01. Yellow and Orange.
Tranquilidad. No había otra manera de describir el aire que se podía percibir en Karakura desde hace meses. Con sus poderes de shinigami de vuelta, Ichigo por fin experimentaba lo que era la verdadera tranquilidad. Pocos hollows aparecían por el pueblo y cuando lo hacían se encargaba de ellos inmediatamente. No había problemas y podía dedicarse a su vida como estudiante de último año como debía ser. Sus notas no eran perfectas, pero no eran bajas. A pesar de que quedaba relativamente poco tiempo para salir del instituto, Ichigo no tenía idea de lo que podía hacer después del mismo. Había pasado tanto tiempo luchando contra fuerzas que planeaban cambiar el mundo que las profesiones humanas le parecían un tanto inútiles.
Ichigo caminaba mirando el cielo, con la mochila en la espalda y sin prestar demasiada atención a nada en específico. Pero sus pensamientos dirigidos a sociedad de almas, y sus amigos fueron interrumpidos por dos voces que no había escuchado jamás.
—¿Quieres recordarme por qué tengo que ir yo también? —preguntaba una voz femenina. Ichigo dobló la cabeza para ver como de una casa que hace poco había estado en venta salían dos personas con uniforme escolar.
Una muchacha de estatura promedio, delgada, con pechos grandes, piernas gruesas pero esbeltas, una cabellera rubia larga amarrada en una cola de medio lado, su piel clara y sus ojos chocolates le llamaron perfectamente la atención. Ichigo no recordaba haber visto a alguien tan guapo en toda su vida. Junto a ella, un niño de unos catorce años con un cabello rubio unas cuantas gamas más claro que el de ella y unos ojos azules achinados.
—Porque es lo que las personas normales hacen—respondía el niño con una sonrisa burlona. Ichigo siguió su camino detrás de, aparentemente, sus nuevos vecinos.
—Que fastidio—dijo ella, poniendo las manos en la nuca. —Me siento algo mal por dejar a Lily en la casa—añadió.
—Es un gato, estará bien
—¡No es un gato! —refunfuñó la chica.
El niño se montó en la bicicleta y le dijo a la chica se subiera en la parte de atrás. Cuando lo hizo, fue la primera vez que cruzaron mirada. El niño pedaleaba con fuerza, mientras ella se dedicaba a mirar con suma curiosidad a Ichigo.
—¡Pesas mucho! —se quejaba el niño mientras se iban alejando cada vez más.
En lo que quedaba del camino, Ichigo no pudo evitar pensar en aquellos ojos chocolates ajenos. Le producían un sentimiento de ansiedad y hacían que su corazón latiera más deprisa sin ninguna razón aparente y además de sentir un nudo en la garganta. Algo parecido a la nostalgia. Sentía como si acabara de recordar a alguien, pero no sabía a quién. Era el sentimiento más confuso que jamás había sentido. Y ni siquiera sabía quién era.
Llegó a la escuela a la hora usual, entró a su clase, saludando a sus amigos aún algo confundido por lo que acababa de suceder. No pasó mucho tiempo de espera para que el profesor, pero no entró solo. Ichigo, quién tenía la cabeza apoyada en su palma de la mano con los codos sobre el escritorio, casi pega la cara contra la mesa cuando vio a la muchacha rubia entrar después del profesor con las mejillas rojas y el ceño fruncido.
—Buenos días alumnos. Hoy le damos la bienvenida a una nueva alumna. Su nombre es Lucy Eucliffe, transferida de Hikarigaoka. Por favor, denle la bienvenida. —dijo el profesor. Lucy parecía realmente avergonzada.
El profesor hizo que Lucy tomara asiento detrás de él, ante lo que Ichigo solamente soltó un bufido. ¿Por qué él tenía esa suerte? Pudo notar la mirada constante de Lucy durante el resto de la clase. Se le hacía completamente imposible concentrarse del todo y aquello estaba comenzando a molestarle. ¿Quién era ella y por qué tenía tanto poder sobre él? Ichigo se maldijo interiormente y estuvo a punto de golpearse más de una vez.
Durante las clases, algunas personas se acercaban a hablar con ella, pero Lucy no parecía ser una persona realmente sociable, sus respuestas solían ser inconclusas y no parecía realmente motivada de estar en la escuela.
A la hora del almuerzo, la mayoría de estudiantes salió de la clase. Ichigo estaba dispuesto a irse con Ishida y Sado a la azotea, donde siempre almorzaban juntos. Cuando se levantó, notó como Lucy salía de la clase con una expresión tímida. Ichigo suspiró, quizás sintiéndose aliviado de sentir como la presión en su espalda disminuía poco a poco.
Subió a la azotea junto a Ishida, Sado y Keigo, charlando amistosamente sobre sus planes para el futuro. No faltaba demasiado para los exámenes de las universidades, para que los llenaran de encuestas sobre lo que querían llegar a ser. Ishida estaba hablando de que seguramente se convertiría en un médico, como su padre. Lo que le sorprendió un poco debido a que Ichigo sabía la clase de relación que tenían Ishida y su padre. Pero él no estaba en posición de decir nada, después de todo, no sabía que era lo que iba a hacer.
—¿Y tú, Ichigo, qué tienes planeado hacer? —preguntó Keigo con curiosidad, después de haber expuesto su idea de ser un chef.
Ichigo miró a sus compañeros, por unos instantes para después encogerse de hombros y mirar por toda la azotea, como si esperara encontrar la respuesta ahí mismo.
—No lo sé. No lo he pensado—respondió, sin darle mucha importancia. Sus ojos se detuvieron en una figura femenina que entraba por la puerta de la azotea, y se quedaba de pie con confusión en la cara.
Lucy se sentía impotente, inútil y vulnerable al mismo tiempo. Jamás se había sentido de esa manera, se consideraba relativamente buena haciendo vida social, haciendo amigos. Desde que había llegado a ese extraño mundo, Lucy apenas se relacionaba con alguien aparte de Lily, Sting o sus espíritus. Ver la cara de sus padres a pesar de saber que no lo eran le dolía, al igual que recordar que ninguno de sus amigos se encontraba ahí. Se sentía tan sola, tan vulnerable. Odiaba tanto ese sentimiento, el sentirse tan sola, a pesar de estar en una escuela repleta de personas, se sentía incapaz de acercarse a alguien.
Quizás pasaron minutos en los que se quedó parada frente a la puerta de la azotea intentando buscar algún rincón en el que pudiera comer en paz, pero el lugar estaba repleto de personas. Lucy suspiró un tanto desilusionada por su intento de poder encontrar un lugar. Solamente había pasado una mañana en ese lugar pero ya quería irse. En realidad, no podía esperar a encontrar la manera de regresar a su mundo.
Dio media vuelta, girando sobre sus talones, dispuesta a encontrar otro lugar cuando escuchó que alguien le hablaba.
—Eucliffe, ¿verdad? —era una voz masculina profunda. Lucy volteo la cabeza para encontrarse con los ojos marrones y el mismo cabello pelirrojo de la mañana. Ella abrió mucho los ojos y reaccionó un poco después, asintiendo suavemente con la cabeza. —Puedes venir a comer con nosotros, si quieres. —dijo mirando hacia otro lado y con una mano en la nuca. Parecía avergonzado. Lucy sintió una punzada en el estómago, pero no era dolor, era alegría.
Se sintió como cuanto Natsu le dijo que le llevaría a Fairy Tail. Sus labios formaron una sonrisa genuina, inocente y pura y no podía saber exactamente por qué. Quizás que alguien la notara lo suficiente como para ver a través de su soledad y le invitara a comer con un grupo de amigos le hacía sentir como en casa, como en Fairy Tail.
—¿De verdad? —preguntó, y al darse cuenta de lo desesperada que había sonado, se aclaró la garganta y se obligó a poner una cara más interesante. —Es decir, ¿no interrumpo nada?
—No, nada—respondió Ichigo con más naturalidad al escuchar su voz, de nuevo. Relajó los hombros un poco. —Kurosaki Ichigo—se presentó mientras se volteaba y comenzaba a caminar de vuelta donde estaban sus demás amigos. Lucy sonrió, caminando detrás de él, tímidamente.
Durante la hora del almuerzo conoció los nombres de los otros chicos del grupo, quienes curiosamente no podían evitar recordarle a alguien de Fairy Tail. Sado Yasutora más que nada. No podía evitar recordar a Elfman Strauss. Quizás eran esas pequeñas similitudes que podía encontrar en aquellos muchachos desconocidos con otras personas que ella conocía que le hacían sentirse más cómoda de lo que hubiera pensado poder estar en aquel mundo. También se debía a lo mucho que extrañaba a sus amigos, pues cuando Fairy Tail se separó, Lucy quedó sola.
Sin embargo, había algo que le desconcertaba y eso era la extraña sensación de familiaridad que sentía hacia el chico de cabello naranja, Ichigo. Lucy no era una persona que confiaba demasiado rápido en las personas, pero era distinto con él. No sabía prácticamente nada de él, pero ella estaba segura de que podía confiarle su vida. Aquella sensación enojaba a Lucy, quién se había prometido no depender de nadie nunca más y ser cada vez más fuerte.
El almuerzo terminó más rápido de lo que le hubiera gustado. Lucy había jurado que era capaz de hablar con Sado, Keigo, Ichigo, Ishida e Inoue todo el día. Eran unos tipos graciosos, eran sencillos y aparentemente felices. A Lucy le gustaba ver ese tipo de expresiones en la cara de las personas.
Lucy no tenía ni el más mínimo interés en la vida escolar, por lo que se la pasó escribiendo un poco en su cuaderno. Desde que había llegado a ese mundo, Lucy había encontrado conforte en las palabras, en las cartas que solía escribirle a su madre contándole todas sus aventuras. Cuando terminó su primer día de escuela, Lucy pensó que quizás no era tan feo como Sting le había dicho que era.
Esperó a Sting en la entrada de la escuela por al menos quince minutos. La escuela comenzaba a vaciarse a una velocidad increíble y Lucy comenzaba a perder la paciencia. Miró el aparato electrónico que se suponía que era suyo. Sting había intentado enseñarle como usar ese aparato llamado teléfono móvil, pero era simplemente imposible para ella. Apretó muchos botones y cuando se rindió y perdió en el fondo de su mochila.
—Lucy-san, ¿estás esperando a alguien? —preguntó la voz amable de Inoue Orihime. Lucy enderezó la espalda para encontrarse con Inoue, Ichigo y Sado.
—A Sting —respondió asintiendo con la cabeza.
—¿El niño con el que venías por la mañana? —dijo Ichigo alzando una ceja. Lucy volvió a asentir, mirándole con suma curiosidad. ¿Qué tanta atención le había puesto aquella mañana sin conocerle?
—¿Tu hermano menor? —dijo Inoue con una sonrisa amplia. —Me gustaría conocerlo, pero tengo algo de prisa—se disculpó con las mejillas rojas. Lucy le dijo que no tenía por qué preocuparse. Y así fue como Inoue y Sado se despidieron. Ichigo, por otro lado, dijo que no tenía nada mejor que hacer y que los acompañaría a casa.
Lucy comenzó a preocuparse cuando la escuela parecía vacía y Sting no aparecía. Ichigo intentó calmar la ansiedad de la rubia sobre como sus hermanas Yuzu y Karin también solían retrasarse mucho cuando él las iba a recoger a algún lado y parecido, que era normal. Lucy comenzaba a creerle y pensar que solamente estaba siendo demasiado paranoica, pero el estruendo de una pared caerse y los gritos provenientes de la zona deportiva hicieron que su corazón se detuviera. Ichigo también se petrifico al notar un reiatsu bastante inusual, el reiatsu de un hollow.
Ichigo reaccionó cuando Lucy pasó junto a él como un rayo, corriendo en dirección del estruendo sin ningún temor. Él le siguió, después de todo, era su trabajo.
Cuando Lucy llegó a la zona deportiva, lo primero que vio fue el monstruo. De color púrpura, una máscara blanca en lo que parecía ser la cara y un gran número de tentáculos. El monstruo estaba causando una gran conmoción, destruyendo una parte de los edificios sin problema. Lucy se quedó quieta, intentando asimilar lo que estaba sucediendo. Sintió a Ichigo cerca de ella y lo escuchó soltar una maldición. Se sorprendió de que pudiera verlo. En Hikarigaoka, Lucy había conocido a un par de esos monstruos, pero las personas normales no parecían poder verlos. Pero Lucy no tuvo tiempo de pensar en nada cuando vio a Sting ser atrapado por uno de los tentáculos del monstruo y acercarse lentamente a la boca del monstruo.
Ichigo buscó la insignia de shinigami sustituto en su mochila lo más rápido que pudo. Maldecía internamente porque no había sido capaz de percatarse de su presencia antes. Pero Lucy se movió lo suficiente como para captar toda su atención.
Tenía una mirada furiosa, llena de ira y una llave dorada en su mano derecha.
—¡Ábrete, puerta del arquero! ¡Sagitario! —decía. De la llave de oro, una luz dorada salió y de la luz un hombre con un traje de caballo y un arco apareció. Ichigo estaba demasiado ocupado intentando saber lo que sucedía como para hacer algo. —Sagitario, apunta a la máscara—ordenó Lucy con un tono duro.
Ichigo miró con la boca abierta como Lucy corría hacia el monstruo, esquivando los ataques de los tentáculos y Sagitario disparaba incontables flechas en contra de la máscara del Hollow, la cúal se rompió después de unos tiros y el monstruo desapareció poco a poco. Lucy atajó a Sting, quién cayó del cielo con brusquedad. Sagitario desapareció en el mismo haz de luz con el que había llegado e Ichigo no podía moverse. Tenía la boca abierta, su corazón se aceleró rápidamente y las piernas no le respondían. ¿Lucy, su Lucy, era capaz de hacer aquello, de exterminar a un Hollow?
Lucy alzó a Sting estilo caballito. El niño estaba consciente y se aferraba al cuello de Lucy con fuerza. Estaba temblando de miedo y tenía unos cuantos moretones. Lucy se levantó y miró a Ichigo a los ojos. Parecía sorprendida, como si hubiera olvidado su presencia por unos segundos. Ichigo le miraba con la misma sorpresa.
—¿Qué fue…?—comenzó a preguntar.
—Lo siento. Debo irme—fue lo único que Lucy dijo antes de salir corriendo.
Ichigo soltó un poco de aire que no se había dado cuenta de estar reteniendo y lo único que fue capaz de hacer, fue verla alejarse.
