta", la miré fijamente, era muy guapa, y a diferencia de mi tía – la única vampira que yo había conocido- ella tenía los ojos dorados, igual que el doctor. Después de vestirme con unos vaqueros, y ponerme un calzado de goma y tela, me llevó a una especie de habitación. Yo seguía sin hablar, no sabía qué decir, estaba demasiado sorprendida por mi alrededor, era todo tan diferente a mi hogar… Me dijo que la estancia en la que nos encontrábamos se llamaba baño. Y al mirar al frente me asusté un poco, vi a alguien moviéndose al mismo tiempo que yo, hasta que me di cuenta de que esa persona era yo. Nunca me había visto así, sólo me había visto reflejada en los ríos cuando iba a beber agua. Mi piel era clara, ligeramente bronceada, pero según me había contado mi padre, yo me parecía mucho más a mi madre que a él. Mis ojos eran marrones, y mi pelo de un tono marrón claro caía como una cascada hasta mucho más debajo de mi cintura. Los labios de un color rojizo era lo que más destacaba de toda mi cara.
- Eres muy guapa- Me comentó Esme sonriendo, apoyando una mano sobre mi hombro, me volví hacia ella y le sonreí tímidamente. Me condujo hacia la planta de debajo de la casa, y yo cada vez me sorprendía más, era blanca, grande y espaciosa. Y con un montón de artefactos que no había visto en mi corta vida. Cuando dirigí la vista hacia una de las salas, pude observar como el doctor no estaba sólo, había más vampiros en la sala. Carlisle me dijo que no me preocupaba, que era su familia a la que me presentó, pero que al instante de presentármelos ya se me habían olvidado los nombres, seguía un poco confusa. Luego me pidió que le explicara qué había sucedido.
Me aclaré la garganta antes de comenzar mi relato, me era difícil hablar delante de tanta gente.
-Me llamo Erika y vengo desde Chile, donde habitaba con mi padre y mi tía. Mi padre me pidió que viniera a buscaros.
-¿Quién es tu padre?- Preguntó el doctor
-Mi padre es Nahuel, pero ahora ya está muerto.
