NOTA DE AUTOR

Bueno aqui os dejo el primer capitulo de la historia, un poco del pasado de Oihana para poder entender mejor su presente. Un beso


RECUERDOS

Al replantearme mi vida he tenido que echar la vista muy atrás, quizás demasiado atrás. Incluso aquellos momentos de mi infancia hace ya 16 años que siempre he tenido borrosos. Tras mi nacimiento hace ahora 19 años mi madre dejo de trabajar oficialmente para poder estar conmigo y verme crecer.

Siempre he sido una chica bastante abierta, no me costaba encontrar nuevos amigos pero si el encontrar novio, a todos ellos les atraía mi aspecto. Pelo negro como la noche, piel de color bronce, ojos azules tan claros como una tarde de verano, aun que un poco pequeña pero muy estilizada. Pero todos ellos tenían defectos que no podía pasar por alto, engreídos, chulos, desafiantes incluso agresivos. Pero todas mis prioridades, pensamientos e incluso ciertas partes de mi carácter cambiaros hace 2 años cuando murió mi madre.

Como la echo de menos… cada día pienso en ella, cada vez que alguien dice mi nombre, ya que ella fue quien me lo puso. Aun recuerdo la conversación que tuvimos sobre ese horrible nombre que me había puesto.

-Mama porque me has puesto este nombre, no me gusta suena horrible-dije algo enfadada.

-Cariño no digas eso, es un nombre muy bonito y te lo puse por su significado-dijo mirándome con cara triste, la misma que ponía cada vez que le decía algo sobre el nombre.

-¿Y qué significa? Nunca me lo has dicho antes- dije con sorpresa.

-Significa "bosque o selva" en vasco-dijo cogiendo mi carita con sus dos manos para que la mirara a la cara.

Así que ya no volví a quejarme de mi nombre, pues sabía lo especia que era la naturaleza para mi madre, de hecho vivíamos en mitad del monte por ella y por mi abuelo. Le encantaban los bosques, los arboles, los animales, TODO, esa parte de mi carácter me ha venido de ella. Por lo que esa parte de ella siguió viva en mi cuando ella murió.

Mi madre y yo volvíamos de la ciudad, íbamos hablando y cantando en el coche, ya no quedaba mucho para llegar y de pronto apareció una oveja en mitad de la carretera. Mi madre dio un volantazo para esquivarla pero entonces perdió el control del coche y caímos por el acantilado dando vueltas. Según mi padre tardaron casi 12 horas en encontrarnos, pero mi madre ya había muerto y yo estaba en coma y con una rama de quince centímetros atravesando mi costado.

Durante casi 2 semanas no podía moverme, era consciente de lo que pasaba a mi alrededor, lo oía todo, pero no podía moverme, ni hablar, ni abrir los ojos, hasta que conseguí salir de ese sopor y abrí los ojos, la luz me daño la vista y estuve viendo borroso durante varios minutos hasta que vi a mi padre sentado al lado mío con la cabeza apoyada a mi lado y dormido. Cuando despertó me conto lo que había pasado y no pude parar de llorar durante días.

Cuando me dieron en alta y volvimos a casa no salí de mi habitación durante un mes. Pero sabía que mi madre no habría querido verme así de modo que me levante de la cama y salí de mi cuarto. Empecé a salir de nuevo pero ya no era tan dicharachera, me había vuelto introvertida.

Busque un trabajo de mecánica, ya que gracias a mi padre sabia mecánica desde los 6 años. También decidí comprarme 2 perros, así que fui a la protectora de animales y escogí 2 perritas que a pesar de ser casi cachorros iban a ser sacrificadas por su mal comportamiento, así que me las lleve una de raza American Staffordshire Terrier que apenas tendría 6 meses a la que llame Lola y la otra era una mestiza de lobo con algún perro que tendría unos 8 meses y la llame Sombra. Las 2 se adaptaron muy bien a mi vida y ambas tenían un comportamiento intachable, eran muy obedientes y muy cariñosas.

Fueron pasando los meses y todo volvió a la normalidad. Incluso mi padre fue superándolo y empezó a salir con los amigos.