Tide of betrayal: La marea de la traición
Capítulo 2
El Capitán Bonnefoy vio como el rubio que tenía en frente ingresaba lentamente. Sus ojos entrecerrándose detrás de sus ondas doradas mientras contemplaba al muchacho.
–Si –murmuró, casi para sí mismo- Tú servirás… Dime, mon cher, ¿Cuál es tu nombre?
–Qu… Alfred –respondió de mala gana, recordando la advertencia sobre comportarse de Ludwig.
–Intéressant… Cuéntame, Alfred, ¿Qué harías por tu hermano?
–Lo que sea –dijo Alfred antes de que pudiera detenerse.
Francis rió, sus ojos azules brillando con aprobación hacia la lealtad del chico.
–Tres bien –dijo en un tono suave- ¿Lo que sea, dijiste?
–Si –respondió firme el joven, su barbilla levantada en determinación.
–¿Incluso matar?
Alfred dudó notablemente, sus ojos azules oscureciéndose ante el pensamiento. Él nunca antes había asesinado a nada… Los héroes no hacen ese tipo de cosas, después de todo. Además, ¿Y si el bastardo francés le hacía asesinar a alguien inocente, como ese italiano, Feliciano? Pero… si eso salva a Matthew…
–¿Quién? –susurró Alfred, su voz de repente ronca e insegura.
La sonrisa de Francis aumentó ante la reacción que había conseguido del engreído jovencito y se inclinó más adelante en su asiento, sus labios formando una sonrisa de predador.
–Su nombre es Arthur Kirkland –explicó el francés, un pequeño toque de amargura entrando en su voz ante la mención del hombre- él es el capitán del barco pirata El Dragón Esmeralda, y está atracado en el puerto de Leona con su tripulación, no muy lejos de aquí.
Alfred asintió lentamente, tratando de sentir un poco de alivio de que su blanco previsto no era exactamente inocente. Mierda, si este Kirkland era en algo parecido a Francis, Alfred podría disfrutar asesinarlo… Tal vez.
–Tú, mon cher Alfred, serás abandonado fuera Puerto de Leona y recogido por el Dragón. Vas a encontrar la manera de unirte a la tripulación y ganarte la confianza del Capitán Kirkland. Una vez que tengas tu lugar, úsalo y asesínalo. Tienes hasta el solsticio de invierno para completar tu misión, debido a que Monsier Kirkland se encuentra muy débil en ese lapso. Volveré por ti en el solsticio para ver si tuviste éxito. Si lo tuviste, tú y tu hermano serán liberados en el siguiente puerto, y tu hermano no será tocado. Sin embargo, si tú fallas… -el francés pausó y le dio a Alfred una sonrisa peligrosa, sus ojos azules fríos como el hielo- Bueno, creo que tú sabes lo que va a pasar, oui?
Alfred asintió y apretó la mandíbula, tratando de parecer inafectado ante las amenazas del francés. Él no estaba asustado… ¡Los héroes no se asustan! Y ellos definitivamente no tiemblan ante la idea de lo que cierto pirata francés haría como castigo…
–Merveilleux*! –dijo Francis alegremente, su mueca de amenaza convirtiéndose en una sonrisa complacida- Te dejaremos mañana, comprendre? Mientras tanto, tú puedes ir y decirle tus despedidas a ese adorable hermano tuyo…
Alfred asintió y se forzó a sí mismo a salir de la habitación, rezando que el temblor en sus piernas no fuera visible para el observador pirata. Sintió su cara enrojecerse cuando escuchó la risa del francés y azotó la puerta con una innecesaria fuerza, sus ojos encontrándose inmediatamente con la mirada de Ludwig por detrás de sus anteojos.
–¿Bien? –preguntó Ludwig en voz baja, sus ojos celestes un poco preocupados por el obviamente sonrojado muchacho.
Alfred tembló cuando cayó en cuenta de todo el significado de su misión, su piel palideciendo a un blanco fantasmal.
–D-dos meses –susurró ronco- Teng-go d-dos meses para ma-matarlo –Dios, ahora sueno como Mattie, gruñó mentalmente.
–¿Quién? –demandó Ludwig, frunciendo sus cejas intranquilo.
–Arthur Kirkland.
USUK*USUK*USUK
–Al… No puedes hacer esto.
Alfred cerró sus ojos cansados, rezando para que su hermano dejara de hablar.
–No quiero hacerlo, Mattie, pero tengo qué. Tú lo sabes.
–No –insistió Matthew en voz baja, sus ojos lilas intensos detrás de los marcos delgados de sus anteojos- No tienes que hacerlo, Al.
–Sí –gruñó Alfred, apretando los dientes mientras trataba de no gritarle a su hermano. Ellos no podían discutir ahora… No cuando les quedaba tan poco tiempo- Si hago esto, tú estarás a salvo y seremos libres. Eso es todo lo que importa.
–Y sin embargo –presionó Matthew– ¿Qué pasa con tu lógica de héroe, Alfred? No puedes matar a alguien, simplemente no es tu naturaleza.
–¿Qué pasa si se convierte en mi naturaleza? –Argumentó Alfred- Ya sabes, por necesidad.
–Entonces… no serías tú –susurró su hermano, su cabello rubio apenas ocultando la expresión de lastima en su rostro. Matthew tomó aire y agarró a su hermano en un fuerte abrazo, sus brazos temblando- solo… ten cuidado, ¿Ok? No hagas nada de lo que te puedas arrepentir por mi bien.
Alfred suspiró y respondió el abrazo por un momento, sus ojos azules fuertemente cerrados detrás de sus lentes. Él no iba a llorar… Los héroes no lloraban…
–Tú también ten cuidado ¿Me entiendes? –Masculló- no dejes que estos bastardos se metan contigo –se calló y gentilmente se separo del agarre de Matthew, su expresión triste- volveré lo más pronto que pueda, ¿Ok? Luego iremos a casa y encontraremos a Tony y todo volverá a la normalidad.
Matthew sonrió débilmente, sus labios temblando un-poco-como-siempre.
–Si tú lo dices…
–¡Claro que sí! ¡Soy el héroe! –Animó Alfred, el fantasma de su usual sonrisa vacilando en su cara.
–Hey, héroe –llamó Gilbert secamente desde la puerta de la celda- es hora de irnos.
Alfred asintió y se alejó de su hermano, sus ojos yendo brevemente hacia los gemelos italianos que habían estado observando en silencio todo este tiempo.
–Cuiden de mi hermano, ¿Ok? –les dijo serio.
–Si! –Chilló Feliciano, su alegre voz contrastando con la tristeza en sus ojos ambarinos- Lo haremos. ¡Y también Ludwig y Gilbert!
Ludwig gruñó sin compromiso, pero asintió también cuando se paró detrás de su hermano albino.
–Vamos, Alfred –resopló- al Capitán no le gusta que lo dejen esperando.
Alfred asintió y le mandó una última sonrisa a su hermano antes de seguir a los hermanos alemanes hacia la cubierta principal. Se quedó mirando con nostalgia el cielo despejado encima de la nave antes de volverse a regañadientes hacia el sonriente capitán francés.
–¿Estás listo, mon cher? –ronroneó Francis.
Alfred asintió callado y miró hacia el océano rodeándolos, frunciendo sus cejas cuando no vio nada más que agua.
–Uh, ¿No se suponía que ibas a dejarme en algún puerto? –preguntó confundido.
–Non –respondió Francis con voz sedosa- dije fuera del Puerto de Leona, oui? Aquí es donde te vas, mon ami.
–Espera, ¿Cómo…
Alfred se interrumpió con un grito cuando Sadiq y el cubano lo agarraron por los hombros y lo lanzaron fuera de borda, sus manos subiendo automáticamente para agarrar sus anteojos antes de que salieran volando de su cara. Su respiración escapó de él cuando su cuerpo hizo contacto con el agua del océano, solo para ser rápidamente reemplazada por el líquido salado que entraba a sus pulmones. Alfred se atragantó y se impulso de nuevo a la superficie, sus manos estrellándose contra la superficie rugosa de un barril que había sido lanzado después de él. Alfred se subió al barril, su respiración aún saliendo en jadeos. Escuchó un leve "honhonhon", de alguna parte encima de él antes de que algo duro lo golpeara detrás de la cabeza y todo su mundo se hiciera negro.
* ¡Maravilloso!
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¡Y acá esta el segundo cap! Con algo de suerte, voy a seguir actualizando dos por semana, aunque no estoy segura de que días específicos.
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La autora al final de este capítulo dejó una nota disculpándose si éste capítulo era muy corto y por el final tortuoso.
Yo, les digo que en el siguiente capítulo van a querer sostenerse de los muebles de su casa para no caerse de la emoción. =)
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¡Dején reviews! Serán traducidas y enviadas a la autora, Luxio Nyx. Y gracias por sus comentarios sobre mi traducción, me dan confianza. XD
